domingo, 21 de julio de 2013

POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES
Lo diga quien lo diga yo no estoy de acuerdo con esa frase repetida incansablemente de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. No estoy de acuerdo porque no encuentro ninguna justificación para admitirla, pero además, no ha habido aún nadie que me haya ofrecido una explicación razonable y convincente.
Sin embargo, los responsables institucionales y los líderes políticos no paran de repetir la frasecita de marras para justificar la ineficacia con que los gobiernos y los políticos, en su gran mayoría, están abordando la solución de la crisis. Peor aún, su atrevimiento llega a tanto que incluso culpabilizan a todos por igual de lo ocurrido, de modo que la crisis, según ellos, ha sido consecuencia de que todos, absolutamente todos, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nadie nos fija de antemano cuáles son nuestras posibilidades, pero en cuanto decidimos qué hacer con nuestras vidas, cómo emplear nuestro dinero, siempre aparece un impertinente que nos imputa errores y responsabilidades. En realidad se trata de una frase hecha, de esas que tanto valen para un roto como para un descosido. Sirve para justificar todo pero no abre las puertas a ninguna solución. Eso sí, nos sume en una melancolía profunda porque, al fin, echa a nuestras espaldas no solo los sufrimientos propios sino también los ajenos.
Dependiendo de dónde proceda la frase es perversa y dañina. Quien la utiliza, o lo hace por salir del trance de  su propia incomprensión de cuanto acontece, o lo hace para repartir cargas y responsabilidades que tiene asumidas. Se acusa de vivir por encima de sus posibilidades a quien compró una vivienda, sobrevalorada por el vendedor o inmobiliario, para lo cual tuvo que acudir el comprador a solicitar un crédito a una entidad financiera conchabada con el vendedor, que tasó la vivienda a la ligera, pensando más en su lucro y en el de los constructores y promotores, y cargando al prestatario con una deuda por bastante tiempo. Por otra parte, conforme ha quedado comprobado, el prestatario confiado en su prestamista, ha venido sufriendo abusos en sus contratos en forma de “preferentes y cláusulas suelo integradas en la letra pequeña de los documentos contractuales. Pues bien, al final ha resultado que estas personas han vivido por encima de sus “posibilidades”. Verdaderamente la frase se anula en el propio significado de las palabras que contiene, porque nadie puede vivir más allá de lo que alcanza con los medios de que dispone en cada momento. Cuando alguien se ha endeudado, generalmente lo ha hecho solamente en la medida que ha podido, conforme a las garantías que pudiera ofrecer para avalar un crédito, y siempre esas garantías han sido fijadas por el poderoso en base a sus condiciones familiares, económicas y laborales.
Por tanto nadie ha hecho nada que no fuera posible, conforme a las reglas y cánones de cada momento. Resulta sobrecogedor, por ejemplo, que un desahuciado de su vivienda deba sentirse culpable de su situación de dificultad y penuria. Es discutible que se le pueda achacar alguna responsabilidad, pero es injusto y repugnante convertirle en culpable. ¿Culpable, de qué? ¿De que no se cumpla el mandato constitucional que aboga por garantizar una vivienda y una vida digna a todos los españoles? Culpabilizar de la crisis por igual a todos los ciudadanos es caer en la infamia más vergonzosa hacia los humildes que, por serlo, tienen diezmadas sus “posibilidades”. Cabe culpabilizar, sin duda, a tantos defraudadores de la Hacienda Pública, esquivos de sus obligaciones fiscales y evasores de impuestos en paraísos fiscales, esos sí, que viven no solo por encima de sus “posibilidades” (que son más elevadas que la media), sino al margen de sus obligaciones.
La frase de marras ha resultado ser tan socorrida que tanto está sirviendo para culpabilizar a las personas como para hacerlo con los Gobiernos u otros grupos humanos. El Lehendakari Urkullu también ha afirmado recientemente que Euskadi ha vivido por encima de sus posibilidades porque “no es posible vivir con las prestaciones de los países nórdicos y con políticas fiscales de los países del sur”. Admitida esta reflexión última resulta incontestable que no han sido los ciudadanos, uno por uno, los que han abusado y han vivido por encima de sus “posibilidades”, sino solo quienes se han enriquecido a mansalva aprovechándose del sistema. Porque el sistema ha esquilmado a los más humildes ofreciéndoles pequeños “bienestares”, y no cargando con impuestos suficientes a los poderosos, poniendo en riesgo el Estado de Bienestar e incluso el Sistema en que se ha venido soportando.
FDO.  JOSU  MONTALBAN