martes, 31 de marzo de 2015

DE VÍCTIMAS Y DE TERRORISTAS ( EL PAIS, 30 DE MARZO DE 2015 )

DE VÍCTIMAS Y DE TERRORISTAS
¿Hay alguien, residente en Euskadi o en España, que no haya sido víctima de ETA mientras ETA ha estado matando? ¿Hay alguien, viajero que haya venido por estas tierras, que no haya sido víctima mientras ha permanecido en ellas, aunque lo fuera de forma accidental? Las huellas que ha dejado marcadas el terrorismo de ETA, y los comportamientos inhumaanos de quienes la apoyaron durante tanto tiempo, son indelebles, de modo que polemizar en torno al concepto “víctima” es una perversión propia de la Política interesada y poco exigente que se ha hecho a este respecto en Euskadi en los últimos tiempos. Es verdad que en Euskadi todos hemos sido víctimas pero unos lo han sido más que otros, y es esa disquisición en torno a categorías en la consideración de víctimas la que convierte la Historia en una marioneta que manejan a su antojo los osados e interesados, que suelen ser los mismos.
Mientras escribo esto se estará poniendo la primera piedra del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo en Vitoria. Y ya se ha producido una interferencia, porque el PNV ha pedido que se incluya en él a las víctimas de abusos policiales. Resulta curiosa la explicación del PNV: “No se entendería que este centro honrara a las víctimas del terrorismo de ETA y dejara fuera a otros damnificados, como los cinco trabajadores que murieron en Vitoria por disparos de la policía en 1976, o las víctimas del GAL, o de abusos policiales”. ¿Viene todo esto a cuento ahora? ¿No se trata de un debate innecesario y más propio de trileros que de otra cosa? El PNV es un partido democrático que expulsó de sus filas a quienes montaron el terrorismo etarra en el principio de la década de los sesenta, ¿para qué les sirven estos esfuerzos tan propios de “bienquedas”, de estar poniendo una vela a Dios y otra al diablo?
Lo cierto es que los vascos, que asistimos a estas discusiones que resultan ya estridentes, tenemos claro quiénes fueron los terroristas, a qué encomiendas obedecían, quienes les amparaban y abrían las puertas de sus casas a los que llegaban huyendo con sus pistolas aún calientes y humeantes, quienes les alentaban con gritos de “¡ETA, mátalos!”, quienes se redimían a sí mismos con veladas imputaciones a las víctimas (“algo habrán hecho”) que pretendían suavizar la “culpabilización”… Sabemos todo eso, y además sabemos que el terrorismo de Estado (GAL, Batallón Vasco Español, etc…) fue una práctica abominable; y sabemos que los muertos de Vitoria en el 76 lo fueron de forma tan brutal como ilegal e improcedente, pero Franco (o su estela) aún seguía presente. Sabemos, sobre todo, que cuando alguien habla de terrorismo en Euskadi está hablando de ETA, y de nada más, salvo quien aún sigue sumergido en sus efluvios, en la resaca bárbara que le ha dejado aquella borrachera tan desafortunada como miserable.
Es lógico que se homenajee a las víctimas, pero sólo han pasado cuatro años desde que ETA dejó de matar, desde que los vascos nos hemos ido acostumbrando a la paz. No sé cómo se podría dar por consumado este debate, quizás eligiendo un nombre para este Centro que no contuviera la palabra “víctima”, quizás posponiendo su apertura, quizás evitando añadir fuego a esa hoguera que aún arde, quizás diciéndole a ETA que es imprescindible que se disuelva antes de Instalar Memoriales y Monumentos que pretenden dar a entender (“memorial”) que el terrorismo sólo está en la memoria y no en la realidad.
Que nuestros hijos y nietos no encuentren razones para repetir los versos de Juaristi: “¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, y por qué hemos matado tan estúpidamente? Nuestros padres mintieron: eso es todo”.

Fdo.  JOSU  MONTALBAN