lunes, 10 de agosto de 2015

¿SERÁN UN PROBLEMA LAS PENSIONES? (Deia, 8 de Agosto de 2015)

“¿SERÁN UN PROBLEMA LAS PENSIONES?”

Hace aproximadamente un mes el catedrático de Hacienda Pública Ignacio Zubiri, contestando a las preguntas del entrevistador en relación con el futuro del sistema de pensiones dijo lo siguiente: “Hay una idea generalizada de que el sistema de pensiones se tiene que financiar exclusivamente con las cotizaciones sociales. Esto va en contra de la experiencia histórica hasta 1995 y en contra de lo que hacen la mayoría de los países”. La entrevista continúa hasta que el catedrático responde a la pregunta definitiva: “¿Quién tiene que pagar el coste del sistema de pensiones?”. A lo que responde: “En Europa, las pensiones se actualizan según el IPC o los salarios. España ha optado por pagar las pensiones con las cotizaciones de los trabajadores”. Y como esa condición supone intranquilizar a los propios pensionistas y a quienes aspiran a serlo, termina: “En el largo plazo la economía genera recursos suficientes para que una combinación entre cotizaciones, impuestos y, en su caso, deuda, se puedan financiar  unos niveles razonables de las pensiones. En resumen, que “los impuestos deben financiar las pensiones”.
Ignacio Zubiri es una de las mentes más lúcidas de cuantas vienen opinando al respecto, por la sencillez de sus reflexiones y, sobre todo, porque quienes ya son pensionistas, y quienes están más cerca de serlo, encuentran en sus opiniones una seguridad que no hallan en las declaraciones de los responsables políticos e institucionales. Los constantes debates al respecto, que se vienen sucediendo cada vez que los líderes políticos son abordados, generan una gran inquietud porque se producen como consecuencia de opiniones tremendistas que no suelen tener en cuenta la razón de ser por la que las pensiones fueron implantadas, de modo que su mantenimiento y sostenibilidad, cuando son cuestionados, constituyen una amenaza brutal en el sistema de bienestar y en los modos de convivencia de los ciudadanos. Si, como ocurre ahora, la crisis económica y el alto índice de paro  han convertidos a los mayores, pensionistas, en el sostén de los hogares de sus hijos desempleados, cualquier opinión poco meditada se convierte en una agresión.
La protección social, que en una de sus facetas ha devenido en los servicios prestados por la Seguridad Social, tiene su punto de arranque en la Comisión de Reformas Sociales, allá por el año 1883. En el año 1931 se legisló por primera vez al respecto, en el artículo 46 de la Constitución que aprobó la II República española: “El trabajo, en sus diversas formas, es una obligación social, y gozará de la protección de las leyes…”. No obstante la Guerra Civil se llevó por delante las buenas intenciones de la República. Incluso durante el franquismo se hizo algo al respecto promulgando el Fuero del Trabajo, por el cual el Estado se comprometía a ampliar los seguros de vejez, invalidez, enfermedad, etc… En 1963 apareció la denominada Ley de Bases de la Seguridad Social. Pero fue la Democracia la que consolidó todos los intentos anteriores. Como consecuencia de los Pactos de la Moncloa, que fueron la antesala de las grandes reformas, y contaron con la participación de todas las formaciones políticas que protagonizaron la Transición, se produjo la primera gran reforma mediante el Decreto de 16 de Noviembre de 1978, por el cual se crearon las diferentes instituciones que hoy conforman y gestionan el sistema de la Seguridad Social en España.
Desde aquel momento se han venido articulando acciones y medidas que han tenido como objetivo apuntalar y mejorar los sistemas de protección socias, concretamente y preferentemente el sistema de pensiones que en todo momento se ha visto amenazado por factores tan fundamentales como la demografía y las fluctuaciones de los niveles de desempleo, que han tenido un impacto importante en la Tesorería de la Seguridad Social. Fueron esas preocupaciones las que llevaron, en 1995, a la firma del famoso Pacto de Toledo, igualmente con el apoyo de todas las fuerzas políticas y sociales. Dicho Pacto partió de un análisis previo, decidió un diagnóstico común y estableció una dinámica de acción que muy bien puede ser considerada una terapia, basada en una hoja de ruta para conseguir la estabilidad financiera del sistema en general y de las prestaciones que estaban presentes en aquel momento en la Seguridad Social. Conscientes de los altibajos de la economía y de los cambios que se producían en el mercado de trabajo, se creó un Fondo de Reserva que tenía por objeto ahorrar en los tiempos de bonanza e invertir lo ahorrado para poder usarlo cuando llegaran las vacas flacas. No solo eso, también se propuso racionalizar el sistema introduciendo mecanismos flexibles de jubilación y medidas que incidieran en la prolongación de la vida laboral.
Sobre todo el Pacto de Toledo estableció una dinámica de trabajo, como si se tratara de un servicio permanente que se ocupara de todo lo que podía influir y poner en riesgo el sistema de pensiones, ya fuera en su totalidad o en alguno de sus apartados. Ese Pacto de Toledo tiene su representación en el Congreso de los Diputados a través de la correspondiente Comisión de Seguimiento y Evaluación de dicho Pacto. A dicha Comisión, -de la que fui Vicepresidente entre Abril de 2008 y Noviembre de 2011-, acuden todo tipo de expertos económicos, laborales, financieros y sociales a exponer sus puntos de vista y alertar de los riesgos que acechan al sistema. Por eso conviene advertir de que si el sistema de pensiones llegara a hacer aguas no sería porque no haya tenido modo de evitarlas. De ese modo, en cada Legislatura, se elabora un Informa de Evaluación y Reforma del Pacto de Toledo que da fe exhaustiva de los posicionamientos de cada uno de los componentes de la Comisión. Quiero subrayar con esto que la preocupación por el futuro del sistema de pensiones y su evolución no es patrimonio, o no debe serlo, de la izquierda ni de la derecha, aunque ambas puedan tener diferentes visiones sobre el asunto.
Habrá tiempo para volver sobre el tema y puntualizar algunos aspectos, pero hoy conviene subrayar que en todas las ocasiones en que se han presentado conflictos también han sido puestas sobre la mesa las posibles soluciones. Es cierto que hay problemas tan nimios que basta con articular medidas superficiales para su solución, mientras que si se presentaran problemas graves para su sostenibilidad, y no digamos ya para su mantenimiento, el asunto podría trascender incluso de la voluntad, buena o mala, de los integrantes de la Comisión del Pacto de Toledo. Y como es verdad que dichos integrantes ostentan ideologías y posicionamientos diferentes, deberían convenir todos en que los problemas inherentes al sistema de pensiones han de salir de las mezquinas discusiones interpartidistas, como si se estuviese hablando de derechos humanos inalienables.
Y para terminar vuelvo a mi economista de cabecera en este asunto, Ignacio Zubiri. Traslado a este artículo algunas frases utilizadas por él mismo en su participación  en la Comisión del Pacto de Toledo de Abril de 2009. Consideró un error la cerrazón del sistema (“Las pensiones no deben financiarse exclusivamente con cotizaciones”), porque cabía la posibilidad de que la economía no creara empleos suficientes para su sostenibilidad, como puede suceder. Dado que el gasto en pensiones en España se sitúa por debajo de la media europea, caben esfuerzos añadidos que no van a ser alcanzados mediante formas de capitalización, al modo de las prestaciones o seguros privados. Y establecía algunas conclusiones que continúan vigentes, solamente a falta de actualización. ¿Retrasar la edad de jubilación de forma escalonada?, sí. ¿Eliminar las jubilaciones anticipadas?, sí. Pero sobre todo “explicitar que las pensiones no se financiarán exclusivamente con cotizaciones”, pues para eso están también los Presupuestos del Estado. Y establecer un sistema de financiación suficiente que pase por considerar las pensiones como una base fundamental, sólida e indispensable para el mantenimiento de la actual y futura sociedad del Bienestar.
De modo que quien inquieta a nuestros mayores, y a quienes aspiran a serlo, apuntando riesgos de difícil solución en el sistema de pensiones, lo hacen de forma tan gratuita en sus argumentos, como interesada en sus objetivos.


Fdo.  JOSU MONTALBAN