lunes, 29 de abril de 2013

QUÉ  LE  PASA  A  LA  DERECHA?
¿Qué le pasa a las derechas europeas? ¿Han perdido el juicio o han perdido la decencia? Ellos, que tuvieron la oportunidad de formarse, de ser bachilleres y universitarios, ¿han olvidado lo que es la ética que aprendieron en los libros de texto? Ellos, que profesan creencias religiosas en la mayoría de los casos, ¿han olvidado a qué les debe obligar el ejercicio de la moral? Las decisiones que se están tomando como respuesta a esta crisis que se presentó súbitamente ante los ciudadanos tienen un denominador común: se trata de recortes que inciden en las vidas de las clases medias y bajas, están provocando un crecimiento inaguantable de los índices de pobreza, y están abriendo la grieta que separa a los ricos de los pobres hasta límites vergonzosos. La austeridad se ha convertido ya en una palabra maldita que, aplicada a las rentas más bajas, produce inquietud y sufrimiento a las personas, y aplicada a los opulentos, del modo remiso como se está haciendo, apenas les reduce el volumen de la calderilla.
La derecha está mostrando su auténtico rostro. Su disposición a pactar con los trabajadores las políticas correspondientes al llamado Estado de Bienestar ha sido flor de unos días. En cuanto han sentido amenazadas sus fortunas las han blindado para que nadie las ponga en peligro. La actual crisis, que está siendo administrada hábilmente por gobiernos conservadores (en algunos casos con la colaboración de “pusilánimes” progresistas), se ha convertido en una oportunidad inigualable para mantener sus reservas a buen recaudo. Las derechas más cerriles han impuesto sus criterios en una Europa que se tambalea, que no garantiza nada, ni progreso ni bienestar, a quienes accedieron a ella con la ilusión de encontrar en ella protección y seguridad. Europa es ahora mismo un territorio poblado de ciudadanos asustados que sienten constantemente las amenazas de unos Organismos e Instituciones que no rinden cuentas a ningún Gobierno, cuyos dirigentes no son elegidos por sufragio sino a través de negociaciones secretas en las que participan más los agentes económicos que los agentes políticos en los que se sustenta la democracia.

Hay quien dice que esta crisis de ámbito continental precisa de más Europa, es decir, que a la falta de credibilidad y confianza que caracterizan ahora al proyecto europeo debemos responder depositando aún más fe en Europa. Puede que tengan razón, pero empecinarse en un proyecto inacabado, que está llevando a los europeos al punto opuesto al que debía llevarlos, exige al menos algo de reflexión. O Europa se redefine con parámetros actuales, o Europa no sirve como proyecto. Porque la idea de Europa excedía la dimensión economicista que actualmente tiene. Si fuéramos fieles a aquella idea primera, a pesar de que no hayamos alcanzado la unión y la unidad políticas, la solidaridad nos llevaría a la concordia entre los diferentes Estados. Por poner un ejemplo sencillo, no sería de recibo –como no lo es aunque se acepte con tranquilidad- que un país como Finlandia, autosuficiente y holgado para garantizar bienestar a sus ciudadanos finlandeses, impusiera condiciones tan dolorosas y traumáticas a los demás, que gozan de condiciones mucho más desfavorables, sin compadecerse siquiera de la situación por la que atraviesan los más pobres.

El Estado de Bienestar en peligro. El Estado de Bienestar es el más amenazado, porque primero se rebajan los impuestos a las rentas más altas con la disculpa de que es preciso preservar la Economía y activar el consumo, y después se reduce el gasto público, del que viven cada vez más ciudadanos expulsados del sistema por la crisis. Se reducen la Sanidad, la Educación y las Ayudas sociales a su mínima expresión. Se ajustan las pensiones siguiendo los infalibles cálculos hechos por economistas sin sensibilidad alguna, se reducen los periodos de cobro de las prestaciones económicas a los desempleados, que crecen en número víctimas de una economía que, amparada en conceptos como la competitividad, busca beneficios a cualquier precio.

Los capitalistas, con la clase empresarial a la cabeza, no se avergüenzan al sugerir que la solución está en que los trabajadores laboren durante más horas por salarios más bajos. Los culpables, por tanto, son los obreros que no solo son tachados de holgazanes y poco productivos, sino también de derrochadores. Peor aún, quienes se van descolgando del sistema y pasan a ocupar el lugar de los subvencionados y subsidiados, pasan a llenar el amplio grupo de los sospechosos, se les tacha de desidiosos que no buscan empleo, y de tramposos que caen fácilmente en las redes del mercado negro y la economía sumergida sin denunciar a sus presuntos ilegales benefactores.

El giro a la derecha que ha anunciado Cameron en el Reino Unido adolece de todo esto, pero las explicaciones dadas para justificarle bien poco se diferencian de las dadas en España cuando se asestaron los recortes-hachazos recién llegado Mariano Rajoy al Gobierno. Para explicar el ramillete de medidas anunciadas, -rebaja de ayudas a la vivienda, disminución o supresión de ayudas a las familias, debilitamiento de las prestaciones sanitarias, entre otras-, Cameron ha dicho que “el Gobierno quiere incentivar que busquen empleo muchos subsidiados”. Se trata de una reflexión absurda porque si la oferta de empleos es tan escasa de casi nada servirá que sean muchos los que merodean las empresas demandando empleos. Una vez más la derecha quiere cargar responsabilidades sobre quienes están sufriendo con mayor rigor la crisis, en lugar de hacerlo sobre quienes fueron artífices directos de ella.

La Derecha, principal culpable. Va siendo tiempo de encontrar culpables, porque aunque cualquier negligente en el cumplimiento de sus obligaciones sociales es responsable de la situación en mayor o menor medida, más allá de la responsabilidad está la culpabilidad de quienes se comportan de modo criminal. Recientemente un empleado de un Banco europeo (HSBC) con sede en Ginebra, hizo público un listado de personas ricas de todo el Mundo que tenían sus dineros depositados allí y que, por tanto, no pagan los impuestos correspondientes a esos dineros en sus países respectivos. Curiosamente la lista contenía nombres de españoles muy señalados y, aunque la mayoría deben ser adscritos a la derecha española, también los había famosos socialistas y de otras tendencias. La lista de Falciani (en alusión al nombre del empleado del banco, que ha sido encarcelado), se ha visto completada por otro listado elaborado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Aseguran estos que el dinero que los ricos ocultan en paraísos fiscales alcanza entre 16 y 24 billones de euros, que viene a suponer más del diez por ciento del PIB del Mundo. Por tanto, estos son culpables directos de la crisis, en base a la incidencia que pudieran tener los impuestos que no pagan a sus correspondientes Haciendas. Lo son ellos, y los son los Gobiernos conservadores o de otro tipo que no les persiguen, que les ofrecen amnistías fiscales y que eluden constantemente la imposición de la famosa Tasa Tobin sobre las transferencias y transacciones financieras internacionales.

Los Bancos se han convertido en cuevas de ladrones en las que se protegen los capitales y se favorecen las productivas operaciones especulativas que con tales capitales se desarrollan. En muchas oficinas financieras a pie de calle se ofrecen créditos a precios abusivos, aunque poniendo frente a los solicitantes añagazas que les han llevado ahora a soportar la extraña culpabilidad de “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Tal es el “delito” que se aplica a muchas gentes humildes que han sido timadas y han terminado cazadas, como el ratón en la ratonera a la que se metió atraído por el olor y la fragancia del queso.

La derecha es la principal culpable, además, del escandaloso fraude fiscal al que ampara y protege mediante silencios cómplices, leyes que favorecen a los ingresos irregulares de determinadas profesiones y amnistías fiscales. No se puede decir que el progresismo se haya empleado demasiado a fondo en tales luchas, pero las derechas se han caracterizado por lo contrario. Además, el fraude fiscal solo está al alcance de los grandes capitales. En España el fraude fiscal se sitúa cerca del 25% del PIB. Según datos ofrecidos por la Fundación Alternativas, la recaudación por tal nivel de fraude sería de más de 60.000 millones de euros, el triple de lo que España abona en intereses por su deuda.

Final. ¿Han perdido las derechas la decencia? Alguien se sentirá tentado a pedir responsabilidades a las izquierdas europeas en el mismo sentido. Sí, las izquierdas son responsables de haber obrado con laxitud, de haber permitido, -por no haber reaccionado a tiempo-, casos de corrupción flagrantes, incluso de haber abandonado algunos principios y valores que siempre estuvieron presentes en sus principios ideológicos. Pero las derechas parecen haber perdido el juicio y buena parte de la decencia.

Pedro Gutierrez, en su libro “Democracia”, que incide en la crisis y sus consecuencias, incluye la interpretación de un texto de la Biblia, del libro de Ezequiel, que viene a cuento en este momento: “Cobras usura e intereses, y te aprovechas de tu prójimo con extorsión. Te has olvidado de mí, dice el Señor Jehovah. “¿Estará firme tu corazón? ¿Estarán fuertes tus manos cuando yo actúe contra ti? Yo, Jehovah, he hablado y cumpliré: te dispersaré entre las naciones y te esparciré por los países, y así eliminaré tu impureza”. Bien se ve que la palabra del profeta Ezequiel no se cumplió.

Fdo.  JOSU  MONTALBAN               

martes, 23 de abril de 2013

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Nº 682 - 13 de febrero de 2006
Manual de infractores, de Caballero Bonald  
     
  Las infracciones liberadoras
Por Josu Montalbán
En su próximo cumpleaños va a cumplir ochenta años el autor del Manual de infractores, que es un libro de poemas tan bellos como subversivos. Caballero Bonald se define como un “anarquista con gustos de burgués”, y es cierto que su obra saca conclusiones de sus viajes y aventuras, de sus vivencias a lo largo y ancho del Mundo y de la vida. Tanto ha degustado los placeres de los lupanares gaditanos como las visiones de los crepúsculos en las Islas Galápagos, tanto le han marcado las conversaciones con sus amigos en los cafés de Bogotá como la observación de la monótona lluvia en la lucerna de un cuarto triste de París. Así ha sido como este poeta de Jerez de la Frontera ha ido forjando este manual que se convierte en un libro de pensamiento porque pone más énfasis en denunciar que en relatar y, aunque en ningún momento renuncia a lo bello, opta por lo estricto y lo eficaz. Él es el infractor, es decir que todo lo que va escribiendo, –que culmina en cada poema con una máxima o una sugerente exhortación–, forma parte de su vida, es el meollo de la utopía que le llevó a la resistencia antifranquista junto a esa que algunos llaman “generación del 50” aunque él prefiera no llamarla de ese modo.
No incita a la infracción como violación de las leyes, sino como inobservancia, trasgresión o desobediencia. Frente a la falsa sabiduría del refrán “donde fueres haz lo que vieres”, plantea ese sano desorden de quien hace lo que desea, si bien desde un compromiso social y solidario. Frente a quienes entronizan como verdad absoluta aquello que se repite cómodamente en el comportamiento de las personas, sólo por el hecho de la reiteración, propone la autenticidad. “¿Sólo podrá alcanzar a conocerse/ quien descrea de todas las verdades?”, se pregunta en el colofón de uno de los poemas.
Ningún tiempo como éste para descreer, para provocar incertidumbres en nuestras propias vidas, porque el sistema (que es un dragón que nos devora y aniquila mientras, en muchas ocasiones, creemos que nos protege) sólo desea gentes sumisas. Acierta el poeta Caballero Bonald en su poema Necios contiguos: “A chorros vociferan, declaman,/ abominan del rango de infractores, gustan/ del sonsonete atroz de las tertulias,/ consisten en ser sólo lo que son:/ el eco triste de otros tristes ecos”. Así es. Hay que decir lo que dicen para que las palabras no disuenen, y respetar las normas y los usos y costumbres con la misma fidelidad con que se respetan las leyes. En realidad se respetan las leyes porque no hacerlo conlleva sanciones y castigos, pero no respetar la lógica fatal de las costumbres conlleva la postergación y el abandono, que son penas que no se cumplen en cárceles sino que se sufren en la calle, entre la gente o al borde de la gente, en esos espacios reservados a los excluidos y los proscritos.
Caballero Bonald ha dicho en una entrevista que el primer libro que leyó fue uno de Emilio Salgari. Como casi todos los muchachos que leían libros en su tiempo. Y ha dicho que nunca fue un gran luchador social hasta que acudió al Servicio Militar y, entre otras cosas, leyó un consejo que, desde un cartel, presidía una de las estancias: “Quien manda más sabe más y siempre tiene la razón”. Para un “aventurero frustrado”, que así se autodefine, esa frase es una agresión intelectual y formal. De ahí que la deriva lógica le llevara a adoptar una actitud moral frente a la dictadura. Y fue, según ha afirmado después, esta actitud moral la que le unió a los poetas y escritores de los años 50, estructurados alrededor de tertulias literarias, revistas y proyectos editoriales, alejados de su patria raptada por Franco y sus mentecatos adláteres.
Pero, ¡ay!, también son posibles las dictaduras no dirigidas por dictadores concretos. La dictadura de las costumbres admitidas por miedo o por comodidad es tan cruel como la administrada a golpe de sable. Al fin y al cabo ambas suelen ir encadenadas. Se fraguan de modo diferente porque surgen de fenómenos distintos pero, a la postre, las dos generan gregarios y sojuzgados. Dice Caballero Bonald que la utopía fue, en tiempos del franquismo, como una “esperanza aplazada”. Ciertamente que a aquella esperanza le vencieron todos los plazos cuando advino la democracia, pero a aquel aplazamiento ha sucedido otro para la utopía de los hombres libres capaces de desobedecer a tantos poderes desautorizados tácitamente por los espurios intereses que persiguen. Es en esta sublevación ante el poder de quienes imponen, donde anida la virtud de los que descreen e infringen: “...líbrame/ de desoír al infractor/ con quien pacto de grado cada noche”. Sólo en el acuerdo entre infractores podemos depositar la confianza para derrotar a este sistema que adocena al que lo acepta y excluye a quien lo cuestiona. El sistema solo quiere adeptos y gregarios, gentes que parecen seguras de todo lo que hacen aunque se muevan como dirigidos por impulsos de Pavlov. Contra ellos también arremete en otro de sus poemas: “Materia oscura, líbrame/ de lo indudable y lo clarividente,/ sálvame del irreprochable y sus acólitos”.
La persona alcanza su auténtica dimensión cuando pregona sus imperfecciones, cuando se reprocha a sí mismo las conductas propias sin preocuparse en exceso de las ajenas. “Soy aquel que se jacta de haberse equivocado/ cuando con más facilidad pudo impedirlo”. Proliferan los que convierten en modelos a imitar sus errores sólo para no doblegar el pescuezo y pedir las pertinentes disculpas. El Mundo está siendo gobernado por servidores de un orden jerárquico en el que ellos ocupan el vértice de la pirámide, pero lo hacen con la aquiescencia cómplice de quienes se apoyan en la base, apretándose unos a otros, para defenderse de los empujones que les pueden sacar de la pirámide. Ciertamente, el tiempo constituye una de las grandes amenazas porque el hoy en que vivimos trasciende del ayer y nos introduce en el miasma del mañana, al que tememos tanto porque tanto huele a aroma de plenitud como a restos de náusea. En el fondo la vida es demasiado breve para quien disfruta lo bueno y demasiado larga para quien sufre la adversidad. El “infractor” no ha de supeditarse a ese tiempo efímero que ocupa las dos efemérides más importantes de nuestras vidas: los días del nacimiento y del fallecimiento. Caballero Bonald descarga la meta atosigada del posible infractor: “Aún es la vida y ya es la muerte”, parece narrar ese instante más o menos largo que es nuestra existencia. E incluso, en su afán por quitar importancia al tiempo, se sumerge en la inmensidad de aquel verso de Cernuda que tan bien explica esa dimensión intangible de nuestra existencia: “Donde habite el olvido/ también se habrá zanjado/ la pugna del ayer con el mañana./ Ya sólo duras por lo que recuerdas”.
Este libro que adorna esa figura, por siempre abominada por los “virtuosos de pacotilla”, que es la infracción, en modo alguno escurre el bulto. Puede que la poesía tenga algunas limitaciones para expresar la contundencia, pero en este poemario cada martillazo golpea con precisión el clavo del inconformismo. Con motivo de la consecución del Premio Nacional de las Letras, Caballero Bonald ha participado en tertulias y entrevistas. También ha sido atacado, vilipendiado, precisamente por quienes creen que toda infracción es un delito y no una forma de rebelión o un modelo de resistencia frente a unas normas sólo lógicas por asumidas y extendidas, aunque no por razonables. Quizás las mayores críticas, reaccionarias y fascistas, hayan sido las que han querido rebatir sin ideas estas certeras afirmaciones del poeta: “(Este libro) va contra la estupidez de los estúpidos. Contra los gregarios. Esos que van a las manifestaciones contra el divorcio, contra los homosexuales, contra la LOE. Contra los españoles sumisos. Ese millón de españoles que ya eran así con el franquismo. Siempre hay un franquismo latente y ahora lo alienta la FAES del señor Aznar”. Pues bien, los “neofranquistas” tienen derecho a criticarle, pero la trayectoria de Caballero Bonald, rebelándose en los tiempos del miedo, la intransigencia y la barbarie, avala su posición y le convierte en un contundente infractor al servicio de los demás: infractores o sumisos. ¡Esa es su grandeza!
Se pregunta en uno de los poemas “a quién le pediremos cuentas” de esa eterna querella que se propaga por los atolladeros de la historia. Ved y leed, estimados lectores, los dos poemas extractados del libro. En Rasgos Marginales queda patente el agradecimiento y la complicidad con otros infractores. En Secta expresa la rabia que le invade ante los sumisos y adictos al poder.

viernes, 19 de abril de 2013

“HABLAR  CALLANDITO”
Cuando era niño, apenas un mocoso de cinco años, en días fríos y lluviosos solía jugar con mis amigos en el portal de la casa de vecinos en que vivía. Éramos niños y gritábamos en exceso, por eso Felipa nos reconvenía para que no despertáramos a su hijo que dormía por las tardes ya que trabajaba siempre en turno de noche. Solía decirnos: “hablar callandito”. Ambas palabras, contradictorias por separado, tenían un significado concreto: “no haced ruido”, es decir, “callaos”. Viene a mi memoria aquella vivencia repetida, precisamente ahora que son tantas las reuniones entre líderes políticos que tienen lugar en secreto, a escondidas, con disimulo, con sigilo, a la chita callando, yo qué sé cuántas palabras o locuciones verbales más podrían ser utilizadas.
Los líderes políticos demuestran con esas actitudes que tienen miedo a la luz y a los taquígrafos. Tanto miedo tienen que incluso cuando coinciden en un acto solemne, -un aniversario, una inauguración, la entrega de un premio, etc-, optan por hablar sobre la climatología y, por si alguien pudiera interpretar algunas de sus palabras (tormenta, aguacero, tempestad, etc) relacionándola con los tiempos que nos toca vivir, ponen la mano ante la boca para protegerse de esos lectores de gestos, capaces de traducir a la escritura una conversación de confesionario.
En los últimos tiempos no paran de producirse reuniones secretas, al menos no anunciadas, a pesar de que vayan a ser tratados asuntos de la máxima actualidad, que vienen siendo desarrollados en las páginas de los periódicos. Rajoy con Mas. Mas con Rubalcaba y Navarro. Rajoy con López. López con la Izquierda Abertzale. Rubalcaba con Rajoy. Toda reunión “clandestina” es posible. ¿Clandestina? Pues sí, clandestina, aunque no se haga con intención de transgredir ninguna ley. En todo caso, estas reuniones rezuman un secretismo que no va con los tiempos que vivimos. Cuando más evidente es la crisis de la democracia representativa, porque los ciudadanos quieren participar, ante la ineficacia de quienes fueron elegidos  para representarles, éstos se atrincheran y ocultan para que no les califiquen con minuciosidad.

Hay un término que se ha venido utilizando con ligereza para definir estas labores de carácter clandestino: “mover la cocina”. Al parecer la toma de decisiones políticas exige acciones como las que se desarrollan en las cocinas: confección de salsas para acrecentar sabores y mejorar aspectos, añadido de especias, dosificación de tiempos de sofrito o cocción…, pero ¿es algo parecido a eso lo que se hace en esas reuniones clandestinas? Creo que no, en todo caso los líderes acuden a estas reuniones secretas y clandestinas después de que el debate se ha convertido en conflicto y, a veces, después de que el conflicto ya ha desembocado en un caos irresoluble. Hasta que tales reuniones tienen lugar, los líderes y sus adláteres han enardecido a sus huestes y han encolerizado a sus adversarios con proclamas que, aunque se supieran irrealizables y por ende quiméricas, tuvieran el tirón propagandístico suficiente para cimentar su propio liderazgo. Solo cuando ese proceso flaquea, y ven tambalearse sus liderazgos, acuden a estas estrategias basadas en el compartimiento de los riesgos. Si no se hubieran adentrado en sus exclusivos desiertos, si no se hubieran conminado en las torres de marfil de sus liderazgos “tan almenados como frágiles”, no se sentirían tan solos y no tendrían que ocultar sus propias palabras.
Decía recientemente Caballero Bonald que el silencio “es también una buena palabra”. Puede ser que el ejercicio de la Política necesite de más silencios, pero estoy seguro de que necesita muchas menos reuniones clandestinas entre líderes. Porque los ciudadanos reclaman participación y entendimiento. Participación que vaya más allá del mero ejercicio electoral, porque los ciudadanos se han sentido burlados por los políticos y por sus promesas. Entendimiento porque tanto secretismo pactista ejercido en recovecos, cuevas o cloacas, solo denota miseria intelectual. La Democracia ha de exigir esfuerzos para que los liderazgos se cimenten en la participación social y no al revés, porque los ciudadanos siempre están presentes, mientras que los líderes mueren algún día.
Caballero Bonald, tras denunciar el hartazgo que sintió en el periodo abominable del Gobierno Aznar en España, disecciona el momento actual: “Estamos en un momento peor si cabe; la gente ya no cree en nada ni en nadie, hay mucho gregario y mucho sumiso, los corruptos  se alían con los corruptos, las ideologías se fueron al carajo, los políticos andan todo el día diciendo cosas que ellos mismos saben que son mentira. Ya solo sobreviven las manipulaciones del poder financiero”.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN    

sábado, 6 de abril de 2013

LA  DIFICULTAD  DEL  NUEVO  TIEMPO 

Aún hay tiempo. Hasta el día 26 de Abril se pueden presentar las enmiendas a la totalidad, que ya han sido anunciadas, al Presupuesto que el Lehendakari Urkullu ha presentado para este año 2013. Lo cual quiere decir que nos pasaremos (ya nos estamos pasando) más de la tercera parte del año administrándonos mediante un presupuesto prorrogado, cuyas cifras nada tienen que ver con la realidad, de modo que buena parte de los gastos que se vienen autorizando no tienen otro soporte que las cifras que propuso hace mucho más de un año el antiguo lehendakari Patxi López, y que solo debían servir para el año 2012.
Que se podía llegar a esta situación complicada lo sabían todos los líderes políticos que concurrieron a las Elecciones autonómicas últimas. Sin embargo, nadie fue capaz de mostrar este recelo cuando, en la noche electoral, cada uno de ellos comentó los resultados. Ni el PNV, cuya clara victoria imposibilitaba a los otros llegar a acuerdos que le destronaran. Ni los demás, mucho más empeñados en poner paños calientes a sus derrotas. Y por si fuera poco, en un alarde de irresponsabilidad, apenas se preocupó el PNV ganador en articular, siquiera de modo provisional, algún acuerdo que le procurase cierta tranquilidad en sus primeros y decisivos pasos. Su elección de la llamada “geometría variable” como método para ir sacando adelante sus propuestas, ha sido una decisión descabellada que resulta, como se está viendo, ineficaz. La Izquierda Abertzale tiene claro que su lucha está en el debate soberanista (donde el PNV no está, por ahora). El PSE aún rezuma un resquemor por haber sufrido en sus carnes, mientras gobernaba, los empellones de un PNV enrabietado e intransigente. El PP vasco bastante tiene con llevar la pesada cruz con la que le ha cargado Rajoy. Y UPyD, que pudiera decidir entre izquierdas (PSE y Bildu), y derechas (PNV y PP), no parece dispuesta a hacerse el harakiri.
Bien, este es mi análisis de la situación. En esta tesitura Urkullu ha presentado un Presupuesto en el que la disminución de los ingresos lleva a la restricción en los gastos. ¿Quién puede estar dispuesto a cargar con esta cruz, camino del Calvario? Nadie, porque puede ser que acabe crucificado, y porque Cristo (es decir, Dios) no hay más que uno en toda esta procesión: el Lehendakari Urkullu.
Los líderes de la oposición se muestran a la defensiva. Con el PNV y el lehendakari Urkullu contra las cuerdas, ellos apuestan porque tire la toalla en cualquier momento, ya sea retirando el Presupuesto y disponiéndose a tramitar otro, o bien convocando unas nuevas elecciones, amparándose en que la difícil situación económica, -crisis y desempleo-, precisa un Gobierno fuerte. Y yo creo que se confunden unos y otros, aunque me apresuro a decir que yo no tengo una fórmula impecable ni una varita mágica. En todo caso, la cerrazón del PNV a analizar la cifra de los ingresos mediante cambios importantes en la recaudación fiscal, que depende de las Diputaciones Forales, es contraproducente para todos, a excepción de las clases sociales más altas y adineradas. Esa, que sería la única vía aceptable para pactar con el PSE, es además la vía más lógica. Y toda vez que implicaría la retirada del actual Presupuesto para presentar otro, debería dar pie a una negociación mucho más ambiciosa que terminara en un pacto de legislatura entre el PNV y el PSE, incluso en la conformación de un gobierno de coalición.
Lo demás es hablar de pájaros y de flores. La frase de Josu Erkoreka: “La abstención facilitadora sería una buena noticia y una solución bienvenida”, más parece el “SOS” de un náufrago que la voz de un capitán de navío. Porque tal “solución” podrá devolver un poco de aliento al Gobierno que se ahoga, pero solo es la acepción en el terreno práctico en que ahora estamos del “pan para hoy y hambre para mañana”. La dificultad de los actuales tiempos no precisa abstenciones coyunturales, sino posicionamientos firmes que infundan vigor en los políticos que administran, y esperanza y confianza en los ciudadanos administrados.

Fdo. JOSU  MONTALBAN   

miércoles, 3 de abril de 2013


Cien días de Gobierno Vasco de Urkullu
LA CACHAZA DEL GOBIERNO VASCO
El día en que se celebraron las Elecciones, a las once de la noche, los resultados provocaron reacciones bien diversas. Los líderes políticos, sumergidos en las quimeras interpretativas de aquellas cifras, se entregaron al triunfalismo en unos casos, y a la conmoción en otros, pero según se ha visto las consecuencias de que aquel enrevesado puzle haya ido mostrando tan escasas posibilidades de solución  han hecho que ahora todo sean preocupaciones por parte de quienes deben gobernar, y dudas e incertidumbres por parte de quienes ven los toros desde la barrera, es decir, desde la oposición. La situación es complicada, porque el torero no muestra la valentía suficiente, y porque el toro muestra unas hechuras que provocan miedo, cuando no estremecimiento.
El resultado está siendo el cachazudo comportamiento del Gobierno Vasco, cuyas únicas actuaciones hasta este momento han sido las reuniones con los líderes políticos de los partidos presentes en el Parlamento Vasco, las realizadas con los dirigentes empresariales y sindicales, y las realizadas con los responsables del movimiento asociativo relacionado con el ámbito social y con la pacificación y la convivencia derivadas de la aún reciente beligerancia asesina de ETA. Ah, y la presentación de Un Presupuesto que Urkullu definió como “único posible”, que disminuye, en mayor o menor cantidad, todas las partidas de los Presupuestos anteriores. En tales encomiendas ha venido ocupándose el Lehendakari Urkullu que, para su desgracia, no ha encontrado ni una sola mancha o borrón que adjudicar al anterior gobierno de Patxi López. Las cuentas están al día y nadie puede vincular ninguno de los signos o amenazas de futuro a los delirios o defectos del pasado.
El PNV tenía prisa por recuperar la Lehendakaritza (Presidencia), excesiva a tenor del escaso interés mostrado por conformar un gobierno amplio y estable que solo podía conformar mediante coaliciones con EHBildu o con el PSE. Ciertamente, con EHBildu habría conformado un gobierno más amplio, pero no estable, amenazado constantemente por los delirios soberanistas de la Izquierda Abertzale. Con el PSE el gobierno sería menos amplio pero mucho más estable, por las propias características de ambos, por las experiencias compartidas anteriormente y por las concepciones del País de ambas formaciones. Pero el comportamiento del PNV durante los tres años y medio que duró la legislatura del Patxi López no favorecía ningún acuerdo. El mayor vértigo lo sintió el PNV, incapaz de pedir a sus votantes un cambio de dirección tras demasiados años de oposición a ultranza al autonomismo defendido por los socialistas vascos.
¿Qué nos deparará el tiempo venidero? Puede ser que nos depare alguna sorpresa, porque se agota el tiempo que el nuevo Gobierno se dio para aprobar un Presupuesto para el 2013. Y no sirve cualquiera: ni por los tiempos complicados que atravesamos, ni por las características de la sociedad a la que van a ir destinados, donde el paro crece en exceso y la recaudación fiscal decrece con parecido exceso. Además, ¿dónde buscar alguien que condescienda con las cifras presentadas y, al menos, se abstenga? Si lo hace mirando al PP recibirá las mismas críticas que el PP viene recibiendo en el Estado. Si lo hace mirando al PSE se verá abocado a una revisión de la política fiscal que pondrá en entredicho a la Institución más importante de cuantas gobierna, la Diputación Foral de Bizkaia. Y si lo hace mirando a EHBildu correrá dos riesgos a la vez, provocar una inestabilidad que va a ser incapaz de dominar y arriesgarse a ir perdiendo sus apoyos en beneficio de la Izquierda Abertzale, es decir, arriesgarse a criar a los  cuervos que luego le saquen los ojos.
 Mientras, el Lehendakari subraya la “crudeza” de las cuentas públicas, y ruega a los partidos de la oposición que obren con “realismo”. Desde otro lado el PSE ha dicho que el proyecto presupuestario reproduce “al pie de la letra” el ajuste que está aplicando el Ejecutivo de Rajoy en España. Y debe ser verdad, porque el popular Basagoiti también ha puntualizado en el mismo sentido: “No cuadra criticar los presupuestos de Madrid y defender los propios con ardor. ¿Qué diferencia hay entre unos ajustes y los otros?” Urkullu se obstina: “Tenemos que aplicar el rigor. Tenemos que aplicar ajustes que no se han aplicado con anterioridad, y tenemos que controlar el endeudamiento”. Estas frases, debidamente interpretadas, servirían para realzar la gestión del anterior Gobierno de Patxi López, porque los datos suministrados recientemente corroboran que cumplió los objetivos de déficit desarrollando políticas que respetaron las políticas garantizadoras del Estado de Bienestar.
Va a ser muy difícil contentar a todos.  ¿Será posible contentar a alguien, más allá de quienes votaron al PNV para que ganase? El sindicato mayoritario, ELA, ha dicho por boca de su secretario general Txiki Muñoz que “no hay ninguna posibilidad de que ELA alcance acuerdos con el Gobierno de Urkullu”. Las decisiones tomadas por Urkullu respecto de la paga extra no pagada a los trabajadores públicos, y la aprobación por Decreto de un paquete de condiciones laborales respecto a horarios y compensaciones, han constituido un banco de pruebas que ha alejado a ELA y al resto de centrales sindicales vascas. ELA ha advertido ya de que no se sentará ni participará en una nueva Mesa de Diálogo Social en caso de que se pusiera en marcha. ¿Cabe mayor rebelión?
¿Y los presos vascos? ¿Y la reconciliación, la pacificación y la convivencia entre todos los vascos? De bien poco ha servido que Urkullu haya puesto al frente de la Oficina para la Paz y la Convivencia a Jonan Fernández, en un guiño hacia EHBildu, teniendo en cuenta su vieja pertenencia a la Izquierda Abertzale. En todo caso ETA ya ha anunciado que descarta pedir perdón por el daño causado. El asesino etarra Txeroki lamentó en su momento “el sufrimiento ocasionado a todos los ciudadanos que no tenían ninguna responsabilidad en este conflicto”, pero se ha negado a seguir avanzando porque “en los últimos treinta años lo que ha habido en Euskadi ha sido una confrontación entre dos bandos, una guerra que les enfrentaba a los aparatos del Estado”. También esta patata caliente ha caído en las manos de Urkullu. El futuro es también una incógnita en este sentido.
En resumen, cabe subrayar cierta inacción del Gobierno de Urkullu, motivada por su propia debilidad y por la falta de apoyos para abordar lo más urgente: la aprobación de un Presupuesto aceptable para el 2013. Lo más evidente es que Euskadi tiene un Gobierno escasamente eficaz para las dificultades de este tiempo. Ya han pasado cien días, los cien días de cortesía. Para celebrar la fecha el Lehendakari ha reunido a más de doscientas personas, -elegidas al azar, se ha informado desde Ajuria Enea-, para rendir pleitesía a la política-espectáculo que está tan de moda desde que Obama, y otros poderosos, la utilizaron. Pidió esfuerzos y le aplaudieron, anunció recortes “inevitables” y le aplaudieron, explicó disminuciones de partidas y le aplaudieron. Hay quien dice que el encuentro fue un éxito, sin más, pero hay también quienes dicen que la razón por la que fue tan aplaudido es que no habían sido escogidos al azar. Yo me adhiero a estos últimos, porque la cortesía, tantas veces esgrimida para justificar la ausencia de críticas por parte de la oposición política, bien puede ser trasgredida por la urgencia del momento.
PRESUPUESTO Y PACTOS
El Hombre fuerte del Gobierno de Urkullu, Erkoreka, definió bien la situación actual en el encuentro del Lehendakari con los ciudadanos vascos: “Todos sabíamos que no veníamos a un balneario (sobre los Consejeros del Gobierno), sino a afrontar un reto de dimensiones descomunales”. El primer capítulo de ese reto se ha presentado ya, de forma brutal, se trata de la aprobación del Presupuesto para el 2013.
Para que alguna formación política  ampare al Gobierno en este trance no basta con buena voluntad y, si se recurre al cambio de cromos, solo el PP podría acudir a la llamada, pero los números no son suficientes entre ambas formaciones. Por eso Urkullu parece dispuesto a abandonar la “geometría variable” a la que se aferró al conocer los resultados electorales para quedar bien con todos. Ahora busca pactos serios. El Presupuesto que Urkullu pretende aprobar no es halagüeño para nadie. Con 1.200 millones menos no cabe la algarabía. Nadie puede creer que tal disminución pueda pasar desapercibida en la política diaria. Por si fuera poco, el Consejero de Hacienda ha informado de que la recaudación sigue cayendo: un 3,6% en los dos primeros meses de 2013.
La imposibilidad de tocar el capítulo de los Ingresos, a través de la reforma fiscal que el PSE pretende, aleja el acuerdo entre ambos, por ahora. De poco sirve que, usando un desglose interesado, Urkullu subraye que el gasto social supone más del 70%, porque cada partida disminuida denota que serán menos las personas y las necesidades atendidas. Es cierto que el esfuerzo es superior en la preservación de la Sanidad y la Educación, cuyas partidas disminuyen menos, pero la Obra Pública se queda en casi nada y las políticas que puedan reactivar la Economía y crear Empleo disminuyen considerablemente. Incluso la imagen social del Presupuesto se ve deteriorada por la desaparición de partidas destinadas a la Cooperación.  Poco dice el Presupuesto en cuestión de políticas medioambientales. Menos mal que la “desaparición” de ETA permite liberar algún ahorro en las políticas de Seguridad.
La necesidad de contar con un Presupuesto ha suscitado un debate nuevo: la inevitabilidad de un pacto serio y estable entre las fuerzas políticas. La voz de Urkullu pidiendo responsabilidad a la oposición ha sonado con tintes lastimeros, y su voz pidiendo “acuerdos” es apremiante. Los analistas políticos interpretan sus palabras como llamadas destinadas al PSE que, como novia despechada durante los tres últimos años en el Gobierno con Patxi López de lehendakari, sigue en sus trece y niega al PNV toda colaboración que vaya más allá del intercambio de nombres para algún puesto institucional. El analista Alberto Ayala escribió en este sentido: “Sabin Etxea soñaba con otro escenario postelectoral, confiaba en que el PNV y PP sumaran mayoría absoluta, pero no llegó. Urkullu se lanzó a gobernar en minoría en solitario, el futuro se fiaba a la geometría variable, con especial atención a los socialistas. Solo cien días después, el lehandakari, el PNV, parece confiar ya poco en geometrías de ningún tipo. El objetivo es alcanzar pactos estables con el PSE”.
Pero además, otras voces se han alzado que pretenden dulcificar las tensas relaciones entre el PNV y el PSE. La Presidenta del PNV en Bizkaia ha puntualizado que, frente a la negativa del exlehendakari Patxi López de llegar a pactos con el PNV, “hay más gente dentro del PSE que sí tiene la voluntad de llegar a acuerdos con el PNV”. Tal frase fue condimentada  con loas al socialismo vasco: “El PSE es un partido responsable, que conoce muy bien la situación de Euskadi, y recapacitará. López sabe que la responsabilidad pasa en este momento por llegar a acuerdos con el PNV”. Fue providencial que en el mismo diario en que Itxaso Atutxa hiciera estas declaraciones, el socialista Ramón Jáuregui se posicionó con tanta cautela como responsabilidad: “Lo primero que tienen que hacer PSE y PNV es negociar. Y si llegan a un acuerdo éste tiene que contemplar un pacto de amplio recorrido con la mirada puesta en el 2015 y una posible recomposición de las alianzas tras las municipales. A mi juicio el PNV y el PSE tienen que explorar esa vía (…) Si el PNV se abre a esa posibilidad será bueno para el país”. ¿Habían hablado entre ellos?
El PNV y el PSE se han encontrado, frente a frente, en este cruce de caminos: el PNV ha llegado por la amplia avenida del triunfo electoral, y el PSE por el escabroso sendero de la derrota. Han de mirarse a los ojos, bajar ambos sus cabezas en señal de humildad y compartir el destino. Porque el camino a seguir, o es compartido o será escabroso y angosto para todos. Un gran pacto, de amplio recorrido, como explicó Jáuregui, que se ocupe de lo esencial, es decir, de la vida de los vascos.           
 Fdo. JOSU  MONTALBAN                 

jueves, 28 de marzo de 2013

“ÉGALITÉ”
Así, en francés, para realzar su auténtico significado, porque parece que no nos hemos dado cuenta de la brutal amenaza que puede llegar a ser la desigualdad galopante que actualmente impera, que hace que nuestra sociedad ya no sea un buen centro de acogida para todos los que la integramos. Constituyó, junto a la libertad y la fraternidad, el lema oficial de la Revolución Francesa. Durante buena parte del siglo XXI se convirtió en un grito que los republicanos y los liberales franceses esgrimían frente a los gobiernos absolutistas y tiránicos de todo tipo, siempre a favor de la Democracia. Sin libertad ni igualdad no hay democracia, y sin democracia no hay modo consistente de resolver los conflictos sociales. Por eso la actual desigualdad que está afectando a España y a los españoles pone en entredicho la democracia que con tanto empeño hemos defendido.
España es el país de Europa donde la desigualdad es más acusada, según los datos del EUROSTAT. Hay muchos datos que permiten constatar este hecho, y hay otros muchos que permiten valorar la consecuencia más desagradable de tal dificultad: la pobreza que afecta a casi la cuarta parte de los españoles. Constantemente ponemos el énfasis en este hecho que nos entristece y nos mueve a la conmiseración hacia los pobres, pero muy pocas veces concluimos en que la pobreza de unos contrasta con la riqueza de otros, y que la brecha que separa a los ricos de los pobres, -que crece con premeditación y alevosía vergonzosas, en este tiempo de crisis-, constituye el quid del problema: la desigualdad está en el corazón de la pobreza y la convierte en insoportable para cualquier persona que se sienta humana. Si nos atenemos al Coeficiente GINI para medir la desigualdad (aceptado en todo el Mundo), que relaciona al 20% de los que más ingresan con el 20% de los que menos ingresan, solo Letonia (de todos los países europeos de los que se conocen los datos) supera en desigualdad a España. Influye en ello que más de un millón y medio de los hogares españoles tienen a todos sus miembros en el paro, y que solo el 67% de los parados recibe algún tipo de ayuda. La consecuencia es que en España se están produciendo, silenciosa o ruidosamente, trescientos desahucios de vivienda. Todo ello hace que el 22% de los hogares están por debajo del umbral de la pobreza, y que esa pobreza está afectando al 27,2% de la población infantil, es decir, a más de 2.267.000 niños. Para quien pudiera pensar que los límites de la pobreza puedan ser espléndidos o benevolentes para quienes la sufren, conviene recordar que el umbral de la pobreza se fija en 15.820 euros/año para un hogar en que viven dos adultos y dos niños.
Hay que combatir la pobreza, pero sobre todo hay que impedir la desigualdad que constituye el auténtico problema. El llamado ocaso de las ideologías ha traído consecuencias fatales. La negación de las clases sociales supone que todos, izquierdas y derechas, se sientan suficientemente satisfechas discutiendo sobre la pobreza en lugar de hacerlo sobre la igualdad. Perdido el pudor, y buena parte de la decencia, el Presidente del imperio Forbes afirmó que “todo el mundo puede llegar a ser millonario”, que es a la vez un modo de culpabilizar también a los pobres por serlo. Sin decencia alguna, -ya que la noticia ha sido redactada sin una sola crítica añadida-, Amancio Ortega aparece fotografiado bajo el siguiente titular: “Su fortuna, 44.000 millones, es mayor que el PIB de la República Dominicana”. Curiosamente la noticia recoge que “los malos tiempos para la economía española no han impedido que el número de españoles presentes en la lista de multimillonarios aumente”. Faltos de pudor y discreción aparecen en otro diario los diez directivos de las diez empresas españolas más importantes, bajo un titular elaborado con segunda intención: “Los ejecutivos mejor pagados del país se han reducido el sueldo hasta un 37%, aunque alguno sigue ganando 23.000 euros al día.”. Menos mal, porque entre los diez percibieron unos ingresos en el año 2012 de alrededor de 65 millones de euros. Haciendo una sencilla división basta para comprobar que con lo que han percibido estos diez multimillonarios habría para pagar a 4.100 hogares en el borde del umbral de la pobreza.
No será posible combatir la pobreza si no se tiene en cuenta que la auténtica perversión del sistema reside en la desigualdad. En la lucha contra la desigualdad es donde deben contrastar sus diferencias la izquierda y la derecha. El inconfundible Vicens Navarro publicó recientemente en un artículo suyo: “Un burgués en España vive casi dos años más que un pequeño burgués, que vive casi dos años más que una persona de la clase media de renta media alta, que vive dos años más que una persona de clase trabajadora cualificada, que vive dos años más que una persona trabajadora no cualificada, que vive dos años más que los trabajadores no cualificados que haya pasado más de cinco años en el paro. La diferencia de esperanza de vida entre un burgués y un humilde trabajador de tantos como viven en España es de diez años, mientras que en la Unión Europea es de solo siete años”. Esto ocurre, además, porque nuestro Estado de Bienestar está deficientemente desarrollado, o sea, que las políticas públicas, ni en el capítulo de transferencias públicas (pensiones), ni en el de servicios públicos (sanidad, educación, servicios sociales, vivienda, exclusión social…), no alcanzan a resolver la importante desigualdad inherente al sistema capitalista. No alcanzan porque la carga fiscal es en España la más baja de la Unión Europea de los 15.
Además, la izquierda española parece haber olvidado sus principios. El viejo lema marxista: “A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus habilidades”, basado en una interpretación humanista del comportamiento de los ciudadanos ante la colectividad, contrasta con lo que pensaba un ministro socialista del último gobierno de Zapatero, que propugnaba que “los impuestos no están para redistribuir la riqueza sino para obtener ingresos”. En la práctica se está viendo que tampoco están pensados para obtener ingresos, al menos no en cantidad suficiente para atenuar la pobreza que se viene instalando en nuestra desigual y desequilibrada sociedad.
En su libro “Derecha e Izquierda. Razones y Significados de una distinción política”, Norberto Bobbio expresó qué fue lo que motivó sus reflexiones: la constatación de que se venía generalizando la impresión de que la distinción entre derecha e izquierda carece de sentido. Yo también pienso, como él, “que las expresiones izquierda y derecha no se refieren solo a posiciones acuñadas a lo largo del tiempo, sino también a intereses y valoraciones relativas a la dirección que habría que dar a la sociedad”.  La desideologización de la izquierda, empeñada en competir con la derecha usando sus mismas armas es un hándicap en la búsqueda de la igualdad, es decir en la lucha contra la desigualdad. La “meritocracia” se ha convertido en una disciplina que tanto las derechas como amplias franjas de las izquierdas consideran infalible, pero supone la perpetuación de la desigualdad existente en cada momento. Prolifera la convicción en las derechas de que la libertad ha de estar por encima de la igualdad, hasta el punto de que la idea de la libertad ha de prevenirse aunque sea a costa de mantener las desigualdades existentes entre las personas. Esta actitud propia del más burdo liberalismo es criticada por Bobbio: “El liberalismo se inspiró en un ideal de libertad, pero es inútil ocultarnos que la libertad de iniciativa económica ha creado enormes desigualdades, no solo entre hombre y hombre sino que también entre Estado y Estado”.
Sin embargo, los complejos que interfieren en las mentes de las izquierdas cuando reflexionan sobre sus líneas ideológicas para resolver los problemas que aquejan a los ciudadanos convierten su excesiva mesura en ineficacia en la lucha contra la desigualdad. El sociólogo Squella , en un trabajo dedicado al libro de Bobbio, proclama que “asistimos hoy en la izquierda a una evidente crisis de identidad y de autoestima. Son pocos en ese sector los que continúan llamándose hijos de la Revolución de Octubre y que mantienen aún el brazo en alto y la mano empuñada, lista para asestar un golpe mortal a la burguesía”. De todos modos resalta las palabras de Bobbio: “El criterio más frecuentemente adoptado para distinguir la derecha de la izquierda es la diferente actitud que asumen los hombres que viven en sociedad frente al ideal de la igualdad (…) la izquierda valora más la igualdad que el desarrollo y la democracia más que el orden, mientras que la derecha mientras que la derecha y los independientes tienden a dar primacía al desarrollo sobre la igualdad y al orden sobre la democracia”.  
La lucha contra la desigualdad debe constituir la estrella polar de la izquierda, también ahora y aquí, en esta España tan desigual que, a pasos agigantados, va convirtiendo en súbditos a quienes debieran ser ciudadanos, igualmente dotados y, por eso, igualmente libres para tomar sus decisiones.  Como Bobbio, hago hincapié en la igualdad como seña de identidad de la izquierda, pero “no solo la igualdad ante la ley, o en cuanto a la participación de los ciudadanos en las citas electorales, ni siquiera en la igualdad de oportunidades: más que todo eso hay que perseguir la igualdad material, es decir, la igualdad en las condiciones de vida de la gente”. La razón de ser de los derechos sociales ha de ser una razón igualitaria. Todos los derechos sociales, debidamente desarrollados, han de reducir las desigualdades, aminorar las distancias entre quien tiene y quien no tiene. Todo derecho ha de redundar en una mayor igualdad.
Égalité. Igualdad. Esa ha de ser la utopía que debemos perseguir ahora. Igualdad en la diversidad. Iguales en nuestras posibilidades materiales, que nos permitan poder ser diversos y diferentes siguiendo los designios de nuestras voluntades libres. En suma, ser iguales para poder ser libres. ¡Égalité!

Fdo.  JOSU  MONTALBAN

miércoles, 20 de marzo de 2013

 RAMON RUBIAL LEHENDAKARI
El poeta Senghor dijo a Sabato, refiriéndose a los viejos abuelos de las tribus de su Dakar africana: “La muerte de uno de esos ancianos es lo que para ustedes sería el incendio de una biblioteca de pensadores y poetas”. La muerte de Ramón Rubial ha supuesto algo parecido. Con él, se ha ido un archivo viviente, un anecdotario extenso y diverso en el que cabía todo un siglo de historia y una pléyade de hechos y vivencias que, oídas de su boca, sonaban con ternura, sin rabia, pero preñadas de sapiencia y didactismo. Sí, sin rabia, a pesar de que su dilatada vida hubiera pasado por vicisitudes penosas, años de cárcel, exilios y esos tiempos de congoja que deben ser las dictaduras para quien, como él, sólo entendía de libertad.

A su muerte se desataron las alabanzas y los homenajes públicos. Fue despedido con honores de lehendakari, pero en vida, jamás fue tratado como tal, a pesar de que de su mano se abrió paso la democracia postfranquista en Euskadi. Durante mucho tiempo le ha sido negada su condición de lehendakari de todos los vascos, sin duda, por no haber sido nacionalista. Y ello, también a pesar de su grito “¡Gora Euskadi Askatuta!” en el momento de resultar elegido lehendakari de aquel primer Consejo General Vasco que dirigió con tanto tino. Claro que su grito de libertad no tenía el sentido que los nacionalistas le dan. ¿Cómo no iba a desear la libertad quien tanto tiempo la había deseado por no sentirla?. ¿Cómo no iba a vocearla también para su pueblo quien había vivido varios años desterrado de su casa, de sus amigos, de sus gentes?.

Ramón Rubial no ha sido un personaje cualquiera. Su inveterada costumbre de hablar lo justo y en el tono adecuado, nunca demasiado alto, le alejó de la notoriedad que otros han conseguido pregonando boutades y verdades a medias. Ramón Rubial fue un tornero con capacidad para pensar y extraer enseñanzas y eso, en nuestra Bizkaia clasista de otros tiempos, era un hándicap, mucho más que una virtud.

Y Ramón Rubial ha sido un socialista consecuente que ha proclamado, como máximos, valores tan sencillos como el trabajo, la humanidad, la tolerancia y la sencillez. Si a ello unimos su justo sentido de la medida y su ejemplo, Rubial era un hombre “peligros” para tanto charlatán como hay en la vida pública, intentando dirigir el destino de todos.

Con Ramón Rubial se ha ido el preso vasco que más tiempo ha pasado en la cárcel. Más de veinte años oscuros por defender la dignidad de las personas frente a la brutalidad de un régimen de gobierno brutal. De él he oído decir, -a Alfonso Guerra, al teólogo Díaz Salazar, entre otros-, y con razón que comparto, que era el Mandela vasco. Bien mirados, algo tenían en común: sus sonrisas placenteras, sus manos arrugadas y abiertas, su hablar pausado, como reminiscencias de tantos años de espera y de esperanza.

Me pregunto ahora si los vascos no hemos perdido demasiado tiempo buscando interlocutores en otras partes del Mundo para la consecución de la paz, cuando le teníamos entre nosotros. Me pregunto ahora si nuestro Ramón Rubial no hubiera sido la persona idónea para resolver eso que algunos llaman el “problema vasco”. Porque Ramón era casi tan “viejo” como ese problema y, además, llevaba en su pecho una ideología y un sentimiento humanista fundado muchos años antes. Por si fuera poco representaba para muchísimos vascos, de su partido y de otros, la vieja memoria que ayuda a interpretar los tiempos. Todo lo tenía menos el ser nacionalista. O tal vez le sobraba ser socialista enamorado de la causa de la emancipación de los hombres, uno por uno, hacia la ansiada felicidad.

Con la muerte de Ramón ha ardido una biblioteca y ha desaparecido un pensador. Necesitó morir para escuchar el “Gora ta gora” en su honor, como lehendakari. Nunca es tarde. Ahora hay que buscar la plaza o el espacio más bello (de Abandoibarra, por ejemplo) para rendir tributo al primer lehendakari de la democracia. La merece ese hombre de quien bien pudo haberse inspirado Blas de Otero: “y volví a recomenzar mi vida/por el poder de una palabra/escrita en silencio/Libertad”.


JOSU MONTALBAN

lunes, 11 de marzo de 2013

SORTU:  BATASUNA,  DE  NUEVO
Diez años después ha vuelto Batasuna a nuestras vidas. Han cambiado su nombre, pero han variado muy poco sus caras, en todo caso sí han modificado sus semblantes. Nada, de cuanto ha trascendido de su Acto (re)constitucional, supone un cambio demasiado excesivo del que se produjo cuando ETA anunció que abandonaba la lucha armada. La simbología ha sido cuidada hasta sus últimos extremos, empezando por el lugar en el que ha tenido lugar ese acto (re)constitucional de SORTU, que se llama El Baluarte, en Pamplona, es decir “una fortificación en la parte exterior de la muralla de Pamplona”, en un auténtico bastión. Más simbología: la presencia de Arnaldo Otegi, tan notable, a pesar de que se encontrara en la cárcel de Logroño. Más simbología: el ex recluso Kandido Zubikarai leyó también un comunicado enviado por el colectivo oficial de presos, EPPK. Más simbología aún: la nomenclatura de algunos de los cargos adjudicados no ofrece dudas: Resolución del conflicto (Rufi Etxeberría), Lucha Ideológica y de masas (Iosu Lizarralde y Marije Fullaondo), Lucha Institucional (Permach), etc… La “lucha” siempre presente.
La llegada, por fin, de SORTU acontece diez años después de que Batasuna fuera ilegalizada, y tras ocho intentos fracasados de burlar a la Justicia y a los ciudadanos vascos intentando presentarse a las elecciones mediante formaciones políticas de ocurrentes nombres y ocasionales líderes de barro, tras los que se ocultaban los mismos que ahora se han colocado al frente de SORTU. Por todo esto la “nueva” formación ha de ser recibida con la debida mesura, sin lanzar las campanas a vuelo en tanto no se definan en el destino que pretenden para sus presos, o en el tratamiento que debe darse a los terroristas de ETA que aún merodean por Euskadi Norte y Sur, con algún delito en sus conciencias y algunas pistolas en sus bolsillos.
No debemos dudar de que el cambio producido ha sido muy importante, pero las palabras nunca son neutrales del todo, y la pregunta contenida en el mensaje de Otegi es contundente: “¿Hemos interiorizado, explicado y compartido suficientemente el profundo calado del cambio estratégico que hemos puesto en marcha,.., o creemos que la única diferencia en la estrategia futura es que ha desaparecido la lucha armada?”. Produce un poco de inquina que todo pueda obedecer a una “estrategia”, y no al convencimiento ético de que las extorsiones y los asesinatos pertrechados en nombre de Euskal Herria han constituido una realidad tan brutal como miserable, por más giros y retruécanos que se hayan querido usar para explicar el inexistente “conflicto político”. Inexistente en el plano político, que no en el social y convivencial, provocado por la estricta existencia de ETA.
Sin embargo, la manipulación constante de la propia opinión y de la opinión pública por parte de SORTU va a marcar el tiempo venidero. De momento se reunirá con todos los partidos de Euskadi, a excepción del PP o UPD, que vieron morir a algunos de sus partidarios a manos de sus amigos de ETA. Curiosa forma de sonreír, siguiendo el modelo esbozado en el comunicado de Otegi como “otra forma de enseñar los dientes”, o sea, mostrar los dientes afilados al PP mientras piden medidas extraordinarias a favor de sus presos encarcelados. “Nuestra prioridad son los presos”, dijo Arraiz, “ahora y siempre”, y harán todo lo posible para que “estén con nosotros lo antes posible”. Estas frases contundentes, salpicadas con apelativos como “criminal” para referirse a los Estados español y francés en sus comportamientos carcelarios, debería hacernos pensar que, habiendo sido tan beneficiosa para todos la renuncia de ETA a la lucha armada, la reconstrucción de SORTU en el Baluarte de Pamplona, en modo alguno  supone que SORTU se haya convertido en un baluarte o bastión de nada: ni de la izquierda ni de la libertad. Batasuna ha vuelto, pero su evolución no permite aún que se le de el alta médica.
FDO.  JOSU  MONTALBAN     

jueves, 28 de febrero de 2013

LA  CORRUPCIÓN  POLITICA
Da la impresión de que la corrupción está en todos los lados. Sí, es cierto. Pero cuando echa raíces en el ámbito de la Política, es decir, cuando se convierte en un hábito malsano y criminal de quienes gestionan las Instituciones públicas, la corrupción se convierte en un virus mortal para la democracia y un impedimento brutal para la convivencia de los diferentes.
La sociedad está compuesta por gentes diferentes: personas que viven de modo diferente, que hablan en idiomas diferentes, que se comportan siguiendo costumbres diferentes, que desean vivir en entornos diferentes, que participan de códigos de conducta diferentes… Quienes desde la Política pregonan que desean proteger y fortalecer la democracia y la convivencia pacífica, quienes se exponen a la elección de los ciudadanos después de haber desplegado ante ellos sus propuestas, han de partir de un punto común para todos, en el que estén garantizados unos comportamientos básicos fundamentados en la ética y la moral, que al fin convergen en un punto: el de la decencia. Ahí, en ese punto, deben coincidir las izquierdas y las derechas, los republicanos y los monárquicos, los nacionalistas, los separatistas y los centralistas, los vascos y los andaluces (por nombrar solo a algunos). Por eso, cuando los fenómenos de corrupción son descubiertos en el seno de una formación política, ha de ser esa formación la que empeñe su palabra en defenderse, pero el resto de formaciones han de medir sus reacciones, porque es la democracia y la convivencia las que están en juego, y no los resultados de las elecciones más próximas.
Cuando la corrupción ensucia a un partido político, el relato de los hechos viene acompañado de señales que corresponden a un tiempo y a un ámbito determinado. El tiempo siempre se corresponde con el esplendor y el predominio de un partido en las Instituciones. El ámbito se circunscribe a las propias instituciones y sus aledaños. Sin embargo, las instituciones tienen la misión de gestionar los servicios públicos, y de administrar los dineros públicos. Cualquier práctica perniciosa que desvíe fondos públicos hacia las manos o los intereses de los dirigentes de los partidos debilita los servicios públicos y enflaquece las arcas de las que sale el dinero destinado a sufragarlos. Por tanto, lo que la corrupción comporta no es solamente una trasgresión de quien se corrompe, sino una merma del papel que el Estado debe ejercer como protector de los ciudadanos y mantenedor de un orden social determinado.
Recapitulemos. ¿Qué han hecho los partidos políticos cada vez que un caso de corrupción ha afectado a alguno de sus dirigentes o cargos representativos? Lo primero, negar la mayor, mostrar una extrañeza perfectamente impostada ante las denuncias y construir una pared alrededor de los hechos denunciados. A partir de ese momento los líderes políticos se las han visto y deseado para buscar la coartada que permita sembrar suficientes dudas sobre las denuncias, como para que no se puedan resolver fácilmente. Peor aún, algunos recurren a la hemeroteca para desenterrar algún otro caso en sentido contrario, es decir, desarrollar la que se ha dado en llamar técnica del calamar: extender la tinta de tal modo que nadie quede libre de culpabilidad. Esta actitud no tiene por objeto resarcir de culpa a los denunciados, sino extenderla de tal modo que lo que debe ser percibido como una excepción se perciba como la regla de actuación más extendida. Se trata de una muy perniciosa actitud, impropia de quienes tienen la valiosísima misión de servir a la sociedad desde una ideología y unas instituciones que son de todos. En realidad quienes actúan de tal manera parten de la irresponsable equivocación de cree que es a la dirección de su partido a quien tienen que rendir cuentas, en lugar de hacerlo ante todos los ciudadanos. ¿Por qué? Porque en su partido encuentran una enfermiza complicidad.
Confunden voluntariamente el “reino” en el que viven y se protegen con el “reino” al que han de servir. Digo “reino” para equiparar mi reflexión con un texto de Confucio en el que relata un viaje en que llegó a un lugar y le informaron: “En este reino impera la virtud: si el padre roba, el hijo lo denuncia; y si el hijo roba, lo denuncia el padre”. A lo que Confucio respondió: “En mi reino también impera la virtud, pues el hijo encubre al padre y el padre encubre al hijo”. O sea, que cuando el político decide que se debe solo y preferentemente a su partido, y no a la sociedad a la que sirve, la corrupción se generaliza con mucha más facilidad. Este recurso al siempre socorrido Confucio no sirve como disculpa, ni para la inmundicia e indecencia de los políticos corruptos ni para la actitud conmiserativa y cómplice de los partidos.
Ante la eclosión hedionda y corrupta aparecida en los últimos tiempos en el seno del PP, la sociedad se muestra tan asustada como encolerizada. No le faltan razones porque la reacción de los líderes políticos es remisa e inútil. La palabra de moda es “transparencia”, es decir que se pueda ver todo. Sin embargo, hay legislación suficiente para advertir a los ciudadanos en general, -y por tanto, también a los que se dedican a la Política-, que apropiarse de lo ajeno es un delito, que no cumplir las leyes lleva inevitablemente a la pena y al castigo, además del descrédito público. ¿Por qué es necesario complementar esa legislación general con otras leyes específicas? Principalmente porque los partidos políticos han venido comportándose como auténticos refugios de atrevidos corruptos que han puesto la financiación de sus partidos en el frontispicio de sus fechorías, pero al mismo tiempo se han enriquecido, ellos y los dirigentes a cuyas órdenes han actuado. Han dicho algunos líderes políticos que “es necesario que los posibles corruptos sientan miedo a las penas que les puedan causar sus corrupciones”. Creo que se trata de una sublime estupidez. ¿No será mejor que los partidos políticos cuiden los comportamientos de sus afiliados sembrando buenas dosis éticas en ellos? ¿No será mejor que los partidos adopten comportamientos y reacciones de forma ejemplarizante cada vez que se presente un caso en su seno? ¿No sería mejor, de cara a mostrarlo ante la sociedad a la que sirven los partidos, que se subraye con menos ahínco la presunción de inocencia de los denunciados, teniendo en cuenta que en escasísimas ocasiones los imputados han resultado inocentes?
Creo que los partidos políticos, empeñados en la transparencia, pueden llevar a propuestas inverosímiles que redundan en lo ya existente. Se habla de la creación de una Unidad Anticorrupción específica para esos casos, que estaría formada por “inspectores incorruptibles” (tal término empieza a ser acuñado) que actuarían en todos los ámbitos. Bien, de acuerdo, pero ¿existe la incorruptibilidad: cómo se mide y comprueba? Se habla de impedir que las empresas implicadas en supuestos de corrupción no puedan contratar con organismos ni empresas públicas. También está bien pero, aunque sea verdad que a cada corrompido corresponde un corruptor, ¿no estamos hablando ahora de la corrupción de los políticos de forma específica? Se habla de que los delitos de corrupción precisan juicios homogéneos en sus conceptos e interpretaciones, por lo que será bueno que sean todos ellos juzgados por la Audiencia Nacional. Bien, aunque la Justicia, si es justa siempre, también será homogénea siempre. Y se dice que deben prohibirse las donaciones a los partidos políticos por parte de empresas privadas. Esta sí es una postura lógica porque quien dona a un partido (ideología) político ha de hacerlo a través de un proceso de reflexión que le lleve a apoyar una determinada causa política o social, y eso se hace desde la conciencia en su versión más genuina y profunda, que las empresas no tienen. De modo que solo queda la medida de publicar las cuentas públicas, las contabilidades de los partidos políticos y las declaraciones de la renta de los líderes. Pues bien, de eso trata la famosa transparencia que se pretende implantar mediante una ley específica.
Todo el dinero que cae en manos de quien nunca debiera caer es dinero robado a todos, uno a uno, a cuantos ayudamos a contar los cuarenta y tantos millones de habitantes del país. Se trata pues de regenerar el ámbito político y social, máxime en este tiempo en que son demasiados los españoles desempleados que sufren carencias muy importantes, los españoles amenazados por la pobreza, por los desahucios, por la pérdida de derechos básicos, por la reata de recortes y hachazos que, en algunos casos, ponen en práctica los mismos que condescienden con la corrupción y disculpan a los presuntos corruptos. ¿Basta con la transparencia? Probablemente no será suficiente ahora que está la corrupción en todas las páginas de los periódicos, salpicando inmundicia a todos los que han ocupado las instituciones en alguna ocasión y han ejercido el poder sin miramientos éticos. Ahora los ciudadanos reclaman confianza, que quienes dicen ir a las instituciones con vocación de servicio se comporten como servidores y no como amos.
Porque muchos de los episodios de corrupción que han tenido lugar, han sido protagonizados por partidos y por líderes políticos a los que se había votado de forma muy mayoritaria y se les había dado carta blanca para que gobernaran a sus anchas. Más aún, ha habido casos en que corruptos confesos han concurrido a nuevas elecciones y también han sido votados mayoritariamente. La consecuencia es que han de ser los propios partidos políticos los que laven su cara y se presenten ante los ciudadanos con una nueva faz, mucho más risueña y, además mucho más comprometida. Si los líderes políticos afrontaran los problemas de los ciudadanos aportando soluciones concretas en lugar de culpabilizarles de su propia situación, como hacen en muchas ocasiones, éstos les mirarían y valorarían con menos recelos y prevenciones.
Resumiendo. Sí a la transparencia, pero mientras no haya autoinculpaciones, los ciudadanos no van a confiar en políticos obstinados en mantenerse en el poder, erre que erre y pese a quien pese. Produce un bochorno asqueroso que la corrupción, que se muestra de forma tan nítida a los ojos de los más sencillos y normales, pase tan desapercibida para los más poderosos. ¿No creen ustedes que las leyes de transparencia, al final, adolecerán de las mismas limitaciones a la hora de ser interpretadas y aplicadas que otras leyes actualmente vigentes? Si el funcionamiento interno de los partidos políticos fuera democrático y escrupulosamente ético en todas sus facetas, su proyección externa también lo sería. Han de ser los partidos los que crucen el Rubicón, antes de que lo cruce la sociedad entera.
FDO.  JOSU  MONTALBAN  

sábado, 23 de febrero de 2013


EL PESO DEL TIEMPO

Hallábame admirando las bellas obras “arquitectónicas” que exponían los agricultores, en una de esas ferias que proliferan en los pueblos vascos, que pretenden mostrar cuanto tiene que ver con nuestras gentes del campo. Antes había admirado los más variados productos: pimientos gigantescos, patatas de formas caprichosas, gallinas autóctonas con plumas hasta en las patas, quesos artesanos, panes sabrosísimos, flores vistosas junto a flores menos vistosas, txacolis de todos los colores y setas que complacen el paladar más exigente compartiendo lecho con otras tan letales como una leve sospecha del inspector Gachet. Hallábame en ese trance cuando le ví cruzar la plaza con un bastón oscuro envuelto aún en un plástico transparente.

Conozco a ese Hombre desde hace poco menos de medio siglo. Por eso me sorprendió verle con el bastón sin estrenar en la mano. Si hubiera sabido de sus intenciones, le hubiera regalado uno de los veinte bastones, -algunos de ellos, artísticos-, que integran mi humilde colección. Conozco bien la integridad de ese Hombre, su sentido de la hombría, su fortaleza e incluso esa debilidad que casi todos los humanos ocultamos tras un falso halo de fiereza y valentía. Conozco bien su austeridad, rayana con la tacañería, que no le hubiera permitido jamás comprar un bastón para una colección ni siquiera para adornar un rincón de su casa. Por todo esto me sorprendió verle con el bastón empaquetado cruzando entre los mirones sin mirar a nadie.

El ha conocido el doble de calendarios que yo. Su cuerpo delata este detalle nada accesorio. Por eso a casi nadie sorprendía que, dada su vejez, cruzara la plaza encorvado, pero no cabizbajo, y ensimismado en sus pensamientos, pero no taciturno. Pero a mí sí me sorprendió, porque mientras yo he ido madurando él ha ido acorchándose; mientras yo he ido haciendo méritos para presentarlos no sé dónde, él ha ido reuniendo los méritos hechos como si supiera ya donde tiene que presentarlos. De pronto la visión de ese Hombre apoyado en el bastón golpeó mi conciencia y alertó mi sensibilidad. ¡Cómo no pude comprender antes que un casi nonagenario podría necesitar cualquier día de un bastón sólo para transportar tanta vida, tanto sudor, tanto esfuerzo y tantas vivencias!. ¡Cómo he podido olvidar que un bastón es, sobre todo, un instrumento que ayuda a soportar el peso del paso del tiempo, aunque pueda ser artístico y coleccionable!.

En mi colección de bastones hay varas de mando, cachavas de monte, cayados de pastor, porras de vaquero montañés y estilizadas piezas propias de aristócratas caprichosos. Cualquiera de ellos hubiera evitado que ese Hombe austero se viera obligado a un dispendio de más de mil pesetas que, surgidas de su cartera, le habrán dolido también en el alma...., pero la vida pesa y las piernas que trasladan cada humanidad precisan complementos. Además ese Hombre austero no desea ya mandar, ni subir al monte, ni cuidar ganado, ni presumir de gentleman. Sólo desea vivir, apoyar sus ochenta kilos sobre el bastón y, de vez en cuando, desperezar un sueño sobre la curvatura de la manija acompañándose de sus manos y sus recuerdos... Y porque sólo precisaba eso, su bastón es clásico, nada complicado.

Aún no les había dicho que ese Hombre es mi padre.

Mi hija, que apenas acaba de acceder a la vida de los adultos con sus 19 años, no dedica un sólo segundo a mirar ó admirar mis bastones. Es lógico. El bastón de su abuelo es, a su vez, lógico para ella. “Si lo necesita y anda mejor con él...”, suele desdramatizar. Y yo que estoy en el espacio intermedio en que empieza a ennegrecer el futuro y la vida a convertirse en alarmante rutina, comienzo a reflexionar en torno a dos inquietudes: ¿Será mi colección de bastones una provocación ante el paso del tiempo?. ¿Será el bastón de mi padre una premonición para mí?. Entre la vacuidad de un lujo (mi colección de bastones lo es) y la plenitud de una necesidad (el bastón de mi padre representa eso precisamente), el peso del paso del tiempo me hace reflexionar sobre la realidad que nos va encorvando y desluciendo hasta que no reflexionamos más y apoyamos toda nuestra humanidad en un bastón de cerezo, de brezo o de caoba que nos convierte en aristócratas auténticos.

JOSU MONTALBAN

jueves, 14 de febrero de 2013


DOCTOR AREILZA, EL MEDICO DE LOS MINEROS



“Los personajes de los mejores retratos están en su mundo,
en su tiempo, en aquellos años de nuestra amputada edad,
pero también en este, en el ahora mismo”

(Antonio Muñoz Molina, Diciembre 2007)



Mientras me documentaba para escribir el libro “El Doctor Areilza: el médico de los mineros”, -que forma parte de la cuidada y bella colección “Bilbainos Recuperados”, editado por Muelle de Uribitarte Editores, bajo el patrocinio de la Fundación Bilbao 700, del Ayuntamiento de Bilbao-, Muñoz Molina publicó un artículo en un diario nacional, del que destacaba el texto con que inicio este artículo, y también el libro recientemente publicado. La acertada precisión de Muñoz Molina me lleva a una inevitable pregunta respecto del personaje de mi libro: ¿qué tipo de personaje sería el Doctor Areilza en este tiempo, ahora mismo?

No son, ciertamente, éstos como aquellos tiempos en los que el Doctor vivió, quizás porque no es posible que los tiempos se repitan, pero el bilbaino Enrique Areilza hubiera estado presente en todos los ámbitos de la ciudad y de la sociedad como lo estuvo entonces, reconduciendo la filantropía de los acaudalados patronos mineros en beneficio de quienes, llegados de todos los lugares vascos y regiones españolas, pusieron su sudor, su fuerza, su integridad y su vida incluso, al servicio de aquellas fortunas. De ese modo estaban aportando cuanto estaba en sus manos al crecimiento de Bilbao y Vizcaya en una época en que se estaban fijando las bases de la Economía vizcaína y vasca que ha sobrevivido hasta hace bien pocos años.

El periplo vital del Doctor discurrió en tiempos difíciles. Las entrañas de la tierra tintineaban entonando la sinfonía de la avaricia. A la llamada de la fortuna acudieron los acaudalados de la Villa dispuestos a trepanar la corteza de la tierra vizcaína. Era muy antigua aquella llamada. Los tomos de la Historia Natural de Plinio relataban los signos de la abundancia en aquellos montes de Triano donde iba a ser instalado el primer Hospital Minero, justo al lado de las minas, para el que fue elegido el Doctor Areilza como Director. Era el comienzo de 1981 cuando partió desde su querido Bilbao a aquella tierra roja de Triano. Le esperaban veinte años de trabajos a las órdenes de aquellos patronos que, alertados por los excesivos accidentes producidos en los tajos y por sus consecuencias, sentían perjudicadas su economía y su moral en exceso.

Enrique Areilza inició su travesía con escasa experiencia. Recién llegado de París, donde había culminado sus estudios cursados en Valladolid, los patronos mineros le eligieron entre varios aspirantes, movidos por las alabanzas de algún profesor del Doctor por la intuición de que su inexperiencia se tradujera en la práctica en un director moldeable, maleable y fácil de manejar, pero Areilza no podía caer en tales errores después de haber vencido incluso la resistencia de su madre para aceptar el cargo. Ella, que era una mujer de carácter fuerte, quería un hijo de postín, quizás un honoris causa o un doctor que platicara en las conferencias y simposios internacionales, en lugar de un médico dispuesto a calzar sus botas para bajar a las entrañas de la tierra en busca de heridos poco avezados quizás o miserables.

Le habían llamado para curar a los accidentados, intervenir quirúrgicamente a los más dañados y ayudar a vivir posteriormente a quienes quedaban impedidos para el trabajo en las minas, pero sus reivindicaciones ante ellos siempre pusieron su acento en aspectos menos científicos, mucho más humanos. “Nuestros anhelos deben dirigirse a suprimir los trabajos intensivos y a aumentar los salarios”, repetía constantemente en las mesas de los patronos. Ciertamente sus conocimientos podían atenuar los rigores y consecuencias de un accidente pero había siempre un empeño previo en su mente: conforme comprobó que aquel Hospital se quedaba pequeño por la proliferación de heridos requirió con urgencia que había que humanizar las condiciones en que trabajaban y vivían aquellas personas.

Desde la ventana de su despacho, en lo más alto del hospital, veía como se iban desarrollando las faenas: los jornaleros picaban sin descanso apenas separados por un par de metros, apresurándose en exceso en llenar los vagones quienes trabajaban a tarea, extenuados por la fatiga los que llevaban demasiadas horas trabajando, quienes trabajaban sometidos a jornada laboral rígida. Desde la distancia sentía el agotamiento de aquellos forzados y el riesgo de morir víctimas de una voladura, un desprendimiento o el golpe del pico de algún compañero despistado. Las frases del Doctor Areilza empezaron a ser lapidarias para sus patronos: “¡Estos hombres vienen aquí a trabajar y a vivir! ¡No vienen a morir!”, repetía. Y alertaba a sus acaudalados protectores: “Con lo estudiado no basta. La Medicina puede curar los males y aliviar a los accidentados, pero no curará jamás ni la codicia ni las ansias desmedidas”.

No le bastaba al Doctor con observar desde su atalaya. Con frecuencia se calzaba sus botas altas (el calzado que utilizó con más frecuencia durante su estancia en Triano) y salía a caminar por los poblados mineros. En ellos veía las carencias más básicas, las condiciones higiénicas de aquellas viviendas insalubres en las que cualquier enfermedad encontraba su mejor hábitat: falta de agua, ausencia de retretes y excusados, “camas calientes” que permanecían ocupadas durante las 24 horas del día, hacinamiento, habitaciones compartidas por adultos, ancianos y niños sin discriminación de sexos. Su misión, más allá de la específica como médico, pasaba por la humanización de aquellos lugares. Por otra parte sus acendradas convicciones morales estaban basadas en una inquietud por la formación cultural que le llevó a crear una tertulia en la Fonda Arrien en la que se hospedaba, donde se discutía sobre todos los asuntos. Desde allí procuró mejorar las condiciones de vida de aquellas familias humildes atribuladas por la escasez y, por su fuera poco, por una epidemia de cólera que se extendió con especial virulencia en aquellos núcleos en que las condiciones de vida eran las más propicias para la epidemia.

Su fama como cirujano alcanzó niveles muy importantes. Además de su experiencia en el Hospital Minero sus múltiples viajes por el extranjero no solo le sirvieron para compartir conocimientos y perfeccionar nuevas técnicas, sino también para hacerse con la tecnología más avanzada, de la que se hacía sin contar con la decisión de los patronos, determinando que si ellos no estaban dispuestos a mejorar la dotación instrumental del hospital, sería él mismo el que corriera con los gastos.

A su afán viajero unió sus dotes como organizador y su autoridad. De todos los estamentos vizcaínos era requerido para poner en funcionamiento servicios y proyectos nuevos. Dirigió los trabajos de coordinación para aislar y erradicar la peste de cólera de Vizcaya y, posteriormente, encabezó el equipo de políticos y facultativos que instauró el Hospital de Basurto. Fue más tarde la creación del Sanatorio para Niños Tuberculosos en las dunas de Górliz. No llegó a materializarse en su totalidad la Escuela para lisiados y tullidos que diseñó por mandato de Indalecio Prieto. Sí, por iniciativa exclusivamente suya la creación del Sanatorio Bilbaino que más tarde cedería a sus compañeras infatigables, las Siervas de Jesús. Su gran espina fue no conseguir una Universidad pública para Bilbao. Muchas de sus iniciativas perseguían que eso fuera una realidad. Lo hubiera logrado fácilmente si hubiera renunciado a algunos de sus principios o los hubiera transgredido siquiera temporalmente. Durante la dictadura de Primo de Ribera fue llamado a ocupar la Alcaldía de su pueblo, Portugalete, pero rechazó el ofrecimiento. Algunos meses después recibió la negativa del gobierno para la creación de la Universidad pública en Bilbao.

He preferido hacer hincapié en el aspecto en que su actividad fue más eficaz, pero Enrique Areilza fue un bilbaino comprometido con su tiempo. Nada le era ajeno de aquella sociedad compleja en la que liberales y carlistas andaban a la greña. Educado en un hogar estricto en el que la tradición era una ley inviolable, vivió su niñez en el corazón del conflicto. San Francisco, donde nació y vivió, y Bilbao la Vieja daban cobijo a gentes llegadas de muy lejos a trabajar, o a vivir de los que trabajaban. Su madre y sus familiares más directos (tras la pronta muerte de su padre) solo le dictaban sentencias de sublime religiosidad para preservarle de la epidemia maketa que llegaba a trabajar en las minas y en la prostitución. La explosión económica traía consigo riesgos porque los obreros, faltos de disciplina familiar por vivir muchos de ellos desplazados, hacían su vida en los bares, nublados por el alcohol y enfervorizados por el sexo y la prostitución. La niñez del Doctor Areilza discurrió allí, en aquel ambiente que su madre Ramona detestaba.

De aquella confusión y aquella euforia ante la abundancia surgieron comportamientos e impulsos políticos. Los patronos quisieron dirigir los destinos políticos desde una formación paternalista llamada La Piña. Compraban votos y ocupaban puestos políticos con el único objetivo de hacer medrar sus empresas. Desde sus palacetes en el borde del mar, venían a las casonas del Campo Volantin bilbaino donde habían instalado sus oficinas, para dirigir sus negocios y ver los barcos que transportaban sus mercancías, a través de la ría, hacia Francia o Inglaterra. El nacionalismo vasco emergía de la mano de Sabino Arana, hijo de carlistas, que juzgaba como un peligro la invasión de aquellos llegados de fuera, tildados como maketos. Y Pablo Iglesias ya había atisbado que Vizcaya era el lugar ideal para extender el ideario socialista del PSOE que había fundado en Madrid. Perezagua , un toledano radical en ideas y formas, fue el enviado por Iglesias con tan encomiable misión.

Eran también tiempos de esplendor cultural de Bilbao. Cuando el Doctor Areilza abandonó Triano como lugar de residencia para instalarse en Bilbao, la villa bullía. Liceos, sociedades culturales, bancos, centros de negocios, asociaciones, cámaras y centros de todo tipo de relaciones sociales afloraron por doquier. Los Cafés, ornados con señorío y elegancia, cobijaron reuniones y tertulias que convirtieron Bilbao en una ágora. El Doctor Areilza fundó y mantuvo varias tertulias en las que participaban los bilbainos más ilustres, entre ellos, el Rector Miguel de Unamuno, con el que el Doctor mantuvo siempre una relación de amistad y rivalidad basada en equilibrios hábilmente calculados.

Da para otro artículo como éste referir buena parte de esa vida pública que hizo del Doctor Areilza uno de los bilbainos más insignes de su tiempo. (Seguro que en números posteriores de este BILBAO podré extenderme en esa faceta que completa mi libro). El Doctor Areilza escribió poco, principalmente en forma de cartas, pero su escritura firme y directa, alejada de parabienes y condescendencias, hace de sus cartas auténticos legados en los que queda patente su autenticidad.

Aunque las obras literarias dejan de ser de quien las ha escrito para ser de quien las lee, me permito advertir antes de soltar amarras al libro “Doctor Areilza, el Médico de los Mineros”, que nunca ha pretendido ser una biografía. Es más bien una recreación de un personaje insigne que me ha permitido abrir mi pecho y mi mente a los lectores mediante esa especie de disección de la vida del Doctor Areilza, que es el libro.

Fdo. JOSU MONTALBAN