domingo, 22 de diciembre de 2013

REFERENDUM DE CATALUÑA: SER O ESTAR



REFERENDUM EN CATALUÑA: SER O ESTAR

A los nacionalistas catalanes no les basta con “ser”, quieren “estar”. Se trata de dos conceptos que a veces se confunden, o se usan indistintamente, pero que no deben ser equiparados. No les basta con ser catalanes, con sentirse y saberse a sí mismos catalanes; no les bastan sus modos íntimos de pensar, ni el amor y entrega a sus lugares o hábitats, ni esa especie de ensimismamiento que les embarga cuando hablan de un modo determinado, -su idioma-, incluso en lugares donde ese idioma no es oficial, ni el recurso a su propia Historia, previamente pasada por el tamiz que la libera de influencias foráneas, ajenas y perversas.

Ahora quieren “estar”: quieren tener un “estado”, para pertenecer a él y para que les pertenezca a ellos. Bien saben que el “Estado” que reclaman es otra cosa pero, al fin y al cabo, quieren “estar”, porque los nacionalistas, como humanos que son, también sufren carencias importantes, la más importante es que no están  muy seguros de que son, de qué son, de por qué son lo que son y, al final, de que su forma de ser sea inmejorable. No importa que haya señales inequívocas de que no son perfectos porque de lo que se trata es de ser independientes, de ser dueños de su destino aún admitiendo que su camino lleva a un abismo. A última hora siempre será “su” abismo, caerán  en él y morirán en el fondo del abismo, pero serán “su” fondo y “su” abismo los que se conviertan en “su” cementerio.

Los nacionalistas catalanes quieren preguntar a todos los catalanes, nacionalistas o no nacionalistas, si quieren pasar a la fase del “estar” en lugar del “ser”. Ellos saben que hay muchas formas de “ser” catalán, todas válidas y admisibles, como ha quedado demostrado a lo largo de los tiempos. Sin embargo, hay muy pocas formas de “estar”, en el caso catalán solo han encontrado dos: Estado y Estado independiente. Se puede ser catalán, y muy auténtico, sin grandes aspavientos, sin esfuerzos desmesurados e incluso sin tener que alardear a todas las horas. Pero el nacionalismo exacerbado que ha anidado en los líderes catalanes de ese sector nacional-ista les lleva más allá, a la delimitación del territorio y a la regulación exclusiva de las formas de vivir de quienes compartirán ese territorio.

En realidad, detrás de la imagen de los patrocinadores de la consulta soberanista hay mucha inseguridad, que influirá en sus vidas, como humanos que son. Sí, puede ser que algunos de ellos pregonen que a sus ideologías les mueven impulsos humanistas, pero les falta impulso humano, que es parecido pero no es igual. Necesitan “estar” porque no están seguros de que son. Necesitan marcar el terreno que les pertenece porque se sienten más seguros en un territorio de su propiedad. Sí, es un asunto de propiedad suya, que no están dispuestos a compartir por demasiados. Una vez que ostenten su título de propiedad y conformen el “estado”, cuando ya no necesiten esforzarse para “ser” porque “sean todos los que están”, entonces volverán a transfigurarse en las “fieras humanas” que compiten entre sí, que sobreviven, que dejan de ser a los ojos de los otros conforme empiezan a insinuarles a sus vecinos que sufren y que necesitan ayuda, es decir, que dependen unos de los otros.

Y entonces, precisamente entonces, ese “estado” dejará de ser una institución protectora de los más necesitados. Entonces las autoridades “estarán” en sus posesiones pero ya habrán dejado todo en manos del “mercado”, siempre dependiente, siempre interdependiente. ¿Qué extraño virus hace que izquierdas y derechas, capitalistas a ultranza y socialistas teóricos, coincidan en la búsqueda y seguimiento de una misma estrella, y les produce amnesia ideológica, y les aletarga su razón y condición humanas?

Fdo.  JOSU  MONTALBAN      

viernes, 20 de diciembre de 2013

DE MEMORIAS Y OLVIDOS





DE  MEMORIAS  Y  OLVIDOS


Se ha generalizado la costumbre de que quienes han presidido o formado parte de gobiernos e instituciones importantes escriban sus Memorias después de que abandonan sus cargos. Esto es posible porque hay importantes editoriales que han visto en ello a la gallina de los huevos de oro. Principalmente son los protagonistas de tales Memorias los que más se benefician de los huevos de oro, al menos según las noticias de los periódicos que informan de cantidades casi millonarias de euros, que traducidas a la moneda española más moderna se convertirían en cantidades multimillonarias de pesetas.


Se produce un hecho curioso en buena parte de los casos, pues algunos de los que escriben unos tochos abultados como Memorias, jamás se mostraron prolíficos en escribir artículos de opinión para explicar sus propuestas y decisiones mientras estaban en sus despachos institucionales. Peor aún, porque sus nuevas ocupaciones suelen someterles a obligaciones mucho más regladas y herméticas que precisan más tiempo para el trabajo y, por tanto, menos para lo accesorio. Y por fin, ocurre que cuando ocupan sus puestos en gobiernos e instituciones aún no han firmado sus contratos con las editoriales y mucho me temo que, por tal motivo, no cumplan su cometido a la vez que almacenan los documentos, de forma cronológica, pensando en sus futuros libros de Memorias. Estos tres factores negativos, que en algunos casos han llevado a pensar que muchas Memorias han sido escritas por “negros” a sueldo, solo pueden ser contrarrestados por lo suculento del montante de dinero que las editoriales pagan a los “memorables”.


¿Para qué sirven los libros de Memorias? Para bien poco cuando lo que se relata es lo que cada cual hizo cuando estuvo ocupando el cargo oficial. Porque en el tiempo ese su acción fue pública y, por tanto, suficientemente conocida para quien lee y escucha los diarios de noticias de forma habitual, y porque los secretos seguirán siendo tal a pesar del paso del tiempo, por lo que no aparecerán en las Memorias. Vean, por ejemplo, esta frase del ex Ministro Solbes, que ha publicado recientemente sus Memorias: “He intentado siempre no mentir,… y creo que lo he logrado en general”. “No mentir” no significa lo mismo que “decir la verdad”, porque quien dice una media verdad no está mintiendo, pero está omitiendo o añadiendo detalles que tergiversan las expresiones. Además cabe la posibilidad de que lograr no mentir “en general”, -como ha expresado el ex Ministro-, no suministre como información ni el más mínimo atisbo de verdad. Curiosamente su libro se titula “Recuerdos”. Es una pena que nunca podamos leer un segundo tomo que se titule “Olvidos”. ¿Cuál de los dos tomos resultaría más interesante? No tengo ninguna duda de que lo sería el de “olvidos”. Siempre se muestra como más halagüeño lo que no se llega a conocer completamente.


¿Por qué se empeñan en explicar hoy, lo cual solo sirve para alimentar el buche de las curiosidades, en buena medida arteras, lo que no se atrevieron a explicar cuando sus actuaciones eran trascendentales para la vida de los ciudadanos? ¿Les dio vergüenza entonces? ¿No estaban suficientemente convencidos de lo que hacían? Admito que la acción pública de los gobernantes es harto complicada, y que a lo largo de una legislatura son muchas las ocasiones en que un trabajo, una nota de aviso o una reflexión escrita en un folio, se quedan en el cesto de los papeles arrugados porque de entre varias ideas posibles solo hay una que culmina su misión, pero el cesto de los papeles es un sumidero tan definitivo que de nada sirve reverdecer esas ideas si sucumbieron a la reflexión de quien tenía que usarlas (por su mayor responsabilidad), y quien las aportó no tomó medidas drásticas cuando fueron aportadas y rechazadas.


Siento que este artículo está incidiendo más en un pasaje concreto de la Historia más reciente que en el hecho de que la promiscuidad excesiva de los “memorables” esté convirtiendo el género en una especie de patio de vecindad en el que cada cual dice aquello que le deja en mejor lugar ante sus vecinos, pero espero que sirva precisamente de ejemplo esclarecedor. Hasta tal punto es bueno el ejemplo que debe ser completado tras interpretar, desde los mismos criterios, las Memorias del Presidente que ya se anuncian, en las que no aparece ese pasaje según el cual Solbes anunció la crisis y sus fatales consecuencias para los españoles con la suficiente antelación. El Presidente Zapatero declinó tales consejos.


En todo caso las grandes librerías han habilitado ya estanterías específicas en las que exhiben todos los libros de Memorias, desde cuyas pastas los protagonistas nos miran con su mejor semblante. En las escuetas y arrinconadas secciones de librería de las grandes superficies comerciales también hay hueco para estos libros de Memorias, al lado de alguna novela de moda y de otros libros biográficos de personajes a los que la Historia les ha hecho un espacio imperecedero. Se trata de Memorias expuestas que no se pueden sumar para conformar una Memoria compartida, porque han sido escritas con cierto afán divulgativo, pero sobre todo con intención redentora. Siguiendo a Machado bien cabe concluir que cada libro contiene una verdad, la de su autor y protagonista, porque la Verdad sobrevuela las estanterías y se va formando conforme cada uno de nosotros disecciona y analiza las anatomías de los libros.


Sin embargo no seré yo quien defenestre al género. Los libros de Memorias han llegado a constituir un género literario con personalidad propia mediante el cual el lector se ha inmiscuido en la vida del autor, que ha hecho de cicerone a lo largo de las páginas del libro. Leído con espíritu constructivo mueven a reflexiones bien productivas; leídos con espíritu crítico suscitan debates difíciles de controlar pero, en todo caso, útiles; leídos desde la anuencia incondicional se convierten en lo que haya querido su autor: si sólo se trata de un relato, el lector se sentirá escuetamente informado, pero si se trata de un texto panfletario el lector no pasará de convertirse en un adepto (y adicto incluso) a la causa del autor.


Cuando las Memorias se circunscriben a un periodo concreto y limitado de la vida del autor, que haya estado marcado por una misión o trabajo concretos, la tentación de convertir el libro en un pliego de descargo sobre los hechos relatados suele ser muy alta. Por eso, cuando surgen a la vez dos libros de Memorias que relatan lo acontecido en el mismo tiempo, con dos protagonistas que compartieron espacios, misiones y objetivos, pueden surgir contradicciones como las que se vienen aireando tras comparar lo escrito por Solbes y Zapatero en sus respectivas Memorias. ¿Con qué versión tenemos que quedarnos, con el dato redentor publicado por Solbes o con la omisión de Zapatero? Yo me quedo con el sencillo hecho de que Solbes y Zapatero porfiaran por algo concreto. ¿Alguien cree que Solbes y Zapatero eran iguales en sus matices ideológicos y en las responsabilidades que pesaban sobre cada uno de ellos? Las diferencias que pudieron mantener en aquel momento constituyen, en sí mismas, una riqueza para el socialismo español.


Lo ya dicho, queridos lectores, pero conviene añadir mi convicción personal de que lo que convertiría a las Memorias (a cualquier Memoria) en documentos valiosísimos serían precisamente los olvidos que, por pudor o por vergüenza, no aparecen en ellas. Y si son los olvidos (que si son voluntarios son omisiones) los que aportan la mayoría de su valor a las Memorias, justo es decir que las añadiduras no aportan ningún valor si su única intención es buscar la redención del protagonista. Más bien, creo que una añadidura únicamente redentora devalúa a cualquier texto de Memorias.


Fdo.  JOSU  MONTALBAN       

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Y  SI  HICIERAN  HUELGA  LAS  ONGs?
Durante varios días el Banco de Alimentos de Bizkaia, a la vez que otros Bancos de otros lugares de España, ha volcado más esfuerzos de los habituales para hacer acopio de alimentos de todo tipo para distribuirlos por toda Bizkaia. El botín (ya sé que “botín” no es la palabra más apropiada) ha sido importante. Las cajas en que se han recogido los artículos se han llenado y vaciado varias veces, las furgonetas habilitadas para estos días han hecho kilómetros y kilómetros para almacenar el material acopiado, pero ha habido más, mucho más, porque el espíritu solidario se ha puesto en candelero de un modo muy especial. En las grandes tiendas o superficies era raro que alguien saliera sin llevar una bolsa, más o menos llena, destinada al Banco de Alimentos. Del mismo modo ha resultado sorprendente la efusión de los voluntarios que han acudido en ayuda del Banco de Alimentos. Como si de este modo, voluntarios al servicio de una ONG y consumidores obedientes al dictado de sus conciencias, quisieran demostrar en la práctica que lo que habían divulgado los medios informativos es cierto. Habían dicho, justamente el día anterior, siguiendo la línea expuesta por la Cátedra de Prevención y Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad de Málaga, que la solidaridad crece significativamente en tiempo de crisis.
Así lo refleja el estudio citado. El responsable de la Cátedra ha dicho que “se hacen más actos de solidaridad que antes por puro sentido común, ya que la gente necesita más”. Lo ha dicho en unas jornadas sobre Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de las empresas, e hizo una clara diferenciación entre las acciones de las grandes empresas, que les sirven a la vez para publicitarse, y las más pequeñas, que sufren lo indecible para poder cumplir escuetamente sus deberes sociales, así y todo, la crisis resulta un buen acicate para convertir en dadivosos a los mezquinos. El caso es que cuando se hizo público el dato el Banco de Alimentos ya había lanzado su encomiable campaña que atosigaba a las conciencias de los más poderosos que, ¡ay!, como no son precisamente ellos los que ejecutan sus compras, no tuvieron que depositar sus bolsas en las cajas petitorias.
¿A qué ha respondido cada uno de los donantes? Unos a la llamada de la generosidad, que empuja a ayudar al que vive en inferioridad desde el convencimiento de que todos tenemos los mismos derechos porque todos somos iguales. Otros a la llamada de la caridad que mueve la compasión hacia quienes sufren carencias de lo que a otros les sobra. A los primeros se les aparece un diablillo juguetón después de haber sido generosos; a los segundos les embarga la complacencia de haber ayudado al que no tiene o tiene menos, siguiendo la obra de misericordia que aprendieron, junto a otras, en su catequesis infantil, como una obligación dictada por su correspondiente religión para acceder al Paraíso. A estas dos acciones se las confunde con la solidaridad. Desde luego que detrás del hecho de adquirir unos productos con intención de donarlos a quienes tienen menos hay un impulso solidario, pero la solidaridad en tiempo de crisis no puede quedar al libre albedrío de la gente, a su capricho. La solidaridad ha de ser impuesta por el Estado, aunque entonces ya no pueda ser llamada del mismo modo; ha de ser más una consecuencia de la acción social y política que la derivación del comportamiento más o menos generoso y caritativo de la gente. Cuando cada cual ha depositado su bolsa de alimentos se ha producido un gesto digno de admiración, pero incluso esa admiración es mensurable y, con toda seguridad, habrá habido quien ha hecho ostentación al hacer entrega de la bolsa de plástico, aunque en su interior no hubiera un contenido acorde con su poder económico.
Son bastantes las campañas “caritativas y generosas” que tienen lugar en las vísperas de la Navidad. Los corazones se reblandecen, las miradas se amansan, las manos e abren con mayor facilidad y todos abogamos porque en cada casa no falte un mazapán, un pedazo de turrón y una botella, aunque sea la más pequeña, de sidra achampanada. Y claro, si la crisis nos aprieta esos productos se convierten en prohibitivos, ya sea porque no es necesaria, ya sea por su precio o quizás porque la sociedad ejerce de cancerbero que ladra en la conciencia de los más pobres cuando cometen algún dispendio. El Banco de Alimentos es una Institución ejemplar por la labor que desarrolla, pero sobre todo es ejemplar por la labor de denuncia que lleva implícita. Que exista, solamente que tenga que existir, constituye un grito de dolor de quienes no tienen alimento suficiente y, por tanto, tienen hambre. Es una voz despiadada que reclama a los poderes públicos que cumplan con su obligación, que quizás no sea que todos lleguemos a ser ricos, pero lo que es seguro que no es es que algunos sean tan pobres que tengan que reclamar lo más básico: la comida. La existencia del Banco de Alimentos en España constituye una solemne denuncia del incumplimiento del Artículo 39 y siguientes de la Constitución Española, sobre los principios que han de regir la política social y económica. Por cierto, vulneración de la misma Constitución que con soberbia enarbolan algunos en defensa de la propiedad privada y el derecho a heredar.
El acopio de alimentos obedece a un gran y noble impulso, pero responde a la constatación de que la sociedad que resulta de la Política desarrollada por el Gobierno español (y por otros Gobiernos) es desequilibrada, inequitativa e injusta. Las injusticias se resuelven con justicia; la solidaridad ejercida individualmente sirve para que la injusticia se note algo menos. ¿Y si un día hacen huelga indefinida las ONGs, qué será de los parias de la Tierra?
Fdo. JOSU  MONTALBAN  

jueves, 28 de noviembre de 2013

OPORTUNISMO  DEL  PP

No se pueden negar las importantes dosis de oportunismo y de cinismo que le asisten al PP cada vez que se pronuncian sobre el terrorismo. Ya son dos años desde que ETA anunció que no se producirían más acciones terroristas pero ¿ha observado usted, querido lector, muchas diferencias  en los pronunciamientos de los señores del PP respecto a tal asunto a lo largo de los tiempos? Yo no tengo dudas de que la Izquierda Abertzale (IA) está siendo demasiado mezquina en sus valoraciones sobre el hecho terrorista ya finiquitado, al menos en teoría, pero la sociedad ha dado sobradas muestras de que quiere rubricar el final anunciado por ETA, con planes de convivencia que convierten el futuro en una época de concordia y paz evidentes. Sin embargo el PP continúa, erre que erre, poniendo sobre la mesa interpretaciones de cuanto acontece que no se corresponden con la realidad.
Mientras no se demuestre lo contrario ETA permanece en el letargo anunciado, que fue adelantado como definitivo. Como tal permanece, a pesar de que nunca falten intervenciones inoportunas, como la de Hasier Arraiz, que se negó a rechazar el pasado de la IA, que fue la ilegalizada Herri Batasuna. La inoportunidad del presidente de SORTU llamó al oportunismo del resto de las formaciones vascas cuyos líderes posaron ante los medios informativos subrayando lo evidente, por cierto, una evidencia que ya comparten buena parte de los partidarios de la IA que se han convencido, por fin, de que ETA y la Democracia en que vivimos desde la muerte del Caudillo Franco siempre fueron incompatibles. Pero el oportunismo del PP siempre ha ido un poco más lejos, sin duda para aprovecharse de las circunstancias.
En los dos últimos episodios relacionados con ETA y la IA el PP se ha lanzado al ruedo como si se tratara de espontáneos taurinos en busca del beneficio de la posteridad. Cuando el Tribunal de Defensa de los Derechos Humanos de Estrasburgo ha ordenado intervenir sobre la Doctrina Parot, el PP ha mostrado tantas dosis de cinismo como de cobardía: en lugar de aceptar el veredicto prefirió cuestionarlo aunque sin esgrimir razón alguna, pero no tuvo arrestos para ignorarlo y combatirlo. No podía hacer otra cosa, ni podía ni debía, pero entonces ¿a qué responden los pronunciamientos en contra si nunca tuvo en su mente combatir la resolución por la vía práctica? El PP alimentó una vorágine incontrolable de asociaciones de víctimas que, salvo honrosas excepciones, nunca tuvieron otro objetivo que hacer de punta de lanza para abrirles el paso, por eso las agitó para protestar contra Estrasburgo, y sus líderes acudieron a las manifestaciones públicas convocadas por ellos, arriesgándose incluso a recoger voces de protesta e insultos como fruto de sus presencias en tales actos.
Aquí, en Euskadi, Hasier Arraiz les ha facilitado una nueva coartada. No son pocas las iniciativas y los proyectos que van tomando forma y fondo en Euskadi. Sin embargo, el PP ha encontrado una nueva oportunidad y ahora propone un nuevo lugar de encuentro con el PNV y el PSE “para desmentir a quienes hoy avalan a ETA”. ¿Quién avala hoy, públicamente, a ETA? Incluso Hasier Arraiz se ha desdicho de su insensatez. En todo caso, están sentadas las bases para una convivencia en paz, y bien que se preocupan los líderes de la IA en no trasgredir dichas bases.
Por eso la propuesta del PP vasco solo está basada en el oportunismo y contiene buenas dosis de cinismo. Todos los fundamentos de su propuesta han sido ya debatidos y conseguidos: la deslegitimación del terrorismo, la inexistente razón de ser de ETA, la legitimidad de las instituciones democráticas, la preocupación de la sociedad superada por el comportamiento de las formaciones políticas democráticas o democratizadas, el prestigio de los principios éticos, el rechazo social,…, todo ha sido conseguido. ¿Para qué insistir en remarcar protagonismos? ¿No es mejor que las iniciativas y proyectos empezados culminen con toda su fuerza y credibilidad, aupadas por todos? ¿Por qué no intenta el PP que se integre en todos los proyectos del futuro, también, la IA? La Historia más reciente no ofrece dudas, pero la construcción del futuro exige menos oportunismo y menos cinismo.
Resulta curioso, y chocante, que quienes tanto empeño ponen en apuntalar la memoria inmediata, muestren tantos remilgos en aceptar los contenidos de la Ley de la Memoria Histórica, que hace alusión a hechos suficientemente graves y, aún recientes, que provocaron más de un millón de muertos en España. ¿No encierra demasiado cinismo esta actitud?
¡Cuidado, que nadie deslice su imaginación por falsos derroteros! Franco y ETA, berdin da.
FDO.  JOSU  MONTALBAN      

miércoles, 20 de noviembre de 2013

GENERACIÓN  Y  REDISTRIBUCIÓN  DE  LA  RIQUEZA
Me Encuentro un tanto deprimido y asombrado porque cuanta más información se almacena en mi disco duro más contradicciones me asaltan. A mí, que soy un tipo que lee todos los periódicos y revistas que caen en emi mano, que son muchos, que escucho las noticias de todas las radios y televisiones y las paso por la planta depuradora de mi conciencia para hacer potables sus contenidos, que me paro ante los escaparates para ver la fluctuación de los precios como si me dedicara a calcular IPCs, que analizo a mi manera las añagazas con que nos intentan atraer los folletos publicitarios, me asombra la ligereza con que el sistema convierte las situaciones en euforias y amenazas, según convenga. Total, que quienes no tienen tanta información, porque no han querido recabarla o porque no tienen tiempo para hacerlo, viven en un “ay” porque sufren como hechos consumados las decisiones del Gobierno desalmado que nos está tocando soportar.
El capitalismo tiene estas cosas tan contradictorias: mientras la pobreza aumenta y los miserables se van multiplicando, los opulentos engordan sus andorgas, añaden ceros a la derecha de sus saldos bancarios y amplían los garajes en los que guardan sus suntuosos automóviles. La media, -que es esa cantidad que convierte en cincuenta y uno el salario promedio entre uno que gana cien y otro que gana dos-, es favorable en las previsiones y resultados que enarbolan quienes, desde los ministerios económicos, pregonan que “se ha parado la caída de la economía”. Recientemente el Banco de España ya ha anunciado por la boca de su máximo responsable que España ha salido de la recesión. ¿Cómo se mide la recesión? También en esto hay truco, porque aunque es necesario que en dos trimestres consecutivos haya tasas negativas de crecimiento económico para que un país entre en recesión técnica, basta con un solo mes en positivo para abandonar la recesión. Por eso las autoridades económicas hinchan el pecho para anunciar que hay luz al final del túnel. Pero los ciudadanos no paran de sufrir porque la señora Merkel sigue amenazando con controles y disciplinas que los más humildes saben que serán una buena tunda de golpes en sus costillas. Mucho más cerca todos anuncian reformas. (¡Atención, “reformas” es sinónimo de “recortes”!). Todavía no he escuchado una sola vez la palabra “reformas” para etiquetar a la implantación de algún provecho para las clases más bajas.
En pleno delirio de declaraciones, como las que hizo Botín cuando afirmó que a España están llegando inversiones y dineros en aluvión y desde todas las procedencias, la Ministra Báñez “da una vuelta de tuerca a la reforma laboral”. ¿Para qué? Si ya ha dejado a los trabajadores, que son mayoría aplastante en España (porque los desempleados deben ser contabilizados como tal), desamparados con la primera aplicación de la Reforma laboral, debemos esperar en nuevo mazazo, pues los expertos que se reúnen periódicamente para asesorarla son tan afines al neoliberalismo capitalista como ella y el Gobierno del PP al que pertenece.
No solo dará una vuelta de tuerca a la reforma laboral sino que la llave inglesa también apretará la tuerca de las pensiones, a las que con anterioridad ha sometido a una poda inverosímil e injustificada. También en este asunto la están asesorando gentes a las que el asunto les trae bastante sin cuidado, porque su poder adquisitivo desmesurado les permite adquirir planes de pensiones privados cuantiosos. Quienes están llamados a aconsejar en este ámbito  apenas sufrirán mermas importantes en sus pensiones cuando cumplan los años correspondientes. La condición de “expertos” de las personas que asesoran bien poco tiene que ver con la “experiencia” que tengan. Puede que sean conocedores de los entresijos y vericuetos en los que se mueve la Economía, pero no conocen demasiado bien el mundo del trabajo, ni las limitaciones que va imponiendo la edad a la mano de obra y la productividad, bueno, no estoy tan seguro de que no lo sepan, pero sí de que no lo tienen en cuenta pues para ellos el trabajador de diferencia muy poco de un tornillo o de una máquina: cuando no sirve va a parar al mismo lugar, es decir, al desguace. Esa es la brutal verdad que guía al capitalismo. Los expertos que viene usando el PP para justificar sus decisiones son, salvo muy pocas y  honrosas excepciones, fieles partidarios de la brutalidad insolidaria del sistema capitalista.
Mi asombro se acrecienta al leer otros titulares de prensa: Por ejemplo, que los beneficios del Banco de Santander han subido un 77% y los del BBVA un 85%. Que Caixa Bank ha aumentado sus beneficios un 164%, y el Banco de Sabadell ha duplicado sus ganancias, a la vez que Bankinter ha aumentado su beneficio en un 115%. Las páginas de color sepia de los diarios no paran de sobresaltarnos y, al menos a mí, de encolerizarme, porque al lado de tanto exceso de ganancias se recogen otros datos muy chocantes, por ejemplo, que el empleo público se ha reducido en 161.000 puestos en el último año, y que el gasto de la prestación por desempleo evoluciona a la baja a pesar de que el número de desempleados permanece constante. Sí, los peones del Gobierno, con las señoras Báñez y Sáenz de Santamaría a la cabeza hacen su labor, tanto más fructíferas para sus intenciones arteras como sus falsedades y medias verdades se lo permiten. La última fechoría consistió en adelantar en rueda de prensa que más de medio millón de parados “hacían fraude” en la percepción del subsidio de paro. Sí, rectificaron después y aminoraron la cifra hasta niveles puramente testimoniales pero su intención estaba clara: se trataba de desacreditar a los parados “por tramposos y por vagos”, pues no en vano subrayaron la escasa disponibilidad de los parados para aceptar todo tipo de trabajos.
Y bien, ¿quieren más contradicciones? Las hay de muy diferentes tipos. Mientras desde el extranjero se empecinan en invertir en España (Botín dixi) y el mismísimo Bill Gates invierte en una empresa tan española como FCC de la presidenta Esther Alcocer Koplowitz haciéndose con un 6%. Mientras las exportaciones se sitúan en un máximo histórico tras crecer un 6,6%, y una empresa española (como otras muchas) se adjudica contratos en América Latina por 441 millones de euros, sorprendiendo incluso a Francia y Alemania que han visto caer el crecimiento interanual de sus exportaciones en un 2% y 1,1% respectivamente. Mientras todo esto ocurre hay un titular que nos administra un jarro de agua helada: “El crédito a las familias y empresas cae a niveles del año 2007”. Las familias han recibido casi un 5% menos en préstamos, y las empresas no financieras, es decir, las más pequeñas y buena parte de ellas de carácter familiar, han sufrido un recorte del 6%. ¿Para qué más? Contradicción tras contradicción porque el capitalismo constituye en sí mismo una dolorosa contradicción cuando se le valora e interpreta a la luz de los valores humanos.
El capitalismo genera riqueza que no reparte. Los neoliberales aseguran con absoluta desvergüenza que tiene un efecto distribuidor porque tanto sirve para proveer beneficios a los dueños del capital como salarios a los trabajadores, en muchos casos de miseria para favorecer la productividad, pero esta distribución ni es equitativa ni es igualitaria. El socialismo niega esa cualidad distribuidora que los capitalistas adjudican al libre mercado. La socialdemocracia, en el limbo intermedio, propone un proceso “re-distribuidor” que, tras aceptar ese libre mercado  que desean los neoliberales, implementa mediante las políticas fiscales y las medidas sociales que forman el llamado Estado de Bienestar. ¿Qué está ocurriendo ahora mismo en España? Algo tan sencillo como que el actual Gobierno del PP, empeñado en llevar a sus últimos extremos su fidelidad al capitalismo brutal en que se inspira, ha olvidado cualquier impulso redistribuidor. Y pasa también que la alternativa, el PSOE, debate si es socialista o socialdemócrata, sin tener en cuenta que las medidas tomadas por Rajoy en sólo dos años de gobierno, aprovechando el socorrido recurso a una crisis que nadie se ha parado a medir y estudiar realmente, han trasladado a los españoles un materia de derechos sociales a los últimos años del franquismo. Ahora mismo, por tanto, es más eficaz el socialismo que la socialdemocracia en España.
Si a la pérdida de derechos sociales sumamos la pérdida de derechos ciudadanos y la restrictiva lectura del uso que ha de hacerse de los espacios públicos, con que nos amenazan los gobiernos del PP en todos los niveles territoriales en los que gobierna, esto se parece bastante a un franquismo, pero sin Franco.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN            

domingo, 17 de noviembre de 2013

NI  MENOS  MEMORIA  NI  MÁS  OLVIDO
Desde que el TEDH de Estrasburgo se ha pronunciado sobre la Doctrina Parot todo han sido sobresaltos, de tal modo que los dos años que hemos pasado sin terrorismo y sin ETA apenas han liberado de carga emotiva a quienes, desde el fuego asesino o desde las trincheras, vivimos tal tragedia. Puede que sea lógico pero la construcción de un futuro que supere el brutal y doloroso pasado exige que el presente no sea ni fláccido ni rencoroso. La Memoria, que se ha ido escribiendo en páginas indelebles, no es la suma de las memorias tan llenas de recuerdos de quienes vivimos y sufrimos aquellos tiempos. Si el anuncio de los encapuchados liberó nuestras conciencias de ciertos preceptos y ataduras, y nos dejó salir a la calle olvidándonos de peligros y guardaespaldas, debemos liberar nuestras conciencias de las ansias de venganza que con tanta frecuencia nos atenazan y nos mueven a opinar y actuar sin la más mínima generosidad.
Es verdad que tal vez no la merezcan los asesinos, pero ser generosos responde más al deseo de quienes lo sean que a la obediencia a un guión preestablecido. Es cierto que no han pedido perdón los etarras, y es cierto también que cuando, individualmente, han reconocido el dolor causado lo han hecho utilizando subterfugios que han pretendido justificar o atenuar sus responsabilidades como matones al servicio del terror, pero si aceptamos que vivimos un tiempo nuevo hemos de hacerle que parezca nuevo también en nuestros comportamientos y valoraciones. Si durante tantos años brutales y miserables los demócratas nos hemos echado en cara la utilización de la violencia etarra, -y de los sentimientos que ha suscitado en los ciudadanos-, para ganar adeptos en la lucha política y partidista, es evidente que ya ha llegado el tiempo de eliminar esa estrategia y dejar de enconar las relaciones entre las gentes regando las plantas de la venganza por un lado y las plantas del olvido por el otro.
Las Instituciones, que han de gestionar las leyes y reglas que dirigen nuestra convivencia, no paran de inventar. Ahora que el I+D+i sufre los embates de la crisis económica mediante una rebaja de los fondos destinados a ello, el tratamiento del “post-terrorismo” no para de inventar, desarrollar foros, lanzar iniciativas e incluso celebrar fiestas, pero en cada uno de los eventos resultan mucho más ostentosas las posiciones irreconciliables entre los grupos políticos y humanos que los acuerdos. La celebración del Día de la Memoria ha insistido en ese esquema. Se ha celebrado en cuatro o cinco sitios diferentes, y en cada uno de ellos ha habido presencias y ausencias de responsable políticos y sociales que han alimentado la controversia.
Del mismo modo, la salida de las cárceles de los presos de ETA a los que afecta la Doctrina Parot y el veredicto de Estrasburgo está generando ríos de tinta en los diarios, muestrarios de fotos, aludes de interpretaciones y, por si fuera poco, manifestaciones públicas en las que se profieren consignas claramente enfrentadas al respeto de los Derechos Humanos. La politización interesada de los colectivos de Víctimas, auspiciada por la fracción más reaccionaria de la derecha española, ha traído consigo este batiburrillo tan contradictorio que ha llevado a que los compañeros de su mismo partido hayan insultado a Arantza Quiroga (líder de la derecha vasca) que siempre se ha pronunciado en contra de ETA. Quienes, militando en el PP, han acudido a protestar contra el veredicto de Estrasburgo sobre la aplicación de la Doctrina Parot, se han apresurado a subrayar que su presencia en las manifestaciones ha obedecido a una muestra de solidaridad con las víctimas, exclusivamente. De no haberlo puntualizado cabe concluir que al PP, al menos a una de sus versiones, no le preocupan demasiado los Derechos Humanos, y se muestra dispuesto a criticar y despreciar las posiciones del Tribunal de Defensa de los Derechos Humanos (TEDH), que tiene por objeto preservarlos en Europa.
Se trata de reclamar a cada cual las dosis de decencia que cada cual debe aportar. Quienes salen de las cárceles deben guardar el regocijo en su interior, porque han sido terroristas y asesinos, y cualquier demostración ostensible de alegría es una agresión para las víctimas y para sus familias. Quienes sufren ausencias también han de superar sus traumas, pero siempre con el apoyo y la comprensión de quienes hemos aborrecido y rechazado el terrorismo aunque no hayamos sufrido sus consecuencias de modo directo. Los líderes de los partidos políticos, si se tienen por tal, deben preocuparse por construir el futuro y no por recrearse en la constante revisión del pasado. El Tribunal Europeo de Defensa de los Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, se ha expresado con la debida contundencia … Y con el debido rigor, con el rigor que le cabe en base al sistema político y social imperante. A nosotros nos toca hacer un esfuerzo de interpretación de lo acontecido huyendo de conceptos como victoria y derrota, que siempre están sujetos a interpretaciones caprichosas e interesadas.
El Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, Fernández de Casadevante, ha dicho: “Si no se acepta que hay víctimas y verdugos, y que no se les puede poner en el mismo plano, el problema no se resolverá”. Y ha dicho también que “no es posible una memoria compartida”. Verdades de Perogrullo que no admiten discusión, pero si el terrorismo se ha acabado, ¿para qué atrincherarse en sus aledaños? Busquemos la Verdad, no la verdad de cada cual. ¿Existe una Verdad que sirve para todos?
Fdo.  JOSU  MONTALBAN        

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL  FANTASMA  DE  LAS  DOS  ALMAS  EN  EUSKADI
Un fantasma viene recorriendo el mundo del debate político en Euskadi. El asunto ha emergido hace poco tiempo pero los episodios en que se sustenta son ya viejos. No es baladí que las formaciones políticas vascas, -todas sin excepción-, hayan mostrado en alguna ocasión fisuras más o menos ostensibles que no encuentran cemento que las remedie en los órganos, reglamentos o sistemas de funcionamiento de los propios partidos. El último episodio ha tenido lugar en el seno del PP vasco pero ha despertado a ese fantasma que sobrevuela a todo el elenco de los partidos vascos. El terrorismo está en el principio de todo porque ahora que los terroristas, en un alarde de generosidad, han dicho que dejan de matar, a unos les entran unas ansias indisimuladas de venganza, mientras que otros se han guarecido bajo un Síndrome de Estocolmo evidente que les lleva, a los primeros a convertir el Estado de Derecho en una especie de patíbulo justiciero, y a los otros a convertirlo en una madre que, para no volver a sufrir lo ya sufrido rinde su casa a los caprichos del hijo pródigo a costa del bienestar de los familiares que siempre la han acompañado y servido de paño de lágrimas.
La metáfora que mejor define esta situación la suministró hace unos meses el eurodiputado popular  Carlos Iturgaiz cuando criticó el hecho de que algunos compañeros suyos del PP vasco acudieran a debatir junto a miembros de la Izquierda Abertzale (IA). La cita que trascribo a continuación contiene todos los ingredientes: “La IA, que es el brazo político de ETA, no es un partido más y no se puede ir a debates, a tomar un café o hacerse fotos en plan coleguismo; muchas personas en el PP vasco piensan como yo; (la actual dirección del PP vasco) tendrá que decidir entre esas dos almas”. La idea de “alma” como principio que vivifica el cuerpo, que es diferente a él pero que lo humaniza, responde a una creencia muy antigua que a lo largo del tiempo ha llevado a múltiples interpretaciones y versiones. Por lo que sugiere Iturgaiz con su afirmación está muy claro que el mismo cuerpo, el PP vasco, se convertiría en un ente o ser totalmente diferente dependiendo de que se dote de una o de la otra de las dos almas. Sin duda Iturgaiz se corresponde con una de esas dos almas, concretamente la que no comparte la actual dirección del PP vasco con Arantza Quiroga a la cabeza.
La respuesta desde la dirección del PP fue inmediata. Oyarzábal negó la existencia de dos almas y remitió a las resoluciones congresuales del año 2008, cuando Basagoiti sustituyó a María San Gil. Eso sí, como buen dirigente político, terminó su posicionamiento anunciando que pediría responsabilidades al parlamentario europeo. Apenas dos meses después una de las dos almas ha estado presente en San Sebastián, en la presentación del libro “Cuando la maldad golpea”, que contó con la presencia del Ex Presidente de España José María Aznar y la Ex Presidenta del PP vasco María San Gil. Curiosamente no acudió al acto la dirección actual, que se ha reservado el papel de responder a lo que tanto Aznar como San Gil dijeron poniendo voz y palabra a una de las dos almas. Ejerciendo ese papel Sémper, como abanderado del alma que podríamos llamar “oficial”, dijo: “Queremos superar el pasado a base de verdad, justicia y memoria”. Pero Iturgaiz le conminó a, entre otras cosas, “tener constancia y respetar el trabajo desempeñado por María San Gil”. Como se ve, las dos almas del PP vasco parecen estar encendidas, arremetiendo la una contra la otra, quizás intentando destruirse, y sin darse cuenta de que la existencia de dos almas está generalizada en todas las formaciones vascas.
Es cierto que esa dualidad se muestra con diferente intensidad en unos u otros partidos, pero el terrorismo de ETA no sólo extorsionó y mató sino que amedrentó de tal modo a las vascas y los vascos que la venganza de los irritados y el perdón de los conmiserativos son reacciones que se sujetan con la misma cuerda. Las heridas que aún supuran producen escozor en quienes han sufrido directamente la acción terrorista. Quienes no la sufrieron tan directamente, vivieron en el miedo a llegar a sufrirlo, y ahora parecen dispuestos a aceptar lo que, de no estar amedrentados por la fatal experiencia, considerarían totalmente inaceptable.
Hablar de la Euskadi actual exige tantas dosis de valentía como de respeto, pero sobre todo exige que las reflexiones de cada cual sirvan para propiciar las reflexiones de los otros, en lugar de formular dogmas indiscutibles. Ya lo he dicho: en Euskadi todos los partidos han mostrado dos almas en algún momento, incluida la IA, pero esta alma del PP, la que mostraron Aznar y San Gil (que satisface a Iturgaiz), es harto peligrosa porque se recrea en proclamar frases categóricas cuyo contenido y significados están superados por los hechos. Aznar dijo que “en la política vasca hoy se busca la normalización del silencio y del olvido, lo que es una confusión hirtórica y moral”. Y dijo San Gil, bajando más al nivel de la calle, que “Garitano e Izaguirre (ambos dirigentes institucionales de la IA) son “bilduetarras” con quienes los partidos conviven con naturalidad”. Ambas frases son falsas y peligrosas, lo cual no quiere decir que esos convencimientos no sean asumidos por bastantes miembros del PP e incluso por miembros de otras formaciones políticas.
No solo el terrorismo ha propiciado el fenómeno de las dos almas en el seno de los partidos. La lucha electoral (y electoralista) obnubiló a muchos dirigentes que han creído que los votantes de la IA pudieran llegar a ser un filón de votos para los demás una vez acabada la violencia. Fuera por el Síndrome de Estocolmo o fuera por el afán recolector de sufragios los partidos vascos han abierto sus corazones para acoger a muchachos acostumbrados a la algazara sólo porque pudieran parecer de izquierdas o fueran ataviados como tal, pero han resultado ser mucho más secesionistas que socialistas, incluso mucho más independentistas que demócratas. Así, una de las almas ha perdurado en el absoluto inmovilismo mientras la otra se ha ido por los cerros de Úbeda. Y así en cada una de las formaciones. ¿Acaso pertenecen a la misma alma del PNV Ibarretxe y Urkullu? ¿Pertenecen a la misma alma del PSE Nicolás Redondo, Patxi López y Jesús Eguiguren? ¿Madrazo y Arana, servían a la misma alma en Esker Batua (IU)? ¿Y Matute, en qué alma estaba Matute que ha saltado desde Esker Batua a la IA? ¿Pertenecen a la misma alma todos los líderes que han confluido en BILDU o SORTU? ¿Más atrás en el tiempo, respondía a la misma alma de Herri Batasuna Arnaldo Otegi que la gran mayoría de los dirigentes que iban siendo ilegalizados?
De modo que el fantasma de las dos almas ha venido contagiando a todas las formaciones vascas. Sin embargo, lo acontecido en el PP vasco tiene unas repercusiones especiales porque se trata de una formación ubicada en uno de los extremos del abanico vasco, además de ser la formación que sustenta al Gobierno del Estado. Quienes desde el PP vasco han decidido “atacar” poniendo en valor su propia “alma” se han venido caracterizando por mostrarse como “desalmados” frente a ese mundo “abertzalísimo” que formaban ETA y sus cómplices, que durante cincuenta años tuvieron su alma vendida al diablo.
Ahora, no valen para nada los espacios herméticos, ni sirve sellar todas las salidas a quienes se muestran dispuestos a salir del círculo vicioso, pero cometerá un error quien se deje llevar por la desidia y olvide que aún están presentes la mayoría de las víctimas y la mayoría de los asesinos. Las Instituciones democráticas tienen que distinguir entre ambos haciendo que la culpabilidad y el perdón avancen en su justa medida, pero han de ser las Instituciones que representan a todos las que protagonicen la transformación necesaria. Cualquier avance en la buena dirección de la reconciliación, venga de donde venga, será positivo  pero solo las iniciativas institucionales tendrán el marchamo de la autenticidad, que será lo que realmente justifique su eficacia. Las leyes han de ser aplicadas con rigidez. Las medidas de gracia también, con generosidad, pues tanto las leyes como las gracias han de responder al mismo empeño: fundamentar la convivencia, fortalecer la cohesión social, sentar las bases de la democracia que los vascos, de tanto cuestionarla, no han disfrutado del todo.
FDO.  JOSU  MONTALBAN

viernes, 1 de noviembre de 2013

LOS  “SIN”
Lo peor acontece cuando tras la identidad de uno las autoridades abren un paréntesis en el que definen su auténtica situación empezando con la palabra “sin”. Quienes son “sin” molestan con su presencia a quienes son “con”. La acción política, que debería ocuparse en mitigar las carencias de los que no tienen, pasa de puntillas sobre la realidad y, todo lo más, intenta ponerle freno legislando en contra de quienes no tienen, en lugar de atajar la auténtica raíz. La ética con que valoramos la tragedia de los “sin” choca con la desidia de quienes deberían recurrir a ella para gobernar el Mundo y resolver los problemas que acucian a una gran parte de la Humanidad.
Han coincidido en el tiempo dos hechos que muestran la profunda degradación humana que nos asiste. El gobierno de Hungría, -y también el de Benidorm, que está más cerca de aquí, y el Ayuntamiento de Madrid, que es la capital del Estado-, ha aprobado a través de su Parlamento nacional una ley que castiga a los que viven en la calle, es decir, a los “sin techo”, como si ese modo de vida correspondiera a algún estilo licencioso o peligroso para la comunidad. La bárbara medida, que impide mendigar e impone multas de hasta 500 euros y hasta la pena de cárcel, será de muy difícil aplicación, en todo caso requerirá ejercer la violencia con quienes, normalmente, viven en los centros de las ciudades dejando pasar el tiempo, alimentándose más de los rayos del sol que de cualquier alimento, soñando que un día, casi sin darse cuenta, sientan que no volverá a amanecer para ellos. En el afán privatizador de casi todo hay gobiernos que están dispuestos a privatizar los espacios que siempre se han caracterizado por ser públicos. El Presidente húngaro, el conservador Orbán, ha dicho que su Ley tiene por objeto “asegurar el orden de los espacios públicos e incrementar la seguridad”. Poco ha observado este dirigente si teme que un pacífico mendigo puede desordenar la calle o suponer un riesgo para quienes por ella discurren.
Más bien se trata de separar a los pobres de los ricos, a los “sin” de los “con”. Según se desprende del texto loa ayuntamientos señalarán las calles reservadas a los pobres y las otras calles, que se dedicarán a actividades más “provechosas”. Inventarán una señalización ad hoc que conminará con un “¡pobres no!” a quienes no han cometido otro delito que “no tener”. No tener comida, no tener dinero, no tener casa, no tener un techo para guarecerse, no tener esperanza, no tener futuro. Peor aún, estas personas que la autoridad está dispuesta a marginar en el espacio público podrá ser castigada con la realización de trabajos en beneficio de la comunidad. Curiosa paradoja: la misma comunidad que les relega, que les abandona en las afueras, se aprovechará de su trabajo. Y bien, se han levantado voces en defensa de los “sin techo”, pero urge que los que realmente creen en la ciudadanía como modo de pertenencia digna al género humano, destierren de una vez por todas a este tipo de gobernantes que creen que la calle es suya, tan suya que su procacidad les lleva a elegir o rechazar a quienes no cometen otro delito que ser pobres y no tener otro techo que un cartón humedecido por el rocío de la noche.
Casi a la vez otros “sin” han sufrido otro fatal percance bien cerca de las costas italianas. Han muerto al menos 200 inmigrantes africanos, y han desaparecido otros 150 frente a las costas de Lampedusa. Los doscientos descansarán en ese cementerio terrible de la isla que provocó la fatal pregunta de su alcaldesa, dirigida a la UE en Febrero: “¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”. Los desaparecidos, esos 150 más, habrán descendido al fondo del mar y allí, olvidados del desalmado mundo, servirán de pasto para los peces menos escrupulosos y más salvajes. Los quinientos tripulantes que llenaban la gran barcaza estaban ya a solo mil metros de la costa de su tierra prometida. Eran eritreos, o libios, o somalíes, qué más da, y habían dejado el infierno a sus espaldas. Ya no miraban hacia atrás, al menos desde que habían divisado a lo lejos el lomo abultado de la isla, la tierra que constituía su destino. Todos habían sonreído con ese gesto cómplice de quienes comparten la meta a alcanzar. Las mujeres embarazadas que formaban parte del pasaje soñaban con un paraíso para sus hijos aún no nacidos. Los niños también soñaban con un mañana más halagüeño mientras balanceaban su candidez al ritmo de las olas. Pero el destino les tenía reservada una sorpresa brutal y diabólica.
Sí, el destino, pero no solo el destino. Nada es solamente achacable al azar aunque sea el azar el que se utiliza como vana explicación de cuanto nos atormenta. La lectura de lo acontecido frente a las costas de la isla de Lampedusa no puede hacerse desde el escaso rigor de la casualidad. El hambre, la sed, la excesiva pobreza y los conflictos bélicos y tribales provocan éxodos masivos desde el tercer mundo africano hasta las accesibles costas del Sur de Europa. Los africanos se desplazan en busca de la vida que les niegan sus tierras de origen. Más de quince millones de ellos viven refugiados en países vecinos, y casi veintinueve millones viven desplazados de sus poblaciones de residencia. Se mueven en familia, al menos eso cabe concluir del hecho de que sean un 52% los hombres desplazados y un 48% las mujeres. Igualmente el 46% son menores de 18 años. Las áreas de conflicto están claramente delimitadas, pero la huida resulta harto complicada, porque incluso donde buscan la protección también están teniendo lugar los conflictos.
Pero no nos vayamos de Lampedusa. Sí, la solidaridad se produce cuando un barco lleno de moribundos llega a las costas, pero han sido varios días de travesía en unas condiciones difíciles, en medio de un gran desierto de agua y sal que en todos los instantes les ha ido mostrando las fauces de la muerte. Pero, ¿qué pensaban quienes se cruzaban con ellos en medio de los mares? Al menos tres barcos pesqueros vieron a la barcaza en apuros, zozobrando o, lo que es peor, hundiéndose. La vieron arder sobre las aguas porque sus tripulantes decidieron arriesgar y convertirse en teas en demanda de auxilio, pero… A estos “sin papeles” tampoco se les puede socorrer sin arriesgarse a que las autoridades italianas les consideren cómplices de la inmigración clandestina. De modo que los doscientos muertos y los ciento cincuenta desaparecidos son muy poco más que un número porque eran hombres, mujeres y niños “sin”. Sin nombre, sin apellidos, sin papeles.
Tendremos que recuperar la cordura y la dimensión ética y moral de nuestras percepciones si no queremos perder nuestra condición de humanos, corresponsables todos de hacer del Mundo un hábitat soportable. Nuestro aislamiento personal, que responde al comportamiento cobarde de quien cree que los otros no son iguales a los unos, puede convertir el Mundo en una Lampedusa infinita. Los “con” desean reducir a los “sin”, conminarlos a que vivan en reductos y parajes apestados de riesgos. De ese modo, tal como ha adelantado el Papa Francisco, ellos también se convierten en unos “sin”: unos sin-vergüenzas.
NOTA: En el tiempo transcurrido entre la escritura de este artículo y su publicación se ha producido otra noticia en el mismo sentido de cuanto critico, respecto a lo acontecido en Hungría con los “sin” techo, pero esta vez mucho más cerca de nosotros, en Madrid. El Ayuntamiento de la capital de España ha anunciado una Ordenanza en el mismo sentido que lo aprobado en Hungría y en Benidorm. No es necesario añadir nada nuevo porque en realidad solo son nuevos párrafos del mismo relato. La sociedad se desliza fatalmente por el camino de la insolidaridad más absoluta.
FDO.  JOSU  MONTALBAN

lunes, 21 de octubre de 2013

¡PATXI,  QUÉDATE!
Si Patxi López se queda en Euskadi, -que es lo que debe hacer-, el socialismo vasco tiene alguna posibilidad de remontar el vuelo con cierta celeridad. En todo caso, podrá hacerlo mucho más rápido que si opta por el abandono. He dicho “abandono” a sabiendas, pues como tal lo entienden cuantos, afiliados o no afiliados al PSE, han cambiado impresiones conmigo al respecto. La legislatura en la que ha ejercido la Lehendakaritza, aún reciente, constituye un bagaje de gran valor, porque es evidente que supuso un haz de luz tras las sucesivas legislaturas del lehendakari Ibarretxe, plenas de dudas, en las que solo el Plan que lleva su nombre alcanzó la efímera “gloria”. Patxi López ha sido capaz de serenar la política vasca a pesar de que el nacionalismo se empeñara una y otra vez en el intento de convertir el debate político en un simple intercambio de reproches.
El socialismo vasco debe seguir siendo la alternativa real al actual gobierno nacionalista. Y eso solo será posible en la medida en que consolide las pautas marcadas durante el Gobierno último. El acuerdo que ha firmado con el PNV, y con el Lehendakari Urkullu, no hace otra cosa que prorrogar la legislatura de Patxi López. La reforma fiscal acordada había sido propuesta por Patxi López en muchas ocasiones, si bien el “socio” de gobierno de entonces, el PP, no parecía el adecuado para llevarla a efecto. Del mismo modo, solicitar en aquel momento colaboración al PNV, “opositor” y cabreado durante todo el periplo, hubiera sido como pedir peras al olmo. Por tanto, ahora que las tesis socialistas se han abierto camino, bueno será que permanezca en la liza quien tantas veces las intentó activar. Además, el acuerdo PNV-PSE ha nacido de una evidencia certera: Euskadi necesita pocas estridencias y buenas dosis de estabilidad. Ambos ingredientes quedan garantizados con Patxi López al frente del socialismo vasco. ¿Estarían garantizados con otros protagonistas? Desde luego que no con la misma contundencia.
Desde la llegada de la Democracia, tras la muerte de Franco, los socialistas vascos hemos visto como los sucesivos líderes han dado la impresión de utilizar el crédito adquirido aquí como trampolín para ubicarse en Madrid. Asó ocurrió con Txiki Benegas (que derrotó al mismísimo PNV en unas elecciones autonómicas), con Ramón Jáuregui y con Nicolás Redondo. Pudiera ser que ahora se reprodujera el mismo esquema. Si así fuera el socialismo vasco debería reestructurarse de nuevo, pero con el hándicap importante de que ahora mismo los socialistas ocupan el tercer lugar en el escalafón del Parlamento Vasco.
Es evidente que las aspiraciones personales son cosa de cada cual, pero la Política exige que tales aspiraciones deban ser interpretadas teniendo en cuenta algo más que lo meramente personal, como son el servicio a la ideología y al partido político en que se sustenta. En ese sentido la continuidad de Patxi López en la Política vasca es una garantía para los socialistas, para la izquierda y para la sociedad vasca. Dado el importante paso de acercar posturas que parecían irreconciliables entre nacionalistas y socialistas, tras los desencuentros provocados por la cicatería de Ibarretxe y la desconfianza de Redondo (que fue quien rompió el Gobierno de coalición entre el PNV y el PSE) conviene que los contenidos del actual acuerdo sean administrados con mimo por quienes deben sentirse más responsabilizados: Urkullu, como lehendakari, y Patxi López como principal inspirador de los contenidos del acuerdo.
Será bueno para todos. Va siendo hora de que los socialistas vascos, fieles a nuestra condición de ser el partido político (de los actualmente existentes) que antes se implantó en Euskadi, concedamos a nuestra misión en este lugar la importancia y la trascendencia que tiene. El compromiso del PSOE con la sociedad vasca comenzó a fraguarse diez años antes que el del siguiente partido en implantarse, que fue el PNV. La ideología socialista siempre encontró el mejor caldo de cultivo en la sociedad vasca, variada y compleja, en la que el desarrollo industrial y minero, con sus industrias complementarias y auxiliares, compartió rigores con el comercio y el sector primario. Hoy, nuestra sociedad no es la de entonces, pero sigue siendo exigente y un buen campo de prueba para el socialismo moderno.
Puede ser que mi llamada no llegue a surtir efecto; que Patxi López opte, -por voluntad propia o por imploración ajena-, por acudir a la endiablada lucha por el liderazgo del PSOE, pero estoy convencido de que, en este preciso momento, son bastantes quienes pueden ocupar la Secretaría General del PSOE, mientras que el liderazgo del PSE puede verse profundamente debilitado si él se va. Por eso, ¡Patxi, quédate!
Fdo.  JOSU MONTALBÁN    

sábado, 19 de octubre de 2013

CONTAGIO  DE  LA  INSOLIDARIDAD
“Lo peor es el contagio”, decía mi tía María, soltera ella a pesar de su edad avanzada, que EL  ejercía con sus sobrinos la excelente misión maternal que su soltería no le permitía tener en propiedad. Lo primero era aislar al febril para que nadie se acercara demasiado y contrajera la enfermedad. Algo parecido está ocurriendo en la España actual en la que afloran regionalismos por todos los lados como respuesta a nacionalismos existentes desde el ayer de la Historia. Peor aún, incluso sin disfraces nacionalistas ni regionalistas hay líderes políticos que se aferran a localismos o singularidades con el fin, a mi modesto entender, de perpetuarse como cabezas de ratón tras haber comprobado que ni siquiera llegarán nunca a ser cola de león.
El caso catalán está provocando un efecto contagio de complicada interpretación. La gran cadena humana con que Cataluña celebró la última Diada ha provocado reacciones dentro y fuera de Cataluña, en el seno del nacionalismo –sea el catalán, el vasco o el gallego, por nombrar a los tres históricos dentro de España-  y también fuera de él, que ha afectado a los dos grandes partidos españoles. Nadie ha permanecido quieto ni callado, probablemente porque la espectacularidad de la cadena humana entre los Pirineos y los aledaños de Vinarós, asustó en exceso. Después de ese día, que dejó perplejos a casi todos, todo han sido posicionamientos estratégicos adoptados con la urgente necesidad de no quedar descolocados para el futuro. Casi nadie se ha parado a diagnosticar con detalle la situación generada: ni los antecedentes ni los consecuentes efectos de la flagrante demostración de fuerza del “pueblo catalán”. Sin embargo, llevamos escuchando bravuconadas y reacciones exacerbadas desde el famoso día de Septiembre.
En ninguna de las regiones (nacionalidades o naciones) españolas en que existen grupos nacionalistas éstos son homogéneos. Ideológicamente se trata de grupos dispares, casi antagónicos algunas veces, que coinciden en un día del año, cuando se trata de subrayar sus patriotismos. PNV y la Izquierda Abertzale (IA); CIU y ERC; BNG y los nacionalistas gallegos menos identificados. En las tres comunidades “históricas” las formaciones nacionalistas pugnan entre sí oponiendo el posibilismo a las imposibles utopías que ellos llaman “soberanías”. En el caso de CIU la cosa se complica porque a la intransigencia del convergente Mas se opone también el pragmatismo del unionista Durán i Lleida. La nostalgia sentimental que siempre acompaña a los nacionalismos moderados encuentra un escollo fundamental en el activismo patriótico de los nacionalismos intransigentes que creen que un Estado nuevo se genera y forma en un pispás, solo porque a algún iluminado se le ocurra convocar un referendo, no de autodeterminación sino de terminación de un vínculo tan serio y potente como el que une a todos los pueblos de España.
El PNV y la IA vasca también han hecho sonar sus campanas. Cataluña es el modelo a seguir, cadena humana mediante, pero saben de la dificultad, y no siempre las mismas intenciones suministran los mismos resultados. Por de pronto el PNV ha preferido desmarcarse y hablar de “nuevo status”, además de que se debe contar con acuerdos amplios para iniciar cualquier aventura. Sobre la IA aún pesa la espada de Damocles de la existencia de ETA que, aunque inactiva, obliga a sus huestes a mantener equilibrios siempre difíciles. El PNV está cómodo en España, como quien reside en un barrio que él considera de las afueras de la ciudad y constantemente se pregunta en voz alta cuándo se va a mudar al centro, en dónde a él le gustaría residir, pero nunca se responde porque sabe que vive muy bien en su casa. En el fondo ninguno de los dos siente la necesidad apremiante de la independencia porque se sienten más realizados reclamándola que administrándola.
Pero el asunto no se queda solamente en esas regiones con marcado arraigo del nacionalismo. En Cataluña más, y en Euskadi también, los partidos de ámbito estatal hacen filigranas para parecer lo que nunca deberán ser. En su simbología y en sus comportamientos externos, tanto el PSOE como el PP han dejado de complacer a aquella mayoría de sus bases y simpatizantes procedentes de la emigración interna española, que acudían en masa a los mítines durante la Transición, y vibraban con las canciones de Antonio Molina, o perdían la compostura a los sones del pasodoble “Y viva España”. Aquello ya se acabó. Ahora, quienes acuden a los locales de aforo reducido que han sustituido a los frontones, plazas y polideportivos de entonces, llegan hasta ellos a los redobles y sones de la txalaparta y de la triki trixa; tocados con txapela (que no boina) en Euskadi y con la barretina en Cataluña. Todo ha cambiado porque en ambos lugares los votos dependen más del envoltorio que del contenido de las propuestas. En ese contexto hay que valorar también que el constitucionalismo del PSOE y del PP se muestre siempre dispuesto a acomodarse a las circunstancias más frágiles.
Tras la Diada, el PSC se ha resituado en el federalismo como forma de Estado y como medio de relación con el Estado español. La necesidad de situarse en Cataluña ha empujado al PSOE a reclamar el mismo federalismo en España. Eso sí, un federalismo asimétrico. No deseo defender ninguna forma de centralismo a ultranza pero, ¿no es acaso nuestro Estado de las Autonomías mucho más descentralizador y respetuoso con las diversidades que cualquier Estado federal? ¿No suena algo grotesco, desde el más absoluto respeto, pensar en La Rioja, o Murcia, o Cantabria, como estados federales? La España de las Autonomías requiere retoques que hagan compatibles unas regiones con otras, que hagan compaginables todas las situaciones y contingencias, que generen consanguinidad entre todos los españoles, en lugar de constantes controversias. Pero de ahí a voltear el Estado para contentar los delirios localistas va un abismo. ¿Y qué decir de la propuesta de la líder catalana del PP, Alicia Sánchez Camacho? Sólo desde un egoísmo absoluto se entiende que se pretenda un nuevo modelo de financiación para Cataluña que pone límites a la solidaridad interterritorial limitando el fondo que ha de destinarse a tal fin. Del mismo modo su propuesta convierte a las comunidades más pobres en vasallas de las más ricas, pues de eso se trata cuando propone que las ayudas que se concedan desde ese fondo sean finalistas. De modo que la soberanía catalana para gastar sus fondos tendrá que ver con la dependencia constante de las comunidades pobres para gastar el dinero que les llegue. Los ricos reirán a carcajadas mientras los pobres serán obligados a, como mucho, sonreír en agradecimiento.
Quien crea en el Estado como una institución viva y solidaria deberá cuidar mucho la cohesión interna. Si Cataluña, Euskadi o Madrid son más ricas que el resto lo son también, y sobre todo, porque el Estado se esmeró invirtiendo más en ellas que en otras regiones españolas. No es verdad que en el Sur vivan los vagos y en el Norte los diligentes. El principal progreso comercial, industrial, de infraestructuras o financiero se produjo en las regiones españolas nombradas, las más ricas, de la mano de capitales muy poco o nada nacionalistas o regionalistas. De modo tal que la Historia destruye la idea mal conformada de que unos españoles viven a costa de los otros: los vagos y pobres a costa de los ricos y diligentes. Seamos serios en las apreciaciones que hacemos. Urge revisar el Estado de las Autonomías pero sólo para resolver las deficiencias que chirrían. No, desde luego, para cargarse la solidaridad interterritorial.
Bien poco cabe esperar de este Gobierno del PP que, ley tras ley, se viene cargando uno a uno los derechos de las gentes, de los ciudadanos. De ese modo, la solidaridad es una entelequia fácilmente confundible con la caridad, que suele ser además de escasa arbitraria. Y se ha cargado la solidaridad entre quienes trabajan y quienes no trabajan con la Reforma Laboral; entre las generaciones con la Reforma de las Pensiones; entre sanos y enfermos con la implantación del copago… En suma, entre ricos y pobres con todas y cada una de las medidas que toma, siempre discriminatorias, siempre descohesionadoras. En esas políticas también se fundamenta el hecho de que el Estado sea cada vez más débil, incapaz de mantener sus vínculos históricos.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN