lunes, 5 de febrero de 2018

PUIGDEMONT (El Diario Norte, 06 - 02 - 2018)




PUIGDEMONT

“Todo ha sido consumado”, Jesucristo Crificado.

De haberlo sabido, siquiera atisbado como una posibilidad remota, habría hecho acopio de noticias, reseñas u opiniones relativas al llamado “procés catalán”, pues al fin ha devenido en un interminable culebrón en el que no faltan actores de toda condición: trágicos, cómicos, dramáticos o bufos… Y da la impresión de que asistimos al cierre del “procés”, al menos en su representación, pues no en vano su artífice y protagonista principal ha pronunciado, con una solemnidad desbordante, la fatídica frase: “Esto se ha terminado”.

En realidad esta frase tan inapelable ha formado parte de un ramillete de frases lapidarias que condensan casi nueve meses de escarceos diversos, todos ellos caracterizados por la irracionalidad y, sobre todo, por la insolencia brutal del independentismo catalán obsesionado con ridiculizar y menospreciar al Estado Español y a sus estructuras de Gobierno. Desgranando los mensajes entrecruzados entre los prófugos Puigdemont y Comín (P de Cat y ERC, respectivamente), y captados por un avezado periodista televisivo, podemos determinar el grado “farsante” que ha venido marcando las actitudes del ex President fugado.

“Los nuestros nos han traicionado…al menos a mí”, ha afirmado quien dejó abandonados a sus compañeros del Govern, al parecer acurrucado en el maletero de un coche, y puso pies en polvorosa, sustituyendo el empedrado del patio de la cárcel de Extremera por el adoquinado de las calles del centro de Bruselas. Curioso contraste. Quien enfatiza el término “traición” en esta ocasión, quizás refiriéndose a Joan Tardá o al President Torrent, que le pidieron que se hiciese a un lado para facilitar la elección del President del Govern, es el mismo que anduvo, dubitativamente, mareando la perdiz mediante comunicados ambiguos en los que, ora promulgaba la “independencia” y ora la negaba… Y fue esa actitud, solo achacable a él mismo, la que acabó con Oriol Junqueras y otros en la cárcel, y él de vacaciones. ¿Acaso en su comportamiento no hubo también traición hacia sus compañeros de gabinete, hacia la Sra. Forcadell, hacia los denominados Jordis y hacia todos los catalanes que salieron a las calles de Barcelona (o se desplazaron hasta Bruselas) para aplaudir su absurdo “procés”?

“El plan de Moncloa triunfa…Solo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque si no, el ridículo es histórico”, escribió a Comin. Este avance de un posible “plan”, que achaca al Gobierno Español pero que no explica, bien puede ser una coartada suya, o quizás una tapadera que cubre sus debilidades actuales… Ahora que se ha hecho acreedor a las más disparatadas chanzas, ahora que ha sido ya caricaturizado en las más ridículas condiciones, y forma parte del acervo de chistes que la gente de la calle no para de idear, ahora se permite hablar del desenlace más probable llamándole “ridículo”. Si ridículo es todo aquello “que por su rareza mueve a risa”, bien cabe afirmar que los más ridículo del “procés” ha contado con la firma y autoría de Puigdemont, siempre sonriente para cubrir con ese tenue velo la idiotez de sus propuestas.

Y por fin, ese mensaje en el que da fe de la impostura que ha venido desarrollando y ejerciendo. “No se lo que me queda de vida pero la dedicaré a poner en orden estos dos años y a proteger mi reputación”. ¿Acaso no está convencido de que ha hecho lo que debía hacer? ¿Acaso siente que su reputación ha sido vilipendiada por hacer aquello que debía? Y si así fuera, ¿no es su reputación una consecuencia real de lo que ha cultivado, con ansias de llegar a la posteridad? Estoy seguro de que en la Historia de Cataluña Puigdemont tiene un hueco destinado a él, quizás una hornacina para estar presente constantemente en el altar de la Leyenda. Porque dice después que “le han hecho mucho daño con calumnias, rumores y mentiras que ha aguantado por un objetivo común”. Esta frase justifica que se sienta “sacrificado” por los suyos. Sin embargo, no creo que pueda protegerse (“Me tocará dedicar mi vida a la defensa propia”) de las calumnias, rumores y mentiras porque nada de las tres cosas han acontecido. Todo, según se ha ido avanzando en el “procés” ha sido limpio por parte del Estado. Si Puigdemont sufre ahora las consecuencias de su insensatez, y de la tozudez del independentismo catalán, es porque se ha obstinado en exceso.

A él le hubiera gustado equipararse a Cristo, dando su vida por los catalanes, al menos que pareciera que la estuviera dando. Redimiéndoles. O quizás le hubiera gustado equipararse a su antecesor Lluis Companys, que fue condenado a muerte y ejecutado en el año 39, siendo entonces President de la Generalitat. Puesto a especular creo que nunca alcanzaría la grandeza de ninguno de los dos, porque si de algo tiene pinta el Señor Puigdemont es de “bon vivant”.

¿Habrá culminado el culebrón con el pasaje de estos mensajes “robados” y lo que se desprende de su lectura e interpretación?

Fdo.  JOSU  MONTALBÁN