miércoles, 26 de marzo de 2014

LO QUE DEJO EL FORO GLOBAL DE BILBAO

LO  QUE  NOS  DEJÓ  EL  FORO  GLOBAL  DE  BILBAO
“Quince días después”
Ya han pasado más de quince días desde que se reunieron en Bilbao todos los grandes artífices de la Economía mundial con los Presidentes de las grandes Empresas españolas y los gobernantes de España y de las Instituciones Vascas. Fue en el marco grandioso y modernista del Museo Guggenheim y tuvo un título también modernista, “Foro Global España 2014”. Mientras se estaba produciendo el evento ocurrieron cosas tan graves como espeluznantes, dependiendo de quién sea el que juzgue cada cosa. Pero es que aquel acto llamado Foro, cuyo aforo limitado solo podía ser llenado por los ostentadores del poder político y por los poderosos artífices de los horrores con que la Economía “global” castiga a los pobres y humildes ciudadanos, dejó claro que una cosa es la riqueza y otra cosa es su distribución entre los ciudadanos, una cosa es la Ciencia económica y otra bien diferente es la economía doméstica que somete a tantas familias y personas a vivir en la escasez. Durante el Foro Global lo más ostensible fue el distanciamiento entre quienes hablaban en el Museo, de millones y millones de euros, sabiendo que sus éxitos o fracasos estaban bien cubiertos por sus sueldos multimillonarios, y quienes voceaban su descontento en las calles porque apenas les llegan sus escuetos salarios o sus subsidios de desempleo para poder vivir. En medio de ambos la Ertzantza pertrechada y el Puppy, ese perro de pelaje floreado que anunciaba el surrealismo que contenía el Museo durante ese día, ya tan memorable.
Nada de lo escrito ahora podría haber sido escrito apenas un par de días antes del evento, pero ahora se puede hacer un balance y contundentemente sobre lo acontecido y sobre las reflexiones que suscitaron cada uno de los hechos sucedidos ese día.
“Tres frases notables”
De Guindos (Domingo, 2 de Marzo): “En la cumbre de hoy esperamos analizar la situación económica en España y en Europa y la salida de la crisis para la que, por supuesto, encontraremos soluciones”
Esta especie de optimismo demencial contrastó con los silencios mantenidos por Lagarde (FMI) y Dijsselbloem (Eurogrupo) que liquidaron sus respuestas con un “muy interesante”, sin duda refiriéndose a lo que se iba a producir allí.
¿A qué viene, por tanto, el optimismo de De Guindos? Solo responde al gran desprecio con que la plutocracia que ejerce el Gobierno del PP trata a los españoles, a los que considera súbditos en lugar de considerarles ciudadanos. ¿Qué es para De Guindos una solución? Aún peor, ¿qué problema de la Economía es el que pretende solucionar? Que se sepa, un Gobierno está para resolver los problemas de los ciudadanos, es decir, lograr que sus ciudadanos vivan mejor, de modo que todos los conocimientos económicos del tal ministro deberán ponerse a servicio de mejorar los salarios, suavizar en todo lo posible las condiciones laborales, facilitar los empleos y garantizar la suficiencia económica de todos. Pero, desde su hermetismo, el ministro pronunció una frase realmente ridícula (“por supuesto, encontraremos soluciones”) después de demasiado tiempo sin encontrar ninguna en las direcciones mencionadas.
Ángel Gurría (OCDE, Lunes 3 de Marzo): “Entiendo la frustración de los jóvenes, les prometimos un empleo y no hemos cumplido…El Estado de Bienestar debe cambiar para ser sostenible en el tiempo y poder financiarlo…”         
Es curioso que, entendiendo que los jóvenes estén frustrados por sus incumplimientos no hablara en el Foro ningún joven de esos problemas graves que les afectan y condicionan su futuro. Los organizadores podrían haber llevado a algún líder estudiantil que les reclamara alguna atención, pero la media de quienes hablaron en el Foro está bastante más cerca de los sesenta que de los cincuenta.
Resulta sobrecogedor el escaso alcance de las reflexiones de los prebostes de la Economía mundial. Porque afirmar, como hizo, que en cuestión de salarios “no es cuestión de subirlos o bajarlos, sólo pueden elevarse si aumenta la productividad”, resulta ser una patochada. Es verdad que la productividad puede influir, pero también lo es que influyen igualmente el reparto más equitativo de los beneficios empresariales (que tienen que ver con las empresas y no exclusivamente con los empresarios), y el hecho de que un reparto más generoso de esos beneficios, compartidos con los trabajadores, también mejoraría la productividad.
Y por fin, requeriría una explicación que no dio lo del cambio del concepto de “Estado de Bienestar”. ¿Qué significa “hacerlo sostenible”, que mantenga su intensidad y alcance o que los rebaje? Bien me temo que, cada vez que se cuestiona el Estado de Bienestar desde instituciones puramente economicistas se hace para poner en solfa su existencia, rebajar sus prestaciones y tachar de carga social e impedimento para el progreso económico a quienes más necesitan del Bienestar. En suma, para rebajar dichas prestaciones.
Mariano Rajoy (Gobierno Español, Lunes 3 de Marzo): Tras dos años de intensas reformas España ha superado la peor recesión de la historia reciente… Ganar competitividad sin recurrir al tipo de cambio, a la devaluación… (Agradezco) a los agentes sociales cuyo notable esfuerzo ha propiciado la moderación salarial y la reducción de costes…”
No se acordó para nada de los seis millones de parados, ni de los más de dos millones de españoles que no perciben ni un solo euro y viven a costa de sus familiares, de las ONGs o de la solidaridad vecinal. Es cierto que esas gentes de economías tan escasas suelen pasar desapercibidas, en primer lugar porque son poco visibles en las calles y se ocultan por rubor o vergüenza propios, y en segundo lugar porque previamente han sido desacreditadas por los aparatos propagandísticos de la derecha más insolidaria que no duda en tildarlos de holgazanes, o de someterles al rigor de economías sumergidas y cajas B negras, con percepciones (que no salarios) miserables.
Sí, es posible que se haya ganado competitividad, pero no porque los españoles seamos más competitivos en términos generales, sino porque nuestras vidas se han convertido en competiciones brutales en las que el pez grande se come al chico aunque éste sea más hábil y más inteligente, porque lo que marca el signo de los tiempos es el poder del dinero, al que solo acceden los que ya lo tenían y unos pocos a los que selecciona el sistema socioeconómico en base a algunos “valores” individuales entre los cuales suele ser el más valorado la ductilidad con que cada cual acepta su sometimiento al poder.
¿Qué más nos dejó el Foro Global?
El Foro Global, además, nos dejó otro montón de contradicciones y nos hizo quedar muy mal ante la opinión mundial que, lejos de puntualizar que quienes se reunieron en el Guggenheim son culpables de que el Mundo sea bastante inhumano, cargaron las tintas sobre los que rompían escaparates en las calles después de que se dieran cuenta de que llamarles mercachifles, avasalladores o desalmados no les servía para gran cosa.
Las manifestaciones habían sido convocadas para llamar a atención de los poderosos, pero ellos estaban encerrados en su bunker, donde les rendían pleitesía los poderes públicos y democráticos. En realidad las voces de la calle, que no llegaban a sus oídos, les declaraban culpables del desaguisado socioeconómico mundial con toda la razón pero ellos, erre que erre, proponiendo ajustes y recortes, cercenaduras y negaciones de derechos a todo quisque para que sus cuentas cuadrasen. Sus cuentas les adjudicaban beneficios multimillonarios a sus empresas, y sueldos de varios millones (siempre cantidades de seis cifras o más) para ellos. Los que habían acudido para “no quedar mal”, es decir el poder político e institucional, tan defenestrado, gana la décima parte (o menos aún) que aquellos ricachos a los que protegen mediante normas y leyes que garantizan el desaforado margen de sus beneficios.
Pero fueron ellos los que afearon las acciones violentas sin haber afeado lo más mínimo las actitudes de los reunidos en el Museo. Las frases más juiciosas salieron de las bocas de quienes se pronunciaron en la calle: de los obreros cabreados, de los sindicalistas reivindicativos e, incluso, de los trabajadores y trabajadoras que sintieron en sus propios comercios la violencia absurda y miserable de los manifestantes bárbaros (que solo eran excepciones) , tan escasamente respondidos por la Ertzantza tan afectada de “cavaquitis” aguda. Ocurrió, sí, ocurrió que los salvapatrias de otro tiempo se habían acoplado en las manifestaciones para convertirlas en lo que nunca quisieron ser. Las manifestaciones son para manifestar y no para ladrar, aunque quienes escuchen sean sordos.
Erkoreka, el portavoz del Gobierno Vasco, dijo: “Rechazo a los movimientos violentos porque constituyen una agresión contra la sociedad vasca”. Y dijo que el Ejecutivo enmarcaba lo ocurrido en un tipo de “violencia antisistema”. Un comerciante de la Gran Vía bilbaína había dicho: “Pasaron como el caballo de Atila”. Es verdad, y por ello el más rotundo desprecio a los violentos de ese día…
… Y el más rotundo desprecio a los “Atilas” de la Economía Mundial, a todos aquellos desalmados que estaban reunidos en el Museo. ¡Lástima que el Poopy no se enrabietara! El Museo Guggenheim se convirtió ese lunes 3 de Marzo en un refugio para mercaderes tramposos y censurables.
FDO.  JOSU  MONTALBAN            

lunes, 24 de marzo de 2014

EL ALIENTO DEL PUEBLO

“EL  ALIENTO  DEL  PUEBLO”
No sé qué quisieron decir los antiguos etarras que se reunieron en Alsasua el sábado para escenificar el regreso al País Vasco después de sus largas o cortas estancias alejados de aquí. Sería interesante saber si todos ellos tenían los mismos sentimientos o había sentimientos diferentes, dispares o incluso contradictorios. Se trata de la segunda fotografía de etarras, o de ex etarras, reunidos en grupo, visualizando una “unidad” indefinida cuya identidad solo responde a lo que fueron, pero no a lo que son. Dado que los etarras (o ex etarras) son muchísimos más que esos cien reunidos en Alsasua, cabe elucubrar sobre la razón por la que no están en la fotografía todos los que son. Da la impresión de que los que faltan quizás no sientan lo que pregonaba el slogan de la convocatoria: “Tenemos el aliento del pueblo”, (Herria dugu arnas).
Un día antes de dicha concentración se dieron a conocer los resultados del último Sociómetro Vasco: ocho de cada diez vascos consideran que ETA debe reconocer la injusticia del daño causado mientras estuvo actuando. Nada nuevo, porque la proporción corresponde a la realidad: dos de cada diez, -la Izquierda Abertzale (IA)-, aún creen que lo que ETA hizo no fue injusto y, por tanto, reconocer su daño sería un acto fatuo y absurdo. Esos dos de cada diez son los mismos que abogan porque la paz llegue tras un armisticio firmado entre los bandos en litigio, como si de una guerra se hubiera tratado, y no tras una reflexión profunda y humana que llevara a los infractores a asumir la culpa favoreciendo la generosidad de los agredidos en la administración de su condescendencia y del perdón posterior.
La sociedad vasca ha renunciado a practicar la excesiva severidad propia de los justicieros. Estoy convencido de que ni siquiera desea ser “justa”, a cambio de la paz. Pero esto no lo quieren ver ni los viejos etarras ni la IA que siguen apretando las clavijas sin medida, forzando la celebración de actos públicos innecesarios cuyo reflejo en la prensa diaria resulta algo provocador. Este modo de obrar constituye una afrenta para muchos vascos que han sufrido el azote asesino y el miedo. Lo bueno y aconsejable sería que el Gobierno Vasco y el Español tuvieran una sola voz para encarar este asunto, porque la paz solo puede ser una.
En este tema solo cabe pensar ya en la paz definitiva. ¿Por qué no empeñarnos en ello? ¿Para qué discutir sobre vencedores y vencidos, sobre galgos o podencos? Sin embargo, no es de recibo que los demócratas discutamos entre nosotros mientras ETA y la IA exhiben una unidad ficticia e irreal, mostrándose en grandes murales y fotografías  formando grupos de adocenados que, cobardemente, aplauden al final de las lecturas de los comunicados respectivos como si estuvieran totalmente de acuerdo con lo expresado. Sí, también a ellos les afecta el miedo a decir que los asesinatos y demás barbaridades cometidas les produce vergüenza y asco, porque conocen como se las gasta cualquier dirección de un grupo terrorista. Desde luego que yo me resisto a admitir que haya tantos malos, de corazón tan duro.
Mientras tanto, hay ocho de cada diez vascos que piden a ETA que reconozca la injusticia del daño causado. Pero a esa reclamación tan sencilla de los vascos de bien la IA y los etarras (o ex etarras) de Alsasua han respondido con una falsa ensoñación: “Tenemos el aliento del pueblo”.
Fdo.  JOSU MONTALBAN   

domingo, 23 de marzo de 2014

EXPERTOS

“EXPERTOS”
Si tuviera ante mí, ahora mismo, un joven al que asesorar sobre su futuro, lo primero que le sugeriría es que al finalizar su formación, cuando llegara el momento de elaborar sus tarjetas de presentación, pusiera en ellas el término “experto”. ¿De qué, en qué? No sé, pero “experto”. Cuyo significado es “hábil o con mucha experiencia”, también “especialista en alguna materia”. El experto también es “experimentado”, es decir, que ha hecho experimentos sobre alguna materia, y añado yo, “y ha sacado conclusiones”.
¿Por qué digo esto? Acabo de ver un programa de debate en el que un grupo de tertulianos han convenido en que España necesita un pacto de Estado sobre alguna cuestión, y que la elaboración y consecución de dicho pacto tendrá lugar después de que los expertos actúen ante una comisión de Diputados que escucharán cuanto digan para sacar una serie de conclusiones, previamente esbozadas por los propios expertos.
Los expertos, al parecer, esperan agazapados en sus oficinas a que alguien vaya y les diga “necesitamos que nos aconsejes o asesores…”. En esas oficinas se asesora sobre cualquier asunto, porque los expertos están empapados de los temas más variados, pero sobre todo de temas intangibles en los que el asesor es capaz de concluir una cosa u otra en base a las apetencias que muestre el demandante. Cuando se trata de consultas sobre cuestiones relacionadas con Ciencias diversas no se acude a consultorías ni a asesorías. Pero, acabemos, ¿a qué viene esta introducción tan alargada?
El Gobierno Español ha presentado un informe sobre la posible reforma de nuestros impuestos. Y resulta que ahora ha desplegado a sus voceros para decir que el contenido de dicho informe no debe ser seguido de pe a pa por el momento. Los expertos han señalado una dirección que no coincide con lo que sufre y demanda la ciudadanía, y el Gobierno teme que se subleven los votantes. ¿Para qué sirven, entonces, los expertos? Pues solamente para justificar las decisiones duras, para poder descargar la responsabilidad propia en los hombros ajenos.
Ahora mismo hay varios frentes abiertos, que reclaman la presencia de expertos. Ya están los expertos dispuestos a ir al Congreso de los Diputados para asesorar sobre impuestos, ayudas sociales, desempleo, inmigración, pensiones, vivienda, sobre… Yo estoy convencido de que si las comparecencias se hicieran con el rostro tapado bastaría con un único experto compareciente. Salvo el argot utilizado en cada caso, el experto solo debe cuidar un detalle que consiste en plegarse a lo que desea que diga quien le ha convocado allí. Conozco bien el asunto, de modo que el número de expertos presentado ante sus señorías siempre se corresponde con las mayorías y minorías que les llaman a comparecer. Por tanto, acudirán los expertos vinculados al PP en mayor cantidad que todos los demás.
Pero seamos serios antes que expertos. Seamos dignos y buenas personas antes que expertos. Quienes aceptan las actuales desigualdades económicas, que se traducen en diferencias sociales flagrantes, ¿son acaso expertos, o son algo más que tal? En todo caso la “experiencia” de quienes vienen a justificar los hechos que se consumarán después desde los gobiernos e instituciones públicas, solo es una coartada que, debidamente usada, permitirá incluso las mayores atrocidades. ¿Han aconsejado los expertos que el abanico salarial en las empresas multinacionales abarque proporciones de 20 ó 30 a 1? Si así ha sido, se tratará de expertos en injusticias. ¿Han concluido los expertos que la pensión mínima, con que viven muchos ancianos en España, sea de 600 euros al mes? En ese caso se trata de expertos muy malvados. ¿Qué podrán decir los expertos en el asunto de la inmigración subsahariana: que debe ser permitida o que debe ser impedida del modo más expeditivo posible? Nadie duda de que la mayoría de expertos serán convocados por el PP y, por tanto, dirán lo que quieren oír el Ministro Fernández y el Presidente Rajoy.
Así que menos engañar a todos con la añagaza de que se trata de expertos. En todo caso búsquense “expertos” para llenar las bancadas del Congreso si se cree que los actuales diputados no sirven para reflexionar y discutir con suficientes garantías. Yo creo que lo realmente necesario es que unos y otros sepamos, y tengamos en cuenta, que la Humanidad solo puede y debe ser gobernada por humanos. Por humanos buenos que crean en la dignidad humana como propiedad y atributo de todos…Por humanos, que no por humanoides.   

lunes, 10 de marzo de 2014

QUE HACEMOS CON LOS JÓVENES. QUE HACEN LOS JOVENES

QUÉ  HACEMOS  CON  LOS  JÓVENES.  QUÉ  HACEN  LOS  JÓVENES
Ahora mismo, lo mejor que tienen los jóvenes como colectivo es que su juventud responde a un estado pasajero que termina cuando los años se van subiendo a sus espaldas. También tienen algunas otras cosas buenas, incluso algunas propiedades que deberán servirles para que los rigores de sus vidas sean más llevaderos.
Según la Oficina europea EUROSTAT el paro de los jóvenes de menos de 25 años en España alcanza el 57,7%. Esta cifra asusta porque además se produce en un país en el que el paro total ya es demasiado alto (26,5%). Las cifras contrastan con las de las medias europeas: la tasa de paro juvenil en la zona euro alcanza el 12,1%, mientras que el paro general registrado en Europa a finales del 2013 era del 10,9%. De todas las conclusiones a las que llega el Informe del EUROSTAT hay uno escalofriante: casi el tercio de los parados de la zona euro  están en España, y de todos esos parados españoles más de 980.000 son jóvenes.
Sin embargo las calles aún no arden porque la fogosidad propia de la juventud vive larvada en infundadas esperanzas de que el tiempo nos depare nuevas etapas de esplendor. Pero no, todo hace presagiar que ese nuevo tiempo, si llega a producirse, no vendrá sin que sea empujado. Nuestros jóvenes dejarán de serlo sin que los siguientes hayan aprendido  casi nada de ellos, porque son hijos de una abundancia de mentirijillas, basada en la especulación más atroz practicada por sus antecesores, que creyeron que el dinero y su acopio no tenían límite, y que aquella falsa prosperidad iba a seguir “per secula seculorum”. Este paisaje, tan generalizado hace unos años, desarmó éticamente a la juventud que venía por detrás, mucho más preocupada por sus diversiones particulares que por construir una sociedad cohesionada y solidaria.
Justamente unos años después de que los mayores se empaparan de cuanto los eufóricos gobernantes divulgaban en su provecho, ha devenido esta debacle tan difícil de diagnosticar y, aún peor, tan difícil de remediar. Cada día aparecía algún notable con acceso a los medios de comunicación que metía en nuestros hogares un término, -JASP-, que incluía las iniciales de un mensaje que, como se ha visto, siempre tuvo más de propaganda triunfalista que de realidad. Aunque fuera verdad aquello de “Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados”, aún los informes PISA que auditaban nuestro sistema educativo nos mostraban carencias muy importantes, siempre medidas con respecto a las medias europeas. Sin embargo, durante la primera década del siglo XXI han sido muchos los jóvenes que, atraídos por la posibilidad de ganar dinero fácil y rápido, principalmente en el sector inmobiliario y de la construcción, abandonaron su formación antes de consolidarla, huyeron de las aulas para llegar a nuestros días como generación “nini”, es decir, generación juvenil que Ni estudia NI trabaja.
Puestos a poner nombres la generación de nuestros jóvenes actuales constituye una “generación pobre”, que es la formada por aquellos cuyas vidas van a ser peores que las de sus padres. Así será, y menos mal que está el soporte familiar y el impagable papel que cumplen los padres en el desarrollo de la vida de nuestros jóvenes en todos los ámbitos. Son legión los jóvenes que cuelgan a sus espaldas hipotecas bien costosas, o deudas procedentes de bienes que adquirieron cuando las entidades financieras se comportaban como si fueran tómbolas. Es verdad que nadie usó la violencia para hacer que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, se comprometieran con créditos que ahora les ahogan, pero aquel desparpajo con el que los dirigentes de los bancos metían cédulas en los bolsillos de los clientes debe ser tenido en cuenta a la hora de pedir responsabilidades. Lo cierto es que nuestros jóvenes actuales vagabundean por las calle de nuestros pueblos y ciudades, sentándose aquí o allá con su teléfono móvil en las manos, divirtiéndose con las ocurrencias de las redes sociales, pero ausentes del gran problema que les acucia.
No sé qué se puede hacer para resolver el problema de los jóvenes, pero sé que la sociedad y el sistema socio-económico que la gobierna ha engañado a los jóvenes, porque están mejor formados y preparados que las generaciones anteriores, pero el sistema se ha apuntalado con otras premisas. Por muy formados que estén el sistema solo les tiene reservados sueldos de miseria: ya, ni siquiera son mileuristas porque a quien se atreve a reclamar mil euros para todo el mes, le liquidan con bastante menos su trabajo, pues siempre queda algún resquicio para usar cajas B o economías sumergidas. Ahora los jóvenes españoles emigran, en muchos casos como lo hicieron sus padres y abuelos. Una vez llegados a su destino, atiborrados de títulos y resguardos que atestiguan los cursillos que han culminado, son explotados sin piedad, del mismo modo que hacemos en España con quienes han venido de allende nuestras fronteras. Lo que el sistema educativo y formativo español gastó en los jóvenes revierte en otros lugares: los “españoles en el Mundo” que las televisiones nos muestran con rostros alegres y esperanzados, no se atreven a decir que, en la mayoría de los casos, se fueron a regañadientes como si hubieran sido despachados por las circunstancias adversas.
¿Qué hacemos con nuestros jóvenes? No sé qué se puede hacer realmente, porque en un Mundo en que la Economía lleva la voz cantante sobre la Política, la juventud no es un divino tesoro, en todo caso es más “divina” que “tesoro”, y de la divinidad suelen obtenerse divisas más bien escasas. Pero sí sé que han de hacer los jóvenes si aún les queda decencia. Vivimos junto a unos jóvenes apáticos, entregados a un hedonismo muy costoso que se aferran al placer de los instantes sin darse cuenta de que todo trance de ese tipo es muy efímero. No acabo de comprender que nuestras calles no estén llenas de jóvenes protestando por sus problemas, más aún, protestando por las injusticias, por las desigualdades sociales, por los recortes públicos, por los bajos salarios y pensiones, por la osadía con que los patronos expulsas a sus obreros, por la cercenación constante de todo tipo de derechos… Sí, es verdad que muchas de estas afrentas no les afectan directamente, pero ellos tienen que constituirse en la punta de la lanza que combata y agujeree las conciencias de los desalmados. Ellos se tienen que erigir en la vanguardia de la lucha.
Los jóvenes, estudiantes o trabajadores, como decía Violeta Parra de los primeros, “son aves que no se asustan de animal ni policía, y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría”. ¿Será así, o les habremos educado con tanta insolidaridad como para que les asuste casi todo? Sí, “que vivan los jóvenes (estudiantes) que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas o regimientos”. Se pregunta Violeta Parra en su canción: “¿hasta cuándo nos dura señores la penitencia?”. Lo mismo deberíamos preguntar nosotros y todos los jóvenes “porque levantan el pecho cuando les dicen harina sabiéndose que es afrecho, y no hacen el sordomudo cuando se presenta el hecho”. Pues bien, el hecho ya está aquí, y los jóvenes deben levantar el pecho al son de Violeta…
… Como lo levantaron los jóvenes de Mayo del 68 en Francia al grito de “seamos realistas, pidamos lo imposible”, frente a las chabolas cubiertas de latas (bidonvilles) de Nanterre. O como lo levantaron, coincidiendo con ellos en el tiempo, los jóvenes de Méjico, aunque les costaran más de 200 muertos en la Matanza de la Plaza de las Tres Culturas. O, más reciente aún, como lo levantó Mohamed Bouazizi cuando se quemó a lo bonzo en Túnez e inició las revueltas estudiantiles que iniciaron la famosa Primavera Árabe. O como lo levantaron los jóvenes Indignados del 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, y en otras plazas de España y del Mundo. Igual que voceaban entonces han de hacerlo ahora: “No somos marionetas en manos de políticos y banqueros”. Sí, los jóvenes deben llenar las calles de utopía y de rebeldía. Un joven insolidario y falto de compromiso social no merece el calificativo de “joven”. La juventud no debe expresarse mediante poses remisas, sino con ademanes y hechos valientes.
FDO.  JOSU  MONTALBAN         

domingo, 2 de marzo de 2014

LA ESTRELLA DEL SOCIALISMO VASCO

LA  ESTRELLA  DEL  SOCIALISMO  VASCO
No solo el socialismo español anda algo desnortado. Tampoco el socialismo vasco encuentra la estrella a la que deberá seguir para recuperar la credibilidad perdida. En la última reunión importante celebrada por el PSE reclamé a la Dirección del Partido un acercamiento a las organizaciones sindicales, a todas, aunque preferentemente a los sindicatos de clase, que han sido desacreditados con alevosía por la derecha española que no ha dudado en divulgar dos imágenes falsas: la de la corrupción que ha afectado a la UGT andaluza como si se tratara de algo consustancial a cualquier organización sindical, y esa otra imagen que pretende generalizar la idea de los sindicalistas como vagos y desidiosos, que aprovechan sus horas sindicales para divertirse y holgazanear, en lugar de emplearlas en reivindicar mejoras para los trabajadores. Di algunos datos, por ejemplo que los sindicatos surgieron para combatir formas de explotación de los trabajadores que rayaban con el esclavismo en el ámbito laboral, y con la esclavitud en la calle.
Otro dato que ofrecí fue que mientras el porcentaje de afiliados a los sindicatos solo llega al 12% de los trabajadores, tres de cada cuatro empresarios están afiliados a alguna organización empresarial. Y concluí que, para los socialistas, los trabajadores y los empresarios no deben ser lo mismo. Es cierto que a ambos colectivos se les incluye en una denominación común, -agentes sociales-, cada vez que hacemos alusiones a nuestro sistema productivo, como si ambos estuvieran en la misma altura, pero solo mentes desideologizadas e interesadas pueden aceptar que el empresario y el trabajador gozan de las mismas condiciones en el proceso productivo, pues mientras el empresario se dedica a recoger los beneficios generados sin límite claro preestablecido, el trabajador produce a cambio de un salario prefijado. En tal sentido hay que recordar que el egoísmo de los empresarios, capaz de aceptar la explotación de los trabajadores, solo ha encontrado freno y límite en la acción de los sindicatos. Por eso me permití asegurar que para los socialistas la clase empresarial podía ser considerada adversaria, cuando no enemiga.
La respuesta de uno de los más importantes dirigentes del PSE fue desalentadora, pues consideró  “trasnochada” mi afirmación. Es decir que, siguiendo el Diccionario oficial yo sostenía “una cosa que por haber pasado una noche por ella, no valía nada”. Para el líder de mi Partido mi afirmación era “macilenta, desmedrada, pálida y descolorida”. En aquel momento pensé que el socialismo vasco no solo estaba desnortado, sino también profundamente despistado y desarmado ideológicamente.
La última propuesta enviada por Rossell, el Presidente de la CEOE, al Gobierno es muy esclarecedora: bajar las cotizaciones sociales de los empresarios un 2%; disminuir el IRPF; disminuir el 30% el Impuesto de Sociedades de las grandes empresas, y del 25% en las PYMES; eliminación del Impuesto de Patrimonio; y elevación del mínimo exento del Impuesto de Sucesiones. Pero el descaro del Presidente de los empresarios se produjo cuando explicó que la mejora de los ingresos para atender las necesidades del Estado deberá salir del incierto crecimiento de la Economía y de la lucha contra el fraude fiscal. Pero le cupo más desvergüenza aún cuando afirmó: “tenemos la ventaja de que podemos decir cosas y no las tenemos que poner en práctica”. Descarado el tío, como para pedir rebajas fiscales tan copiosas en España, donde la presión fiscal está ocho puntos por debajo de la media europea. Y desvergonzado por plantear una subida del IVA, que afecta al consumo de todos sin distinguir a los ricos y a los pobres.
Por eso creo que el socialismo está desorientado. La Dirección del PSE, utilizando su preeminencia, no duda en considerar anticuado y tachar de carca a quien pide que se retomen estrategias y comportamientos que demostraron su eficacia cuando estuvieron vigentes. El socialismo vasco (y el español) debe volver a seguir la venturosa estrella de los sindicatos para combatir el resplandor deslumbrante de la patronal, mucho más preocupada por la obtención de beneficios sin límite que por coadyuvar al equilibrio y la cohesión sociales.
Lo que es trasnochado y malvado es, siendo socialista, poner a sindicatos y organizaciones empresariales a la misma altura.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN      

lunes, 24 de febrero de 2014

VERIFICADORES Y MEDIADORES (EL PAIS, 24-2-2014)

VERIFICADORES  O  MEDIADORES
¿A qué juega la Izquierda Abertzale? ¿O es ETA la que está practicando la ceremonia de la confusión? Cada poco tiempo los terroristas nos sorprenden con noticias y comunicados que la IA hace suyos para justificar sus reivindicaciones. Entonces, estos nuevos demócratas reclaman ser tratados como si nunca hubieran voceado por las calles “ETA mátalos”, es decir, como si nunca hubieran dado razones para recelar de ellos y considerarlos peligrosos. En los últimos tiempos las noticias aparecen confusas, ahora es cuando resulta bien patente que ETA y la IA han sido la misma cosa, si bien el modelo de organización hacía que los más bárbaros y dementes empuñaran las armas  mientras los pusilánimes y acomplejados permanecían en la retaguardia, en unos casos suministrando información y en otros defendiendo que cuanto estaba ocurriendo podía ser comprendido.
La Democracia, empeñada en ser meticulosa y exquisita, combatió durante bastante tiempo aquella lacra con escasa eficacia. El debate político que protagonizaron las diferentes formaciones políticas tenía lugar en salones suntuosos provistos de sillones aterciopelados y mesas de caoba, quizás aquel ambiente incitaba mucho más a calcular que a resolver: calcular los réditos electorales, mucho más que a hacer de los terroristas un viejo y tétrico recuerdo. Sí, sé que esto puede sonar mal, pero es el momento de decirlo para que nunca más pueda volver a suceder del mismo modo. Sin llegar a perturbar la Democracia, la lucha contra el terrorismo etarra podría haber sido más eficaz si todos los demócratas hubieran tenido claro que el objetivo era tan urgente y superior como para haber supeditado casi todo a su consecución.
Desde hace algún tiempo, desde que ETA anunció que cesaba su actividad armada, unos y otros, terroristas y políticos de la IA, coinciden en sus reivindicaciones: que los presos sean liberados cuando sufren alguna enfermedad, que los presos cumplan sus condenas cerca de Euskal Herria. Para reivindicar todo esto han creado sus propias estructuras, sometidas a la misma estrategia. La última noticia que ha aparecido en los medios de comunicación me ha dejado asombrado: “ETA quiere que los verificadores supervisen el sellado de zulos, sin entregar aún las armas”. Este titular obliga a suministrar nuevos datos al lector, y aunque tales verificadores aún no se hayan reunido con nadie, llama la atención que sigamos en estos trances. Todo es enrevesado como el apellido de quien dirige la Comisión de Verificación, Manikkalingam, pero a pesar de ser enrevesado van a ser recibidos por el lehendakari Urkullu.
¡Vale! Ahora, los que fueron elegidos por ETA como verificadores  del proceso de paz se convierten en mediadores. Para empezar  han presentado en el céntrico y lujoso Hotel Carlton de Bilbao un vídeo y algunos documentos que han mostrado la inhabilitación de cuatro armas, dos granadas y diverso material para preparar potentes explosivos, a lo cual consideran una señal de desarme. Ante esto me asaltan algunas preguntas. ¿Por qué razón yo debo creer que los verificadores disponen del listado completo de arsenales de la banda? ¿Era tal la meticulosidad del gobierno de la banda ETA como para tener un catálogo fiable?
¿Qué hacer, reír o llorar? ¿Cómo interpretar el relato que hizo Manikkalingam de la “odisea” que les supuso “acompañar” a dos miembros de la banda terroristas encapuchados al lugar en que se produjo el acto inhabilitador de las armas? Peor fue aún la coletilla que añadió: “nos exponíamos a ser detenidos porque íbamos con personas en situación ilegal”. ¿No es esto, afirmado ante periodistas y cámaras de televisión de ámbito internacional, razón suficiente para detenerles, al menos para que presten algún tipo de declaración que ayude a comprender este batiburrillo?  Poco a poco nos vamos enterando de todo. Las reuniones secretas se suceden constantemente, de modo que quienes leemos las noticias a diario nos vamos introduciendo en un laberinto en el que el proceso y su solución se hacen cada vez más inentendibles.  Todo parece indicar que estamos ante un armisticio amistoso entre la banda terrorista y la sociedad a la que ha masacrado. Quizás nos ha ocurrido que, habiendo sido tan espantoso el sufrimiento, cualquier remisión del dolor nos basta para condescender, si no con los asesinos sí con sus cómplices de la IA. Sin embargo, a poca perspicacia y rigor que usemos para interpretar esta escabrosa propuesta de ETA, tenemos que concluir que se trata de verificadores de cartón, incapaces de doblegar los intereses mediáticos de cada una de las propuestas de ETA.
Concluido el espectáculo las declaraciones de los líderes políticos y de opinión ha coincidido: “esto es muy poco, y es insuficiente”. ¿Cómo interpretar el hecho de que incluso Arraiz (SORTU) admitiera sentirse algo defraudado (aunque no pronunciara esta misma palabra) y pidiera a ETA “más rapidez”? ¡Cinismo! ¿Componenda? ETA tiene que disolverse, después habrá tiempo de constituir la Asociación, Fundación o lo que se tercie, que vele pos administrar y preservar en las mejores condiciones los restos de su naufragio.
Pero esa posibilidad que se perfila en el horizonte, de convertir en mediadores a quienes eran verificadores, constituye un nuevo tocomocho que la IA seguirá usando como coartada para mantener su clientela a su lado y degradar, aún más, la categoría ética de la sociedad vasca… Salvo que, de una vez por todas, alguien diga “basta ya” y, realmente, todos sintamos que lo acontecido en tantos años de brutalidad y miseria ética ya ha sido bastante, incluso muchísimo más de lo admisible.
FDO.  JOSU  MONTALBAN 

jueves, 13 de febrero de 2014

LOS SINDICATOS IMPRESCINDIBLES ( DEIA, 12-2-2014)

LOS  SINDICATOS  IMPRESCINDIBLES
No es fácil, hoy, escribir a favor de los Sindicatos. Ahora que están sobre la mesa asuntos tan escabrosos como los ya famosos EREs de Andalucía, ahora que la Comisión Europea ha abierto una investigación para controlar los fondos venidos de Europa con destino a la UGT andaluza, ahora que… Podría poner algunos casos más, no muchos más, pero no es esa mi intención porque mi deseo de que se esclarezcan todos los casos de corrupción no me lleva a desear  no me lleva a desear que se mueran los perros  para combatir la rabia. Sí, las organizaciones sindicales han cometido errores y han protagonizado fechorías, pero siguen siendo tan necesarios como cuando surgieron. Las campañas de descrédito que vienen sufriendo, provenientes de la derecha española, retrógrada y avasalladora, requieren una respuesta contundente.
En España sólo alrededor del 15% de los trabajadores está afiliado a algún sindicato. Escasa proporción comparada con los países más desarrollados del Norte de Europa (Suecia, Dinamarca o Finlandia) donde la afiliación alcanza al 70% de los trabajadores. La razón más importante para explicar esta baja afiliación es precisamente la altísima temporalidad en los empleos, que ha sido incrementada al entrar en vigor la Reforma Laboral última. En Europa la media de afiliación alcanza el 25% aproximadamente, si bien viene disminuyendo en los últimos años. En contraste con estos datos de afiliación sindical en España tres de cada cuatro empresarios pertenecen a alguna organización patronal, por encima de la media europea que solo llega al 60%. Esta debilidad de las organizaciones sindicales constituye una amenaza por cuanto su mantenimiento resulta complicado mediante las estrictas vías de financiación con que cuentan.
Sin embargo resultan hoy tan necesarias o más que en el momento en que surgieron. Los sindicatos actuales continúan resolviendo problemas muy parecidos a los que les hicieron surgir, en suma, tienen que responder del modo más útil posible al poder monolítico de los empresarios, del mismo modo a cuando surgieron en aquellos lugares donde el trabajo por cuenta ajena tenía tanto que ver con la esclavitud. Cuando aún no existían las grandes fábricas, las asociaciones que surgieron para defender a los trabajadores manuales y artesanos diversos actuaban en la clandestinidad. Los primeros pasos datan de finales del siglo XVIII en el sector textil. Curiosamente la Ley Chapelier estableció en 1791 la prohibición de las asociaciones de defensa de los trabajadores pero, a la vez, autorizó las asociaciones patronales. Esgrimían como razón el miedo a que llegaran a gobernar los trabajadores. La Ley fue derogada apenas un siglo después. En España tales asociaciones de trabajadores se prohibieron también en el año 1813, y nueve años después fueron consideradas como constitutivas de delito.
Hasta finales del siglo XIX no comenzaron a darse los pasos definitivos para la creación de los sindicatos actuales. El primero, la UGT, se creó hacia el año 1888 de la mano de Pablo Iglesias, pocos años antes de que se creara el partido político PSOE. Es el sindicato más antiguo junto a la CNT. Sin embargo el 9 de Marzo de 1938 el Fuero del Trabajo prohibió el sindicalismo, al mismo tiempo que prohibía ejercer el derecho de huelga. En sustitución se creó el famoso Sindicato Vertical, mediante el cual el Estado franquista proveía la defensa “sui generis” de los trabajadores bajo el lema “Patria, Pan y Justicia”. La democracia volvió a activar a las organizaciones sindicales, si bien con nuevos ingredientes y formaciones, aflorando CCOO, de tendencia comunista, USO de inclinación demócrata cristiana, o los nacionalistas ELA y LAB, así como otros mucho más reducidos en su militancia, de carácter profesional o gremial.
Con esta evolución durante los tiempos difíciles no resulta lógico que sea en democracia cuando los sindicatos vienen sufriendo la merma de crédito que, surgida de los dominios del poder del capital y la derecha más reaccionaria, encuentra demasiados adeptos en la propia clase trabajadora. No son solamente los episodios de corrupción los que se airean enarbolando una beligerancia inusitada, que no se usa cuando se cometen parecidas corrupciones (pero mucho más frecuentes) en el ámbito empresarial, también se desprestigian los logros de los sindicatos en beneficio de los trabajadores argumentando que la productividad no justifica las mejoras, o repitiendo hasta la saciedad que los representantes de los trabajadores (liberados sindicales) holgazanean en exceso mientras discuten con la Patronal. Esta batalla, que por ser incruenta pasa casi desapercibida, es fundamental en este tiempo en que los trabajadores sienten constantemente que el suelo de sus fábricas tiembla bajo sus pies, que sus puestos de trabajo son cada vez más penosos y menos duraderos, que sus jornadas son más interminables y sus jornales son menos copiosos, que sus vidas laborales pesan tan poco a la hora de confeccionar su listado de derechos sociales… Sí, ciertamente fundamental, porque la baja afiliación a los sindicatos de clase, que son los auténticos defensores de los derechos y condiciones laborales, resta fuerza a quienes se sientan a negociar en las mesas en las que se deciden las condiciones en que se ha de desenvolver el trabajador.
Si en España sólo el 15% de los trabajadores está afiliado a un sindicato, eso quiere decir que el representante sindical que acude a la mesa negociadora apenas puede considerarse apoyado por la quinta parte de los trabajadores, que serán a la postre los que apoyen las medidas de fuerza que proponga en caso de que sus negociaciones no prosperen lo suficiente. A sensu contrario, aunque la aritmética no pueda ser usada de forma automática, el empresario contará con el hecho a su favor de que el ochenta por ciento en modo alguno se sentirán involucrados realmente en la negociación. Más aún, empresarios astutos y taimados no dudarán en articular listas “independientes” que contrarresten a los sindicatos amparándose en ese descrédito hacia los sindicalistas, que previamente han alimentado.
Pero el resultado final, es decir, aquello que los representantes sindicales consiguen en sus negociaciones, se aplica a todos los trabajadores, con independencia de que estén afiliados a algún sindicato o no lo estén.
El sindicalista francés, de origen español, Edouard Martin, ha escrito un pequeño libro “contra la economía caníbal” que titula “NO PASARAN”, y en él relata las negociaciones que llevó a efecto representando a su sindicato (CFDT) para mantener abiertas de Arcelor Mittal en Francia. En uno de sus pasajes, soliviantado quizás por los sucesivos fracasos en sus empeños, relata: “Los franceses, charlatanes consagrados y siempre dispuestos a dar lecciones al prójimo, se pasan el tiempo preguntándose:  ¿qué hace la policía? ¿qué hace el gobierno? ¿qué hacen los parlamentarios? ¿qué hacen los sindicatos? Pero no parecen muy dispuestos a preguntarse a sí mismos qué es lo que hacen para cambiar el mundo. ¿Qué es lo más importante en nuestra vida laboral? Estar sindicado es participar en el desarrollo de tu vida. Muchos indolentes ciudadanos tienen tendencia a olvidar que si hay convenios colectivos, aumentos salariales y demás lindezas, es gracias a los sindicatos”. Y añade un ejemplo: “Siempre empleo el siguiente ejemplo: vais al cine y hay dos filas de butacas. Una para ver la película gratis y otra para los que pagan. Si el 92 % de la gente se sienta en la primera fila (gratis), no habrá más industria cinematográfica porque no habrá medios para realizar películas”.
Es importante que no nos dejemos llevar por la marea desacreditadora de las organizaciones sindicales, con la que intentan desproteger, más si cabe, a los trabajadores. Limpiar los sindicatos sí, pero aniquilarlos, como nos proponen las voces interesadas, no, porque son ahora más necesarios que nunca: ¡imprescindibles!
Fdo.   JOSU  MONTALBAN           

sábado, 8 de febrero de 2014

LUZ, TAQUIGRAFOS, COCINA Y POLITICA (EL DIARIO NORTE, 8-2-2014)

LUZ,  TAQUÍGRAFOS,  COCINA  Y  POLÍTICA
Según una encuesta del CIS los políticos son el cuarto problema que más preocupa a los ciudadanos españoles. Y por encima de él el paro, que hace sufrir demasiado a la gente, la corrupción y el fraude que afecta en gran medida a la clase política, y la economía que dirigen con una buena dosis de fracaso los políticos. En suma, que la Política y quienes la ejercen han caído demasiado y los ciudadanos no parecen dispuestos a restituirles la reputación perdida. No es extraño que suceda así. Al desarme ideológico, que se dio en llamar el “ocaso de las ideologías”, hay que añadir los episodios de la corrupción y el nepotismo protagonizados por unos políticos mucho más preocupados por lo suyo que por lo de todos.
Sin embargo soy de la opinión de que no solo es el fondo lo que está deteriorado en la Política, sino la forma. Tal vez sea debido a la desidia con que muchos políticos han actuado desde los cargos públicos que han ocupado. Y como, para llegar a ocupar dichos cargos, en algunos casos había que extremar el ejercicio de ciertas “virtudes” en el seno del partido correspondiente (sumisión a la dirección, ductilidad y maleabilidad en las acciones) los partidos se han ido desarmando y convirtiendo en sociedades de amigos o compañeros, sin otro compromiso que la fidelidad a cuanto dice la Dirección, que no siempre coincide con lo que dice el Partido. Este modo de obrar apenas perjudica a la derecha, que aboga por defender intereses, pero ha infligido un K.O. inapelable a la izquierda que, en el rincón del cuadrilátero malamente resuella, como un púgil noqueado. Quienes suministran los cuidados al púgil, que son gente sumisa a la dirección, restañan los pómulos y paran las hemorragias allí donde brota la sangre, pero saben que su misión más perentoria es tirar la toalla en cuanto la situación se ponga irresistible. En modo alguno propondrán al día siguiente cambiar al púgil o el modo como el púgil boxea. Al fin y al cabo él es la Dirección, y debe ser preservada a toda costa.
En el mismo diario en que leo los resultados del sondeo del CIS, del jueves para más señas, leo que el Lehendakari había tenido una reunión nocturna de dos horas en Madrid, dos días antes, con Mariano Rajoy, y que el mismo Lehendakari se había reunido cuatro días antes con Rubalcaba en un despacho ocasional de Bilbao, a media tarde, es decir de forma “semiclandestina”. ¿Extraña que la Política y los políticos se hayan convertido en un problema? ¿Extraña que no se confíe en ellos, que consideran que las cosas de la Política hay que hablarlas en secreto, sin que los ciudadanos sepan realmente a qué dedican su tiempo? Porque lo grave es que el secretismo se rompe para dictar a un periodista los datos que a cada cual le interesen, casi siempre verdades de Perogrullo o simplificaciones oportunistas.
Les ofrezco algunas muestras. De la reunión entre Urkullu y Rajoy ha trascendido que “ambos comparten la necesidad de acercar posturas y de que el final de ETA es definitivo”. No cabe mayor simpleza. ¿Para eso dos horas, y de noche? De la reunión entre Urkullu y Rubalcaba ha trascendido que será necesario cerrar de forma ordenada el final del terrorismo. Curiosa conclusión, además de aclarar malentendidos en torno a alguna reunión a dos entre el PNV y SORTU, que había alertado al PSE. Así que todo esto es la luz que nos han aportado ambas reuniones “secretas”: a pesar de todo nos rodean las tinieblas. A los taquígrafos no se les invitó a las reuniones. Lógico, pero tampoco les anunciaron que se iban a producir, ni siquiera que se habían producido. Ahora, achacarán la filtración a las “gargantas profundas” que desbordan de locuacidad, pero esas gargantas o son de un directivo político o son de algún delegado del directivo.
Pero volvamos al descrédito de la Política y de los políticos. La interpretación de los datos de la encuesta del CIS también ha ofrecido sus perlas. Deberían haberse sentido aludidos todos los políticos en activo, con especial mención los dos partidos mayoritarios, sin embargo el PP ha achacado el descenso al “desgaste de las medidas que se ha visto obligado a tomar”, por culpa claro está del desastre provocado por el anterior gobierno socialista. Más chistoso ha estado el Secretario de Organización del PSOE, Oscar López, que ha dicho que “el PSOE sale por delante en todas las encuestas y datos directos, pero una vez que entran en la cocina el PP acaba por delante”. Vamos, como para ir a orinar y no echar ni gota.
Pues así, poco a poco, van cayendo la Política y los políticos, víctimas de “cocinas” y cocineros que en las sedes de los partidos se consideran dueños y señores, sin responsabilidades ni remilgos. Se reúnen en secreto, como en los tiempos de la clandestinidad y buscan a periodistas con la intención de convertirlos en meros escribanos al dictado. Se derriten en banalidades. Y cuando el manjar que sirven a los comensales no les resulta apetitoso cargan las culpas sobre la “cocina”, porque si se la cargaran al cocinero se estarían delatando a sí mismos,… y para eso hay que tener un par…
Fdo.  JOSU MONTALBAN       

RAJOY Y LA SOBERBIA (EL PAIS, 8-2-2014)

RAJOY  Y  LA  SOBERBIA
Ha dado la impresión de que Rajoy y la Soberbia se habían citado para, juntos, pronunciar su discurso de clausura de la Convención del PP que ha tenido lugar en Valladolid, en la que han estado dos mil dirigentes y militantes del partido. Había rasgos de soberbia en el rostro de Rajoy, los había en sus gestos y los hubo en las palabras utilizadas. Sus huestes le alentaron, felices y satisfechas, pero la Soberbia le delataba constantemente: no tenía razón y él lo sabía.
Solo un soberbio puede decir “no me preocupan las críticas: apañado estaría”. ¿Qué, si no las críticas, puede y debe alertar al gobernante? Pero la soberbia ensordece y convierte al poseído por ella en su servidor. Por eso se dirigió a Rubalcaba con el dedo acusador estirado, tuteándole aunque no en un gesto de confianza, para hacerle responsable y culpable del “calvario” que sufrimos los españoles. Sin embargo, ese calvario se inició en el justo momento en que el PP se hizo con el Gobierno. De modo que, una vez más, se apoderó la soberbia de sus ademanes y palabras. Porque fue él quien firmó la Reforma Laboral que ha provocado desprotección; y quien ha impuesto copagos a los pobres enfermos; y quien amenaza constantemente a los jubilados; y quien elimina becas y becarios; y quien convierte a muchas mujeres en meras sufridoras de sus infortunios con la Ley del Aborto; y quien…
“O te callas o reconoces el mérito de la gente”, dijo dirigiéndose al ausente Rubalcaba. Le situó en medio de sus correligionarios como si se tratara de una nube a la que achacar todos los posibles males: la ausencia de sol, la oscuridad reinante y la amenaza de lluvia. La Soberbia así lo requería. Irradiando un halo luminoso de su cabeza pronunció: “Al final, los españoles nos hemos rescatado solos”. Cómo ha sido?, me pregunto yo. ¡Qué primor! Da la impresión de que no hemos seguido ninguna consigna de foráneos, pero De Guindos no ha parado de hacer recados en las oficinas de los Organismos Internacionales para orientar los recortes que Rajoy ha infligido a los españoles.
Nadie se ocupó de informar a los españoles hace dos años de que no cabía rescate posible con un país con España. Tampoco lo cabía con Italia. Sus dimensiones excesivas ni lo aconsejaban ni lo permitían, pero Rajoy tuvo que meter a De Guindos en un ministerio que ha venido funcionando como un apósito del Gobierno. Por eso puede decir Rajoy que nos hemos rescatado solos. Sin embargo, los españoles seguimos secuestrados por la crisis y por sus consecuencias, porque la crisis en manos del Gobierno del PP se ha convertido en un instrumento eficaz para ahormar las mentes de los ciudadanos y trabajadores, que han interiorizado que deben disminuir sus salarios y aumentar sus jornadas de trabajo, que han asumido la culpabilidad de haber vivido por encima de sus posibilidades mientras las entidades financieras muestran en sus cuentas de resultados beneficios multimillonarios. Si nos hemos rescatado solos, ¿a qué han venido los hombres de negro enviados por la troika? Tras cada visita nos han puesto deberes que Rajoy ha cumplido a rajatabla, en perjuicio de las economías familiares, pero ahora se erige en solitario artífice de la liberación.
Su soberbia se parangonó en un momento con la de su antecesor Aznar. Si “España iba bien” en aquellos años, ahora “España va mejor”, según Rajoy. Esta afirmación le sirvió para encauzar su campaña para las próximas Elecciones Generales con su anuncio de bajada de impuestos. Lógico, porque Rajoy es un hombre de derechas, como los dos mil que le escuchaban, y esa tendencia (que no ideología real) apuesta siempre pensando en sus carteras y en sus cuentas corrientes.
Desde luego que no habló del aborto, ni de la privatización de la Sanidad en Madrid, ni de los escarceos de Wert en la Educación y la Cultura, ni de las calles españolas atiborradas de protestones, ni del afloramiento de pobres, ni de la presencia del PP y de España en los “rankings” de la corrupción, ni de los casi seis millones de parados, ni de los trenes de emigrantes españoles que salen al extranjero a buscar la vida que aquí se les niega, como lo hizo Alfredo Landa en su película “Vente a Alemania, Pepe”.
Pero esta ha sido otra película. Protagonistas: Rajoy y la Soberbia. La sala de proyección, llena a rebosar. Alguna silla que, por despiste, no había sido ocupada, fue retirada a tiempo para no mostrar ausencias. Los que no fueron al acto, no fue porque no querían acudir, fue por imperativos demostrados, que ninguno es tan invencible como la falta de voluntad. Así son las Convenciones y los actos solemnes de los partidos políticos. Se juntan en un Salón diseñado para impresionar el uno por ciento de los afiliados, y vocean slogans y consignas también impresionantes para que el noventa y nueve por ciento restante las aplauda en sus hogares, frente a sus televisiones, mientras tienen sus mentes llenas de problemas, miserias e incertidumbres. En los hogares no suele percibirse la Soberbia.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN             

martes, 28 de enero de 2014

LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO

LOS  RESTOS  DEL  NAUFRAGIO
“Cerca ya del final de este viaje ¿habremos aprendido las dulces canciones del abordaje, los puños apretados y las miradas de esperanza que quizás nos pertenecen?” (del Poema “Un último homenaje”, incluido en el libro LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO de Ricardo Franco).
Parece que estamos en ese punto ahora mismo, en ese instante en que todo son preguntas y casi ninguna es respuesta. Los vascos nos homenajeamos constantemente pero no sabemos por qué. En realidad, hemos asistido a un naufragio colectivo, y ahora que hemos alcanzado la costa, que estamos a salvo después de tantas vicisitudes y adversidades acaecidas tras la interminable travesía, miramos frente a nosotros y no vemos otra cosa que los restos del naufragio. Ante ellos todo triunfalismo, venga de donde venga, es una muestra de fatua soberbia. Porque este amasijo de pertrechos y despojos que tenemos ante nosotros nos deben dar a entender la miseria moral que hemos ido almacenando auspiciados por la brutal coartada de la libertad mal entendida.
Mi gran aportación al momento actual es la sencillez con que acepto, sin aires de revancha ni deseos de venganza, este nuevo tiempo, después de haber dejado en el fondo del océano llamado Euskadi un montón de cadáveres, no muertos sino asesinados. Se nos pide a los más discretos que guardemos silencio mientras los antiguos asesinos muestran en público sus rostros amparados por una Justicia que les facilita de nuevo la vida en libertad. Les miro a los ojos con toda mi buena voluntad y me obligo a no dudar cuando pienso que ya son como yo, ciudadanos libres de toda culpa y dispuestos aa convivir en paz. Pero leo los diarios y tiro de hemeroteca y aparecen de nuevo las incertidumbres porque ellos, que también forman parte de los restos del naufragio, no son suficientemente valientes. Su valentía actual bien poco tiene que ver con aquel arrojo miserable que les llevó a matar incluso a sus compañeros de fatigas y de militancia apenas sentían en más mínimo cargo de conciencia y le expresaban en público.
Hay quienes creen, y quieren creerlo a pie juntillas, que el edificio del futuro puede hacerse poniendo en su base estos restos del naufragio. Los sacan a las calles, los defienden como a abnegados héroes, los ensalzan como si se tratara de artífices de las excelencias de la raza vasca: ellos son los vascos por antonomasia, los que arriesgaron sus vidas, mientras segaban las ajenas, para mantener la llama ardiente frente a un Estado “brutal y nada democrático” llamado España. Constantemente necesitan convencerse a sí mismos de que existe alguna “sinrazón” razonable.
Escribe Caro Baroja en “El Laberinto Vasco” que “hace algo más de 40 años aquí no se oía hablar más que de buenos y de malos españoles (…) Uno no tenía más remedio que reconocer que estaba entre los segundos, porque su genio y figura o casaba con la de los primeros, pero ¡ay! Ahora estamos con los nietos, que nos hablan de los buenos y los malos vascos…”. Y parece ser que exigir a los ex terroristas que se arrepientan y pidan perdón de modo público y ostensible, puede llegar a convertirme en un “mal vasco”, si es que en algún momento he sido catalogado como “buen vasco”.
La accidentada travesía nos ha agotado. Solo queremos descansar. Ahora que no tenemos que estar alerta más que por los rigores de nuestras vidas, porque la amenaza de una muerte violenta y a destiempo no nos atemoriza, queremos descansar, y ilusionarnos con un futuro sereno, y soñar con una Arcadia posible frente a la imposible con la que nos engañaron. Y de pronto, cuando nuestros semblantes empiezan a esbozar una sonrisa de esperanza, se nos aparecen los rostros herméticos de quienes convirtieron la travesía en un brutal infierno. Ellos también son los restos del naufragio. Inservibles restos en tanto no pasen por algún centro de restauración en el que los restauradores no sean interesados conspiradores. Al fin, todos somos restos de ese naufragio colectivo aunque algunos lo seamos en contra de nuestra voluntad y otros lo sean a costa de la suya. ¿Y el futuro? ¿Cómo construir un futuro razonable que se cimente sobre tierra y rocas degradadas por la miseria de este tiempo aún reciente?
Cuestión de tiempo. Esperar con esperanza, avanzar con diligencia y compartir sin mezquindad: la nueva travesía ha de renunciar a los instrumentos que nos llevaron al naufragio. Porque tenemos que aceptar que Ítaca tal vez no existe y, si existiera, tal vez no es la que habíamos imaginado. Desde luego no la que quisieron pintar quienes llevaban el timón de nuestra gran nave de escollo en escollo; desde luego que no la que nos ofrecían quienes introducían la nave de todos en el corazón de las tormentas para poner a prueba incluso nuestra resistencia; desde luego que no la que nos mostraban quienes sembraban el fondo de la tierra de muertos ensangrentados  cuya única culpa era dudar de que el rumbo de la nave fuera el idóneo. Es verdad que el naufragio había sido anunciado: la sangre derramada no salo hace resbaladizos de tierra sino que los tiñe de ese color entre rojo y purpura que impide dar pasos sobre él. Nadie, bien nacido, quiere dar pasos sobre la tierra ensangrentada, porque tampoco los quiere dar sobre los cuerpos de los asesinados y, al fin y al cabo, la sangre forma parte del ser humano del mismo modo que la carne, que las manos, que los ojos.
Es preciso enterrar los restos del naufragio. Que no se vean, pero que no se olviden. No se trata de cobrar deudas que hayan sido pagadas del único modo que pueden ser pagadas desde que la Ley de Talión perdió toda vigencia, es decir, con la cárcel. Tampoco se trata de cerrar todas las vías de la reconciliación. Solamente las conciencias, -una por una, individualmente-, tienen derecho a la intransigencia, incluso a la venganza, pero hemos sido convocados a un nuevo tiempo que se ha de sustentar en el viejo, porque el viejo tiempo ha sido abominado por los decentes. ¡Allá los indecentes con su necrosada conciencia! Eso sí, deberemos seguir combatiendo a los indecentes que no renuncien a su indecencia estéril. Pero quiero dejar aquí, al final de este artículo, como exclamación, o pregunta, o sugerencia, o exhortación, dedicado y dirigido a quienes mataron sin ninguna piedad a tantos inocentes, y nos condenaron a todos los vascos a este brutal naufragio: ¿¡Tanto os cuesta mostrar públicamente vuestro arrepentimiento y pedir perdón!? ¿Acaso creéis que no tenéis nada de lo que arrepentiros, nada que perdonar?
Queridos Amigos, tal vez no existe Ítaca. Pero debéis seguir el texto de Kavafis: “No apresuréis el viaje y no esperéis que Ítaca os enriquezca. Ítaca os regaló el viaje y sin ella no hubierais emprendido la travesía… Ricos en saber y en vida, comprenderéis lo que significan las Ítacas”. Es preciso enterrar los restos del naufragio. Y si alguien os pregunta, como en el poema de Salvador Espriu, “¿Por qué os quedáis aquí, / en este país áspero y seco, / lleno de sangre?”. Y os incita con frases despreciativas a la desconfianza: “No es ciertamente ésta / la mejor tierra que encontrabais / a lo largo del ancho / tiempo de prueba / de la Golah”, responded con una leve sonrisa: “En nuestro sueño, sí”.
*Golah: término hebreo que se utiliza para referirse a la comunidad de la diáspora judía.
Fdo. JOSU MONTALBAN                 

sábado, 25 de enero de 2014

¡VIVA LA ANARQUIA!


¡VIVA  LA  ANARQUÍA!
Esta pasando en este país nuestro que los informes “confidenciales” saltan a los medios de comunicación y generan el efecto contrario al que pretendían. O no, quizás generan un efecto diferente pero no el contrario.
La Policía ha hecho un Informe “confidencial” sobre las movilizaciones vecinales que están teniendo lugar en el barrio Gamonal, en Burgos, pero ya está en las páginas de los periódicos. No conozco todo el contenido del Informa pero los datos que han sido filtrados tienen muy poco que ver con el quid del problema que ha provocado los desórdenes, lo cual me hace pensar que tras la filtración hay una artera intención y la finalidad concreta de desacreditar a los vecinos del lugar, que son los que han tomado las calles en contra del proyecto que ha querido imponer el Ayuntamiento.
Pero el Informe policial no parece ajustarse a lo que han visto mis ojos, que no ha sido otra cosa que lo que han retransmitido las televisiones a todas horas, porque la gente que se ha manifestado en Gamonal ha sido la gente de Gamonal, sin uniformes, sin capuchas en su inmensísima mayoría, portando pancartas con textos muy sencillos, -como “Boulevard No”-, que en nada han incitado a provocar desórdenes ni actos violentos. En todo caso habrá que achacar también los actos violentos al empecinamiento del Ayuntamiento burgalés, por no escuchar a su debido tiempo a quienes todos los días han desafiado al frío de la meseta para sacar adelante la reivindicación del barrio.
Volvamos al Informe “confidencial” con una pregunta inicial: ¿Quién ha ordenado elaborar un informe de estas características que analiza. Aunque sea someramente, si las movilizaciones tienen algún vestigio “revolucionario exportable al resto del territorio nacional”? ¿Alguien está temiendo que la situación actual de Gamonal pudiera desembocar en una “revolución” en toda España? Me siento realmente reconfortado, porque yo sí creo que hay razones para emprender una revolución… Y no soy ni anarquista ni comunista, como dice el Informe.
Según afirma el Informe no se trata de un ensayo revolucionario, en todo caso, los actos violentos han sido provocados por integrantes del “colectivo anarquista burgalés”. También alude el Informe  a personas vinculadas al 15-M de Gamonal. Pero el Informe contiene otros datos que también deben ser interpretados, sobre todo por parte de tantos tertulianos de la recalcitrante derecha española a los que solo les importa los episodios de quema de contenedores y no las condiciones de vida de los residentes en Gamonal. Por ejemplo, a la primera reunión preparatoria de las protestas, celebrada en la Casa de Cultura, acudieron alrededor de 800 personas: ¿todas anarquistas o comunistas? Conforme llegaba la fecha de ejecución de las obras las asambleas de vecinos se convocaron en la Iglesia de la Inmaculada de Gamonal: ¿anarquistas en la Iglesia, y aún la iglesia en pie? Por fin, el Informe subraya que si entre los arrestados había “algunas personas no originarias del barrio” se debe a “la propia extracción del barrio con fuerte presencia de personas de otros países”: ¿anarquistas o inmigrantes?
En resumen, que la Policía no solo ha cumplido su función preventiva y represora ante los posibles actos violentos, sino que ha analizado y elaborado un diagnóstico, eso sí, parcial y desatinado. Porque el Sr. Alonso, que ha solido actuar de portavoz de los vecinos en algunos reportajes, no tiene pinta de nada de todas esas cosas, sino de ciudadano “normal”, y muy juicioso en cuanto dice ante las cámaras y micrófonos.
Nunca he temido a la Anarquía. Menos aún en estos tiempos en que existen tan pocos capaces de nombrarse a sí mismos con esa palabra. A lo largo de los tiempos los anarquistas han sido culpados de todo aquello que fuera abominable y no tuviera un artífice o causante claro. Ahora ocurre lo mismo, de modo que lejos de analizar las condiciones de vida de los vecinos de Gamonal, y de investigar las tramas corruptas y fraudulentas que se esconden en el proyecto rechazado por los vecinos, se culpa a los residentes de movilizarse siguiendo los mandatos de los perversos anarquistas.
Por tanto, ante el Informe “secreto y reservado” (confidencial) de la Policía yo respondo con un clásico “¡Albricias! ¡Viva la Anarquía!”

Fdo.  JOSU  MONTALBAN      

miércoles, 22 de enero de 2014

LA  DIFICIL  ENCRUCIJADA  DE  LA  IZQUIERDA  VASCA
La importante influencia que ejerce el nacionalismo sobre la ciudadanía vasca impide que la izquierda pueda consolidarse en Euskadi formando las diferentes izquierdas un bloque capaz de destronar al conservadurismo nacionalista. El Gobierno Vasco que ha presidido el socialista Patxi López hasta hace un año aproximadamente, valiéndose del apoyo del PP, en ningún momento se comportó como un gobierno de izquierda, porque sus valedores más significativos eran el PP y un solitario parlamentario de UPyD, porque en el Parlamento no estaba representada la Izquierda Abertzale que podría acompañar al PSE en algunas medidas sociales avanzadas, y porque el PNV vivió la legislatura sumido en el rencor que le produjo la pérdida del Gobierno Vasco como consecuencia de un Pacto entre fuerzas políticas del ámbito nacional español. De este modo al Gobierno de Patxi López le quedaba asumir una estrategia tímidamente de izquierdas, que pusiera todo el interés en la solución del problema terrorista, en la consecución de la paz y en la consolidación de la convivencia, que estaban seriamente amenazadas en Euskadi.
La labor fue ardua y difícil. El éxito fue posible por la discreción que acompañó al Gobierno y al propio Lehendakari, por otra parte imprescindible para que el proceso del fin de ETA culminase con la debida decencia. El equipo de Gobierno incorporó a profesionales de cierto prestigio en algunas carteras importantes, algunos de ellos de marcada tendencia liberal, que se dedicaron a gestionar sus áreas pensando en clave de mera eficacia, sin enfatizar ninguna línea ideológica. Bien poco podían hacer maniatados por un Parlamento Vasco en el que, si fuera necesario, los conservadores del PNV y la derecha del PP frenarían cualquier muestra de progresismo.
Las Elecciones posteriores no fueron justas con Patxi López y el PSE. Diezmado ya por la deriva descendente que se había hecho notar en las Elecciones Generales y Municipales, el PSE volvió a caer, más si cabe porque en esta ocasión la llamada Izquierda Abertzale participó en las Elecciones Autonómicas formando parte de una coalición nacionalista-independentista cuyo programa electoral estaba lleno de propuestas  de corte soberanista, -derecho a decidir, referéndum de autodeterminación, etc-, que dejaban en segundo término sus propuestas sociales. Como quiera que su vinculación a una ETA que había anunciado el abandono del terrorismo, pero que no anunció su disolución, les convirtió en rehenes de la formación armada, las posibilidades de llegar a articular una izquierda vasca útil en el ámbito social se hicieron imperceptibles.
Más aún, IU (EB en Euskadi) fue rompiéndose como un terrón de azúcar en un vaso de agua. Primero salió huyendo una de sus porciones (ALTERNATIBA), dirigida por uno de los prebostes (Oscar Matute) que se integró en la coalición BILDU, junto a EA (del ex lehendakari Garaikoetxea) y a la IA. Y posteriormente se rompió en dos partes, como consecuencia de desavenencias internas, cuya endeblez dejó a ambas sin representación en las Instituciones vascas. ¿Qué futuro tendrán ambas formaciones? Es un misterio que dependerá de la evolución, ideológica y electoral, que siga el PSE. Sólo una integración, formal o por puro trasvase de votos, de los militantes y votantes de IU-EB en el PSE puede ayudar a que la izquierda vasca útil pueda rehacerse.
Lo que casi nadie ve como posible, de momento, es que la izquierda “nacional” (PSE) y la izquierda abertzale (SORTU) puedan llegar a un acuerdo potente que permita desarrollar en Euskadi ambiciosas políticas de izquierda. Incluso el asunto es más complicado, porque el nacionalismo del PNV flota sobre una ambigüedad perfectamente calculada como para que en sus aguas puedan sobrevivir y solazarse autonomistas tenues e independentistas acomodados, cristianos y agnósticos, herederos del viejo carlismo y acomodaticios que en la dictadura engordaron su libreta bancaria y ya han comprobado que el PP vasco tiene su techo demasiado limitado, humanistas poco dispuestos a sobresaltos y socialdemócratas que desean pasar desapercibidos. Es verdad que a algunos de ellos les sobresaltó el hecho de que el ex lehendakari Ibarretxe les embarcara en un Plan casi diabólico que hacía temblar los cimientos de la sociedad vasca, pero incluso aquello fue soportado porque, más allá, amenazaban los vascos irredentos e irreductibles, armados de metralla y de miseria. El lapsus que supuso el Gobierno de Patxi López  la derrota de ETA (que aconteció en dicho lapsus) sirvieron también en provecho del PNV, que solo tuvo que pagar el débil coste de orillar a su líder más carismático durante algún tiempo (Josu Jon Imaz) para enjuagar la llaga que supuso el abandono de Ibarretxe y sus vacaciones voluntarias en América.
Sí, en Euskadi hay gente de izquierdas, socialistas convencidos que creen en la igualdad y ansían una sociedad en la que los derechos no dependan del origen de cada cual, ni de la lengua que cada cual hable de modo preferente, ni de que su nombre se escriba en euskera o en castellano, pero se adscriben a una u otra tendencia o formación política siguiendo otros dictados. Olvidan su procedencia poco a poco, conforme sus hijos cambian las costumbres y aficiones, conforme se cruzan y entablan parentesco con nativos o gentes con las que no comparten su procedencia. Es normal que así sea. Lo que no resulta tan normal es que arraiguen de ese modo quienes debieran discernir fácilmente que todas las tierras son iguales y que todas las personas también debemos serlo, incluso quienes viven en lugares distantes unos de otros. Es esto lo que deja en condiciones de inferioridad a aquellas ideologías de la izquierda, puras, para las que sus posicionamientos sociales no dependen de su condición autonomista, nacionalista o independentista.
Porque cada vez que una fuerza de izquierdas se para a discutir en el bucle perverso del nacionalismo, rebaja sus exigencias y, sobre todo, se amedrenta ante las consignas absolutas con que el nacionalismo se apuntala a una sociedad tan pacata como la vasca. Cuando la Izquierda Abertzale se dispone a enardecer a sus bases no les habla de socialismo ni de igualdad, prefiere calentar sus ánimos esgrimiendo discriminaciones inventadas, subrayando comparaciones tramposas y pidiendo por todo ello soberanía y libertad,… pero ¿de qué libertad hablan? Como en el caso catalán, aunque con más tino y moderación, -Urkullu no es Más-, buscan siempre que pueden juntar sus votos con el nacionalismo del PNV para reivindicar esa independencia que siempre está coronando el horizonte como si se tratara el cortante filo de una espada de Damocles. En Euskadi, a las formaciones no nacionalistas les pesa la consideración de España en los términos que aún arrastra desde los tiempos del franquismo. Aunque los años de democracia han demostrado con creces que todo ha cambiado, el nacionalismo ha seguido cultivando la semilla del miedo en muchos de los vascos que se atreven a afirmar que “en España no nos tratan bien”.
Mientras tanto el Estatuto de Autonomía Vasco confiere a los vascos una libertad máxima después de que la Constitución Española escribiera una alusión a los Derechos Históricos de los vascos como si se tratara de una orla condecorativa de gran valor. Esta consideración fue posible por el empeño de los socialistas españoles y vascos, no precisamente por los nacionalistas, y mucho menos por los independentistas de la Izquierda Abertzale. Sin embargo, ahora mismo, la izquierda vasca sólo está compuesta por el PSE y esos pequeños grupos resultantes de la fractura de IU-EB. Demasiado poco. La Izquierda Abertzale podrá integrarse en ella, pero eso solo podrá ser después de que resuelva sus dudas respecto de la cuestión nacional vasca.
FDO.  JOSU  MONTALBAN        

lunes, 13 de enero de 2014

SOBRECOGEDOR  RAJOY
Sobrecogedoras han resultado las palabras del Presidente de Gobierno en la rueda de prensa en que ha hecho balance del año 2013, al que ha puesto el apelativo de “año de las reformas” y ha situado entre el “año del ajuste” (2012) y el “año de la recuperación” (2014). Lo más sobrecogedor de todo ha sido la frase redonda que nos ha regalado: “Tenemos un fundado derecho a la esperanza”. Cabe concluir que los españoles, una vez perdida la fe y cada vez más convencidos de que sólo la caridad podrá sacar de sus miserias y problemas a los más humildes, aún tenemos derecho a la esperanza. Pero la esperanza se define en base a lo que se espera y nunca ha sido un derecho sino un estado, incluso una virtud, teologal para más señas. Y, ¿qué es lo que define a esta esperanza que Rajoy ha anunciado?
Antes de hacernos partícipes a todos de “su” esperanza ha dicho otras frases que hay que interpretar. “Lo peor ha quedado atrás”, ha dicho el Presidente, es decir que aún puede quedar lo malo, y que esa esperanza no debe ser depositada en un tiempo y una vida irremediablemente halagüeños. Produce miedo esta frase, porque habiendo sido “lo peor” tan terriblemente malo, el espacio que media entre lo peor y lo normal aún nos puede deparar cosas bastante malas, y nuestra capacidad para resistir las adversidades se va debilitando y deteriorando.
También se dio la razón a sí mismo: “…dije que 2013 iba a ser muy duro, pero dije que mejoraría en la segunda mitad”. ¿Alguien es capaz de atestiguar que realmente fue así? Pero es verdad que el 2013, “año de las reformas”, ha sido muy duro para muchos españoles. No solo para los millones de desempleados que han padecido al escasez con el estoicismo de los patriotas más responsables, sino también para los trabajadores en activo a los que primero se les ha atemorizado convenciéndoles interesadamente de que estábamos en u túnel negro sin orificio luminoso al fondo, para después cambiarles sus condiciones laborales a peores y disminuirles sus salarios, con la coartada de que tal medida era imprescindible para mantener los empleos. Estas artimañas solo serían exitosas si el Gobierno echaba una mano opresora, y así fue que la Reforma Laboral vino a amedrentar a tantos trabajadores a los que se dejó pendientes de un hilo, y dependientes de unos sindicatos a los que no solo se desacreditó como parásitos e inservibles, sino que se les alejó de la intermediación entre los obreros y sus empresas.
Si los “ajustes” del 2012 cercenaron derechos y convirtieron el Estado de Bienestar en un leve capítulo para los libros de Historia, las “reformas” de 2013 siguieron incidiendo en lo mismo, pero para prevenir las inevitables protestas de los afectados en las calles y espacios públicos (que son de todos), el Gobierno legisló en contra de la libertad ciudadana con un objetivo: acallar las voces, ahogar los gemidos y evitar que se viera de manera ostensible el caos que ellos mismos han provocado con sus “reformas”. A tenor de tales reformas las calles se han ido llenando de reatas de españoles desempleados, de funcionarios congelados en sus salarios, de estudiantes desprovistos de sus becas, de pensionistas con sus pensiones esquilmadas por copagos farmacéuticos y demás descuentos, de intelectuales amparados por sus musas pero desamparados por el Estado al que desean servir, de profesores arrinconados en el rincón de sus aulas, de pobres y menesterosos a los que se les desarma el techo de sus casas sin el más mínimo pudor, de discapacitados a los que se les acrecienta la discapacidad retirándoles las ayudas a la Dependencia. Por eso se ha hecho una Ley de Seguridad Ciudadana que confunde interesadamente al cuitado con el violento y al cabreado con el delincuente común.
El nexo que une, según Rajoy, este “año de las reformas” con el “año de la recuperación” parece estar conformado por una mezcla de obediencia y buena voluntad. En realidad, la actitud del Presidente debería ser más comedida porque si “el plan para evitar el hundimiento y el rescate se han cumplido”, ha sido porque lo han dicho los famosos “hombres de negro” que estuvieron por España hace poco más de un mes, que no porque Rajoy y su Gobierno tengan autonomía para decirlo. Y lo de que “el 2014 será un año mucho mejor, con más actividad y crecimiento”, está por ver, porque esos mismos señores tétricos del traje negro, que no representan realmente a los europeos sino a determinadas instituciones de marcado cariz capitalista muy influyentes, ya han propuesto que deberán continuar algunas reformas, exactamente cinco, entre las que se cuentan una reforma fiscal, un nuevo empellón a la reforma laboral y alguna otra, que pueden incidir directa y negativamente en la vida de los ciudadanos.
Poco más queda para comentar de cuanto ha adelantado Rajoy, pero hay dos frases especialmente dolorosas. Una de ellas, -“el año que viene dejaremos atrás el miedo”-, exige una explicación. ¿Qué miedo? ¿Miedo, a qué o a quién? ¿Quién tiene miedo? No parece que el Gobierno haya tomado sus decisiones empujado por ningún miedo, más bien le han movido la soberbia y la altanería derivados de su mayoría absoluta muy mal entendida. A quien temen los españoles es, precisamente, al Gobierno que debiera representarles dignamente y velar pos sus derechos. A quien temen los españoles es al Gobierno que ha conseguido, sin sonrojarse, que los pobres se hayan duplicado, que el hambre haya reaparecido a pesar de que estamos en el siglo XXI. A quien temen los españoles es a este Gobierno intransigente que pone sordina a los que piden justicia e igualdad de trato en las calles de las ciudades españolas. A quien temen los españoles es a este Gobierno desmemoriado que ha hecho que el confort y el bienestar de sus ciudadanos haya llevado sus vidas a los tiempos de la Transición, solo que entonces todos estábamos por la labor de superar aquella situación, mientras que ahora el Gobierno parece dispuesto a llevarnos incluso a tiempos anteriores, más cerrados y antidemocráticos.
Y por fin la frase lapidaria: “Tenemos un fundado derecho a la esperanza”. Bella frase que contrasta con el rostro hermético de De Guindos, o con el semblante irrespetuoso de Montoro, o con el autosuficiente rostro de Wert, o con el hierático rictus de Gallardón, o con la anodinia que muestra la ministra Báñez cuando anuncia reformas contra los obreros, o con la atmósfera de intransigencia que sobrevuela el Consejo de Ministros. En este tiempo en que los derechos de las personas han sido cercenados sin un mínimo de generosidad, reivindicar el derecho a la esperanza para todos los españoles es propio de osados: siempre quedan algunas migajas en la mesa de los epulones para que las cojan los pobres que merodean por los alrededores.
FDO.  JOSU  MONTALBAN