jueves, 2 de enero de 2014

COLOR  SALMÓN: PROHIBIDO A LOS HUMILDES
Si usted es una persona normal y corriente, un ciudadano de esa extensísima clase media que engloba a las rentas intermedias y a quienes perciben un salario cercano por arriba al sueldo medio, evite el color “salmón” cuando se informe. Las páginas de los periódicos, especializadas en Economía, cada vez resultan más incomprensibles para los normales. Curiosamente, salvo la información diaria, las páginas económicas tienen ese color “salmón” desde que, allá por el año 1893 el Financial Times decidiera hacerlo como estrategia para competir con el Financial News, con el que compartió el mercado hasta que en 1943 adquirió a su periódico competidor.
Los periódicos económicos españoles se escriben sobre papel de color salmón, incluso los de información general editan  suplementos semanales en papel de ese tono. Pues bien, si es usted un probo ciudadano que cobra el salario medio y paga sus impuestos religiosamente, evite ese color porque contiene noticias peligrosas que quizás serán verdad pero producirán en usted cabreo y le llenarán de contradicciones. Probablemente usted cree que las cosas funcionan de único modo que pueden funcionar, porque es usted una persona obediente y responsable que cumple sus preceptos, que abona sus deudas, que acude a su trabajo a la hora estipulada, que rinde cuanto puede, que respeta las leyes escritas y también esas otras no escritas, las costumbres, que asumidas por la gran mayoría conforman nuestras formas de convivencia. Usted lee los periódicos convencionales y se sienta ante el televisor a la hora de los noticiarios. Usted acude a su trabajo en su coche, escuchando la radio, a veces santiguándose como señal de asombro ante lo que escucha, pero siempre más atento a los riesgos de la carretera que al contenido de las informaciones. Y si se dirige al tajo en tren, metro o autobús, casi seguro que lleva incorporado a su oreja un aparatito que le chivatea la actualidad. Así que todo funciona conforme a lo previsto, porque usted también es una persona previsible.
Y no quisiera sobresaltarle pero debe usted saber que toda la información que usted recibe  choca ostentosamente con cuanto contienen las páginas color salmón. Da la impresión de que hay una información de cariz económico más escueta, para andar por casa, y hay otra para quienes usan la economía para hacer negocios constantemente. En la información diaria y escueta proliferan las amenazas: las previsiones que amenazan, las dudas que amenazan e incluso las constataciones archidemostradas que amenazan. Y los ciudadanos se sienten preocupados porque en las cantidades en que ellos se mueven y se desenvuelven cualquier disminución comporta unas consecuencias terribles. Si estos ciudadanos preocupados por sus bolsillos leen las páginas salmón sus mentes huyen despavoridas y atosigadas por la interminable hilera de ceros (a la derecha) con que se escriben las fortunas de los ricos.
Hace apenas unas semanas los periódicos se empeñaron en divulgar que vienen tiempos mejores, que hay luz al final del túnel, que el consumo en alza expresa que está mejorando la situación, que las exportaciones repuntan, en suma, que la crisis afloja la opresión que ha venido ejerciendo sobre todos los ciudadanos pero, sobre todo, sobre los más humildes. No, no han sido simples embaucadores los que nos han venido con estas monsergas, sino que han sido nuestros dirigentes, -Presidente del Gobierno incluido-, los que lo han dicho, probablemente para mostrar rostros algo más amables que los de los sufridores que les han escuchado desde sus casas. Por un lado se han pregonado las loas de las instituciones europeas a los avances de España tras su último examen antes del fin del rescate. Pusieron a disposición de España una importante cantidad de euros para “rescatar(nos)”, sobre todo a los Bancos, a todo tipo de entidades financieras que, en asquerosa complicidad con especuladores económicos, llevaron a tantos españoles a la miseria después de que perdieran sus trabajos y se vieran atosigados hasta la extenuación por sus deudas hipotecarias, en buena medida provocadas por agentes desalmados que vendían créditos como quien vende golosinas a gentes que, de antemano, sabían que acumulaban grandísimas posibilidades de ser insolventes. Pero este dinero que la “troika” (CE, BCE y FMI) ha venido controlando mediante una cohorte de cobradores del frac, que se han hecho famosos con el sobrenombre de “los hombres de negro”, no era a fondo perdido ni sin condiciones. Curiosamente unas condiciones que han afectado a los ciudadanos más humildes.
Justamente al mismo tiempo que se ha hecho público el análisis de los hombres de negro, que estuvieron en España en la primera quincena de Diciembre, según el cual la situación ha mejorado, la frase triunfalista con que Rajoy inició una de sus comparecencias, -“lo peor ya ha pasado”-, se ha visto empañada por un “sin embargo la situación económica sigue sujeta a riesgos”. La relatividad de las frases y el ambiguo significado de las palabras siempre suele ser utilizado por quienes las pronuncian para su provecho, mientras en cada ocasión dan largas a la recuperación definitiva, a esa nueva época que tranquilice a los atribulados ciudadanos y ponga en sus manos algo más de poder adquisitivo. Porque cada “pero” esgrimido ha traído consigo nuevas peticiones, nuevas amenazas, en esta ocasión las inspectores europeos han reclamado cinco reformas que volverán a golpear las espaldas de los ciudadanos: reforma de la Administración local, eliminación del déficit de tarifa en el sector eléctrico que subirá el precio del recibo de la luz, reforma de la ley de servicios profesionales, reforma fiscal y una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral.
Todo esto será acometido ineludiblemente, mientras las páginas de color salmón siguen recogiendo noticias halagüeñas para quienes no saben cuánto dinero tienen de tanto como es. En esas páginas no caben ni la sencillez ni el pesimismo. No cabe la sencillez porque las cantidades que se trajinan no caben en cabeza normal. Y no cabe el pesimismo porque, incluso en tiempo de crisis, la especulación es posible. Las fronteras, a las que se les ponen cuchillas y concertinas para hacerlas más herméticas y “disuadir” a quienes buscan la “tierra prometida” saltando sobre ellas, no ponen freno a los grandes capitales, que burlan la crisis de aquí acudiendo a especular en la abundancia de allá. Las páginas salmón están llenas de cantidades astronómicas que van y vienen, que aquí compran y allí venden mientras sus dueños se divierten. Y en medio de las crónicas que relatan las cifras de la abundancia, aún queda espacio para alguna salpicadura, que puede parecer pesimista, pero que a los ojos de los especuladores pasa desapercibida.
Para acabar traslado tres noticias que he seleccionado, publicadas en el mismo periódico color “salmón”. El Vicepresidente de la Comisión Europea ha afirmado, a la vez que ha pedido a Rajoy una nueva reforma fiscal que rebaje impuestos, preferentemente a los más ricos, que en España “ya no vivimos por encima de nuestras posibilidades”. Ortega, el multimillonario español que tiene un capital estimado de 47.600 millones de euros, ha adquirido un edificio en Nueva York por 70 millones de euros, sin especificar para qué lo quiere. Y una tercera noticia “salmón”: La ministra de Empleo del Gobierno español del PP plantea reformar las mutuas para frenar el absentismo laboral. Sintetizando, nuestras posibilidades son escasas y solamente nos permiten vivir pobremente, los ricos y especuladores siguen a sus anchas a lo largo y ancho del Universo, y los obreros se inventan enfermedades y lesiones para trabajar menos y peor.
Menos mal que los más humildes no leen las páginas de color salmón.

Fdo  JOSU  MONTALBAN