martes, 1 de marzo de 2016


EL FRACASO DE LA POLÍTICA Y DE LOS POLÍTICOS

¿Es la Política la que se aleja de los ciudadanos o son ellos los que se alejan de la Política? Mejor aún, puesto que la Política la desarrollan y ejercen los políticos, ¿son éstos los que abandonan a los ciudadanos o es al revés? Andando por la calle, escuchando lo que se dice en todos los ámbitos yo, que creo que soy una persona informada, no tengo dudas de que la Política se ha convertido en un refugio para muchos débiles de espíritu, y obcecados, que abandonan el fin que toda Política implica, -gobernar a los pueblos y a sus gentes-, para enfatizar en exceso el ejercicio del poder. Gobierno y poder son dos cosas muy diferentes, mientras el primero requiere de responsabilidad y autoridad moral, que vienen precedidos por la autorización de las urnas para desarrollarlas, el poder casi siempre procede de una lectura artera y egoísta de los resultados electorales, como si estos justificaran posteriormente cualquier comportamiento. Tal está ocurriendo ahora mismo en España, porque los resultados de las Elecciones del 20D no fueron suficientemente expeditos.
Pero no solo eso. ¿Alguien dudaba, acaso, de que aquellos resultados tan enrevesados no fueran a producirse? Todos sabíamos que se ofrecería un abanico de posibilidades pero, sobre todo, que las amalgamas necesarias para formar gobierno no podrían ser homogéneas, -de derechas o de izquierdas-, porque los mensajes transmitidos por los líderes durante la campaña lo habían dejado claro: empeñados en captar votos habían despreciado los apoyos responsables, despreciando los posibles votos de personas fronterizas a sus formaciones e ideologías. Previamente los líderes (¿?) ya se habían propuesto establecer líneas rojas que fortalecían su condición en sus propios partidos, pero debilitaban sus liderazgos en la sociedad, lo cual les ha convertido, a la postre, en intransigentes líderes que aspiran mucho más al poder que al gobierno.
Dentro de cinco horas, aproximadamente, Pedro Sánchez va a pronunciar su discurso de investidura. Acude a él con un documento avalado por Ciudadanos que reúne a su alrededor a 130 Diputados, más o menos. Lo demás, en el Congreso de los Diputados, serán espaldas, noes y desprecios. (No parece que vayan a cambiar las previsiones en tan escaso tiempo). ¿Es bueno empeñarse en un “negocio” abocado al fracaso? Sin embargo, será bueno que comentaristas, periodistas, politólogos y demás analicen con detenimiento la evolución de los hechos a partir de la noche del 20D. Fue una noche de consuelo para PP y PSOE porque mantuvieron sus posiciones, aunque diezmados en apoyos. Lo fue también de euforia desatada para Podemos, que irrumpía en el Congreso con mucha fuerza. Y lo fue de euforia, pero defraudada, para Ciudadanos que se situó cuarta con cuarenta diputados, imprescindibles para conformar cualquier mayoría válida. ¿Qué ha pasado después? Que algunos han convertido el consuelo en justificación para la derrota, y otros han convertido la euforia en soberbia. Es así como hemos llegado a una ceremonia de Investidura de la que todos saldrán defraudados. No habrá, realmente, vencedores ni derrotados, aunque todos jueguen a colgar el “sanbenito” a los otros.
¿Quién pierde en esta Investidura si, como se prevé, no culmina con éxito? El primero de todos, claro está, el que se somete a ella, Pedro Sánchez, pero no quedan ahí los perjuicios. Pierda la Democracia en que vivimos porque no ha sido tenida en cuenta por parte de los líderes litigantes. Pierden las Instituciones democráticas porque siguen sin timón o, como poco, sin timonel. Pierde el Jefe del Estado español que no previó el fracaso y ordenó iniciar una travesía tan poco esperanzadora. Pierde la Política que, administrada por egoístas intransigentes, no ha servido para suavizar los rigores de los endiablados resultados electorales. Y pierden los ciudadanos, y la sociedad en general, porque pueden retroceder hasta un pesimismo enfermizo que les lleve a la melancolía. En resumen, pierde la calidad de vida que vivimos todos, porque quienes deben suavizar sus excesos y humanizarla desde la Política, viven sumergidos en una lucha sin cuartel que convierte el ejercicio de la Política en una guerra, y a los políticos en fatuos guerreros.
Si nadie lo remedia, (las doce del martes, ahora mismo), queda solo un día para que se consuma el primer fracaso serio de nuestra Democracia “post-franquista”. Lo siento mucho. Lloro por ello. Son demasiados pasos perdidos los que se han venido dando desde el 20D. Lo peor será que se trate de pasos en dirección al abismo.


FDO.  JOSU  MONTALBAN