viernes, 22 de abril de 2016

LA ESPAÑA PROVISIONAL (LaInformacion.com, 22 - 04 - 2016)


LA ESPAÑA PROVISIONAL

Ante los muchos términos entronizados en el lenguaje político, como consecuencia del debate sin límites que se ha desencadenado alrededor del controvertido “derecho a decidir”, me permito someter a la consideración de quienes lean este artículo un nuevo concepto: “la España Provisional”. Los libros de Geografía deberán diseñar con mucho cuidado su apartado de mapas, porque si el susodicho “derecho” llega a desarrollarse de forma indiscriminada y arbitraria, casi todas las líneas que delimitan actualmente comunidades autónomas, regiones o provincias habrán de ser discontinuas y, sobre todo, provisionales.
El término “confluencias”, con el que Podemos define y nombra las relaciones con formaciones del más variado origen social y geográfico, parece obedecer a la casualidad. Normalmente se confluye en un punto porque el origen de los caminos que llevan a él puede ser muy diverso, incluso opuesto. Por ejemplo, son confluencias Compromís, En Comú y En Marea, tres formaciones que están dispuestas a que se ejerza el “derecho a decidir” en Valencia, en Cataluña y en Galicia. Del mismo modo que Podemos parece dispuesta a que en la Comunidad Vasca y Navarra también se ejerza tal derecho. Y no lo está en el mismísimo Madrid porque allí tienen a Manuela Carmena como cortafuego, una mujer que ella sola se basta y sobra para domeñar al equipo “podémico” de concejales y concejalas que, de momento, le han causado más percances y disgustos que alegrías.
Cuando se pone ese invento llamado “derecho a decidir” en el frontispicio de los derechos fundamentales, se está haciendo un uso artero e interesado del derecho de autodeterminación recogido en la legislación internacional, para regular situaciones relacionadas con conflictos armados, guerras u ocupaciones de países o territorios por parte de otros. El “derecho a decidir” no existe como tal, obedece a una artimaña que actúa como añagaza ante los ciudadanos, a los que tienta ofreciéndoles una opción que corresponde, en todo caso, a todos los ciudadanos del Estado y no solo a los de alguna de las regiones o provincias. De algún modo, desvirtúa el significado y la dimensión del Estado, que es un término antiquísimo, -desde Platón hasta nuestros días-, que ha servido para, a lo largo del tiempo, contrarrestar los riesgos que una sociedad tribal y deslavazada podía acarrear a los humanos.
En su estrategia de captación de votos, Podemos se confunde interesadamente con las formaciones regionalistas o nacionalistas de los lugares en que participa electoralmente. En Galicia confluye con las fuerzas independentistas, del mismo modo que compite en Euskadi con Bildu, -a quien aspira aa fagocitar-. Igualmente ha confluido en Cataluña con formaciones que han tenido a gala denostar todos los símbolos y costumbres que pudieran oler a España. Este comportamiento, que pone en riesgo los límites y las estructuras del Estado, constituye un hándicap para los españoles como ciudadanos que son, pertenecientes a ese Estado llamado España. De algún modo la incertidumbre provocada hace que España y su Estado puedan caer en una provisionalidad que impida o dificulte avanzar en la defensa de los derechos de la gente y en la mejora de sus condiciones de vida y de su bienestar.
Dado el escaso rigor del que hacen gala quienes enarbolan el “derecho a decidir” como un derecho inalienable, me permito definir la provisionalidad que afecta a todos los españoles siguiendo las tesis y comportamientos de Podemos. Imaginemos que ese derecho a decidir se desarrollara en las regiones que usan el término y que, posteriormente, se siguieran a rajatabla sus dictámenes. Las Comunidades en que tal derecho se solicita realmente suponen, en población, más de 18 de los 46 millones de españoles, es decir casi un cuarenta por ciento de la población. Pudiera ocurrir que en las respectivas regiones la decisión secesionista obedeciera a victorias pírricas de los secesionistas, lo que llevaría a que el Estado se resquebrajara por la voluntad de poco más del quince por ciento de la población del Estado.
No me duelen prendas en afirmar el absurdo valor de los cálculos que he hecho. Es tan absurdo y ridículo como eso del “derecho a decidir”, que convierte al Estado español en un Estado provisional y, como tal, incapaz de servir a su misión como Estado en la defensa de todos sus ciudadanos.

FDO.  JOSU  MONTALBAN