viernes, 15 de abril de 2016

ETA, TODAVÍA (El Correo, 13 de Abril de 2016)


ETA, TODAVÍA

Si no fuera porque la corrupción ramplona que se ha instalado en la Política y en la sociedad en general ocupa tantas páginas en nuestros periódicos, aún ocuparían las páginas las noticias sobre ETA (aún ocupan demasiadas), sobre todo las relativas a sus presos. Por cierto, presos que no están en las cárceles por ser de ETA, sino por matar, por extorsionar, por secuestrar o por delinquir. ETA existe, aunque anunciara en 2011 que dejaba de actuar. ¿Piensa actuar aún, si no a qué espera para disolverse y desaparecer de forma definitiva? La situación de ETA presenta similitudes con la de Messi y de su padre en el escándalo de los paraísos fiscales: ETA mantiene una organización que no actúa como Messi mantiene una empresa o sociedad con sede en el paraíso de Panamá, pero se trata de una sociedad que está “totalmente inactiva”. ¿Para qué sirven las organizaciones y las empresas inactivas? Para nada. ¿Por qué se mantienen abiertas? No voy a comparar una empresa instalada para ganar dinero, de modo delictivo, con una organización asesina, pero la comparación viene al caso, siempre salvando distancias y diferencias.
A los importantes esfuerzos que hemos hechos los vascos, y los españoles, ETA y la Izquierda Abertzale están respondiendo con mezquindad, aunque es verdad que lo han hecho con la complacencia de un nacionalismo vasco moderado que no ha sido capaz de enfrentarse al brutal terrorismo de ETA con la intransigencia debida. A las víctimas de ETA no cabe considerarlas al mismo nivel que a las víctimas de los abusos policiales. Al terrorismo de Estado, cuando tal terrorismo se considera cierto y contrastado, hay que combatirle con las armas propias del Estado de Derecho. Sin embargo, cuando se hace depender el terrorismo de ETA de organizaciones creadas “ad hoc”, que se ocupan del mismo modo de esas otras formas de violencia, se están equiparando acciones que nada tienen que ver. ETA no surgió para contrarrestar a la violencia del Estado, seguro que no desde la segunda mitad de la década de los setenta en que la Democracia se convirtió en la opción mayoritaria de los españoles.
Pero no ha sido así. A pesar de mi rotundo optimismo, que me hace pensar que el terrorismo no va a regresar a nuestras vidas, no entiendo algunas actitudes, ni entiendo que el Gobierno Vasco mantenga una Secretaría de Paz y Convivencia. En Euskadi no hay un problema específico que amenace la convivencia de los vascos y las vascas. Incluso, desde el anuncio del cese de actividades de ETA, tampoco hay un problema que se caracterice por la violencia indiscriminada, como antaño. ¿Para qué sirve profundizar en una herida que provoca gangrena en la sociedad vasca por la difícil e interesada interpretación de sus orígenes y de sus consecuencias?
Se revuelve la Memoria atizando las memorias. La Memoria colectiva no será nunca capaz de imponerse a las memorias individuales. Un preso de ETA y el hijo de un asesinado por el terrorismo etarra pueden coincidir en el objetivo final, que ha de ser la paz, pero difícilmente podrán ponerse de acuerdo en los móviles o las razones que provocaron la tragedia. Mucho menos en la asignación de culpabilidades. Por tanto buscar una explicación al problema terrorista de forma colectiva es propio de ilusos, cuando no de iluminados.
Los vascos aún seguimos padeciendo las secuelas de aquella violencia criminal e irracional que ETA inoculó. Los vascos llegamos a creer que ETA era un proyecto genuino nuestro, he ahí nuestro error. Cuando ETA asesinó al guardia Melitón Manzanos (uno de los primeros asesinados), en plena vigencia del franquismo, no eran pocos los vascos que se empavonaban porque solo un vasco “de raza” podía ser capaz de tal “hazaña”. Pero tras la muerte de Franco, cuando todo hacía presagiar que la Democracia venía con toda su fuerza, ETA y la Izquierda Abertzale siguieron, erre que erre, matando y destruyendo vidas y convivencias.
El próximo Gobierno Vasco debe prescindir de un Departamento de Paz y Convivencia, no porque no haya hecho bien su trabajo durante esta legislatura, sino porque ya se ha hecho todo lo que cabe hacer al respecto. Ya se ha transigido lo suficiente. Los presos etarras, como los demás presos comunes, han de poder acogerse a medidas de gracia de las que están debidamente legisladas, pero no caben ya medidas especiales, máxime después de que hayan recalcado ellos mismos que "ni se arrepentirán ni delatarán” a otros asesinos. Máxime después de que ETA considere sus salvajes atentados como meros “errores, en ocasiones graves e injustos”. En uno de sus últimos comunicados admite que no se equivocaron cuando se levantaron contra el franquismo ni, ¡asómbrense!, “cuando dijimos un no rotundo e hicimos frente a la posterior reforma tramposa”. Es decir, que acertaron, según se desprende del texo, y que aquel “acierto” ha supuesto un millar de muertos alevosamente asesinados.
Quienes han sacado tales conclusiones, ¿merecen algún tipo de comprensión por parte de los normales? No, queridos lectores, no caben miramientos. Como creo en la reinserción de los infractores, creo que los asesinos etarras han de participar de las mismas medidas de reinserción que los demás presos. Jonan Fernández y Aintzane Ezenarro, cuyos conocimientos, rigor y eficacia ya han sido constatados en otras funciones, deben servir a otros fines más constructivos. Los presos deben hacer caso a Rufi Echeberría y procurarse, ellos mismos, gracias y beneficios… Ah, y cuando salgan, que reclamen a quienes les enrolaron en la delincuencia asesina a cambio de una posteridad que, como se ha visto, es miseria y olvido.


FDO.  JOSU  MONTALBAN