¡PASEN Y VEAN!
La precampaña electoral actual nos está deparando muy pocas
sorpresas políticas, pero el espectáculo ya está servido. No solo en la calle
se escucha la voz de los políticos que mendigamos votos a cualquier precio, en
esta ocasión los programas televisivos de entretenimiento se están volcando en
la precampaña ofreciendo espacios a los líderes, que se comportan en ellos de
manera harto impostada. Y yo soy de la opinión de que cada cosa a su tiempo y
los nabos en Adviento, de que cada mochuelo a su olivo, porque ni los líderes
políticos pintan nada en los programas del corazón ni los agitadores de tales
programas pintarían nada en un debate político.
Que los políticos tienen una dimensión puramente humana y de
entretenimiento es algo ineludible pero, ¿es esa la dimensión suya que nos
interesa? Si no lo es, ¿por qué el empeño en mostrárnosla? Peor aún, lo que nos
muestran de ella es lo más estridente, cómo y qué cocinan, qué deportes
practican, cómo cantan o bailan, alguna habilidad especial que les adorna… Y no
es extraño ver a un líder que, sin haber expuesto ni una sola propuesta ni
haberse posicionado sobre nada concreto, se gana minutos de pantalla haciendo
equilibrios con un plato, o bailando de forma rocambolesca o endiablada una
canción famosa que estuvo de moda en su juventud. De este modo la Política se
banaliza y los políticos se prostituyen en pos del voto de los simpáticos, más
que tras los votos de los inquietos e ideologizados.
Bertin Osborne, María Teresa Campos, Motos y demás conductores
de “varietés” rizan el rizo para mostrar lo más evidente, lo que todos sabemos,
que los políticos son gente normal y variada en lo que respecta a sus aficiones
y hobbys, aunque no lo tengan por qué ser en sus convicciones, hasta tal punto
que puede darse el caso de que un líder del PP coincida con uno de Podemos o de
la Izquierda Abertzale en su afición a bailar samba, claro está que si acuden
al programa a sabiendas de ello, uno de ellos omitirá dicho gusto para no
coincidir. Es por eso que se inventan aficiones y poses para mostrar alguna
especial que les caracterice. No es extraño ver a alguno de ellos cocinando sin
mostrar la más mínima habilidad en el manejo de los utensilios de la cocina, es
decir, impostando.
Esta banalización de la Política es contraproducente porque
la desvirtúa, la desacredita aún más de lo que ya está, y tergiversa los
principios, los slogans y los resultados electorales. ¿Por qué nadie se opone a
esta práctica, mientras que sí se opone a debates serios e impone en ellos
condiciones que no propone en esas apariciones en programas de entretenimiento?
¿Será acaso que temen los debates en torno a lo ideológico y esencial, y
prefieren quedarse en el chascarrillo? Si esto es lo que han conseguido los
asesores de imagen de los líderes políticos, me atrevo a afirmar que son ellos
mismos los que le sobran a la Política. A la Política no le sobran los
políticos responsables, sino los irresponsables que, por una u otra razón, la
han convertido en un espectáculo, en Circo de la canción de Rafael Amor.
Es preciso ennoblecer la Política mediante sus propios
instrumentos, los que siempre la han acompañado: el debate, la ideología, los
principios, los valores… y para ello es pertinente desproveerla de fuegos de
artificio y ruidos impactantes. Un mitin no es un espectáculo de luz y sonido,
sino una reunión de militantes, simpatizantes y público en general que acuden a
buscar alimento espiritual, a satisfacer sus anhelos y sus esperanzas, o
simplemente a escuchar los ofrecimientos de quienes dicen que desean ponerse a
sus órdenes en el sillón de mando. La puesta en escena ha de ser importante,
sin duda, pero no ha de ser lo único. Por eso las comparecencias de los líderes
en los programas del corazón resultan, incomprensiblemente, descorazonadores.
Si la vida se resumiera en batir huevos y hacer tortillas, bastaría con hacer
un concurso cada cierto tiempo para que la Moncloa la ocupara, cada cuatro
años, el mejor cocinero, el mejor jugador de billar o el que interpretara con
mayor soltura fados portugueses, aunque su misión fuera a ser gobernar España.
Este modo de abordar la presentación de los líderes políticos
por parte de la prensa amarilla hace muy complicado hablar de ideologías, por
eso resulta tan fácil, entre una banalidad y otra, negar las ideologías por
anticuadas, o decir que ya no hay izquierda ni derecha. ¿Cómo compaginar,
mientras se enarbola una sartén humeante, el término “socialismo” con el
concepto “cebolla pochada”, o “comunismo” con “estofado”, o “marxismo” con
“salsa bechamel”? De modo que empiezo a pensar que eso de la nueva y la vieja
política es sólo cuestión de moda y costumbres, que la vieja política necesita
ideas y actitudes, mientras que la nueva solo precisa delantales de diseño; que
la vieja política tenía lugar en lugares convenientes y adecuados como las
ágoras, los foros y los parlamentos, mientras que a la nueva le basta con un
cajoncito de madera llamado televisión, menos aún, una pantalla plana en la que
el parlanchín de turno desarrolla un argumentario (que no un argumento), y se
ajusta a un guión protocolario que no admite ninguna desviación. (Vamos, como
aquel tartamudo que solo sabía decir la palabra “vermú” y haciendo grandes
esfuerzos aprendió a decir “café”, pero cuando un camarero le preguntó si quería
su café sólo o con leche, se vio obligado a pedir otra vez “vermú” para delatar
su tartamudez).
Queridos lectores, nada es tan parecido a lo que acabo de
relatar como la letra de la Canción del Circo, de Rafael Amor con la que os
dejo. Se parece bastante a cuando acontece actualmente en nuestro panorama
político y electoral:
“Pasen a ver al tonto que recibe los sopapos,/ y al trepador
que prendido al palo enjabonado/ pisando en la cabeza de cualquiera/ descuelga
la piñata y recibe los aplausos./ Ahí viene el mago que nos vende las
quimeras,/ inventa dioses, religiones y banderas,/ la paz, la verdad, las lleva
en su galera/ y a una paloma la transformará en cadena./ Pasen a ver a Talento
el gran gigante,/ que con los brazos y los pies encadenados/ ha de luchar
contra Mediocre/ el más tenaz, el más feroz de todos los enanos./ Y siempre hay
en el Circo bailarinas,/ tienen su mundo de color y serpentinas,/ parada
radiante, baila con aplomo/ y es el caballo el que corre y pone el lomo./ Ahí
van las fieras que les dicen/ y el domador bajando el brazo/ la inteligencia la
forja a latigazos,/ la historia de siempre: no hay peor tirano/ como un esclavo
con un látigo en la mano./ Allá en lo alto el equilibrista en el alambre,/ se
tambalea como un poeta en su hambre,/ se agarra a Dios, de su fe
inquebrantable7 y cambia un pan por sus sueños en el aire./ Ahí viene don
Dinero con su traje,/ con su cigarro y sus bigotes señoriales,/ peinado,
aseado, siempre está ocupado,/ es él quien lleva las ovaciones finales./ Y
cuando el circo de la vida ha pasado,/ nos quedamos de la vida en un costado…”
Y así sigue el poema de Rafael Amor, más o menos como nos
muestran a los líderes políticos y a la Política los programas del corazón.
FDO. JOSU MONTALBAN