martes, 19 de abril de 2016

BÁRCENAS Y OTEGI (El Diario Norte, 19 - 04 - 2016)


BÁRCENAS Y OTEGI

Puede ser que este artículo resulte, a la postre, demasiado simple, simplista más bien, pero la calle es un lugar compartido  por todos, donde se habla con palabras sencillas, donde no es necesario esgrimir ningún currículo para poder opinar. Este artículo solo relata algo que escuché en la calle, concretamente en un bar en el que una televisión situada en el rincón más visible mostraba a Arnaldo Otegi ocupando toda la pantalla. Los que allí estábamos, -todos bebedores moderados-, nos entregamos a una sencilla conversación en la que repetíamos determinadas frases hechas que hemos ido acuñando a lo largo de nuestras vidas y vivencias.
Poco después, una vez terminada la noticia referida a Otegi, apareció en pantalla Bárcenas, y Rodrigo Rato, y Rita Barberá, y algunos otros personajes algo menos conocidos. Y en ese momento se desató un murmullo, y afloraron insultos que no habían surgido con motivo de la información sobre Otegi. Había, entre los diferentes insultos, una frase lapidaria: “¡Qué lo devuelva!”. Me parece una frase muy apropiada para la ocasión. En la educación que hemos recibido en nuestros años infantiles, de tradición cristiana, el pecado de sisa o robo, -generalmente unas pocas monedas sustraídas del monedero de la madre-, solo se perdonaba cuando, tras ser confesado, se producía la restitución del dinero a la fuente original. El robado debía ser resarcido de su pérdida. Por eso me pareció muy sabio que aquellos clientes del bar reclamaran como ciudadanos enfadados que quienes han robado a las arcas públicas devuelvan todo el dinero afanado.
Sin embargo, no entiendo que aquellos mismos escucharan las palabras de Otegi y no le reclamaran nada. Incluso no faltó quien se atrevió a decir que los últimos seis años de cárcel, por injustos, deberían serle compensados con una buena recompensa dineraria. De poco sirvió que alguno, más enterado que los demás, recordase que había colaborado con ETA y la había apoyado en buena parte de sus acciones mortales. De nada sirvió recurrir a la hemeroteca para constatar su participación en algún acto terrorista que había costado extorsiones (impuesto revolucionario incluido), libertades y vidas. Otegi era, según ellos, un perseguido o un infortunado vilipendiado y apaleado por los “aparatos” del Estado. Así acabó todo, con los vasos vacíos y el ambiente lleno de dudas y de miedos.
Por eso quiero acabar aquel pasaje con este artículo tan sencillo y simplista como certero. Soy consciente de que Bárcenas nunca llegará a pagar su deuda con los españoles hasta que no retorne los millones robados a las arcas públicas. Pero en el caso de Otegi, que opta a gobernarnos a los vascos, también tiene que haber restitución de lo robado, y si lo robado fueron vidas humanas, deberá devolverlas. Ya sé que eso no es posible porque, como dice Serrat en una de sus canciones más memorables, “los muertos están en cautiverio y no los dejan salir del cementerio”. De modo que Otegi, a pesar de su buena voluntad actual, está tan inhabilitado para gobernar como lo puede estar Bárcenas. Hay manchas que no solo son imborrables, sino que se extienden conforme el tiempo y la memoria las traen a nuestras mentes y bocas. Es cuestión de decencia y de principios éticos.
¿Alguien cree que Bárcenas podría optar a Presidente de algún gobierno, nacional o regional? Pues apliquen la misma norma a Otegi. Salvando los detalles, “Bárcenas eta Otegi berdin-berdinak dira”.


Fdo.  JOSU  MONTALBAN