lunes, 21 de octubre de 2013

¡PATXI,  QUÉDATE!
Si Patxi López se queda en Euskadi, -que es lo que debe hacer-, el socialismo vasco tiene alguna posibilidad de remontar el vuelo con cierta celeridad. En todo caso, podrá hacerlo mucho más rápido que si opta por el abandono. He dicho “abandono” a sabiendas, pues como tal lo entienden cuantos, afiliados o no afiliados al PSE, han cambiado impresiones conmigo al respecto. La legislatura en la que ha ejercido la Lehendakaritza, aún reciente, constituye un bagaje de gran valor, porque es evidente que supuso un haz de luz tras las sucesivas legislaturas del lehendakari Ibarretxe, plenas de dudas, en las que solo el Plan que lleva su nombre alcanzó la efímera “gloria”. Patxi López ha sido capaz de serenar la política vasca a pesar de que el nacionalismo se empeñara una y otra vez en el intento de convertir el debate político en un simple intercambio de reproches.
El socialismo vasco debe seguir siendo la alternativa real al actual gobierno nacionalista. Y eso solo será posible en la medida en que consolide las pautas marcadas durante el Gobierno último. El acuerdo que ha firmado con el PNV, y con el Lehendakari Urkullu, no hace otra cosa que prorrogar la legislatura de Patxi López. La reforma fiscal acordada había sido propuesta por Patxi López en muchas ocasiones, si bien el “socio” de gobierno de entonces, el PP, no parecía el adecuado para llevarla a efecto. Del mismo modo, solicitar en aquel momento colaboración al PNV, “opositor” y cabreado durante todo el periplo, hubiera sido como pedir peras al olmo. Por tanto, ahora que las tesis socialistas se han abierto camino, bueno será que permanezca en la liza quien tantas veces las intentó activar. Además, el acuerdo PNV-PSE ha nacido de una evidencia certera: Euskadi necesita pocas estridencias y buenas dosis de estabilidad. Ambos ingredientes quedan garantizados con Patxi López al frente del socialismo vasco. ¿Estarían garantizados con otros protagonistas? Desde luego que no con la misma contundencia.
Desde la llegada de la Democracia, tras la muerte de Franco, los socialistas vascos hemos visto como los sucesivos líderes han dado la impresión de utilizar el crédito adquirido aquí como trampolín para ubicarse en Madrid. Asó ocurrió con Txiki Benegas (que derrotó al mismísimo PNV en unas elecciones autonómicas), con Ramón Jáuregui y con Nicolás Redondo. Pudiera ser que ahora se reprodujera el mismo esquema. Si así fuera el socialismo vasco debería reestructurarse de nuevo, pero con el hándicap importante de que ahora mismo los socialistas ocupan el tercer lugar en el escalafón del Parlamento Vasco.
Es evidente que las aspiraciones personales son cosa de cada cual, pero la Política exige que tales aspiraciones deban ser interpretadas teniendo en cuenta algo más que lo meramente personal, como son el servicio a la ideología y al partido político en que se sustenta. En ese sentido la continuidad de Patxi López en la Política vasca es una garantía para los socialistas, para la izquierda y para la sociedad vasca. Dado el importante paso de acercar posturas que parecían irreconciliables entre nacionalistas y socialistas, tras los desencuentros provocados por la cicatería de Ibarretxe y la desconfianza de Redondo (que fue quien rompió el Gobierno de coalición entre el PNV y el PSE) conviene que los contenidos del actual acuerdo sean administrados con mimo por quienes deben sentirse más responsabilizados: Urkullu, como lehendakari, y Patxi López como principal inspirador de los contenidos del acuerdo.
Será bueno para todos. Va siendo hora de que los socialistas vascos, fieles a nuestra condición de ser el partido político (de los actualmente existentes) que antes se implantó en Euskadi, concedamos a nuestra misión en este lugar la importancia y la trascendencia que tiene. El compromiso del PSOE con la sociedad vasca comenzó a fraguarse diez años antes que el del siguiente partido en implantarse, que fue el PNV. La ideología socialista siempre encontró el mejor caldo de cultivo en la sociedad vasca, variada y compleja, en la que el desarrollo industrial y minero, con sus industrias complementarias y auxiliares, compartió rigores con el comercio y el sector primario. Hoy, nuestra sociedad no es la de entonces, pero sigue siendo exigente y un buen campo de prueba para el socialismo moderno.
Puede ser que mi llamada no llegue a surtir efecto; que Patxi López opte, -por voluntad propia o por imploración ajena-, por acudir a la endiablada lucha por el liderazgo del PSOE, pero estoy convencido de que, en este preciso momento, son bastantes quienes pueden ocupar la Secretaría General del PSOE, mientras que el liderazgo del PSE puede verse profundamente debilitado si él se va. Por eso, ¡Patxi, quédate!
Fdo.  JOSU MONTALBÁN    

sábado, 19 de octubre de 2013

CONTAGIO  DE  LA  INSOLIDARIDAD
“Lo peor es el contagio”, decía mi tía María, soltera ella a pesar de su edad avanzada, que EL  ejercía con sus sobrinos la excelente misión maternal que su soltería no le permitía tener en propiedad. Lo primero era aislar al febril para que nadie se acercara demasiado y contrajera la enfermedad. Algo parecido está ocurriendo en la España actual en la que afloran regionalismos por todos los lados como respuesta a nacionalismos existentes desde el ayer de la Historia. Peor aún, incluso sin disfraces nacionalistas ni regionalistas hay líderes políticos que se aferran a localismos o singularidades con el fin, a mi modesto entender, de perpetuarse como cabezas de ratón tras haber comprobado que ni siquiera llegarán nunca a ser cola de león.
El caso catalán está provocando un efecto contagio de complicada interpretación. La gran cadena humana con que Cataluña celebró la última Diada ha provocado reacciones dentro y fuera de Cataluña, en el seno del nacionalismo –sea el catalán, el vasco o el gallego, por nombrar a los tres históricos dentro de España-  y también fuera de él, que ha afectado a los dos grandes partidos españoles. Nadie ha permanecido quieto ni callado, probablemente porque la espectacularidad de la cadena humana entre los Pirineos y los aledaños de Vinarós, asustó en exceso. Después de ese día, que dejó perplejos a casi todos, todo han sido posicionamientos estratégicos adoptados con la urgente necesidad de no quedar descolocados para el futuro. Casi nadie se ha parado a diagnosticar con detalle la situación generada: ni los antecedentes ni los consecuentes efectos de la flagrante demostración de fuerza del “pueblo catalán”. Sin embargo, llevamos escuchando bravuconadas y reacciones exacerbadas desde el famoso día de Septiembre.
En ninguna de las regiones (nacionalidades o naciones) españolas en que existen grupos nacionalistas éstos son homogéneos. Ideológicamente se trata de grupos dispares, casi antagónicos algunas veces, que coinciden en un día del año, cuando se trata de subrayar sus patriotismos. PNV y la Izquierda Abertzale (IA); CIU y ERC; BNG y los nacionalistas gallegos menos identificados. En las tres comunidades “históricas” las formaciones nacionalistas pugnan entre sí oponiendo el posibilismo a las imposibles utopías que ellos llaman “soberanías”. En el caso de CIU la cosa se complica porque a la intransigencia del convergente Mas se opone también el pragmatismo del unionista Durán i Lleida. La nostalgia sentimental que siempre acompaña a los nacionalismos moderados encuentra un escollo fundamental en el activismo patriótico de los nacionalismos intransigentes que creen que un Estado nuevo se genera y forma en un pispás, solo porque a algún iluminado se le ocurra convocar un referendo, no de autodeterminación sino de terminación de un vínculo tan serio y potente como el que une a todos los pueblos de España.
El PNV y la IA vasca también han hecho sonar sus campanas. Cataluña es el modelo a seguir, cadena humana mediante, pero saben de la dificultad, y no siempre las mismas intenciones suministran los mismos resultados. Por de pronto el PNV ha preferido desmarcarse y hablar de “nuevo status”, además de que se debe contar con acuerdos amplios para iniciar cualquier aventura. Sobre la IA aún pesa la espada de Damocles de la existencia de ETA que, aunque inactiva, obliga a sus huestes a mantener equilibrios siempre difíciles. El PNV está cómodo en España, como quien reside en un barrio que él considera de las afueras de la ciudad y constantemente se pregunta en voz alta cuándo se va a mudar al centro, en dónde a él le gustaría residir, pero nunca se responde porque sabe que vive muy bien en su casa. En el fondo ninguno de los dos siente la necesidad apremiante de la independencia porque se sienten más realizados reclamándola que administrándola.
Pero el asunto no se queda solamente en esas regiones con marcado arraigo del nacionalismo. En Cataluña más, y en Euskadi también, los partidos de ámbito estatal hacen filigranas para parecer lo que nunca deberán ser. En su simbología y en sus comportamientos externos, tanto el PSOE como el PP han dejado de complacer a aquella mayoría de sus bases y simpatizantes procedentes de la emigración interna española, que acudían en masa a los mítines durante la Transición, y vibraban con las canciones de Antonio Molina, o perdían la compostura a los sones del pasodoble “Y viva España”. Aquello ya se acabó. Ahora, quienes acuden a los locales de aforo reducido que han sustituido a los frontones, plazas y polideportivos de entonces, llegan hasta ellos a los redobles y sones de la txalaparta y de la triki trixa; tocados con txapela (que no boina) en Euskadi y con la barretina en Cataluña. Todo ha cambiado porque en ambos lugares los votos dependen más del envoltorio que del contenido de las propuestas. En ese contexto hay que valorar también que el constitucionalismo del PSOE y del PP se muestre siempre dispuesto a acomodarse a las circunstancias más frágiles.
Tras la Diada, el PSC se ha resituado en el federalismo como forma de Estado y como medio de relación con el Estado español. La necesidad de situarse en Cataluña ha empujado al PSOE a reclamar el mismo federalismo en España. Eso sí, un federalismo asimétrico. No deseo defender ninguna forma de centralismo a ultranza pero, ¿no es acaso nuestro Estado de las Autonomías mucho más descentralizador y respetuoso con las diversidades que cualquier Estado federal? ¿No suena algo grotesco, desde el más absoluto respeto, pensar en La Rioja, o Murcia, o Cantabria, como estados federales? La España de las Autonomías requiere retoques que hagan compatibles unas regiones con otras, que hagan compaginables todas las situaciones y contingencias, que generen consanguinidad entre todos los españoles, en lugar de constantes controversias. Pero de ahí a voltear el Estado para contentar los delirios localistas va un abismo. ¿Y qué decir de la propuesta de la líder catalana del PP, Alicia Sánchez Camacho? Sólo desde un egoísmo absoluto se entiende que se pretenda un nuevo modelo de financiación para Cataluña que pone límites a la solidaridad interterritorial limitando el fondo que ha de destinarse a tal fin. Del mismo modo su propuesta convierte a las comunidades más pobres en vasallas de las más ricas, pues de eso se trata cuando propone que las ayudas que se concedan desde ese fondo sean finalistas. De modo que la soberanía catalana para gastar sus fondos tendrá que ver con la dependencia constante de las comunidades pobres para gastar el dinero que les llegue. Los ricos reirán a carcajadas mientras los pobres serán obligados a, como mucho, sonreír en agradecimiento.
Quien crea en el Estado como una institución viva y solidaria deberá cuidar mucho la cohesión interna. Si Cataluña, Euskadi o Madrid son más ricas que el resto lo son también, y sobre todo, porque el Estado se esmeró invirtiendo más en ellas que en otras regiones españolas. No es verdad que en el Sur vivan los vagos y en el Norte los diligentes. El principal progreso comercial, industrial, de infraestructuras o financiero se produjo en las regiones españolas nombradas, las más ricas, de la mano de capitales muy poco o nada nacionalistas o regionalistas. De modo tal que la Historia destruye la idea mal conformada de que unos españoles viven a costa de los otros: los vagos y pobres a costa de los ricos y diligentes. Seamos serios en las apreciaciones que hacemos. Urge revisar el Estado de las Autonomías pero sólo para resolver las deficiencias que chirrían. No, desde luego, para cargarse la solidaridad interterritorial.
Bien poco cabe esperar de este Gobierno del PP que, ley tras ley, se viene cargando uno a uno los derechos de las gentes, de los ciudadanos. De ese modo, la solidaridad es una entelequia fácilmente confundible con la caridad, que suele ser además de escasa arbitraria. Y se ha cargado la solidaridad entre quienes trabajan y quienes no trabajan con la Reforma Laboral; entre las generaciones con la Reforma de las Pensiones; entre sanos y enfermos con la implantación del copago… En suma, entre ricos y pobres con todas y cada una de las medidas que toma, siempre discriminatorias, siempre descohesionadoras. En esas políticas también se fundamenta el hecho de que el Estado sea cada vez más débil, incapaz de mantener sus vínculos históricos.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN     

martes, 24 de septiembre de 2013

ETA: ¿QUIÉN  PORTARÁ  EL  TESTIGO  DEL  DESARME?

Cuando los vascos nos ponemos a opinar sobre la violencia nos encontramos con un hándicap importante: el apasionamiento. ETA, que tiene a sus espaldas 829 asesinatos después de muerto el dictador Franco, ya recibe el rechazo casi unánime de la sociedad vasca, pero no ha sido repudiada formalmente. Y ello a pesar de que 343 de sus asesinados fueran personas civiles. Aún son demasiados los que se sienten plenamente complacidos con el anuncio del mes de Octubre del 2011 en que los encapuchados de ETA anunciaron el cese definitivo de las muertes. Pero quienes ejercieron de embajadores suyos, en las Instituciones y en la calle, la Izquierda Abertzale (IA), se consideran plenamente rehabilitados tras el anuncio de los etarras. Sin embargo, en medio de esta especie de calma, todo sigue pendiente. Es verdad que no hay nadie que preconice la vuelta al terrorismo de la banda, ni siquiera que la atisbe a muchísima distancia, pero tampoco se insiste con contundencia en la idea de que ETA aún existe, porque sigue emitiendo comunicados dirigidos a sus presos y, por elevación, a la opinión pública, y debiera disolverse de una vez por todas para dedicar todos sus esfuerzos a liquidar el “negocio” y ayudar a sus presos en ese trayecto final que pudiera traer consigo las excarcelaciones a corto o medio plazo de buena parte de ellos. El entramado abertzale (IA), formado por las múltiples fórmulas y denominaciones de la ya vieja HB ha parido organizaciones bien diversas, que ahora compiten entre sí para adueñarse del éxito final.
Desde su creación en 1959 ETA ha protagonizado épocas muy diferentes. Si encontró grandes dosis de complicidad mientras Franco fue dueño y señor de España, a partir de la celebración de las primeras Elecciones Generales, en el año 1977, comenzó a germinar un escepticismo en la sociedad vasca que, como la española en general, ansiaba la democracia. Que la Democracia constituía ya un empeño irremplazable estaba más que demostrado en aquellas Elecciones a las que concurrían todos los partidos que retornaban de la clandestinidad, con figuras tan emblemáticas como Dolores Ibarruri “la Pasionaria”, Santiago Carrillo, Ramón Rubial, etc… Allí estuvieron las fuerzas nacionalistas vascas, también las de la izquierda política, si bien que lo hicieron con todo tipo de reservas, hasta tal punto que negaron su presencia en el Parlamento español si no se daban algunos pasos previos como la amnistía.
Quizás pueda parecer reduccionista pero como lo que este artículo pretende abordar es el momento actual bueno es sintetizar los muchos pasos que han tenido lugar. Desde la Mesa de Alsasua (1978) en que surgió Herri Batasuna (HB), con el apoyo de KAS (que aglutinaba a toda la IA) y ETA-militar, hasta nuestros días, la inestabilidad ha estado presente de forma continuada en ese espectro socio-político vasco en el que el poder de las asociaciones y formaciones de carácter civil han estado constantemente supeditadas al control y el dominio de la organización “militar” y terrorista ETA. Pero la presencia tan peligrosa como agobiante de ETA empezó a provocar reacciones. Los atentados se sucedían con frecuencia, las extorsiones continuas acabaron por conformar una especie de red para la financiación del grupo terrorista mediante el llamado “impuesto revolucionario”. Fueron asesinados concejales y miembros de los partidos políticos no nacionalistas, miembros de las Instituciones del Estado, jueces, empresarios y personas de la más variada condición, pertenecientes al estamento militar y a los Cuerpos de Seguridad del Estado. Curiosamente ETA no atacó a la Iglesia en la que convivían quienes eran capaces de proteger a etarras en las sacristías y quienes actuaban como chivatos.
ETA y la IA tensaron la cuerda hasta el límite sin medir las consecuencias. El Estado respondió y lo hizo con contundencia. Primero fue la persecución policial, tras algunos episodios de guerra sucia y parapolicial no admisibles, mediante un despliegue de fuerzas y cuerpos de seguridad bien coordinados, en el que la Ertzantza se involucró con profesionalidad y medios, no en vano también había aportado muertos al devaneo de los terroristas. Después fue la persecución legal: aprobación de una legislación antiterrorista específica que culminó en una controvertida pero eficaz Ley de Partidos. Aprobada en Junio de 2002 ha devenido en una ley necesaria para terminar con el descaro y la impunidad con que ETA usaba los resortes legales de la sociedad civil para su pervivencia y buena parte de su financiación. Es cierto que la Ley de Partidos generó inquietud, en un principio en quienes se sentían más directamente afectados y concernidos, pero después también se pronunciaron organismos internacionales como Amnistía Internacional o el Consejo de DDHH de Naciones Unidad, entre otros. Ambos mostraron inquietud pero en ningún caso propusieron medidas derogatorias. La IA, ejerciendo de forma encomiable su condición servil a ETA, no dudó en formular críticas y recurrir los contenidos de la Ley ante Organismos Internacionales que, en prácticamente todos los casos, nunca les dieron la razón.
Las actuaciones del Estado frente a la IA siempre fueron controvertidas porque la IA no era una formación entusiasta sin más, ni la formaban vascos/as románticos/as que quisieran ser independientes. Quizás sus creadores así lo pensaran, sin embargo, terminó por ser una amalgama potente en que cabían ideólogos meticulosos y brutos desahuciados de todos los parajes intelectuales pero, eso sí, sometidos a una dirección hermética e inamovible en la que avezados jurídicos y profesionales de gran valía intelectual han sido capaces de provocar justamente hasta evitar venganzas, de agitar a sus masas sin que se les cayeran por los bordes atribuladas por el cansancio excesivo. Aunque muy pocos lo remarquen resulta esclarecedor que la dirección actual de la IA aún esté integrada por quienes ya figuraban en ella hace más de doce años. Algunos pocos han sido incorporados para dar muestra de cierta renovación, pero los Permach, Moreno, Barrena, Rufi, y sobre todo Arnaldo Otegi (en la cárcel, aunque conservado por la IA como un icono de infinito y reconocido valor) están aún en la vanguardia, amparando al habilísimo abogado Iñigo Iruin que es el encargado de dar forma jurídica a cuanto surge de la IA, e incluso de los aledaños de ETA. Es cierto que niegan este punto porque los miembros de la IA se cuidan mucho de pronunciar el término “ETA” para evitar cualquier tentación de quienes les acechan para inculparles si fuera necesario.
La situación actual, con la IA en las Instituciones de la mano de BILDU y de SORTU, y ETA afectada por el anuncio de cese definitivo de la violencia, sigue siendo complicada. Las encuestas realizadas entre los ciudadanos, vascos y españoles en general, por las empresas de prospección son contundentes. El terrorismo de ETA, que constituyó el problema más acuciante para los ciudadanos, ya no aparece en toda la lista. En su lugar no ha aparecido ningún otro epígrafe nuevo que tenga que ver con las razones que ETA y la IA esgrimían para explicar la existencia y la acción de los terroristas. La conclusión ha de ser que el problema vasco ha sido, exclusivamente, la existencia de ETA. ¿Cabe hablar a partir de ahora de “conflicto vasco”? No, salvo que se explique muy bien a qué nos estemos refiriendo. Y ello a pesar de que la sociedad vasca haya sido amenazada, intranquilizada, degradada y difamada por mantener y proteger a tantos desalmados que miraron para otro lado cuando algunos cadáveres se desangraban en sus calles.
La evolución ha demostrado que el “conflicto vasco” que se ha solido poner sobre la mesa ha sido ficticio, aunque los grupos políticos, -y las organizaciones sociales generadas por ellos para su servicio-, se empeñen en sacar provecho del final de ETA. ¿Quién puede arrogarse el final del terrorismo? La respuesta a esta pregunta da para muchos escritos, para infinidad de artículos de opinión, para un tratado que enfoque la respuesta desde los dictados de la Historia, pero la política exige respuestas rápidas mucho más eficaces para servir al oportunismo electoral que a la Verdad.
Se nos dice que será en este próximo otoño  cuando ETA entregue las armas, y se especula  con que ese desarme obedezca a un tributo pagado por la dirección terrorista, de forma unilateral, a la IA o al Lehendakari Urkullu. Todos están en la línea de salida dispuestos a recibir el testigo que ETA entregará a uno solo de cuantos le esperan. ETA se lo entregará a quien ella quiera. Quisiera hacerlo a quien garantizara de forma gratuita la liberación de todos sus presos pero eso, hoy por hoy, resulta imposible. ETA, en esta tesitura, no desea acabar como una proscrita , pero la utilidad de entregar el testigo de su desarme a la IA o a Urkullu  es parecida, pero no es igual. Lo lógico será que anuncie su desarme en nombre de las víctimas que ha producido, lo cual pudiera suceder si se ofrece al Gobierno Vasco (no a Urkullu) como Institución Pública que representa a todos los vascos, ya que no lo hará ante la Institución que representa a todos los españoles, ya que sus víctimas lo fueron y muchas de ellas fueron asesinadas allende el País Vasco. Será absurdo que recurran a sus alentadores de la IA, ahora bien acomodados en alcaldías, concejalías y diputaciones forales. Y más absurdo aún que se convoque nuevamente a “sabios” internacionales (de sabiduría muy poco contrastada, por cierto) para anunciar algo tan sencillo.
La respuesta está en el viento. Es tiempo de espera en el que toda especulación parece gratuita. Constatado que la paz parece ya definitiva, solo nos queda la pregunta: ¿Quién portará el testigo del desarme cuando llegue a la meta?
Fdo.  JOSU  MONTALBAN                 
EL  HOMBRE  CABIZBAJO
En mi pueblo vive un hombre cabizbajo. Su cerviz se ha ido encorvando hacia delante conforme sus ilusiones han ido decayendo y sus esperanzas han perdido la confianza. Nunca fue cabizbajo. Tampoco fue altivo ni altanero. Como tantos otros salía a la calle a comentar con los más cercanos las noticias de los telediarios, pero entonces las noticias no eran tan impactantes, no inquietaban. Ahora ya apenas habla de fútbol, ni de toros, ni siquiera de esas noticias de la prensa del corazón que llenan los programas de las tardes. El opio del pueblo no va con él ahora que le falta lo más básico.
Hace solo ocho años era un trabajador cotizado y optimista del que decían que en materia de instalación de aparatos de climatización y aire acondicionado para las viviendas, no había otro como él. En aquel tiempo trabajaba de sol a sol, según lo precisaran los muchos compromisos que en los tiempos del boom inmobiliario de la construcción hacían que los trabajos siempre tuvieran que realizarse de hoy para mañana. Ganaba más que lo suficiente y, además, la larga lista de trabajos pendientes, hacía que nunca le preocupara en exceso el futuro que se mostraba halagüeño, lleno de buenos presagios y felices esperanzas. Ni siquiera atisbó la nueva situación que le esperaba cuando empezó a tachar renglones de aquel listado de trabajos pendientes que siempre llevaba en su bolsillo.
Sí, por las calles de mi pueblo pasea un hombre cabizbajo. Su mentón se apoya en el pecho como si de ese modo soportara todos los impulsos que anidan en su corazón afligido. Ya son casi dos años de resignación ante la tozuda realidad que le impone vivir sin esperanzas. En las oficinas del paro, -desempleo, prefiere decir él-, la atenta chica que le atiende solo le habla del tiempo que hace, como si de ese modo estuviera señalando que la climatología, buena o mala, es lo único de lo que puede gozar ahora que está siendo considerado un “parado (desempleado) de larga duración”. Cuando le dijo que sólo le quedaba la posibilidad de cobrar el “subsidio”, sintió una rara sensación porque algunos días antes había visto un programa de televisión que entre los sinónimos de la palabra “subsidio”, uno de ellos es “socorro”, así que las palabras de la chica retumbaron en su interior. Salió de la oficina más abatido de cómo había entrado. Su camino de regreso a casa se le hizo eterno, la cabeza le pesaba en exceso y su mirada araba surcos de impaciencia sobre las baldosas de las aceras. En casa le esperaba un sillón amplio de mimbre, tapizado con dos cojines, que aún quedaba reservado exclusivamente para él, reminiscencia del tiempo en que llegaba a la casa contento aunque terriblemente cansado.
Aquel día le dijo a su mujer que aquel sillón preeminente ya no le correspondía a él, que ya se había convertido en una carga molesta para aquella familia, que el sillón debía ser ocupado por cualquiera de los niños que eran los que mantenían la ilusión de la casa. Se sentó sobre el sofá de tres plazas, mucho más acostumbrado a las estrechas posaderas de los pequeños, que a aquellas horas estaban en el colegio. La mujer le miró desde el centro del salón con un toque de conmiseración y una gran sonrisa. Se subió a horcajadas sobre sus piernas y le dijo al oído que le quería mucho más que cuando estaba trabajando y se sentía útil. Permanecieron durante bastante tiempo en aquella posición, mirándose a los ojos, contándose el cuento de dos cómplices pobres sumidos en una melancolía pasajera que, a pesar de todo, eran capaces de sentir la felicidad. Fue el día en que el hombre cabizbajo contó a su mujer un buen ramillete de secretos. Primero se complacieron el uno al otro, y luego fue desgranando aquella batería de secretos que tenía confinados en los escondrijos de la memoria. De ese modo descubrieron que había algo más que las benignidades de la climatología para hacerles felices: el placer que les conferían sus cuerpos y el amor que sentían el uno por el otro.
Había trabajado mientras estaba cobrando el paro: “Aquellos 600 euros que aparecieron bajo las ropas, ¿recuerdas?, que no sabías como habían ido a parar a aquel armario, -le dijo-, los cobré en aquellas tres mañanas que estuve pintando el taller de Germán”. “¡Tanto, en solo tres mañanas!”, le dijo la mujer quitando toda importancia a aquella transgresión. Los libros de los niños también procedían de una chapuza bien pagada, y no de una donación recibida de un amigo suyo. Pero había llegado un tiempo en que no salía ninguna chapuza que le proveyese algún dinero con el que engordar el subsidio. Desde entonces el subsidio se había convertido en un escueto socorro, como aquella sopa boba de la que le hablaba su padre que, cuando era muy niño, administraban los frailes a los más miserables del pueblo. Todos estos secretos apenas alertaron a la mujer que recomponía su vestido y ordenaba sus cabellos negros usando sus dedos como si fueran las púas de un peine. Como ocurría en casi todas las casas, en la casa del hombre cabizbajo también había una mujer sufriente y silente que hacía equilibrios sobre la tensa cuerda de la vida.
Sí, por las calles de mi pueblo deambula un hombre cabizbajo. De vez en cuando levanta la mirada y la posa sobre las paredes. En alguna de ellas distingue el número de su teléfono. Como no se ha atrevido a decírselo a su mujer puede que haya perdido alguna oportunidad de trabajar, porque ha puesto varios papeles anunciándose con su teléfono como reclamo: se pintan lonjas, se vacían desvanes, todo sin IVA… Seguro que alguien habrá llamado a casa cuan do él no ha estado, y habrá sido contestado con cajas destempladas. Recuerda que en una ocasión vació un desván y llevó lo que encontró en él a un anticuario que le amenazó con denunciar a las autoridades aquel intento de venta “fraudulenta”. Todo se mostraba adverso para aquel hombre al que la legalidad le cerraba todas las puertas y la ilegalidad se las abría, aunque con el factor añadido de poner un guardia ante su puerta. En otra ocasión tuvo que arrojarse desde un primer piso para que el inspector de trabajo no le descubriera. Se torció uno de los tobillos pero evitó acudir a la consulta del médico de la sanidad pública para no decir dónde se había producido la avería: los servicios de una masajista-curandera que le administró varios emplastos de nuez se llevaron el dinero que tenía pensado ganar en el empeño.
No podía hacer otra cosa que ser ilegal una vez que todo lo legal le había dado la espalda. Allí donde veía una excavadora se quedaba plantado para solicitar trabajo. Soñaba con un trabajo de especialista en climatización y aire acondicionado, pero estaba dispuesto a todo. Las excavadoras abrían zanjas pero no para cimentar y levantar edificios. Acudía con aire cabizbajo y se iba más cabizbajo aún después de que el encargado de la obra le dijera un “no” ladeando la cabeza. Una y otra vez obtenía la misma respuesta. Y siempre se decía en silencio “hay que seguir”, a la vez que apretaba los puños para que se aparecieran, como dibujados en el interior de su frente, los rostros de los niños y la sonrisa de la mujer que se sentaba a horcajadas sobre sus piernas cuando su abatimiento era excesivo. Conversaba con los teóricos que exponían previsiones de futuro en la televisión. Insultaba a los políticos, de cualquier tendencia, que prometían un nuevo paraíso. Arreciaba contra  quienes mostraban signos de compasión hacia su situación. Y hubiera escupido a cualquiera de cuantos se atrevían a decir  que la mayoría de los parados no querían trabajar porque estaban cobrando un montón de dinero sin madrugar, sentados en los sillones de sus casas. Menos mal que cuando los gritos del hombre cabizbajo retumbaban en exceso, aquella mujer capaz de cubrir su preocupación con una sonrisa acudía en su auxilio y le suministraba ese sencillo placer de evitarle el sufrimiento en soledad.
Cuando veo al hombre cabizbajo de mi pueblo, paseando o deambulando, aflora en mí el compañerismo hacia él. Más aún, siento que mi fraternidad hacia él me exige detenerme ante él para escuchar lo que quiere decirme, para compartir sus inquietudes y sus preocupaciones, para colaborar en que sus cuitas apenas le asedien. Va siendo tiempo de que toda competición entre humanos empiece a convertirse en colaboración mutua. Los abatidos parados, los cabizbajos desempleados y desesperanzados también tienen derecho a la luz, a levantar la cerviz para ver la claridad de los cielos en lugar de seguir doblegados viendo la oscuridad de los suelos. Los altivos gobernantes y los soberbios adinerados que, según pregonan ellos mismos, son los que crean empleos y trabajos, tienen el deber y la obligación de hacerlo para que los cabizbajos enderecen la cerviz y no se avergüencen de su situación. Si no lo hacen, por ineptitud o por codicia, merecen ser desposeídos de su poder y de sus bienes para que sean puestos al servicio de todos.
Se lo he planteado al hombre cabizbajo de mi pueblo. Me ha dicho que tengo razón. Incluso ha enderezado un poco la cerviz.
FDO.  JOSU  MONTALBAN        

sábado, 14 de septiembre de 2013

“¿POR  QUÉ  NO  YO?”
Tomo prestado el título del artículo de unas palabras dichas por mi Secretario General del PSE de Bizkaia que en una reciente entrevista subrayaba el sentido “tremendamente democrático” del PSOE al referirse a las Elecciones Primarias que tiene pendiente de realizar. Decía: “Eso (las primarias) provoca ilusión y habrá muchos compañeros, conocidos o desconocidos, que digan “por qué no yo”, ya me gustaría que esto lo hiciera el resto de los partidos”. Tiene razón, aunque estoy seguro que él no negará la mía si le digo que las elecciones primarias, siendo ya un procedimiento de elección interna vigente durante más de doce años, y contenido en los Estatutos del PSOE desde entonces, siempre han provocado convulsiones, luchas intestinas e incertidumbres que, como poco, deben ser calificadas como “extrañas”. Las sucesivas Direcciones, nacionales o regionales, siempre han mirado con ojos resentidos a quien ha optado por presentar su candidatura sin haber pedido permiso o haber contado con su aquiescencia. Siempre se ha usado el peregrino argumento de que quiebra la unidad y divide a la militancia.
Ahora estamos los socialistas españoles en un momento delicado por esa causa. La derrota del PSOE, que devino junto a la consecución de la mayoría absoluta por parte del PP, y la persistencia del Secretario General en permanecer al frente del Partido sin fijar un marco temporal en el cual dar la palabra a los militantes para que certifiquen su idoneidad, son las dos razones más consistentes para explicar la desbandada que aflige, no solo a los socialistas sino a los españoles en general, que saben que el PSOE es imprescindible para la buena marcha de nuestra democracia. No solo un PSOE que disponga de respuestas ante los problemas que acechan a todos, también un PSOE debidamente organizado que fundamente su fuerza y su credibilidad ante la sociedad en esa organización. Las respuestas a los problemas vendrán del debate anunciado para la Conferencia Política anunciada para dentro de algo más de un año. Lo mejor será que a ella acudamos los socialistas sin la merma que supone estar supeditados a los deseos de las Direcciones regionales, que en tantas ocasiones consideran sus ámbitos como reinos de Taifas, y como tal los gobiernan.
Sin que haya llegado aún ese instante se ha desencadenado un guirigay en lo que respecta a las elecciones primarias que serán llamadas a elegir al Secretario General. ¿Para cuándo serán convocadas? ¿Quiénes se presentarán a la elección? ¿A qué intereses internos obedecerán? ¿Qué dirección e ideas imprimirán al futuro o, al menos, prometerán imprimir? Yendo más lejos aún: ¿socialismo o socialdemocracia?, ¿socialdemocracia o social-liberalismo?, ¿o quizás sólo pragmatismo? Sin embargo, a tenor de cuanto viene aconteciendo en el debate de la calle, importan los nombres, pero no todos, porque el catálogo se limita, de momento, a cuatro personas: Patxi López, Eduardo Madina, Carme Chacón y el mismo Alfredo Rubalcaba. Ya han quedado en casi nada buena parte de los socialistas “emergentes” que han dejado de sonar conforme el engranaje del “aparato” ha empezado a girar. Ninguno de los cuatro ha anunciado su disposición definitiva, ¿será porque no lo han decidido en su fuero interno, o será porque el vértigo les coarta? Salvo Carme Chacón que, tras quedar fuera de la dirección y los órganos decisorios actuales ha anunciado que va a Miami a cumplir un corto periplo universitario, pero “mantiene su apuesta por liderar el PSOE”, los demás han esquivado las preguntas de los periodistas con un “ahora no toca, cuando se convoquen las primarias será el momento”. Tampoco ella se ha comprometido en serio pero de momento su actitud ha sido la más valiente y arriesgada.
De lo dicho por unos y otros solo cabe sacar una conclusión: los intereses están por delante de las ideas, los riesgos y las incertidumbres pesan más en ellos que las certezas y las seguridades. Es decir, que en tiempos en que la izquierda y los socialistas más tenemos que mostrar nuestra fuerza e intenciones desfilando de frente y con el mentón levantado, lo hacemos de perfil y mirando de soslayo hacia todos los lados. ¿Habrá más socialistas capaces de coger este bravo toro, -de la crisis, de la desigualdad, de la pérdida de derechos, de la pobreza rampante, de la falta de libertades, de la indignidad y de la libertad vigilada-, por los cuernos, y doblegarle? Sería bueno que hubiera, que no nos amilanáramos tan fácilmente ante la adversidad. Sí, han de ser personas preparadas, personas con ciertas dotes de liderazgo, pero sobre todo han de ser personas bien intencionadas, decentes y buenas. Sólo eso. Todas las condiciones extraordinarias que algunos exigen a sus futuros representantes públicos dan pie, la mayoría de las veces, a posturas autoritarias, decisiones arbitrarias y, en no pocos casos, prácticas corruptas que, por compañerismo, hemos transigido en demasiadas ocasiones.
El PSOE tiene que reflexionar, pero lo hará torpemente y con laxitud si no elige rápidamente a su futuro Secretario General mediante un proceso libre y muy abierto que no muestre tantos recelos y amedrente a tantos y tantos socialistas honrados como formamos el PSOE y la sociedad en general. Siguiendo a mi Secretario General de Bizkaia, lo mejor será que la actual Dirección, -el aparato, vamos-, facilite que cualquier afiliado con ganas y pundonor, honrado y diligente, se atreva a decir en alta voz “por qué no yo”… Y obre en consecuencia.
FDO.  JOSU  MONTALBAN    

martes, 3 de septiembre de 2013

SUMAK  KAWSAY:  BUEN  VIVIR
¿De qué hablamos cuando nombramos el término “sistema”? Cada vez que recurrimos a él nos sentimos liberados de gran parte de nuestras responsabilidades. El sistema que impera en el Mundo, -salvo en algunos rarísimos países-, es el capitalismo. Hay varios capitalismos sin embargo, aunque algunos sean administrados por gobiernos socialdemócratas, teóricamente de izquierdas. La verdadera denuncia de este sistema imperante, que ahora mismo ha sido invadido por las ideas más neoliberales, parte de proyectos ambiciosos que, sin salirse de él, pretenden atenuar sus consecuencias negativas para la Humanidad. La coartada es eso que se llama “progreso”, que en los últimos tiempos constituye en buena parte de sus facetas una amenaza constante para aquellas regiones en las que la Naturaleza y quienes la habitan comparten la mayor armonía.
En el año 2007 el Presidente de Ecuador expuso ante la Asamblea General de Naciones Unidas un importante proyecto para preservar una amplia región de la Amazonia, en el Parque Yasuní, en tres términos (Ishpingo, Tambococha y Tiputini). En esa región se ubica un importante tesoro escondido bajo el suelo: alrededor de 846 millones de barriles de petróleo. El Presidente propuso ante Naciones Unidas que ese petróleo no fuera explotado, evitando de ese modo que la hipotética explotación provocara una emisión de 407 millones de Toneladas de CO2, con el consabido deterioro medioambiental, a sabiendas de que el CO2 es un claro provocador del cambio climático. A cambio, para compensar económicamente tal renuncia Ecuador debería percibir una compensación de 2.710 millones de euros en los próximos trece años, que apenas llegarían al 40% de los recursos que obtendría el Estado en caso de que decidiera la explotación de la reserva petrolífera. Este proceso se canalizaría a través del Plan para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD).
Y ha ocurrido que, pasado tanto tiempo, el PNUD solo ha recaudado poco más de 10 millones de euros, lo cual ha llevado al Gobierno ecuatoriano a dejar vía libre a las compañías petrolíferas para que exploten el yacimiento. Ciertamente, hay multinacionales y multimillonarios que se están frotando las manos alborozados porque están viendo en medio del excelso Parque de Yasuní a la gallina de los huevos de oro. Ellos, que podrían haber preservado el Parque aportando fondos al PNUD con esa finalidad han preferido cargarse el Parque natural para que se convierta el el hábitat de una sola especie: la gallina de los huevos de oro.
Cuando invadan Yasuní las primeras máquinas huirán despavoridas las 100.000 especies de insectos, las 150 especies de anfibios, las 121 de reptiles y las 200 especies de mamíferos que allí viven; alzarán el vuelo a la búsqueda de nuevos paraísos las 596 especies de aves que merodean por allí; las aguas de los cinco afluentes del Napo que cruzan el Parque  irán viendo como sucumben las 500 especies de peces que pueblan sus aguas; e irán, poco a poco, desapareciendo las más de 4000 especies de plantas contabilizadas allí. Y algo aún peor, porque el Yasuní viven dos de los escasos pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario en la Amazonia: los tagaeri y los taromenane. El fracaso de la propuesta ha llevado al Presidente ecuatoriano Rafael Correa a incorporar tal explotación petrolífera a su Plan del Buen Vivir (Sumak Kawsay) que inspiró, entre otras ideas, buena parte de la Constitución ecuatoriana del año 2008.
Por tanto, tiene razón Correa al afirmar que “el Mundo nos ha fallado”. Es verdad, ahí como en otros lados el mundo ha fallado y “el factor más fundamental en el fracaso ha sido que el mundo es una hipocresía y la lógica que prevalece no es la de la justicia sino la del poder (económico)”. El Plan de Buen Vivir, para los ecuatorianos, precisa fondos, pero el Gobierno nunca miró hacia ese subsuelo tan rico con las lentes del dólar, sin embargo, producido el fracaso de Naciones Unidas, se ha pronunciado con contundencia: “No me gusta la minería, no me gusta el petróleo, pero mucho menos me gusta la pobreza y la miseria”. Una vez más el sistema se impone brutalmente. Siempre se imponen las implacables reglas del sistema imperante, que llama desarrollo a lo que solo es productivismo a ultranza para dar cobertura al consumismo en que se fundamenta la economía.
El “Buen Vivir” constituye la respuesta al modelo desarrollista propio de las civilizaciones capitalistas europeas y yanquis, basadas en el “vivir mejor”. El Buen Vivir está basado en “tomar solo lo necesario” para que la riqueza que la Naturaleza nos provee llegue para cuantos más. Frente a la constante superación a cualquier precio, frente al desarrollo sin límites que exige el “vivir mejor”, el Buen Vivir tiene en cuenta la sostenibilidad constante para que el desarrollo sea más justo, más sustentable, más ecológico y más humano. Los recursos naturales son finitos, por eso el Buen Vivir mide la riqueza de su población no por posesiones sino por los servicios básicos atendidos, poniendo el mayor énfasis en los derechos. El Buen Vivir que la Constitución ecuatoriana promulga refuerza la solidaridad y considera el desarrollo desmesurado como una amenaza para la armonía que debe imperar entre el Hombre y la Naturaleza, entre el habitante y el hábitat.
Se trata de procurar una vida buena para todos desde el convencimiento irrenunciable de que si no alcanza a todos no es buena para nadie. Este empeño no es posible si el sistema capitalista imperante esquilma y deteriora el medio natural, si no es capaz de advertir que el consumo sin medida termina por dejar en la estacada a quienes no tienen suficiente, al mismo tiempo que consume todos los recursos, tan imprescindibles como incuantificables. El desarrollismo capitalista requiera, como mínimo, de un socialismo que tense las bridas para que no se desboque el caballo del productivismo. El mundo más desarrollado es el que vive supeditado al mayor número de riesgos, porque no hay riqueza para todos, peor aún, la riqueza de los pocos ricos se sustenta en la pobreza de los muchos pobres.
Lo acontecido en Ecuador, en el Parque Yasuní, no es un relato de ficción. Sí, es verdad que parece de ficción esa región de la Amazonia tan bella y tan rica en recursos naturales. Lo allí acontecido es la versión más primaria del atroz capitalismo que no aspira a ese concepto solidario del Buen Vivir contenido en aquella Constitución. Tal vez buena parte de dicho Plan del Buen Vivir quede sin ser cumplido pero la propuesta (fracasada) de preservar Yasuní, es una buena muestra de que las buenas ideas e intenciones de la izquierda suelen estrellarse contra el muro del insaciable capital de la derecha.
La Naturaleza también tiene su catálogo de derechos. En la medida que constituye el hábitat de la humanidad, su hogar infinito y compartido, ha de ser cuidada porque de ese modo el planeta Tierra protege y ampara a sus hijos. Los ecuatorianos, y sus vecinos peruanos y bolivianos, llaman a la Tierra con un término al que conceden una amplia dimensión: Pachamama. Realmente la Naturaleza de que hablamos los españoles, como europeos y occidentales, es la Pachamama suya, que significa el lugar “donde se reproduce y realiza la vida”. La vida, como concepto más amplio, “se reproduce” constantemente en ese divino concepto y nombre que es Pachamama. Y es precisamente ahí, en esa reproducción constante de la vida, “tanto en una perspectiva ecológica como en otra evolutiva, donde debe ser respetada, y constituye un derecho en sí misma”, como apunta Eduardo Gudyaus, del Centro Latino Americano de Ecología Social. Deberíamos aprender nosotros, los que habitamos el mundo más desarrollado (¿?), de los indígenas tagaeri y de los taromenane, que se aposentaron en Yasuní para evitar su eliminación  a cambio de dólares y euros. Y deberíamos aprender del Gobierno de Ecuador (y también del de Bolivia) que introdujo los Derechos de la Tierra en su Constitución, al lado de los derechos de sus ciudadanos ecuatorianos, para que la Pachamama fuera como un útero complaciente e infinito para ellos.
No se trata del término “buena vida” con que los “desarrollados” nombramos a la que llevan los adinerados que no precisan poner coto a su desenfrenado consumo. Se trata del Buen Vivir que irrumpe para contradecir la lógica capitalista, su individualismo inherente, la monetarización de la vida en todas sus esferas, su deshumanización. El mensaje institucional que se muestra tras el slogan “Salva al Yasuní” es bello: “Despertar entre los árboles, recorrer el suelo húmedo de la Amazonia, alzar la mirada y ver cintos de árboles, cientos de colores. Sentirse vivo entre aquel ambiente nuevo y diferente es como hacer realidad un sueño natural que evoca la paz que todos necesitamos, tranquilidad de una rutina que nos encierra día a día y aprender a vivir entre cientos de seres que cuidan con celo de su entorno”. Con él acabo.

FDO.  JOSU  MONTALBAN                

sábado, 31 de agosto de 2013

INTERPELACIÓN,  REPROBACIÓN,  CENSURA…
Durante el mes de Agosto la vida es más llevadera. También para Rajoy lo ha sido. En este ínterin, que comenzó para Rajoy después de comparecer en la sesión del Congreso de los Diputados para defenderse del caso Bárcenas, los españoles hemos seguido desbrozando el asunto, recibiendo informaciones en torno a lo acontecido durante los últimos veinte y tantos años con las cuentas del PP, sacando conclusiones definitivas. Ya no hay nadie en España que no tenga más o menos claro lo que ha pasado en la sede del PP durante esos años. Sin embargo los partidos políticos, a excepción del PP, aún vacilan sobre los pasos que deben dar en adelante, sobre todo el PSOE que es el principal grupo de la oposición.
¿De qué se trata, de seguir requiriendo a Rajoy para que vuelva a repetir la monserga de que su única responsabilidad es haberse dejado engañar por el hombre en que depositó toda su confianza? Ya todo el mundo sabe que a la sede del PP llegaba un dinero de color negro, que se administraba como tal y se guardaba en una caja secreta; que los que traían aquel dinero negro habían sido beneficiados en adjudicaciones de obras y servicios por dirigentes de Instituciones gobernadas por el PP; que Bárcenas, como “buen repartidor” se quedaba con billetes entre los dedos que llevaba después a Suiza y a otros paraísos fiscales; que lo que se quedaba Bárcenas era metido en sobres para recompensar a las elites del PP, incluidos ministros y presidentes; que entraban en aquella sede los poderosos con cierto sigilo y salían sonriendo con una mano en el bolsillo de la chaqueta, sujetando el sobre más o menos abultado…
Eso ya lo sabemos todos, pero esto no es más que el anecdotario de una corrupción generalizada, que no es poca cosa… Hay más intríngulis en el asunto que es, si cabe, tan grave o más que la misma corrupción. Alguien en aquella sede pensó antes de dar el primer sobre de propina que quien lo recibía era merecedor de ello. Es decir, que su sueldo como ministro, como diputado, como director o como presidente, no era suficiente y por tanto debía ser complementado con una dádiva graciosa. Poco importaba lo que hubieran voceado en los mítines de sus campañas electorales: que estaban dispuestos a servir a los españoles de forma desinteresada, que se dejarían la piel en el empeño, que venían con lo suyo y que con ello, y con nada más, se iban a ir. Todo había sido falso, porque además de poner al Estado y a sus Instituciones (y Presupuestos correspondientes) al servicio de su peculio, y del de sus amigos de su misma clase social, para que el dinero de todos se distribuyera selectivamente entre unos pocos, los “servidores” de la patria habían convenido unos con otros que eran necesarios unos sobresueldos que compensaran sus “pérdidas” por ocupar tales puestos.
Bien. ¿No hubiera sido más honrado que hubieran subido los sueldos de presidentes, ministros y diputados, para que no les pillaran con las manos en la masa (perdón, en los sobres)? Sin duda, pero si se hubieran comportado de ese modo, además de arriesgarse a ser censurados por ello, también cobrarían cantidades más copiosas quienes les sucedieran al frente de tales instituciones públicas. A ellos les mueve un interés concreto: el de su clase social. Poner unos sueldos “europeos” a los cargos públicos no supone distinguir entre unos y otros, populares y socialistas, derechas e izquierdas. Lo que sí establece diferencias es pagar sobresueldos, y como el dinero para ello procede de “sus” poderosos adinerados, a los que les ha enriquecido mediante contratos millonarios, las dádivas que los empresarios y demás metían en la sede del PP donde merodeaba Bárcenas, pasaban a formar parte de un “fondo solidario” destinado a enriquecer a los ya ricos. Así era, porque a tenor de las noticias, muy pocos sobre salieron con destino a sus concejales más pobres, de tantos pueblos de la España profunda, que aún piensan que el único malo en esta película ha sido Bárcenas.
Esta concepción del ejercicio de la Política es tan grave como la propia corrupción. Incluso más, porque ha extendido de forma generalizada una idea de la política y de los políticos muy falsa, que tiene que ver muy poco con el noble oficio y deber de gobernar a los pueblos, de hacer que la democracia genere ambientes saludables para la convivencia de todos los ciudadanos, de servir a los demás desde las instituciones que son de todos. Si esto es así, ¿a qué viene seguir pidiendo explicaciones a Rajoy sobre lo que ya ha sido suficientemente explicado? Quien tiene que interpelar o interrogar a los artífices de tanta miseria ética es el Juez. Quien tiene que reprobar a Rajoy por cómplice de la corrupción, como poco, o por ser un baldragas soportando a Bárcenas a su lado ha de ser el pueblo español, al que se le debe dar el debido protagonismo ofreciéndole la oportunidad de votar de nuevo. Queda la censura como paso previo a la dimisión del Presidente del Gobierno. Una Moción de Censura permitiría que fuera quien la pone el que dirigiera realmente el debate pertinente, impidiendo que Rajoy se fuera por los cerros de Úbeda como hizo en su comparecencia de primeros de Agosto.
Evitar interpelaciones y reprobaciones en el Congreso es para el PP tan fácil como hacer valer la mayoría absoluta aduciendo que la comparecencia ya desarrollada fue tan generosa en explicaciones como suficiente. Una moción de censura no va a surtir los frutos que pudiera desear el PSOE, que sería el indicado para presentarla, pero permite contrastar posiciones y debatir propuestas, es decir, mostrar ante la sociedad española las cartas de cada uno de los jugadores, los fundamentos en que cada cual, cada partido, apoya y basa la democracia de la que predica.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN      

martes, 20 de agosto de 2013

ETA Y LA IA
ETA continúa estando presente en nuestra sociedad. Casi dos años después de que anunciara el cese definitivo de la lucha armada, ETA sigue emitiendo ese rugido sordo que nos obliga a todos a recordar lo que ya deberíamos haber olvidado. Sí, olvidado, porque aunque la memoria sea persistente y reverdezca toda la brutalidad de sus crímenes, la desaparición definitiva de ETA tendrá lugar cuando los encapuchados ocupen las pantallas de nuestros televisores y nos anuncien la disolución de tan fatídica palabra. ETA es una palabra abominable que significa “miseria y muerte”, de nada sirve que las letras que forman la palabra respondan a significados tan nobles como “Euskadi” y “Libertad”. Es una vergüenza, para cualquier vasco que se precie de serlo, nombrar las siglas y la palabra que forman, pero ETA vuelve a estar por ahí, atosigando a todos y poniendo a prueba a sus miembros, a sus simpatizantes y a los que tantas veces les han aplaudido desde la Izquierda Abertzale, que se ha paseado por la historia más reciente camuflada tras de tantos apelativos como ha sido preciso.
En esta ocasión, una vez más, ETA ha hecho valer su oculto poder de la mano de comunicados expeditivos que intentan obligar a sus presos a comportarse siguiendo los dictados de la dirección terrorista, en lugar de seguir los deseos de sus conciencias. ETA sigue estando sorda y ciega: se muestra una vez más como un monstruo que amenaza incluso a sus hijos y les ofrece un abyecto proyecto para protegerlos, pero obligándoles a la más absoluta sumisión. La circular que ha enviado a los presos establece unas “líneas rojas”, -de nuevo las “líneas rojas” que sirven para delimitar comportamientos y coartar libertades-, que señalan que “no serán aceptadas las salidas políticas personales, ni cabrán el arrepentimiento ni las denuncias de los compañeros”. Me surge una pregunta: ¿qué ocurrirá a quien sobrepase esas líneas rojas? Porque ahora mismo aún quedan muchas muertes que aclarar, y las investigaciones policiales y judiciales van a profundizar en interrogatorios que bien podrán dar a entender denuncias de unos compañeros por parte de otros. O sea, que ETA combate la rehabilitación de sus presos y les condena a convertir sus conciencias en sepulcros vacuos, en quimeras que les atormenten durante el resto de sus vidas.
En este esquema el papel de Sortu se muestra de forma difuminada como el de unos comparsas enmascarados que se las ven y se las desean para decir algo que parezca juicioso en cada momento. Programan actos, redactan manifiestos, reclaman acciones a los demócratas que no reclaman a sus amigos totalitarios, callan atemorizados y, de vez en cuando, dan alguna primicia a los periodistas para que parezca que están enterados de los posibles comportamientos de los etarras. Y como han de tener mucho cuidado de no proferir frases o fijar posicionamientos que les involucren en la organización terrorista, para no ser ilegalizados como grupo político o inhabilitados para ocupar cargos públicos, no cesan de rizar el rizo y pronunciar retruécanos con los que intentan explicar lo inexplicable. Después de casi dos años de paz, sin que ETA haya anunciado su disolución, los líderes de Sortu no paran de pronunciarse en la más absoluta nebulosa, incapaces de pedir públicamente a ETA que se disuelva. Como muestra aporto dos pruebas. De Laura Mintegi: “Yo estoy convencida de que va a dar ese paso ( la disolución) porque el objetivo no es mantener unas armas que ya se sabe que no se van a utilizar nunca,…, antes cae el Gobierno”. Pero la frase de Pernando Barrena resulta más curiosa y difícil de analizar aún: “ETA tiene disponibilidad total para dejar fuera de uso las armas”.
¿Quién de los dos manda en el otro? ¿Quién supedita al otro? Ciertamente fue ETA la que prestó a Sortu y a la IA la mayoría de los votos en los que sustenta su importante presencia institucional. El colectivo de presos pesa como una losa sobre la militancia abertzale, porque mientras ellos se pudren en las cárceles sometidos a las arduas condiciones penitenciarias y a las intransigencias de sus jefes “compañeros”, los cargos institucionales de Sortu disfrutan de sus rangos como diputados, alcaldes o concejales, los de mayor rango cobrando salarios sabrosos que quizás fueron fijados por sus predecesores, a los que ellos llamaron “despilfarradores”, pero que ellos no han enflaquecido al llegar a las instituciones. Por todo esto Sortu debe reclamar a ETA que se disuelva, antes de reclamar a otros que actúen. Fue ETA la que mató, secuestró y extorsionó. Fue ETA la que convirtió las calles vascas en avenidas hacia los infiernos. No sirve para nada afirmar que “el conflicto ha producido sufrimientos en todos los lados, es una realidad innegable que no tenemos problemas en aceptar”, tal como reza la circular enviada a las cárceles. También lo dicen del mismo modo los miembros de Sortu y la IA, pero el conflicto no fue ni es eso, sino la práctica arbitraria de la violencia de unos pocos desalmados contra todos los demás. Y a ETA, si aún le importan sus presos, le queda disolverse y, en todo caso, crear una asociación de afectados que vele por su futuro (de los afectados) y libere las conciencias de los presos de la esclavitud a la que ahora viven sometidos.
FDO.  JOSU  MONTALBAN          

martes, 13 de agosto de 2013

¿CUÁL  ES  LA  TRAGEDIA?
La tragedia no es que los gibraltareños hayan tirado bloques de hormigón en el estrecho de Gibraltar. Eso habrá que aclararlo del modo más eficaz y noble posible. Delegaciones de hombres bien ataviados se reunirán. Primero lo harán los gibraltareños e ingleses en un sitio y los españoles en otro. Después se reunirán unos con otros y discutirán sobre el derecho de cada cual. Y por fin resolverán cada uno por su cuenta qué van a hacer. Ya lo han anunciado: como se sienten incapaces de llegar a acuerdos, es decir, de comprenderse entre ellos, irán cada uno por su cuenta a pedir justicia a los Tribunales europeos e internacionales. En ellos, cada cual informará a su modo, cada cual mostrará su versión, cada cual presentará fotografías que, tomadas desde un ángulo o desde otro den lugar a interpretaciones bien diferentes. Los miembros de los tribunales internacionales son buenos discípulos de Poncio Pilatos, y resolverán casi arbitrariamente el problema mientras se lavan las manos. En resumen, lo dicho, esa no es la tragedia.
La tragedia es que en dos días han llegado casi doscientos inmigrantes subsaharianos, negros y pobres. Entre ellos hay mujeres, -alguna de ellas embarazada-, niños, jóvenes, y no vienen ancianos porque en sus países de origen o procedencia casi nadie llega a viejo.
Vienen en embarcaciones de goma o de plástico, de esas que en España suelen regalar los padres a los hijos para que se diviertan en las aguas mansas de las playas, las lagunas o los estanques. En unas barcas tan rudimentarias pensadas para un aforo de tres personas, han llegado diez o más personas que se han aposentado para, en manos de la fortuna, atravesar los casi 15 kilómetros que hay entre su “maldita” África y las costas de Tarifa. A lo largo del trayecto, -a lo lejos, pero al alcance de su vista-, ven la costa de Gibraltar  con su bandera gigante. A poca distancia de ella ven la bandera española, porfiando en tamaño con la de Inglaterra.
Pero ellos vienen, callados, mirando a lo lejos hacia la Tierra Prometida. Sienten el frío del océano. Sienten como un puñal la profundidad del océano. Tiemblan, de miedo y de frío. Tiritan de impaciencia. Claman a Eolo para que les envíe vientos apacibles y bien dirigidos que hagan venturosa la travesía. Se miran a los ojos fijamente para comunicarse sus sueños, pero no los descubren porque temen no llegar a consumarlos.
De pronto, en medio de la oscuridad, ven cómo un rayo de luz se posa sobre sus cabezas. Entonces se sienten seguros: no los tragará el mar. Y ya empiezan a preparar los pasos que han de dar para que su plan B sea también afortunado. El plan A consistía en alcanzar la costa y caminar, y caminar en busca de una vida digna. El plan B era que fueran descubiertos y tuvieran que soportar trámites y consultas en embajadas y comisarías. Pero siempre ha pesado sobre sus mentes otro plan, diabólico y triste, que llevara las rudimentarias naves al fondo de los mares, para comida de los tiburones y del olvido.
Esta es la tragedia que tiene lugar en el Estrecho de Gibraltar: 112 barcas interceptadas, el doble que hace un año; 1428 inmigrantes recogidos, un 25% más que hace un año. En el último fin de semana han sido rescatados 195 subsaharianos. ¿Cuántos otros, no cuantificados, han perecido? ¡Esta es la tragedia! Estaría bien que quienes nos gobiernan, y quienes gobiernan el Mundo, nos dijeran qué piensan de esta tragedia que afecta a su dignidad mucho más que los abusos de las autoridades inglesas y gibraltareñas. Estaría bien que pusieran el mismo empeño en atajar esta llegada de parias subsaharianos, que en defender poderes, capitales y posesiones.
¡Esta es la tragedia! ¡Qué lástima que su narración ocupe la sexta parte que la idiotez del asunto de los bloques de hormigón! Si en lugar de dejarlos caer, hubieran descendido con ellos, habrían visto en el fondo cadáveres y esqueletos de los inmigrantes subsaharianos que perecieron en medio de la travesía que les traía de la más bárbara miseria hacia la Tierra Prometida.
FDO.  JOSU  MONTALBAN         

domingo, 11 de agosto de 2013

YA  VAN  DOS  (DE TRES)
Por ahora dos de los tres Organismos que forman la Troyka europea se han pronunciado a favor de que se bajen los salarios en España un 10%. Falta uno de los tres, el BCE, pero su opinión ya parece irrelevante porque nadie debe dudar de que, aunque no se pronuncie en ningún sentido, está completamente de acuerdo.
En la foto que ilustra la noticia Olli Rehn tiene una ceja levantada, -pero hay otras fotos en que muestra un semblante más bien tétrico-, quizás porque el redactor de la noticia ha querido poner ese rasgo de incertidumbre. Cuando anunció lo mismo, pocos días antes, la Señora Lagarde (FMI) su semblante no titubeó en las ilustraciones. Lo cierto es que a Olli Rehn no le obligó nadie a salir en los diarios pero él, voluntariamente, plasmó su opinión en las Redes Sociales, a sabiendas de que su dominio en ellas nunca se queda en lo anecdótico. Así que las páginas de los diarios se han hecho eco del importante apoyo al FMI por parte del Comisario de Economía europeo. Incluso la patronal se ha pronunciado en contra, no se sabe bien si con la boca grande o pequeña. Para saberlo estaría bien que el Presidente del Gobierno español reuniera en la Moncloa al Presidente de los empresarios españoles, junto a los líderes sindicales, y ofreciera una rueda de prensa conjunta en la que mostrara su más firme oposición a las propuestas y la solemne promesa de que tal reducción del 10% en los salarios nunva va a contar con el apoyo del Gobierno, o sea, que el Gobierno no va a promover ni un solo movimiento que la facilite.
El nuevo tiempo aclarará si Olli Rehn ha hablado a humo de pajas o lo ha hecho con cierto fundamento. El Gobierno español aún no se ha pronunciado oficialmente, y ya está acabando el jueves. El portavoz del PP, Martínez Pujalte, sólo ha dicho que las declaraciones no son buenas porque son “parciales”, y porque siembran desconfianza en los ciudadanos, pero ha dejado caer que se requiere un ajuste integral que incluya no solo salarios sino también precios, alquileres, rentas y rentabilidad de las empresas. Es decir, que no está en completo desacuerdo. Como quiera que la patronal empresarial se ha expresado con su habitual opacidad, -“la hoja de ruta de los empresarios es el acuerdo de moderación salarial”-, bien cabe concluir que la propuesta sigue ahí, y que no se trata de una serpiente de verano sino de una propuesta tan concreta como firme con la que se abre un debate envenenado. Con razón ha advertido Rubalcaba que “las recetas de la Comisión Europea son veneno para España”.
Evidentemente lo son, y es preciso decir por qué. Según datos recientes el salario bruto medio en España es de 1615 euros, mientras en Europa está en 1936 euros. Hay doce países por encima de España, pero por debajo sólo están Eslovenia, Malta, Portugal, Chequia, Estonia, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Letonia, Lituania, Rumanía y Bulgaria. He nombrado todos para que los lectores valoren cuál es la situación real en que nos encontramos los españoles. En poder adquisitivo, España ocupa el puesto número quince de Europa. En valor absoluto nuestro poder adquisitivo está un 4% por debajo de la media de los países europeos. Entre los países europeos que tienen fijado un salario mínimo mediante Ley, España ocupa uno de los lugares más bajos: el más alto es Luxemburgo con un Salario Mínimo de 1801 euros al mes, mientras España ostenta un lugar muy retrasado con 748 euros al mes, contando que cada español cobrara doce pagas. En los últimos años el aumento del IPC (Índice de Precios al Consumo) ha superado con creces el avance del salario medio, con lo que hay que deducir que los españoles hemos perdido poder de compra, ha descendido notablemente nuestro poder adquisitivo. ¿Qué más podemos decir? Parece claro que los salarios de los españoles no son excesivos ni desmesurados, más bien escuetos y ridículos. Debería establecer el señor Rehn algún tipo de comparación con su país, Finlandia, donde el salario medio es de 2776 euros brutos al mes, aproximadamente un cuarenta por ciento superior al español.
Lo cierto es que ya son dos, de los tres Organismos de la Troyka comunitaria, los que se han pronunciado. Los españoles pueden ponerse a temblar porque Rajoy y su Gobierno siempre han mostrado obediencia ante ella. No será un 10%, pero será. La escasa contundencia de la respuesta del gobierno, que solo se ha expresado a través del vocinglero Martínez Pujalte, que no pertenece a él, es delatadora. La derecha española aún no ha dado todos los pasos que desea dar. Será muy difícil que vuelva a encontrarse en la situación ventajosa en que ahora se encuentra, con su mayoría absoluta y una crisis que le sirve como coartada, para justificar cualquier propuesta o decisión del tipo de la apuntada. Olli Rehn se ha expresado sin reservas: “Aquellos que rechacen la propuesta de forma instantánea cargarán sobre sus hombros la enorme responsabilidad del coste social y humano: los millones de jóvenes parados españoles”. ¡Qué bárbaro y qué miserable!... Pero la coartada es excelente. De momento Rajoy no se ha pronunciado. O sí, lo ha hecho debilitando a los sindicatos, cuya misión es la defensa de los trabajadores: su subvención con cargo al Estado se ha reducido a la mitad, según ha quedado aprobado por decisión ya firme del Gobierno.
Ahora se trata de esperar a los acontecimientos. La última Reforma Laboral aprobada por el PP favorece que se puedan tomar medidas arbitrarias en el sentido anunciado por el FMI y por Olli Rehn, ahora solo falta que Rajoy las tome realmente, para hacernos más pobres a la mayoría de los españoles, y hacer a los ricos más ricos aún.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN
CRONICA  DE  VIAJE:  EL  PAPA  FRANCISCO,  EL  INDIGNADO
Es indiscutible el alcance ilimitado del mensaje papal. Su primer viaje importante, con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud, ha resultado sorprendente. En anteriores ocasiones el protagonismo de los Papas no pasaba de sus presencias, las suntuosidades que les rodeaban, el Papamóvil y poco más. Siempre acontecía alguna vicisitud que los informadores aprovechaban para llenar las consabidas páginas de los diarios o los minutos que previamente habían reservado en los espacios de noticias de las radios y las televisiones. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI provocaron gran estruendo porque sus presencias siempre respondieron a un guión hermético en el que ellos no eran los auténticos protagonistas sino meros actores de reparto, eso sí, los más importantes del elenco. La grandeza y la majestuosidad siempre estuvieron presentes para rodear a los Papas, que besaban el suelo en las llegadas a los aeropuertos como única novedad, o saludaban con brazo de autómatas ofreciendo bendiciones desde los estrados. Y es por eso que a quien, como yo, no le asiste la fe, aquello se quedaba en una parafernalia con escaso significado  a pesar de su aparatosidad. Pero esta vez, en Brasil, el Papa Francisco ha gesticulado mucho menos y ha hablado mucho más, lo suficiente como para despertar, primero curiosidad y por fin complicidad en quien, como yo, no creo en Dios pero creo en el Hombre. Será muy difícil provocar el retorno de los no creyentes, -imposible, porque la vida no da para tantas idas y venidas-, pero cabe la colaboración mutua. Exhortaba Bergoglio a sus gentes: “¿Somos aún una Iglesia capaz de inflamar el corazón? Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en la noche de los que se han marchado, de escucharlos, de participar en su conversación”.
Ciertamente, conversar siempre es conveniente. La Cultura, la Religión y la Política pueden salvar a la Humanidad. El Hombre precisa de las tres en este mundo complejo en que las tres están amenazadas por un mismo virus: la Economía. “El futuro nos exige una visión humanista de la Economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza; que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad”, dijo el Papa. La Iglesia siempre ha hablado de la pobreza, pero los Papas no han acudido en muchas ocasiones a los lugares en que viven los miserables, los parias, los pobres. En la favela Varginha habló poco de caridad, pero llamó a la solidaridad y puso un énfasis especial en la insoportable desigualdad que abre una brutal brecha entre los ricos y los pobres. El abrazo entre el Papa Francisco y el joven de 28 años, Walmir Junior, producto de la miseria de las favelas sirvió de preámbulo para la llamada lastimera a corregir las pautas erróneas de la Política: “El futuro nos exige la rehabilitación de la Política, que es una de las formas más altas de la caridad”. En estos tiempos en que la política apenas ofrece respuestas y soluciones ante los problemas, se la reclama al menos como un acto caritativo, como un servicio al Hombre, como la ayuda desinteresada que los gobernantes han de administrar hacia los gobernados, principalmente hacia los más humildes y sencillos.
El Papa Francisco habló con frases lapidarias y tono de voz familiar. Sembró con su palabra, por eso ahora habrá que comprobar si florece el trigo. Reclamó la laicidad, lo cual en boca de un Papa es ejercer el laicismo. Fue lapidaria la frase: “La Iglesia tenía respuesta para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta”. Y lo fue esta otra: “No es una época de cambios, sino un cambio de época”. O esta: “No basta un líder nacional, sino una red de testimonios que aseguren no la unanimidad, sino la verdadera unidad”. Es de agradecer esta huida del dogmatismo para acercarse al Hombre, a las múltiples culturas, a las depauperadas políticas que provocan desasosiego por inservibles. Las calles de Brasil habían estado llenas de jóvenes indignados, quizás  no violentos pero sí violentados ante las injusticias afloradas por una economía que cree en lo material y denuesta lo espiritual, que persigue el crecimiento  y olvida la redistribución, en suma, que genera ricos y pobres. No solo en Brasil, porque la indignación social ha sacado a los jóvenes a las calles a protestar, a lanzar piedras, a pronunciar palabras tan bellas como justicia, igualdad, fraternidad, solidaridad… También en otras partes del Mundo: en Siria, en Egipto, en las capitales europeas, en Perú, en Turquía… La indignación es una reacción inevitable de los ciudadanos dignos y libres cuando sienten su dignidad carcomida y su libertad diezmada. La indignación no solo es legítima, sino inevitable. Es más propia de los jóvenes, pero los mayores de hoy también fueron jóvenes, y han ido viendo como el Mundo ha ido empeorando, cómo el hábitat del Hombre se ha hecho cada vez más inhóspito. ¿Cómo podremos seguir viviendo en este Mundo tan poco acogedor? Sólo la indignación alimenta nuestros deseos vitales.
El Papa Francisco no lo dudó un instante: se convirtió en un indignado más. Copacabana se convirtió en una acampada de disconformes, de contestatarios, alentados por un “caudillo” vestido de blanco que dijo lo que nadie esperaba escuchar. Empezó con una exhortación de raíz casi teológica: “Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo”. Pero bajó al terreno de inmediato para llamar a las cosas por su nombre: “Les pido (a ustedes, los jóvenes indignados) que sean revolucionarios, que vayan a contracorriente”. He trasladado su figura a la Puerta del Sol de Madrid, o la Plaza del Arriaga, donde yo viví las movilizaciones de los indignados con la ilusión del adolescente que quiere sentirse útil. Urgió a los jóvenes movilizados como si fuera otro más. Desde su “autoridad” les conminó: “Quiero que salgan a la calle a armar lío,…, quiero que la Iglesia abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo,…, no dejen (dijo a los jóvenes) que otros sean los protagonistas de los cambios, ustedes son el futuro,…, no sean cobardes, no balconeen la vida, no se queden mirando en el balcón sin participar, entrad en ella como hizo Jesús, y construid un mundo mejor y más justo”.
¿Qué más se puede pedir a un acontecimiento como éste? Lo que parecía responder exclusivamente a la liturgia y la cultura de los católicos, de los cristianos, o de quienes muestran una disposición a profundizar en la historia de las religiones, ha trascendido esos ámbitos y se ha convertido en una llamada útil para que se produzca un despertar colectivo. Rouco Varela debe estar indignado, en contra de la indignación mostrada por el Papa Francisco. Rouco nunca ha incitado a los jóvenes españoles a armar lío, ni a ser revolucionarios, ni a caminar a contracorriente. A él le gustan más los sumisos: sumisos a él, a sus órdenes que administra como si se tratara de dogmas de creencia ineludible. Los quiere sumisos para convertirlos en sus huestes bienmandadas y obedientes. También para él habló el Papa Francisco: “El obispo debe amar la pobreza interior y la exterior; y no ser ambicioso; quiero una Iglesia facilitadora de la fe, no controladora de la fe; el obispo debe conducir, que no es lo mismo que mangonear; los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos”. Tal vez se estaba dirigiendo también a él, lo cierto es que no le estaba retratando.
Y debo apostillar para quienes piensan que me meto en camisa de once varas. Dejé la fe (o ella me dejó a mí) porque no era capaz de discernir los misterios inherentes a la religión. Ya no me creo capaz de hacer esfuerzos excesivos pero el “indignado” Papa Francisco me ha hecho pensar que por encima de los credos y de las culturas está el Hombre, y que todos debemos estar dispuestos a rescatarle (rescatarnos) de las garras de esta Economía huraña y mezquina que devalúa la Política, que es la forma más alta de la caridad. Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, dixit.
Fdo.  JOSU  MONTALBAN        

jueves, 25 de julio de 2013

¿Y  AHORA,  QUÉ?
Ahora que Mariano Rajoy ha decidido hablar en el Congreso para explicar lo ocurrido con el “caso Bárcenas” todos debemos pensar “¿ahora qué?”. Cabe la posibilidad de que la comparecencia solo sirva para provocar esos aplausos fatuos con que unos y otros premian las intervenciones de sus portavoces. Yo, que estuve allí y aplaudí en alguna ocasión a pesar de que también entonces los aplausos me parecían absurdos, estoy seguro de que la intervención de Rajoy va a verse alargada gracias a los aplausos de los suyos, que no por causa de sus prolijas explicaciones. Y como todo lo malo se contagia, también los diputados socialistas proliferarán en aplausos para contrarrestar la euforia de los populares. Los demás grupos no aplaudirán, pero no lo harán porque son grupos poco numerosos que, puestos a aplaudir, no consiguen llegar al calificativo taurino de “ovación”, quedándose en unas discretísimas “palmas”. Después de esta digresión que parece degradar la comparecencia anunciada por Rajoy, debo afirmar que las explicaciones son imprescindibles aunque servirán de bien poco.
Llegan tarde, después de ruegos diversos y excesivos, procedentes de todos los ámbitos, políticos, económicos, sociales y mediáticos. Durante demasiado tiempo las tertulias televisivas han debatido y especulado con las noticias y documentos dados a conocer por diferentes medios de comunicación. El silencio de Rajoy ha sido cobarde, sobre todo porque estando implicado en la trama corrupta todo el PP, ha lanzado por delante a sus más atrevidos peones, -Alonso, Floriano, Pons, etc…-, “armados” con los más variados artilugios, y siempre dispuestos a la más perversa pendencia. Cuando, por fin, ha decidido acudir a la ágora que es el Congreso, en las otras ágoras que son las plazas públicas de todos los pueblos de España, los españoles murmuran en grupos ante el descrédito que la actitud de Rajoy y del PP han infligido a toda España.
Cuando Rajoy se ha visto arrinconado ha respondido. Lo curioso ha sido que en esta ocasión haya recurrido a sus alfiles como teloneros. Alfiles digo, que esto va por clases y líneas, porque la Cospedal y el ministro García Margallo han obrado como tal. Empezó María Dolores de Cospedal  rompiendo el silencio: “El Presidente quiere comparecer en el Congreso para calmar el clima de alarma social que algunos quieren crear”. Y también, como es su costumbre, recurriendo a una especie de trabalenguas ocurrente: “La extorsión solo es posible cuando entre el extorsionador y el extorsionado hay algo que ocultar, y aquí no hay nada que ocultar”. García Margallo abundó en el asunto: “No tengo la menor duda de que comparecerá cuando lo considere oportuno y en la forma que considere oportuna para dirigirse a la nación y tranquilizar a la opinión pública”. Por fin, Rajoy ha dado el brazo a torcer y ha anunciado su comparecencia desde la consciencia de “las dudas que legítimamente tienen muchos ciudadanos”. El giro ha sido drástico: de acusar a Bárcenas de chantajista a ofrecer explicaciones para acallar y resolver dudas legítimas y alarmas sociales. Es lógico que me formule esa pregunta tan pertinaz: “¿ahora qué?”. Caben varias posibilidades, pero solo cabe una consecuencia: la moción de censura y el adelanto electoral en un mismo paquete. Es cierto que ninguna de las dos consecuencias forman parte de lo inevitable, pero la Democracia bien entendida, y la integridad y honestidad inherentes a la Presidencia del Gobierno deben culminar en eso.
Cabe que Rajoy niegue todo, absolutamente todo. Entonces tendrá que convenir en que la trama urdida para salvarse a sí mismo por parte de Bárcenas ha puesto en entredicho a todo el aparato administrativo del PP que, en todo caso, deberá responder del Administrador corrupto y de quienes han afirmado que cobraron sobresueldos. Y si lo niega todo, igualmente va a tener que posicionarse respecto al comportamiento de los medios de comunicación más importantes de España que, en mayor o menor medida, han divulgado noticias y listados concernientes al caso. Cabe que Rajoy acepte las irregularidades, si bien no todas, lo que le obligará a seleccionar cuáles de todas, y por qué no respondió en su momento. Cabe que Rajoy tenga que admitir de forma ineludible que él mismo constituye uno de los eslabones de la cadena corrupta que Bárcenas armó, es decir que fue uno de los destinatarios de los sobresueldos distribuidos por el Administrador. Cualquiera de estas posibilidades tendría que acabar en su dimisión, eso siempre y cuando encontrara a alguien que pudiera ocupar su lugar dentro de su propio partido, cosa harto complicada teniendo en cuenta su animadversión con los aznaristas, y el cierre de filas de sus partidarios alrededor de él, que les ha convertido en cómplices de la corrupción del caso Bárcenas.
¿Y ahora qué? ¿Qué han de hacer quienes, desde la oposición, han venido reclamando las explicaciones? No basta con escuchar y rebatir, salvo que el Presidente arriesgue y dé vuelta a todas las informaciones que la prensa nos ha venido suministrando. ¿Qué debe hacer el PSOE con la Moción de Censura que Rubalcaba llevará en el bolsillo de la chaqueta el día del debate? Sólo cabe presentarla anunciándola precisamente en el mismo momento. Lo peor que nos podrá ocurrir será que la oposición se quede en una regañina, y que el PSOE renuncie a presentar la Moción de Censura solo porque no tenga votos suficientes en la Cámara para sacarla adelante. Porque Rajoy puede pensar que su comparecencia es suficiente para cubrir el expediente, pero Rubalcaba debe ejercer de Jefe de la Oposición en este momento y, como tal, alternativa de gobierno y posible solución al descalabro que sufre la Política en España, principalmente a causa de la acción de esta derecha española “malhechora” que nos gobierna.
FDO.  JOSU  MONTALBAN