martes, 22 de julio de 2014

¿A QUIÉN LE PREOCUPA EL PSOE? ( EL DIARIO NORTE, 16 DE JULIO DE 2014)

¿A QUIÉN LE PREOCUPA EL DEVENIR DEL PSOE?
Desde que el PSOE comenzó su declive España viene tambaleándose paulatinamente. Peor aún, los ciudadanos vienen sufriendo las consecuencias de un gobierno de derechas, -en el que la ultraderecha española se siente a gusto-, que no ha resuelto ni atenuado ni uno solo de los problemas que atosigan a los españoles. Las elecciones europeas han venido a corroborar un proceso en el que el socialismo democrático del PSOE se arruina si no cambia drásticamente sus posiciones “conservadoras”. Fue eso lo que llevó al PSOE a abordar un trámite, con una urgencia inusitada, para elegir una nueva dirección y dar a entender a la ciudadanía que desea cambiar de forma drástica. Pero la urgencia excesiva y la obstinación de la Dirección por no dimitir (sólo renunciar a la reelección) pueden dejar el proceso en poco más que un escarceo.
Sin embargo los medios de comunicación vienen cubriendo las noticias sobre las elecciones para Secretario General del PSOE como si se tratara de la elección del candidato a Presidente del Gobierno Español. ¿Por qué? No es ningún disparate afirmar que ya no queda ningún periódico, en papel, cuya vinculación ideológica sea de izquierdas. El poder económico y financiero se ha hecho con los medios de comunicación escritos, de tal modo que los escaparates de los puestos de venta de periódicos rinden culto al Gobierno y a la derecha exhibiendo titulares que obedecen a noticias poco desarrolladas. De tal modo hay que calificar la información relativa a estas elecciones primarias que va a ir celebrando el PSOE nacional y regional. No solo se ha evitado la neutralidad no repartiendo el espacio a partes iguales entre los tres, -digo bien, tres-, contendientes, sino que se han publicado Editoriales incitando a votar a quien, o quienes, mejor podrá acoplarse a las posturas más conservadoras con el fin de que quede asegurado el actual establishment, siempre amparándose en que PP y PSOE puedan seguir pactando aspectos como la eternización de la Monarquía, la supeditación al Mercado tal como se ha entendido hasta ahora, o la unidad territorial del Estado con el actual entramado institucional.
Hasta que se han producido los resultados electorales últimos del PSOE nadie ha encendido la alarma, ningún medio de comunicación se ha dado cuenta de que el socialismo español es más que una ideología y más que una mera formación política. Es incuestionable que el PSOE ha sido la formación política que más esfuerzo hizo para aceptar el cambio de la Transición entre la dictadura y la democracia, pero también es verdad que ha sido algo desidioso a la hora de elaborar y desarrollar políticas sociales ambiciosas, a las que ha supeditado a otras políticas inspiradas por y desde instituciones europeas dirigidas por las derechas. Y ha sido esa desidia la que ha escorado al PSOE hacia el centro, que es una posición política poco estable, porque depende del límite al que lleguen en cada momento las derechas y las izquierdas.
Ahora, en pleno proceso de rehabilitación del socialismo español, el poder mediático, que sirve bien al poder económico y financiero que le sostiene, arrima el ascua a su sardina… y claro, su sardina preferida es la que queda menos a la izquierda. De ese modo quedará favorecida esa tendencia absurda que, siguiendo la estela del gran acuerdo europeo entre conservadores y socialdemócratas, propicie aquí un acuerdo entre PP y PSOE tan absurdo como miserable. Al poder económico no le interesa un PSOE ideologizado, no le interesa un PSOE socialista… Pero, ¿no sería un oprobio para los socialistas más humildes, que somos mayoría, que dicten las claves para el futuro los socialistas de la elite, que son muchos menos y mucho menos socialistas? Porque también la cualidad “socialista” está sujeta a niveles de exigencia y a valores, aunque no a intereses particulares.
Fdo.  JOSU MONTALBAN  

ALCALDES LENGUARACES Y CONSEJERO BOMBERO (EL PAIS, 22 DE JULIO DE 2014)

LOS ALCALDES LENGUARACES Y EL CONSEJERO BOMBERO
Parece un título ocurrente pero no lo es, creo que se trata de un título apropiado que, en todo caso, requiere una explicación, pero dicha explicación ha de hacerse desde el lado más humano de la noticia.
Sí, se trata de dos Alcaldes lenguaraces y deslenguados, el de Sestao y el de Vitoria que tirando del más barato populismo se empeñaron en repetir con gran ostentación lo que desde la ignorancia más supina dicen algunos ciudadanos en la calle. Éstos dicen una frase que sirve para casi todo: “primero los de casa y luego los de fuera”. Y aplican la frase a todos los servicios y disciplinas posibles: educación, sanidad, ayudas sociales, e incluso puestos de trabajo, si se llegaran a crear. Como dando a entender que “los de fuera” han venido a invadir a “los de casa” y a privarles de su bienestar. Pocos enfatizan que nuestros viejitos y nuestros bebés han sido puestos a su cuidado pagándoles salarios mucho más baratos que los normales y, la gran mayoría, abonados en dinero negro. Pero llegadas las vacas flacas, sobran los inmigrantes porque acuden en demanda de ayudas sociales, que solamente reciben si cumplen las mismas, -¡ojo, las mismas!-, condiciones que los nativos, que los vascos de pura cepa.
Bueno, pues el Alcalde de Sestao dijo hace bien poco en relación con los inmigrantes arremolinados en sus calles que “la mierda ya no viene a Sestao; si no, la echo yo… a base de hostias, claro”. Para rubricar el dicho negó a varios inmigrantes el empadronamiento. Poco después han sido publicadas las palabras del Alcalde de Vitoria que ha acusado a los magrebíes de venir a Euskadi a coger les ayudas sociales. Eso sí, advirtió que para tratar de ese asunto “hay que ser claro y no políticamente correcto”. De modo que el señor Maroto guarda la corrección para cuando sus expresiones no son claras. Quizás ocurre que nunca es claro al hablar, menos en esta ocasión en que sabe que hablar mal de los magrebíes, de los inmigrantes, la acerca a muchos vecinos (y votantes) que no han reflexionado en profundidad sobre el asunto.
Se trata de dos Alcaldes lenguaraces y deslenguados, que son dos condiciones que se complementan, que no han comprendido  bien cuál ha de ser la función de un servidor público que, además de presidir una institución pública, ha de ser considerado el portador de una ideología social y política. Peor aún, empeñados en instrumentalizar su poder, lo que buscan es no perderlo nunca, para ello dejan de lado esa otra función de cualquier servidor público que es la formación  en valores de las personas a las que gobierna y administra, que no tiene nada que ver con los adoctrinamientos. Deberían ambos Alcaldes leer el importante artículo publicado en este mismo periódico que, entre otros, resalta estos datos: que el fraude en la RGI (Renta de Garantía de Ingresos) solo llegó al 1,16% en un ejercicio; y que el 57% de los que reciben la RGI son nativos, es decir vascos; y que la principal razón por la que llegan a Euskadi los magrebíes es la búsqueda de trabajo; y que el número de autóctonos que reciben ayudas ha aumentado con la crisis. Todo esto siguiendo los datos aportados por el Observatorio Vasco de la Inmigración.
Frente al desatamiento de las lenguas de los Alcaldes ha de surgir alguna voz cuerda que contrarreste el socialismo rampante. Pero en muy raras ocasiones surge la voz crítica procedente de la misma formación política. No lo hizo con claridad el PNV en la ocasión de Sestao, ni lo ha hecho con claridad el PP, que por boca del presidente vizcaíno Damborenea, subrayó las palabras del alcalde Maroto y pidió más control de la RGI, o sea que el populista no es Maroto sino el PP al completo. Sirven los datos del Observatorio para combatir la falsedad.
Menos mal que al frente de la Consejería que ha de controlar la RGI y demás ayudas sociales suelen estar personas concienciadas a las que, desgraciadamente, les suele tocar hacer de bomberos para apagar los fuegos encendidos por los lenguaraces desaprensivos… Y no me duelen prendas para subrayar la condición del Consejero Aburto como hombre con vocación social y responsabilidad bien fundamentada. Sin duda, aparte de más cosas, será también un buen Consejero Bombero.

Fdo. JOSU MONTALBAN           

OTRO CONCEPTO: DESIGUALDAD (DEIA, 21 DE JULIO DE 2014)

OTRO CONCEPTO: DESIGUALDAD
¿De qué estamos hablando cuando pronunciamos la palabra “desigualdad”? En realidad sólo estamos hablando de pobreza, porque ese fatal distanciamiento que se está acentuando entre el 10% de los más ricos y el 10% de los más pobres afecta a estos últimos de tal manera que sume sus vidas en la más atroz de las miserias y, además, hace que esa miseria sea insuperable.
Los datos estadísticos son cada vez más alarmantes, tanto que incluso quienes ocupan el vértice superior de la pirámide, es decir los riquísimos, consideran arriesgado que la desigualdad siga creciendo, aunque tal desequilibrio les lleve aparejado aumentar su riqueza. En el fondo de esa preocupación subyace no tanto el afán solidario, ni siquiera un brote de magnanimidad caritativa, sino el atisbo de que la desesperación de los pobres pudiera desembocar en un ambiente de inseguridad social y pública que pusiera en riesgo sus propias vidas. Coincidiendo con el rescate de Grecia, cuando el país estaba sumido en una brutal convulsión social, el novelista griego Petros Márkaris ha escrito una Trilogía de la Crisis que relata diferentes pasajes en los que el comisario Kostas Jaritos (personaje de ficción) se encuentra con personas asesinadas, o muertas en extrañas circunstancias, que lo han sido por causas relacionadas con la crisis que azotó a Grecia desde hace unos pocos de años.
Se produce la curiosa paradoja de que sea precisamente cuando el comisario Jaritos más está criticando la decisión del Gobierno griego de rebajar los salarios de los empleados públicos, que a él le afecta directamente, aumente considerablemente su trabajo porque aumentan la conflictividad social y la inseguridad ciudadana. La Editorial que publica los libros dedica toda una página, al inicio de la novela, para advertir a los lectores: “Se desaconseja cualquier imitación de los hechos narrados en esta novela”. ¿Por qué tal advertencia? Son muchas las novelas, incluso clásicas, que relatan asesinatos y demás barbaridades sin que adviertan al lector, que debe acudir a su lectura sin resabios ni cargas adversas pero ahora, llegada esta situación, parece que la advertencia puede ser pertinente. Lo es, por eso quienes opinan al respecto consideran que el riesgo de que lleguen a producirse situaciones extrañas que pongan en peligro las vidas de banqueros, gobernantes, opulentos, etc… es evidente.
¿Quién fomenta la desigualdad? La cacareada crisis, que no ha sido definida con minuciosidad aún por nadie, es una razón más, pero el origen de la desigualdad está en el mismo sistema económico capitalista que se asienta en unos comportamientos, ahora mismo, que difieren mucho de aquel pacto social propugnado por Keynes, que preveía que el sistema capitalista, desarrollado sin miramientos ni factores rectificadores, llevaba a una sociedad dual en la que los pobres responderían con todo detalle al término “parias de la Tierra” que recogían los textos socialistas y comunistas. No hay duda de que el número de parias va en aumento: si en el año 2012 el número de hambrientos en el Mundo era de 870 millones, ahora ese número no ha descendido a pesar de los llamados Compromisos del Milenio que habían anunciado a bombo y platillo los grandes líderes mundiales predijeran que en el año 2015 los hambrientos iban a ser solo 420 millones. Según los estudios más avanzados las tendencias han ido creciendo: “en el siglo XIX las diferencias económicas se multiplicaron por tres veces y media, en el siglo XX por siete veces, mientras que los primeros años del siglo XXI perfilan una auténtica ´década horrorosa´ en lo que a desigualdades económicas se refiere (Revista TEMAS para el Debate).
Estos datos de ámbito mundial tienen también una lectura nacional, autonómica y local. Sobre todo debemos interpretar el concepto “desigualdad” desde la diferente repercusión que tiene en los grupos sociales, pues lo perverso de la desigualdad se produce en las capas más pobres de la sociedad, y no es casual que aumente en España, justamente, como consecuencia de los recortes sociales, de una fiscalidad regresiva que protege a las rentas más altas, del aumento de las necesidades y de las vivencias de situaciones límites de personas y familias, y del número de parados que incide con muy especial virulencia en los más jóvenes (un 46% de los parados españoles tiene menos de 35 años). Mientras ocurre todo esto las privatizaciones de servicios e infraestructuras públicas trasladan plusvalías y beneficios de las arcas públicas a los bolsillos privados, es decir, que mientras el Estado se debilita y pierde influencia y presencia públicas, la desigualdad aumenta como consecuencia de decisiones y medidas arbitrarias tan desatinadas y mal intencionadas como introducir en la misma reforma fiscal (la última) una rebaja para las rentas más altas y un nuevo impuesto para que las liquidaciones que reciben los trabajadores justamente antes de ir al paro paguen su correspondiente impuesto.
Del aumento de la desigualdad lo más trágico es la pobreza, que también aumenta en su dimensión y en el número de afectados que la padecen. El porcentaje de los trabajadores que cobran un salario igual o menor que el SMI (Salario Mínimo Interprofesional), que alcanza actualmente 753 euros al mes se ha duplicado en los últimos ocho años y ya afecta al 12% de los trabajadores. Solo Rumania y Grecia superan esta proporción. El aumento de la desigualdad se debe a que el peso de los trabajadores en el otro extremo, los que cobran ocho veces el SMI o más ha aumentado del 1,55% al 1,74% en el mismo periodo, como consecuencia de que la destrucción del empleo y su pérdida de calidad se ha producido en los puestos de peor calidad y con condiciones laborales y salariales más leoninas. La primera conclusión que debemos sacar es que al SMI hay que cambiarle el nombre, porque como “salario” más parece una limosna; desde luego que no es “mínimo” porque aún hay quienes cobran menos que su cuantía; y no es “interprofesional” porque afecta con mucha mayor incidencia a unas profesiones o empleos que a otros.
Al sistema capitalista no le interesa demasiado resolver los desajustes y desequilibrios actuales. La desigualdad es concomitante al capitalismo imperante y solo cuando es excesivamente pronunciada, como ahora, se convierte en una amenaza en todos los terrenos. Porque produce sufrimientos personales inadmisibles; porque divide a la opinión pública y pone en duda que vivamos en una sociedad constituida por “iguales”; porque impide que se den equilibrios económicos a través del mantenimiento de un consumo serio y consistente; porque provoca tensiones sociales innecesarias e invalida a las personas en su empeño de volver a enrolarse en el mercado tras la crisis; porque da pie a regresiones democráticas en el plano político que se intensifican con la irrupción de la corrupción, la codicio y el desprestigio; porque tales tensiones, llevadas a extremos excesivos, puedan provocar desórdenes e inseguridad ciudadana como los que relata Petros Márkaris en su Trilogía de la Crisis a la que he aludido antes.
El problema es la desigualdad rampante, pero la tragedia reside principalmente en la pobreza, tan excesiva como creciente. A quienes dirigen el sistema capitalista actual les preocupa la pobreza en la medida en que puede poner en peligro al propio sistema que a ellos les ha proporcionado riqueza y bienestar, sin embargo hacen oídos sordos a la petición de los más pobres, que reclaman dignidad y poco más. Hay un debate social que supera a todos los demás, una disyuntiva que es preciso resolver con justicia y con generosidad. El ejercicio de la solidaridad ha de ser impuesto cuando no surja de forma espontánea desde la conciencias. El Estado es el único que tiene el deber y el derecho a imponer la solidaridad mediante políticas públicas que redistribuyan realmente lo que el Mercado nunca distribuye, porque ni es su misión ni siquiera lo desea. Las izquierdas políticas e ideológicas han de velar por ello: si no lo hacen perderán toda su razón de ser. Frente a la desigualdad, el anhelo de igualdad ha de llenar la estrategia de las izquierdas, como dijo Bobbio.

Fdo. JOSU MONTALBAN

sábado, 21 de junio de 2014

TRANSICIÓN: THE END (EL PAIS, 21 - 06 - 2014)

TRANSICIÓN: THE END
La película de la Transición Española ha puesto ya en la pantalla el cartel que reza “The End”. Todo ha terminado. Con una firma en el documento que certificaba su abdicación y un beso de su esposa cuando regresaba a su asiento en el Palacio Real, el ya antiguo Rey de España Juan Carlos I ha sellado el finiquito de la Transición. ¿Cuándo ha sido esto?, me pregunto ahora que solo han pasado unos días desde el evento, pero es que me parece como si se tratara de algo acontecido hace mucho tiempo. Esto de la Transición suena a viejo, a enmohecido. Ha servido como disculpa, por ejemplo, para mantener esta Monarquía en vigor, aunque nada vigorosa, durante tanto tiempo. De la mano de un monarca maltrecho, aunque no más maltrecho físicamente que la propia monarquía, España ha dado continuidad a lo que estaba llamado a desaparecer o, al menos, a revitalizarse antes de seguir caminando.
De cuanto ha acontecido me quedo con algunos detalles a los que cada cual dará la importancia que quiera: el momento de la abdicación en tiempo de profunda mudanza en la vida política española; las escasas y poco consistentes razones dadas para motivar la abdicación; el comportamiento de los expertos, historiadores, periodistas y líderes de opinión que, llegada esta ocasión, se han deshecho en halagos hacia una Familia Real cuyos tejemanejes e irregularidades han dejado mucho que desear; y el panegírico de tantas versiones dirigido a quien ahora es el Rey –Felipe VI- por la gracia de Dios y el derecho hereditario, según el cual a partir de ahora vamos a ser dirigidos por el español mejor preparado de cuantos vivimos aquí. Pero yo me quedo con una única constatación: la Transición ha terminado.
En España no han sido pocos los que han propugnado que estábamos ante una segunda transición, como si la Historia nos pudiera adjudicar la condición de transeúntes, de pasajeros en tránsito que se dice en los aeropuertos. Pero no, en algún momento tenía que terminar ese viaje de la Dictadura franquista a la Democracia, que todos los españoles veníamos sufriendo, eso sí, en el tren gobernado por el maquinista que el dictador propuso. La coartada fue que el cambio que se pretendía, dada su rotundidad, requería de tránsitos intermedios. El Rey Juan Carlos I era el elegido, para algunos el idóneo, pero para la gran mayoría de los españoles su papel no debía exceder el tránsito hasta la Democracia. Nadie pensaba que tras él, se entronizara a su hijo, y tras su hijo se tuviera ya dispuesta a una guapa chiquilla de nombre Leonor. Es decir, que hay Monarquía para rato porque su Majestad Juan Carlos, que ya está en la Historia, le ha dicho al último Presidente de la Segunda República Española (a la que Franco destruyó) que el que fue a Sevilla perdió su silla y el que fue a Aragón perdió su sillón.
Y así, de este sencillo modo, la Familia Real, -que como familia es más bien irreal a tenor de sus inclinaciones y comportamientos-, ha culminado la Transición española y se ha metido en la Historia de España con premeditación y alevosía.

FDO.  JOSU  MONTALBAN

martes, 17 de junio de 2014

EL REY HA ABDICADO : MONARQUIA O REPÚBLICA ( DEIA, 17 - 06 - 2014 )

EL REY HA ABDICADO: MONARQUIA O REPUBLICA
Con la abdicación anunciada el Rey de España Juan Carlos I ha abierto el tarro de las esencias. Ha habido quienes se han rebelado de inmediato contra la Monarquía, en general, y los ha habido rebelados contra Juan Carlos de Borbón. Los periódicos han redactado editoriales bien diversas, la mayoría de ellas laudatorias, ensalzando su papel durante la noche de aquel infausto 23 F en que Tejero entró en el Congreso de los Diputados con una pistola en la mano. Se han escrito frases tan majestuosas, -nunca mejor dicho-, como esta: “Y en ese vértigo estamos viviendo ahora muchos millones de personas que sentimos la monarquía como el único símbolo histórico de unidad de convivencia en libertad que hemos conocido en toda nuestra vida” (Pedro José Chacón Delgado).
Las tertulias se han desbordado. Quien más y quien menos ha pretendido comparar mediante parámetros medibles esa disyuntiva para cuya solución solo caben apetencias: monarquía o república. Los micrófonos han preguntado a los líderes de los partidos políticos y ellos han optado por responder según las conveniencias del momento, de modo que el socialista Rubalcaba, por ejemplo, subrayando el toque republicano de su formación ha optado por posicionar al PSOE en el bando monárquico, mientras el PNV se ha declarado republicano pero se abstendrá en la votación correspondiente en las Cortes Generales españolas. Los famosos “jarrones chinos” también han sido consultados pero ellos, quizás movidos por los inevitables “lazos de amistad” entrelazados durante sus legislaturas de gobierno con la Familia Real, se han derretido en loas hacia el monarca, si bien mucho más basadas en la campechanía y la fluidez de su carácter que en su condición de Jefe del Estado. También han sido consultados profesores y catedráticos de Derecho Constitucional que, con la característica asepsia con que suelen pronunciarse cuando son consultados, que siempre raya la insulsez, ciñen sus respuestas al papel y cometidos del Rey sin pararse a pensar que la consulta que les han formulado no tiene que ver con el academicismo, sino que va a ser utilizada en informar a todo tipo de ciudadanos, incluidos los menos avezados, desde los periódicos. Por fin, también son consultados los ciudadanos en general, que responden al voleo expresando sus preferencias o sus corazonadas.
Pues eso, que el Rey ha abdicado, al parecer, sin que el Gobierno hubiera aprobado aún alguna ley de sucesión. Al menos eso es lo que ha trascendido a la opinión pública, lo cual contrata con las voces surgidas desde algunos mentideros que afirman que tanto Rajoy como Rubalcaba conocían las intenciones desde hace al menos cinco meses. A mí me extraña mucho que, si ambos dos lo sabían, no lo supieran también los líderes de CIU y PNV, cuya relación con el Rey Juan Carlos siempre ha sido tan cuidada como cordial. Y cabe concluir que el inminente relevo en la dirección del PSOE por medio de un Congreso Extraordinario que tendrá lugar en Julio es lo que ha precipitado la abdicación, toda vez que algunos trámites parlamentarios exigen mayorías cualificadas que solo son posibles con la actual proporción de miembros en el Congreso de los Diputados. Además, las reflexiones que se produzcan en el Congreso aludido podrán derivar, a poco que las bases socialistas reaccionen en la dirección idónea, en un posicionamiento formal a favor del republicanismo, solo con que recuperen el espíritu del fundador Pablo Iglesias del que surgieron.
Este hombre que ha abdicado a favor de su hijo es un hombre afable, de buen carácter, dicharachero, con aspecto de bonachón. Campechano, risueño y muchas más cosas buenas. Si en lugar de ser Rey hubiera sido un trabajador cualquiera, al cumplir su jornada laboral acudiría a la taberna de su pueblo a tomar algún vaso de vino, cantaría con una mano apoyada en el mostrador mientras sostendría en la otra el vaso de morapio, criticaría al rey de su nación del mismo modo que otros lo harían y llamaría chupatintas a los gobernantes de turno. Tal que así le veo, pero ha resultado ser el Rey y en ese cometido se ha comportado como un baldragas. No es fácil de comprender el comportamiento de todos los notables que se han roto en alabanzas para él. Se le ha adjudicado como un mérito exclusivo que la Transición se produjera de aquel modo tan pacífico pero, ¿cabía otro? ¿Hubiera sido posible aquello sin las importantísimas renuncias ideológicas del PSOE, del PCE, de las fuerzas nacionalistas y de los sindicatos de clase?
No se trata ahora de tirar de oportunismo y defenestrar al Rey, se trata de hacer aquello que jamás se intentó hacer, es decir, restablecer el mismo régimen de gobierno que el levantamiento franquista abolió. Franco no se levantó contra ningún monarca, lo hizo contra una República y contra su Presidente. Lo más doloroso fueron la Guerra Civil y la subsiguiente Dictadura, pero además se produjo un tocomocho al final de la Dictadura, porque donde había estado un presidente republicano se puso un rey. Por cierto, el Rey Juan Carlos, en julio de 1969 pronunció estas palabras en la  ceremonia en que aceptó suceder a Franco: “Quiero expresar en primer lugar que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida del 18 de Julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes pero necesarios para que nuestra patria encauzase de nuevo su destino. España ha recorrido un importante camino bajo la dirección de Vuestra Excelencia. La paz que hemos vivido, los grandes progresos que en todos los órdenes se han realizado, el establecimiento de los fundamentos de una política social, son cimientos para nuestro futuro…” Me dirán algunos que no podía hacer otra cosa en aquel momento que leer aquel texto que le habían preparado. De acuerdo, pero pasado el temporal y finiquitada la famosa Transición, ¿por qué no darle una oportunidad de elegir república o monarquía a los ciudadanos?
Las razones de la abdicación están contenidas en su discurso anunciador. Recojo algunas frases: “En mi proclamación como Rey asumí el firme compromiso de servir a los intereses generales de España con el afán de que llegaran a ser los ciudadanos los protagonistas de su propio destino… Mi hijo Felipe, heredero de la Corona, encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica… El Príncipe de Asturias tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la Jefatura del Estado… Contará para ello con el apoyo que siempre tendrá de la princesa Leticia… Guardo y guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón”. Se trata de un discurso sencillo y esperado, pero su empeño de que los españoles sean protagonistas de su propio destino contrasta con la condición hereditaria de la Corona. En todo caso la condición hereditaria es siempre menos democrática que la derivada de un proceso electoral al que puedan concurrir todos los ciudadanos, ya sea como electores o como elegibles. En ese sentido, en contra de la tajante opinión del catedrático López Basaguren, - “las monarquías parlamentarias son sistemas plenamente democráticos, y estaríamos tirando por la borda la historia de algunos de los países más democráticos de Europa si dijéramos lo contrario”-, me permito afirmar que la Monarquía española se ha convertido en la última reminiscencia de la dictadura franquista, aunque obre a años luz de aquella.
Tal como subrayó el Juan Carlos de Borbón en la ceremonia de aceptación de su cargo en 1969, “recibió de Franco la legitimidad política surgida del 18 de Julio de 1936”, por tanto debería haber constituido una de las reliquias a eliminar en aplicación de la famosa y controvertida Memoria Histórica. La Monarquía española ha tenido tiempo suficiente para condenar de forma solemne y categórica la dictadura franquista, lo cual solo es posible nombrando a Franco y tildándole de lo que fue, un abominable dictador y un cruel asesino. No lo ha hecho. ¿Por qué no dar una oportunidad a quienes creemos que una República daría mejor respuesta a la convivencia y necesidades ciudadanas, que esta Monarquía tan salpicada de corrupción, de dudas y de actividades censurables?
Fdo. JOSU  MONTALBAN       

domingo, 15 de junio de 2014

YO TAMPOCO HICE LA MILI (EL DIARIO NORTE, 15 - 06 - 2014)

YO  TAMPOCO  HICE  LA  MILI
Sí, aunque por razones diferentes, yo tampoco hice la mili, como el Rey Felipe VI, pero en mi caso fue por una incapacidad manifiesta para el ejercicio de la milicia: tengo los pies planos. Según parece yo podría ser un gran pisador de uvas en esos lugares donde se hace el vino, pero nunca un buen soldado. En realidad nadie me hizo las debidas pruebas, como mucho un brigada me miró los pies apoyados sobre una placa de mármol, y luego miró con detalle la huella que mis pies habían dejado en ella. Hubo un gesto de aprobación, una inclinación de la cabeza, que fue interpretada como positiva por un escribiente de letras deformes que también vestía de caqui.
¿A qué viene esto? Ah, sí, acabo de ver unas imágenes en que Juan Carlos I y Felipe, su hijo, exhiben sus trajes militares, relucientes y hechos a medida, no como los pantalones que daban a los soldados cuando iban a servir a la patria. No me imagino a Felipe VI dirigiendo maniobras militares, ni tirándose colgado de un paracaídas, ni desembarcando frente a la costa escarpada de Marruecos, ni siquiera disparando al blanco, que es una maniobra tan limpia. Entonces, ¿a qué viene eso del traje militar, impoluto, que tanto puede servirle para pilotar un avión, capitanear una fragata o mandar a un batallón de tierra, porque es el mandamás militar más importante en la tierra, el mar y el aire? No voy a ponerme puntilloso porque, al fin y al cabo, el futuro Felipe VI no se ha metido directamente conmigo, como mucho, es la Constitución la que le tiene reservados todos los lugares preferentes. La Constitución es una señora con muy malas pulgas que tiene sojuzgados bajo sus textos y sus caprichos a todos los españoles, ¿a todos?, ¡no!, el Rey y su familia están por encima porque a ellos les protege en exceso.
Ahora le ha dado a todo el mundo por decir que Felipe VI está muy bien formado y preparado, y que será por tanto una garantía para el futuro de los españoles. No diré yo lo contrario, pero de ahí a reafirmar esa tontería va un abismo. Lo dicen quienes apuestan por la Monarquía como sistema de gobierno, y lo repiten porque saben que el carácter hereditario de la Corona es algo tan anticuado y clasista como absurdo. Creer en un Rey es tanto como creer en un santo cualquiera, a sabiendas de que si su imagen cae al suelo y se rompe hay otras imágenes del mismo santo esperando en el almacén. Por eso se empeñan en subrayar la preparación y formación de Felipe VI que, si es tal, bien podría servirle para competir en unas elecciones para Jefe del Estado español democráticamente frente a otros españoles dispuestos a ello. Pero no será así, nunca será así, porque así lo prevé la Constitución. La farsa es la farsa, y no admite apósitos. Felipe VI está ahí, en el pórtico, esperando que el “santo” Juan Carlos I sea descolgado del retablo para ocupar él la vacía hornacina.
Pertenece a una familia ejemplar en la que sus miembros más cercanos o andan de caería o son cazados con las manos en la masa. No es eso lo peor, porque se trata de algo extraordinario, y si tales irregularidades no se dieran podría parecer que la Monarquía hereditaria es una infalible garantía para el sistema democrático. La Familia Real española ha demostrado que no lo es. Además, Felipe VI será una especie de diminutivo de su nombre real: Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos (de Borbón y Grecia). Cada uno de sus nombres tiene una razón de ser. Siguiendo su mismo esquema nominativo yo me hubiera llamado Jesús María Venancio Jesús Pedro de la Ascensión, que no es moco de pavo. Es decir, que para recoger mi nombre en el DNI serían necesarias dos o tres líneas del mismo. Eso sí, en mi vida cotidiana seguiría siendo Josu.
No voy a entrar en su alcoba, ni siquiera en su vivienda, donde su vida ha discurrido como la de la gran mayoría de los españoles, aunque holgada en medios y sobrada en economías. Pero sí hay que detenerse en eso que se subraya con excesivo énfasis, para contrarrestar a quienes opinan que un Jefe de Estado ha de ser elegido de forma democrática. Ha estudiado Derecho en Madrid y lo ha adornado con un Máster de dos años en Georgetown, tal como ahora hacen muchos jóvenes cuando al terminar sus estudios superiores no encuentran un empleo, claro está que él por diferentes razones. Su meteórica carrera militar no augura mucha eficacia en caso de que sea precisa su intervención, aunque la leyenda relativa a su padre se explaye en considerar sublime aquella comparecencia de la madrugada del 24 de Febrero en que, vestido de General de los Tres Ejércitos, abocó al fracaso el Golpe de Estado que había iniciado Tejero.
Sin embargo, lo importante son los adornos. Diplomas como Príncipe de Asturias, de Gerona y de Viana, Dique de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer. Eso sí, para llevar encima todas las condecoraciones que le han sido otorgadas necesita varios trajes, como esos militares rusos jubilados que se pasean por la Plaza Roja de Moscú inclinados hacia delante por el excesivo peso de las medallas. A Felipe VI le adornan ocho solemnes condecoraciones españolas, -dos Collares, cinco Grandes Cruces y una Medalla de Comendador-, y le adornan treinta condecoraciones extranjeras procedentes de todos los confines del Mundo. En este punto surge una pregunta: ¿cuándo ha tenido tiempo suficiente nuestro inminente Rey para hacer tantos méritos? Por tanto, teniendo en cuenta que a partir de este momento tan señalado le van a llover premios, condecoraciones y títulos, no sabemos bien si tales distinciones serán acordes a sus méritos, o si sus méritos se verán acrecentados después de haber comprobado la gran profusión de distinciones que ostente.
Bien sé que el debate “monarquía o república” es de mucho más calado, pero es que me resulta de un papanatismo horrendo la nueva moda de ensalzar la Monarquía por parte de periodistas, tertulianos y demás expertos, dejando para nadie sabe cuándo el análisis de tantos años en los que la Familia Real ha campado a su aire, entre la holgazanería y el placer desbocado. La Tercera República tendrá que esperar porque la Monarquía posfranquista no puede esperar ni hacerse a un lado.

Fdo.  JOSU  MONTALBAN    

miércoles, 28 de mayo de 2014

RENUNCIA O DIMISIÓN (DEIA, 28 - O5 - 2014)

¿RENUNCIA  O  DIMISIÓN?
Rubalcaba y Patxi López han utilizado el mismo manual. Ambos han optado por convocar sendos congresos en los que serán elegidas las nuevas direcciones del PSOE, a nivel estatal y a nivel autonómico vasco. Ambos lo han justificado con palabras parecidas, nada nuevas porque suelen ser repetidas siempre que tiene lugar un fracaso electoral. En esta ocasión en que el fracaso ha sido calificado como “debacle” por periodistas y comentaristas diversos, Patxi López ha asumido la responsabilidad que carga sobre él, aunque no con la contundencia de Rubalcaba, que se la ha adjudicado totalmente: “la responsabilidad ha sido mía, mía, mía”. El gesto de Patxi López parece consecuente con su trayectoria como valedor de las tesis de Rubalcaba, y uno de sus mejores apoyos.
Puede ser que la fórmula elegida encierre algún truco para lograr efectos posteriores. Esto no ha sido una dimisión irrevocable, ni siquiera una dimisión, todo lo más es una renuncia y, como tal, reversible a cambio de un proceso de petición mayoritaria de firmas de los afiliados para presentarlos públicamente en el momento oportuno. (¿No dimitió Felipe González para volver en el siguiente Congreso del PSOE, pero sin la palabra “marxismo” en los textos definitivos? Veremos qué ocurre ahora. Ha habido quienes han valorado la decisión como “ejemplar”, pero usando mucho la generosidad. A mí no me lo parece, a pesar de que mi devoción por Patxi López y buena parte de su ideario sean indiscutibles. Pero el PSOE necesita algo más que Congresos que renueven ideas y propuestas. Necesita que sus cuadros dirigentes sepan que lo que llevan entre manos no precisa de guardias pretorianas que les hagan perdurar en sus puestos y cargos, sino de estructuras abiertas y bien organizadas que recojan las inquietudes de los ciudadanos más humildes y las conviertan en ideas y propuestas. Malamente esto podrá ser si no se hace hincapié en la propia militancia.
Patxi López es un buen socialista y ha sido un importante Lehendakari, pero ahora que anuncia que se va, pero sin dimitir, conviene hacer un diagnóstico riguroso de lo que ha ocurrido en el seno del PSE, que vaya más lejos que el que ha venido haciendo la directiva socialista en los reservados de algún restaurante previamente a las reuniones estatutarias. La presentación pública del plan que ha anunciado Patxi López ha contenido frases bellas, aunque de tanto escuchadas, más bien retóricas: “Hay voluntad de cambio en todas las partes. Los nuevos tiempos exigen caras nuevas. Lo importante no es dónde estemos cada uno sino donde podemos hacer más. El cargo no es hereditario y será la militancia la que decida”. Sin embargo uno de los peligros que ya están en el seno del PSE es la endogamia que impera en la elección de sus órganos directivos, lo cual contrasta con el importante bastión que ha venido protegiendo al mismo Patxi López, integrado por asesores y comunicadores cuya relación con el PSE era casi nula antes de su paso por la Lehendakaritza.
Patxi López no ha dimitido, tampoco lo ha hecho Rubalcaba. Aunque ambos han dicho que se ha tratado de actos responsables para evitar que el PSOE y PSE nunca estén a la deriva, ambos saben que dimitir no es lo mismo que renunciar, es decir, que una dimisión es una renuncia, pero con nobleza. Para resolver esas situaciones de precariedad estás las Gestoras, cuya función es hacerse cargo del Partido de forma provisional, mientras se eligen las nuevas directivas.
Yo no sé bien si Patxi Lopez debe dejar de dirigir el PSE, pero será una importante traición que anuncie el abandono de la dirección del PSE y después acuda a las elecciones para Secretario General del PSOE sin haberlo anunciado antes. Si se considera responsable principal de la caída de votos para el PSE, -cosa que yo no comparto plenamente-, de igual modo lo será de la de los votos del PSOE pues no en vano su participación en la Campaña Electoral por todas las regiones españolas ha sido muy copiosa. Al final da la impresión de que las renuncias encadenadas de Rubalcaba y Patxi López forman parte de aquel pasaje en que ambos, conjuntamente, se conjuraron para que sus destinos fueran casi idénticos.
Y digo yo, ¿por qué no han renunciado (o dimitido) los Secretarios Generales regionales del PSOE, que han perdido estas Elecciones con la misma contundencia que Patxi López? ¿Tendrá truco?

Fdo.  JOSU  MONTALBAN   

martes, 27 de mayo de 2014

MERITOCRACIA, A DEBATE (DEIA, 26 de Mayo de 2014)


LA  MERITOCRACIA  A  DEBATE

En una de esas tertulias en las que los participantes parecen vestidos con la túnica de la infalibilidad ha escuchado una defensa a ultranza de lo que ellos llamaban “meritocracia”, aunque luego encontraran grandes dificultades para dar a entender realmente lo que querían decir y se enfrascaran en pronunciar largas diatribas contra la Política y, sobre todo, contra los políticos en general, no solo contra los irresponsables o los necios. Hablaban del mérito que deben alcanzar o hacer quienes se dediquen a representar a los ciudadanos en las instituciones Públicas que dirigen los destinos de la sociedad. Mediante largas y farragosas peroratas llegaban al mismo destino, una frase hecha del tipo de “hay que premiar la inteligencia, el esfuerzo, el talento, la capacidad y el espíritu competitivo”. Quedaban satisfechos porque la frase, si uno no para a analizarla y desgranar todos sus posibles significados, no admite dudas ni puntualizaciones, pero en la sociedad actual los impecables en sus gestos e infalibles en sus palabras suelen ser aprendices de dictadores o, como poco, tecnócratas decididos a manejar la Política desde fuera, sometiéndola a las normas y leyes  mucho más restrictivas de la Economía. Los Agentes financieros, que tanto influyen actualmente sobre las decisiones de los Gobiernos, sean de derechas o incluso socialdemócratas, no son democráticos.
¿Qué es la famosa meritocracia?. La definición es tan sencilla como inconcreta: “es la forma de gobierno basada en el mérito, es decir, aquella en que las posiciones jerárquicas prevalentes son conquistadas en base al mérito, en el que predominan los valores asociados a la capacidad individual y al espíritu competitivo”. Según esto la elección de quienes nos deberían gobernar no requeriría de unas elecciones democráticas sino de rigurosos exámenes que midiesen los conocimientos y las capacidades de cada cual. En ese caso sería difícil determinar quién o quienes deberían administrar los procesos, las características de los exámenes y los criterios de calificación posteriores, además, ¿para qué elegir a nadie si ya contamos con esos sabios que determinan lo que se debe evaluar? ¡Que sean ellos los elegidos y todo queda resuelto!
La consecuencia inevitable es que el sentido democrático, -la Democracia en sí-, queda abolida porque el Estado y sus estructuras se burocratizan de tal modo que la opinión pública apenas cuenta frente a la opinión de los sabios e infalibles, porque en un sistema meritocrático las mayorías han de estar supeditadas a las elites. Ahora mismo, la opinión público se muestra contagiada por un virus muy pernicioso, inoculado por las elites económicas y financieras, y alimentado por los numerosos episodios de corrupción que día tras día van descubriéndose en los aledaños del poder político. A la derecha política, que siempre coincide con la derecha social y económica, le viene bien este contagio, es más, se siente cómoda a pesar del virus, porque las rentas derivadas de la gestión política partidista, que está en sus manos, van a caer en las cuentas corrientes de sus partidarios, que son los ricos. Así, aunando poder político y poder económico en compartimentos que ellos interrelacionan con suma destreza, llegan a pensar que su predominio en la sociedad actual responde más a un ejercicio de meritocracia que a un proceso de apoderamiento de la riqueza, del poder y de todos los resortes necesarios para eternizarse en ese lugar eminente.
Los más ricos, que son además los que influyen de forma trascendental en el ejercicio del poder político, creen que son los más sabios e infalibles porque han llegado a tales alturas, solo reservadas para los elegidos. Desde allí dictan los decretos más apropiados para mantener sus privilegios y supremacías. Sí, es verdad que a esta elite le conviene que, de vez en cuanto, surja de los abismos de esta sociedad clasista algún aventajado que pase a engrosar las filas de los mejores. En ese caso, se airea su currículo, en el que se incluye su procedencia humilde y se hace un alegato laudatorio de sus esfuerzos, como dando a entender que en nuestro sistema social y económico “siempre” alcanza sus metas el que se lo propone. Pero no es así, porque ascienden los que previamente han jurado obediencia y servicio a un orden social que no admite revolcones, todo lo más algún escarceo, eso sí, poco violento.
Seamos demagogos. (Para mí, la llamada “demagogia” no se corresponde con un término negativo: he comprobado que, en la mayoría de los casos, aquel que llama “demagogo” a quien le interfiere o le critica, lo hace porque se ha sentido afectado y siente como se le tambalean sus propios criterios sobre el tema determinado de que se trata). ¿Cómo se mide el mérito? ¿No es mérito suficiente que una cuadrilla de nigerianos abandonen sus casas con un odre de cuero de oveja sin desinfectar y lleno de agua no potable por todo avituallamiento, atraviese los miles de kilómetros sometido a los rigores y amenazas del desierto durante muchos meses, llegue a las vallas fronterizas entre África y Europa, espere el momento propicio, ascienda las altas alambradas apestadas de feroces y cortantes concertinas, y salte a la Tierra Prometida? ¿No es mérito suficiente como para que les dejemos construirse un futuro, siquiera humilde, entre nosotros, ya que no somos capaces de ayudar a sus sociedades de origen a evolucionar? ¿Qué mérito hemos hecho nosotros para vivir aquí, en la tierra de la abundancia? ¡Sólo la casualidad nos sirve como coartada! Se podrían poner otros ejemplos, que los acomodados tacharían de demagógicos pero que, en su fuero interno afectarían a su sensibilidad.
La meritocracia, en una sociedad tan desigual como ésta, es una falacia que solo está basada en la indecencia. No es decente admitir como verdad absoluta que los que han llegado a la cúspide han hecho méritos para ello, y los que están en lo más inferior han hecho también deméritos para su desventaja. No es decente porque es mentira. Las grandes fortunas, que son quizás la causa más importante de la gran desigualdad que impera en las sociedades capitalistas, nunca están al servicio de la comunidad. Las diferencias salariales que se dan entre agentes que intervienen en un mismo proceso productivo (y tienen, por tanto, un papel similar en la consecución del objetivo último) resultan bochornosas. Y no digamos nada de los sueldos multimillonarios de los directivos y presidentes de las multinacionales, los bancos, las entidades financieras, todas ellas enroladas en planes y proyectos basados en prácticas especulativas. Son precisamente ellos los que están en el germen de la crisis financiera que afecta a Europa y al Mundo capitalista. Porque no han sido controlados por los poderes políticos, peros aún, han sido ellos los controladores de la Política.
Los ricos han hecho mucho más dinero que méritos. Incluso cuando la Economía les ha dado la espalda ellos han seguido engordando sus fortunas porque, como expresa Krugman en uno de sus artículos, “la razón por la que ganan tanto es que ya son muy ricos”. Y denuncia con razón que “las rentas altas provienen cada vez más de las rentas de las inversiones, no de los salarios; y es solo ya cuestión de tiempo que las herencias se conviertan en la mayor fuente de gran riqueza”. Una última cita, esta de Piketty: “Nos encaminamos hacia una sociedad dominada por la riqueza, mucha de ella heredada, más que por el trabajo”. Con estas premisas, pensar en la meritocracia como sistema que pueda resolver los déficits de la Política parece una auténtica patochada. Porque son muchos los que, inocentemente, valoran el mérito en base al lugar que cada cual ocupa en la escala social, y no al revés. U
Una última pregunta, con nombre y apellidos: ¿Qué méritos ha demostrado la hija del banquero Botin para ocupar todas las presidencias que ocupa? Yo no dudo de que, tal vez, sea lista, talentosa, inteligente, capacitada, competitiva, ingeniosa, abnegada y demás calificativos, todos ellos encomiables, pero se me antoja que el mérito mejor demostrado para ocupar los lugares predominantes que ocupa ha sido el de ser la hija de Botin, es decir, ser su heredera.

FDO.  JOSU  MONTALBAN    
        

miércoles, 21 de mayo de 2014

¿DE QUÉ SE DEBATE EN EUSKADI (CON MÁS AHINCO)? El Siglo 19-25 de Mayo de 2014

¡DE  QUÉ  SE  DEBATE  EN  EUSKADI  (con más ahinco)!

Quien haya participado en discusiones callejeras sobre la actualidad política, tanto en Euskadi como en otras regiones del resto de España, -supongo que a excepción de Cataluña-, habrá podido comprobar que el argot, las palabras, la temática y los modos de expresión son muy diferentes. La crisis y los recortes impuestos por el PP, que se sufren como en otros lugares de España, ceden ante ese otro aspecto mucho menos social y más pre-democrático que es el territorial, es decir, el modo de relación de Euskadi con el Estado al que pertenece.
Aunque ya haya sido anunciado, y esté prácticamente consolidado el cese de la violencia de ETA, se sigue hablando de la violencia y, sobre todo, se sigue hablando en todos los ámbitos con importantes dosis de violencia larvada. Continúan vigentes los mismos enfrentamientos. De la vida pública solo ha desaparecido aquel lenguaje brusco con que la mayoría de los vascos, -los decentes-, reaccionábamos ante los asesinatos etarras. Todo lo demás permanece con las mismas características e ingredientes. El debate territorial prevalece sobre el social. Se habla mucho más de soberanía que de bienestar. La política socioeconómica parece supeditada a la búsqueda de un estatus nuevo para Euskadi porque el nacionalismo, tanto el más democrático como el radical, sabe que es en ese debate en el que cosecha los votos que le mantendrán en el poder o en sus aledaños.  
Cuando ETA anunció el cese de la acción armada los políticos vascos también quedaron desarmados. Algunos, los no nacionalistas, quedaron desarmados porque mientras imperaron las pistolas se hartaron de proclamar que se podría hablar de todo en el mismo momento en que el fuego desapareciese. ¿Y qué pasó? Que la llamada Izquierda Abertzale (IA) siguió diciendo las mismas insensateces, aunque ahora sin que estuvieran respaldadas, y a la vez desacreditadas, por su miserable y forzudo primo de zumosol. La IA encontró todo a su favor en cuanto desapareció lo que siempre había obrado en su contra: ETA. Volvía a las Instituciones democráticas sin haber hecho la pertinente reválida que certificara su “democraticidad” (perdón por el palabro). Y lo hacía en buena medida amparada por la ineptitud del resto de los partidos políticos vascos, que habían mantenido comportamientos democráticos mientras la IA practicaba la brutalidad del modo más arbitrario. Ninguno de los otros, -ni PNV, ni PSE, ni PP-, se atrevieron a proponer un gobierno de coalición entre ellos, de tantos como era posible, para instalar un cortafuegos entre la IA antidemocrática y la Democracia. Porque la IA, con los dirigentes que actualmente la gobiernan aún no se comporta de forma decente. Sí, de vez en cuando amaga pidiendo a ETA que se desarme definitivamente, pero lo hace con tanta desgana mientras pone toda la carne en el asador en la defensa de los etarras presos, que su empeño siempre suena a hueco.
Por si fuera poco, siguiendo un símil futbolístico, su banquillo es abundante. Tiene en la cárcel a su “mandela” (Arnaldo Otegi) que, a pesar de haber sufrido como “preso político”, -si es que se le puede llamar así, que lo dudo-, menos de la quinta parte del tiempo que sufrió el socialista vasco Ramón Rubial, ya parece superarle en crédito y valoración ciudadanos. Resulta espeluznante escuchar a tantos líderes vascos, de todos los partidos e ideologías, que Arnaldo Otegi debería estar en la calle. Curiosamente quienes se desgañitan pidiendo que Otegi salga se han olvidado del líder sindical Díaz Usabiaga, que entró en la penitenciaría a la vez y por la misma causa. Espeluznante y absurdo, porque si les asiste tal seguridad jurídica deberían buscar por todos los medios a su alcance esa libertad que  reclaman con tanta insistencia por vía oral. Da la impresión de que tratan de quedar bien ante una ciudadanía pacata, como la vasca, que ya ha perdonado, aunque lo haya hecho de modo tácito, y casi se ha olvidado de los muertos que ETA produjo.
El nacionalismo tranquilo, es decir el PNV, se ha escorado hacia el soberanismo tenuemente, de manera que parezca que lo desea, aunque en su fuero interno no contempla que su nuevo estatus sea realmente la independencia. Pero no le cabe otra estrategia porque la IA le va comiendo terreno electoral aprovechándose de que muchos vascos procedentes de la emigración española del pasado siglo, y sus descendientes, son más proclives a votar a los animosos abertzales que a los “carcas” nacionalistas. Las hordas a las que el nacionalismo tildó de “maketas”, formadas por gentes que tanto sudaron para que Euskadi fuera una tierra próspera, se desarraigaron de la España de sus ancestros, y hoy les da igual arraigarse en las tierras vascas a cambio de cualquier promesa fatua. El nacionalismo siempre valoró como una señal de pedigree los “ocho apellidos vascos” con que los maketos no cuentan. En ese sentido la IA ha sido mucho más condescendiente, de hecho ETA ha dado labor y cobijo a un buen número de activistas y simpatizantes de procedencia maketa.
Y, ¿qué decir de las fuerzas no nacionalistas? Mientras existía ETA, y la IA estaba ilegalizada reinó la tranquilidad, únicamente alterada por el hecho bárbaro de que ETA mataba sin piedad a los militantes del PSE y del PP, y amedrentaba a todos sus cargos públicos, que tenían que salir escoltados a la calle. Fueron el PP y el PSE quienes soportaron la gran responsabilidad porque el nacionalismo nunca se opuso con suficiente contundencia a la violencia, tanto en el fondo como en la forma. El Gobierno del Lehendakari Patxi López, formado con la confluencia de ambos partidos, fue la respuesta más acertada ante la desidia del nacionalismo, que condenaba los actos violentos pero guardaba una equidistancia sospechosa cuando se pronunciaba en contra del Estado que la combatía. Tal fue la evolución durante los años previos al abandono de la acción violenta por parte de ETA.
Pero, volvamos atrás. El debate político, que la violencia etarra había eclipsado, ha despertado con especial virulencia ahora porque, tal como se dijo, sin violencia iba a poderse hablar de todo. Sin embargo, la violencia siempre fue la coartada para no hablar de un solo asunto: el de la soberanía, la autodeterminación y la independencia. De modo que ahora solo importa hablar del nuevo estatus, es decir, de esos tres asuntos que ya se han reducido a uno solo: el derecho a decidir. ¿No hubiera sido más juicioso haber resuelto hace tiempo el tema pendiente de la soberanía, de la independencia? Los nacionalistas, y también la IA, coinciden cuando reclaman que los ciudadanos decidan, y los no nacionalistas recelan porque pudieran decidir que es preciso cambiar la situación o relación actual. Pero la balanza está desequilibrada. Los nacionalistas no se juegan nada porque, en una supuesta consulta, si se decide que no hay que decidir nada nuevo, seguirán igual: reivindicando sus derechos soberanistas en base a pasajes históricos. Pero los no nacionalistas, que son y se sienten tan vascos como españoles, se la juegan, porque en caso de perder en la consulta ellos sí dejarán de ser una cosa que sienten: dejarán de ser españoles.
Y este es el debate que entretiene a los vascos. Bien diferente al que se discute en cualquier otro rincón de España, en cuyas casas se exhiben tantas reliquias vascas enviadas por quienes engrosaron la emigración hacia Euskadi de otras regiones del Estado. . Este es el debate, aunque quizás un poco más enrevesado.

Fdo. JOSU  MONTALBAN    

sábado, 17 de mayo de 2014

¿QUO VADIS FELIPE? ( EL PAIS, 17 - 05 - 2014 )

¿QUO VADIS FELIPE?
¿De qué se trata ahora: de un jarrón chino, de un cultivador de bonsáis, de un diseñador de joyas, de un asesor de empresas multinacionales, de un Ex Presidente, se un conseguidor, de un pensador, de un omnisapiente,…? Ha irrumpido en la campaña para las Elecciones Europeas Felipe González, y lo ha hecho de forma brillante, más aún deslumbrante, tanto que ha dejado a todos los líderes políticos españoles estupefactos. Su propuesta de llegar a un acuerdo PP-PSOE, hasta el extremo de formar un Gobierno de coalición “si el país lo necesita” ha dejado descolocados a todos, incluso a él mismo, que no sabe explicar ni el modo como se puede hacer, ni en qué términos, ni cuales son las necesidades del país, ni siquiera de los paisanos. Porque, me da la impresión de que desde hace tiempo imita a Icaro, y vive sobrevolando España aunque guardando muy bien que sus alas no se derritan. Sin embargo no sé qué es lo que desde sus alturas, porque yo siempre he visto España como un lugar en que más de cuarenta millones de ciudadanos normales y corrientes, algunos de ellos muy humildes y atribulados por escaseces varias, viven supeditados al poder y caprichos de unos pocos. Sí, es verdad que votan, como ahora, mayoritariamente a los escasos poderosos, pero es el miedo el que tantas veces les guía, y el temor a que no les queden ni las migajas que se desprenden de las hogazas de los ricos.
Propugnar un acuerdo de los socialistas con el PP mediante un Pacto de Gobierno es despreciar al socialismo que él mismo ayudó a reconstruir. ¿Cuántos socialistas españoles, desde Pablo Iglesias hasta Ramón Rubial se mostrarían dispuestos a ejecutar tamaña afrenta? Creo que ninguno, lo cual no quiere decir que no haya asuntos que requieren acuerdos y buenas disposiciones compartidas por ambos partidos pero ¿quién sería el virtuoso capaz de escribir el programa de gobierno de tal unión PP-PSOE? Da la impresión de que Felipe González habla mucho de pájaros y flores (que son las necesidades del país) y muy poco de miserias, de paro, de ancianos mal atendidos, de niños pobres, de pobres de todas las categorías (que son las necesidades de los paisanos). Tal vez lo haga inspirado por el viejo dicho de que “todo el mundo es güeno”, pero cuando se trata de reflexionar en un programa de televisión, el rigor es fundamental.
¿Alguien cree que si el Gobierno del PP propone una subida razonable de las pensiones públicas, el PSOE se va a oponer? No, luego no hace falta estar sometido a un pacto de gobierno para ser juicioso. Y bien, ¿alguien ve por algún lado la posibilidad de que un jornalero andaluz, votante del PSOE, pueda ir a votar cogido de la mano de Aznar, por ejemplo, convencidos ambos de que persiguen el mismo fin? Pues no, las ensoñaciones acontecen cuando uno está dormido y, ahora mismo, son muchos los españoles que no pueden soñar porque tampoco pueden dormir, perseguidos como están por sus penurias, agobiados por las amenazas de recortes y pérdidas de derechos que Rajoy enarbola en cada una de sus comparecencias públicas.
Menos mal que la dirección socialista ha sido tajante al informar que no está de acuerdo con Felipe y que “no habrá gobierno de concentración”. Nunca he estadod e acuerdo en la afirmación felipista de que un ex presidente debe ser considerado como un jarrón chino porque estorba en todos los sitios. Un ex presidente no tiene por qué perder sus principios éticos ni su ideología, que se verán positivamente enriquecidos por sus conocimientos y experiencia en el ejercicio de su cargo, por eso no debe estorbar. Eso sí, cuando el jarrón chino tiene ruedas y se mueve sin control por las estancias sólo para hacerse omnipresente y siempre visible desde todos los puntos, corre el riesgo de mostrarse fuera del tiempo, de no ser coetáneo de las gentes que viven a su lado, lo cual es casi imposible y perjudicial.
Por todo esto, bueno será que Felipe González muestre discreción y, si aún le quedan arrestos, retorne a la arena para ver si encuentra adhesiones para sus teorías diabólicas. De no hacerlo será mejor que no use los servicios de megafonía de este coso taurino que es España porque un gobierno de coalición entre el toro y el torero se me antoja tan imposible como contraproducente para quienes viven y admiran el espectáculo desde el graderío.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN     

lunes, 12 de mayo de 2014

PONGA ROMERO EN SU CASA (El Diario Norte, 11 - 5 --2014)

PONGA ROMERO EN SU CASA…
… Y EN LA DE SUS AMIGOS Y VECINOS. Según los estudios realizados en una Universidad del Reino Unido el olor a romero aumenta la memoria hasta un 75%. Tal como relata la noticia los estudios no parecen mostrar nada demasiado nuevo porque Shakespeare ya ponía en boca de su personaje Ofelia: “Aquí traigo romero que es bueno para el recuerdo”. Sin embargo, tengo la sospecha de que hay pocas plantas de romero en los jardines públicos que comparten los españoles, porque son demasiados los que parecen no acordarse de lo acontecido en los últimos años.
Según la mayoría de las encuestas que se han realizado, como preámbulo de las próximas Elecciones Europeas, el PP aún va en cabeza en la previsión de voto. Habrá quien lo achaque al hecho de que su cercano competidor, PSOE, atraviesa una crisis extraordinaria que le desprovee de todo aliciente; y habrá quien, amparándose en el descrédito de la Política admita que si no es aconsejable votar a los partidos de una tendencia, tampoco lo es votar a los de las otras tendencias. La razón es débil, pero una razón endeble repetida muchas veces y en diferentes ámbitos termina por cobrar fortaleza.
Quienes nos preocupamos por buscar un mundo mejor e intentamos difundir las ideas que sirvan para construirlo, andamos algo desanimados porque hay factores ajenos a la Política que han arraigado en ella, y hay políticos impostores que han llegado a puestos muy notables en ella mediante la doble estrategia de, primero, practicar la corrupción en alguna de sus múltiples facetas y, después, practicar la defensa a ultranza de sus perversas gestiones en base a subterfugios y rodeos que justifiquen sus propias corrupciones valiéndose de sus puestos preeminentes. El deterioro ético de bastantes políticos ha arrastrado a la Política a las cloacas sin prestar ninguna atención al hecho de que si no nos dirigen los políticos, -cuya mayoría son gente honrada-, lo harán los dueños del Capital y esos señores que desde el poder económico y financiero tanto influyen ya hoy en nuestros destinos.
Por todo esto, habrá que plantar romeros en los parques públicos para refrescar los recuerdos de los viejecitos que cobran cuatro reales de pensión y pagan un par de ellos en copago farmacéutico; habrá que llenar los jardines de las escuelas y universidades de las flores casi moradas del romero para que todos recuerden que las prestaciones de la Educación son cada vez más escuetas; habrá que regalar romeritos a los dependientes para que recuerden como las ayudas que recibían para atenuar sus carencias se han quedado en meras limosnas poco resolutivas; habrá que alinear romeros flanqueando los caminos para que los desempleados que por ellos transiten recuerden de qué modo han ido enflaqueciendo sus subsidios y de qué modo se ha alejado de sus esperanzas la posibilidad de alcanzar un nuevo empleo. Y así sucesivamente, porque durante los dos años y pico del Gobierno del PP la ciudadanía más normal y humilde no ha recibido ni una sola alegría y, por el contrario, ha visto cercenados sus derechos laborales y sociales, ha visto esquilmados sus monederos después de que hayan renunciado a usar billeteras por innecesarias a causa de la ausencia de billetes, y ha visto desprotegidas, al mismo tiempo, su seguridad y su libertad.
Pues bien, todo esto ha acontecido por voluntad expresas del Gobierno de derechas del PP, sin que ningún otro grupo político se lo haya propuesto y sin que ninguno le haya apoyado. Eso sí, para justificar tales reducciones y recortes  han buscado justificación en los consejos y mandatos de Merkel y de Europa, que vienen a ser lo mismo.
¿Cómo puede ser que las encuestas sigan inclinándose a favor del PP para las próximas Elecciones Europeas? Como no quiero recurrir al término “necedad” lo haré a este otro, mucho más benigno, de “ausencia de romero”. Porque, además de recortar todo lo enumerado hay que recordar, por ejemplo, este sencillo titular de un periódico reciente: “Los dueños del Ibex son un 67% más ricos desde que gobierna Rajoy”. También esto es preciso recordar. Y dado que estos dirigentes del PP son tan cínicos que no se ruborizan ni cuando son descubiertos en falsedad, hay que extremar las medidas para agilizar las memorias del vulgo votante. Según las investigaciones de la Universidad de Northumbría, en Newcastle (Reino Unido), la solución está en sentir el olor a romero. Poned, pues, muchos romeros en vuestras huertas y jardines. Poned romeros por todos los lados.
FDO.  JOSU MONTALBAN  

jueves, 8 de mayo de 2014

EL FÚTBOL NO SE MERECE ESTO

EL FÚTBOL NO SE MERECE ESTO
En el que es, en mi opinión, uno de los libros más bellos de cuantos se han escrito sobre el fútbol, - “El Fútbol, a sol y a sombra”, de Eduardo Galeano -, el autor hace una primera confesión que deberían tener muy en cuenta tantos lenguaraces que pueblan las tertulias radiofónicas y televisivas, y lo hacen con la única intención de ensalzar a sus equipos y denostar a sus rivales al margen de los merecimientos reales de unos y otros. Confiesa Galeano: “”Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: ‘Una linda jugadita por amor de Dios’. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece”.
El fútbol es un deporte bello que se mira y admira desde las gradas alineadas en los cuatro lados de la cancha rectangular. Pero es también un espectáculo, y es sobre todo un negocio que mueve cantidades ingentes de dinero. Para que el negocio fuera cuanto más productivo se inventaron las competiciones, y se instrumentalizaron los equipos, alrededor de los cuales los hinchas enarbolan banderas, insultan a los jugadores contrarios, amedrentan y amenazan a los árbitros y, por fin, demuestran sus alegrías o tristezas usando el mobiliario urbano de las ciudades de modo inapropiado, sea movidos por la pena o por la euforia. Sí, también hay hinchas comedidos que entonan himnos y columpian sus bufandas acompasadamente en las gradas. Pero la gran mayoría, incluidos estos, adolecen de buenas dosis de ceguera cuando se disponen a valorar el espectáculo que están contemplando sobre el césped. Allí, en el cuadrilátero, los hinchas vitorean a los jugadores de su equipo, que son los “ángeles”, y abuchean a los del rival, que son los “demonios”. Es curioso que sean once los jugadores por cada equipo, contabilizados uno a uno, mientras los miles de espectadores e hinchas solo son contabilizados como uno: ellos -todos- son el jugador número doce, para el que no hay entrenamientos, y si en algún partido se le alaba por parte de los informadores es porque ha voceado sin cesar y con el mayor estruendo. Para poder ser el jugador número doce hay que pagar una entrada al estadio, nada barata, cuyo dinero se reparten entre los jugadores del uno al once y algún otro cargo técnico del equipo.
A pesar de ser un deporte complicado en el que comparten espacio ingredientes difíciles de definir y calibrar, son demasiados los que se consideran expertos, más bien todos los que lo contemplan. Pero casi nadie de los que más opinan ha leído libros sobre técnica y estrategia del Fútbol. Ellos hablan de impresiones, pero no de las percibidas a través de sus sentidos, sino de las que fluyen del corazón, que suele ser fuente inagotable de pasiones. Por eso, ahora que el fútbol arremolina a su alrededor negocios abusivos y, en muchos casos, fraudulentos, da pena ver a tertulianos de los espacios deportivos, que en lugar de hablar de Fútbol estrujan su magín para inventar ocurrencias cuyo único destino es realzar a los dos equipos, -Real Madrid y Barça-, que más vergüenza y rabia producen a tantos españoles agobiados por la crisis y sus consecuencias, dados sus dispendios, las fichas multimillonarias que pagan a sus jugadores mediante fórmulas sofisticadas que les ayudan a evitar el pago de impuestos, el descubrimiento de fraudes alevosos en determinados contratos y el escaso ejemplo ético que sus deportistas dan en los estadios. Estos tertulianos, aunque no en todos los casos, acuden al foro de debate ataviados con camisetas y distintivos de “su” equipo. ¿Por qué pensar que estos banderizos saben de Fútbol? ¿Por qué tener en cuenta lo que dicen? Sirva como ejemplo que, ahora que ha surgido un tercero (que actualmente es primero) en discordia, tampoco ha conquistado en las tertulias el lugar que le corresponde. El Atlético de Madrid es aún una especie de convidado en tales debates.
Y sin embargo el Fútbol es un bonito juego, un deporte muy completo y un vistoso espectáculo. Imagino al primer practicante del fútbol: un muchacho pensativo que caminaba mirando hacia el suelo y vio una pequeña piedra a la que golpeó con su pie. Algunos metros más adelante vio otra piedra a la que golpeó con otra pretensión: mandarla cuanto más lejos. Más adelante vio una tercera piedra a la que golpeó con otra intención, cual era dirigirla contra el tronco de un árbol que había a poca distancia de allí. Cuando llegó el muchacho a su aldea contó a sus vecinos aquella experiencia y casi todos los muchachos ensayaron aquella práctica que él les había descrito. Organizaron fiestas y concursos en los que unos exhibían su fuerza y otros su habilidad en el golpeo de las piedras con el pie. Cuando al más sagaz de los muchachos se le ocurrió que todo aquello podía ejecutarse en equipo, los concursos de fuerza y de habilidad devinieron en competiciones en que unos grupos se enfrentaban a otros, en espacios improvisados a los que acudían los vecinos y aplaudían con admiración a los más fuertes y virtuosos.
Alguien diseñó un espacio limitado cuando vio que los espectadores se confundían con los jugadores porque no tenían adjudicado un lugar concreto para ellos. Y alguien fue poniendo las reglas que debían regir los concursos y los campeonatos para que todo fuera evaluable mediante la exactitud que garantizan los números. Cuando se delimitó el espacio que debían ocupar los jugadores y el que debían ocupar los espectadores, quedó instaurado el espectáculo. Al principio un espectáculo casi rudimentario, pero muy pronto se pensó que si se establecía  otra barrera en las espaldas de los espectadores que impidiera acceder a los meros fisgones, la autoridad competente podría imponer el pago de una cantidad para poder disfrutar del espectáculo. ¿Adónde debería ir a parar el dinero reclutado de este modo? Los dueños del espacio ocupado reclamaron su parte, y los artífices del espectáculo también reclamaron la suya. Así hemos llegado a nuestros días, de este modo sencillo, pero en algún momento la naturalidad se ha mudado en artificio, de modo que ya no hay niños que hagan porterías despojándose de su jersey para jugar al fútbol en medio de una plaza pública. El juego de entretenimiento llamado Fútbol ya no se improvisa en un instante: se programa y se anuncia. La infancia juega pero no se divierte realmente porque, desde muy pequeños son atosigados, se les exige desenvolverse como si se tratara de los grandes ídolos del Real Madrid o del Barça, pero no exactamente porque la perfección sea algo bello sino porque a un costado de la cancha algún familiar directo, que sueña con que su niño sea millonario en el día de mañana, no para de reconvenir cada una de las andadas futbolísticas del niño.
Mientras tiene lugar este proceso los expertos tertulianos de los espacios deportivos hablan de su Real Madrid y de su Barça olvidando que de lo que deben hablar es de Fútbol. Galeano lo explica con gran habilidad: “Cuando concluye la vibrante jornada en el coloso de cemento, llega el turno de los comentaristas. Antes los comentaristas han interrumpido varias veces la transmisión del partido, para indicar a los jugadores qué debían hacer, pero ellos no han podido escucharlos porque estaban ocupados en equivocarse. Estos ideólogos de la WM contra la MW, que viene a ser lo mismo pero al revés, usan un lenguaje donde la erudición científica oscila entre la propaganda bélica y el éxtasis lírico. Y hablan siempre en plural porque son muchos”.
Hay que terminar. El Fútbol es un bello juego, un gran deporte y un vistoso espectáculo que no merece convertirse en lo que realmente es ahora mismo: un escandaloso negocio.
Fdo.  JOSU MONTALBAN               

jueves, 1 de mayo de 2014

PALABRAS CALCULADAS ( EL PAIS, 1 - 5 - 2014)

PALABRAS  CALCULADAS
El Juez del Tribunal de Justicia del País Vasco que ha archivado la denuncia contra el dirigente abertzale Hasier Arraiz por enaltecimiento del terrorismo ha calculado tanto el alcance de sus palabras como lo hizo el propio Arraiz cuando pronunció las suyas en el homenaje a los asesinados Brouard y Muguruza, que empujó a los quisquillosos de la asociación Dignidad y Justicia a denunciar al dirigente abertzale. Hubiera sido más razonable que el Juez Iriarte hubiera dictado el sobreseimiento sin aportar explicación ninguna. Lo cierto es que a Hasier Arraiz se le han acabado los agobios, pero la sociedad vasca no puede encontrar en el texto que recoge la noticia nada más que ambigüedades.
Hasier Arraiz dijo en aquel homenaje que “hace 35 años (tiempo pasado desde los asesinatos) la izquierda abertzale hizo una elección que consideramos acertada. No participamos en un juego que no tenía nada de democrático… No estamos dispuestos a rechazar ni a revisar nada de aquello; es más reivindicamos, con todos nuestros errores, lo que fuimos y lo que somos, lo que hemos hecho y lo que hacemos”. Con ser éstas unas palabras miserables, teniendo en cuenta lo ocurrido durante los 35 años transcurridos, llevar esto a los Tribunales era un exceso. Sin embargo el veredicto resulta muy poco edificante, porque lo dicho por Arraiz no es, como ha dicho el Juez, “ambiguo y desacertado”.
Ni resulta de recibo que sea el auto del Tribunal el que intente poner paños calientes advirtiendo que Arraiz “es presidente de un partido legal cuyos estatutos excluyen el uso de la violencia para la obtención de fines políticos”. Es curioso que el mismo Juez diga que las palabras de Arraiz “en ningún caso incitan a la comisión de actividades terroristas aunque presenten dudas respecto a su intención”. Al fin el Juez parece lleno de dudas, por lo que aplica el principio “in dubio pro reo”. Y justifica al autor de las palabras con afirmaciones como que fuero dichas “a bote pronto”, poco elaboradas y pensadas, que fueron dichas “sin la debida meditación”, lo que excluye que pueda suponer un delito doloso “en el que solo cabe incurrir de forma voluntaria”. No es extraño, pues, que la dirección de SORTU se haya empavonado y haya hablado de forma gratuita de “ataque a la libertad de expresión”.
El tema no da mucho más de sí, pero debe servir para recalar en la endeblez de las afirmaciones contenidas en la sentencia, al menos, de las que han trascendido a los medios de comunicación. Porque las palabras de Arraiz, que tienen su razón en cuanto aconteció en la década de los setenta del siglo anterior, en un tiempo en que las características de ETA y de la Izquierda Abertzale eran unas concretas, bien poco tienen que ver con lo acontecido en los 35 años pasados desde entonces, después de que la Democracia se implantase e, incluso, desarrollase medidas de gracia y amnistías que debían haber llevado al desistimiento de los terroristas y de los cómplices violentos. Cuando Arraiz reivindicó todo lo ocurrido también estaba reivindicando como bueno el secuestro durante un año de Ortega Lara, o el asesinato brutal de Miguel Ángel Blanco, o el atentado de Hypercord, o los muchos cientos de asesinatos  que acontecieron desde entonces.
Es por esto que las explicaciones aportadas por el Juez para justificar el sobreseimiento me parecen, no ya un error, sino una osadía. No se puede llamar “ambiguo” a lo que es ignominioso, ni “desacertado” a lo que es infame. No se pueden considerar “desafortunadas” unas palabras que agreden tan violentamente a las víctimas y a todos los ciudadanos de buena voluntad. Y sobre todo, no se puede admitir como atenuante el hecho de que el líder abertzale se pronunciara “sin la debida meditación”.
En realidad estamos ante la farsa de las palabras calculadas. Calculó los riesgos de sus palabras Hasier Arraiz cuando habló como un lenguaraz, y los ha calculado el Juez para fundamentar esa duda que le ha embargado, y le ha llevado a usar el fatuo principio (en este caso) del “in dubio pro reo”. ¡Curioso reo, este Hasier Arraiz!

FDO.  JOSU  MONTALBAN